Atalaya de la vida humana: 376

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Veníanos a visitar, llevábanos a holguras, a cenar al río, a comer en quintas y jardines, las tardes a comedias, dándonos aposento y muy buena colación en él, con que fuemos pasando un poco de tiempo. Y aunque verdaderamente hacía el hombre cuanto podía y nada nos faltaba, ya se me hacía poco, porque había quien lo quería sacar de la puja. Yo sabía que las mujeres de buen parecer son como harina de trigo: de la flor, de lo más apurado y sutil della se saca el pan blanco regalado que comen los príncipes, los poderosos y gente de calidad; el no tal, que sale del moyuelo, del corazón y algo más moreno, come la gente de casa, los criados, los trabajadores y personas de menos cuenta; y del salvado se hace pan para perros o lo dan a los puercos. La hermosa y de buena cara, luego que llega en alguna parte donde no es conocida, lo primero se llevan los mejores del pueblo, los principales ricos dél y los que son señores o más valen. Luego entran, cuando ya éstos están hartos, los plebeyos, los hijos de vecinos y gente que con un cantarillo de arrope por vendimias, una carga de leña por Navidad, una cestilla de higos por el tiempo, pagan salario para todo el año, como al médico y barbero. Mas, en pasando destos, anda ladrada de los perros, no hay zapatero de viejo que no les acometa ni queda cedacero que no las haga bailar al son de la sonaja.

Ya le había dado un vestido de azabachado negro, guarnecido de terciopelo, con un manteo de grana, guarnecido con oro. Teníamos cama, bufete y sillas. Y, no supe de dónde, se habían comprado cuatro buenos guadamecíes. La casa estaba que, con pocos trastos más, pudiéramos matar por nosotros. La huéspeda nos desollaba, pareciéndole que también había de meter sopa y mojar en la miel por sólo la permisión que ponía de su parte. Y aquesto no era lo que yo buscaba ni me venía bien a cuento. Tampoco el señor; porque solicitaba la cátedra otro mejor opositor de más provecho. Y, aunque conozco que procedía en su trato como ropavejero de bien, es caso muy distinto del mío, que hoy daré por tres lo que mañana no por diez. El tiempo es el que lo vende y no es a propósito que sea hombre de bien uno, si yo lo he menester para otro. Porque importa poco que sea buen músico el sastre para hacer un vestido, ni el médico que trata de mi salud, que sea famoso jugador de ajedrez. Dinero y más dinero era el que yo entonces buscaba, que no bondades ni linajes.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX