Atalaya de la vida humana: 386

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Que un hombre no pueda más, que lo sepa y disimule, o por el mucho amor o por el mucho dolor o por no dar otra campanada mayor, no me admira. Y no solamente pudiera no ser esto vicio; mas virtud y mérito, no consintiéndolo ni dando favor o entrada para ello. Mas que, como yo, no sólo gustaba dello, mas que, si necesario era, les echaba, como dicen, la capa encima, no sé si estaba ciego, si loco, si enhechizado, pues no lo consideraba, o cómo, si lo consideré, no le puse remedio, antes lo favorecía. ¡Oh loco, loco, mil veces loco! ¡Qué poco se me daba de todo, sin reparar en lo mal que se compadecían honra y mujer guitarrera ni que diese solaz a otros que a mí con ella! Suelen los hombres para obligar a las damas darlas músicas y cantarles en las calles; pero mi mujer enamoraba los hombres yéndoles a tañer y a cantar a sus casas. Bien claro está de ver que tales gracias de suyo son apetecibles. ¿Pues cómo, convidando con ellas, no me las habían de codiciar? ¿Qué juicio tiene un hombre que a ladrones descubre sus tesoros? ¿Con qué descuido duerme o cómo puede nunca reposar sin temor que no se los hurten? ¡Que fuese yo tan ignorante, que, ya que pasaba por semejante flaqueza, viniese por interés a dar en otra mayor, loar en las conversaciones en presencia de aquellos que pretendían ser galanes de mi esposa, las prendas y partes buenas que tenía, pidiéndole y aun mandándole que descubriese algunas cosas ilícitas, pechos, brazos, pies y aun y aun... -quiero callar, que me corro de imaginarlo- para que viesen si era gruesa o delgada, blanca, morena o roja! ¡Que ya todo anduviese de rompido, que aquello que en otro tiempo abominaba, con el uso y frecuentación se me hiciese fácil y entretenimiento! ¡Que le consintiese visitas y aun se las trujese a casa y, dejándolas en ella, me volviese a ir fuera, y sobre todo quisiese hacerlos tontos a todos, para que me diesen a entender que creían ser aquello bueno y lícito, siendo depravado y malo! ¡Que la hiciese salir a solicitar comisiones y buscarme ocupaciones a casa de personajes que la codiciaban, y que me diese por desentendido de la infamia con que a su casa volvía con ellas o sin ellas! ¡Que, dándole tantos banquetes, joyas, dineros y vestidos quisiera yo creyesen se los daban a humo muerto y por sus ojos bellidos, por amistad sola, sencilla, sin doblez y sin otra pretensión! ¿Qué puedo responderme o qué podía esperarse de mí, que no sólo lo consentía, mas juntamente lo causaba?


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX