Atalaya de la vida humana: 390

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


A instancia mía se vinieron a juntar suegra y nuera. Mi madre ya la conocistes y, si no de vista, por sus famosas obras, pudiérasele sujetar cualquiera otra de muy gallardo entendimiento, así por serlo el suyo como por la dotrina con que fue criada y sobre todo las experiencias largas de sus largos años. Dábale buenos consejos: que no admitiese mocitos de barrio, que demás de infamar, decía dellos que son como el agua de por San Juan, quitan el provecho y ellos no lo dan; acaban en sus casas de comer, no tienen qué hacer, viénense a la nuestra, quieren que los entretengan en buena conversación, estánse allí toda la tarde, tres necios en plata y un majadero en menudos, no con más fundamento que ser del barrio. De pajes de palacio y estudiantes decía lo mismo: son como cuervos, que huelen la carne de lejos y de otra cosa no valen que para picarla y pasearla. Decíale que hiciese cruces a su puerta para los casados: que de ningún enemigo podría resultarle algún otro mayor daño, porque las mujeres con el celo hacen muchos desconciertos y, cuando más no pueden, se van a un juez y con cuatro lágrimas y dos pucheritos alborotan el pueblo y descomponen el crédito.

Tan ajustada la tenía y tales leciones le daba, como aquella que del vientre de su madre nació enseñada. Sacábala siempre tras de sí, no dejando estación por andar, fiesta por ver ni calle por pasear. Cuando venían a casa, unas veces volvían con amadicitos, otras con alanos, y dellos escogían los que más a mi madre le parecían de provecho, que como tan baquiana en la tierra, todo lo conocía, y como sabia, todo lo tracendía. Decía de los caballeritos que ni por lumbre: porque por el yo me lo valgo, mi alcorzado y copete, mi lindeza lo merece, aun creían que les habían de convidar con ello y hacerles una reverencia. Harto hizo y trabajó porque no la conociesen los de la plaza de San Francisco, temiéndose de su trato. Pues, en comenzando los escribanos de la justicia, no paraban hasta el que asiste al cajón, a quien les parecía debérseles todo de derechos. Empero no pudieron escaparse dellos, que por bien o por mal, por fieros y amenazas, como absolutos y disolutos -digo algunos- hacen más tiranías que Totile ni Dionisio, como si no hubiese Dios para ellos.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX