Atalaya de la vida humana: 393

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 393 de 442
Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Una temporada del invierno fueron las aguas tan continuas, que nadie salía de su casa ni daba lugar a que se la visitásemos. Andábamos estrechos de dineros. Como pasando por una calle viese que se había caído toda la delantera de una casa, pregunté cúya era. Dijéronme ser de una señora viuda. Fue a su casa y díjele que, pues allí no había morador, me diese licencia para entrarme dentro y se la guardaría. Ella, temerosa de que no se me cayese toda encima, dijo que mirase bien lo que hacía, porque se venía por el suelo. Y respondíle que no importaba, porque allí había un aposento alto, seguro, en que poderme recoger, que los pobres no tenían qué temer ni qué perder, pues aun traen sobrada la vida. Diome licencia de muy buena gana y dentro de cuatro días ya no le había dejado por quitar puerta ni cerradura. Otro día me fui a la plaza de San Salvador y hice pregonar que quien quisiese comprar cuatro mil o cinco mil tejas, que yo se las vendería. No se hallaba entonces una por ningún precio. Vinieron a mí desalados tres o cuatro albañíes, y a cuál primero las había de comprar, no faltó sino acuchillarse. Concertélas a cinco maravedís y, llevándolos a mi casa, les enseñé los tejados, diciendo ser yo el mayordomo y que mi ama quería hacer la casa de terrados. A vueltas de los míos, también les enseñé algunos de los vecinos paredaños de donde las habían de quitar. Diéronme seiscientos reales a buena cuenta de lo que montasen hasta cinco mil y quedaron de venir para otro día. Cuando tuve mi dinero cobrado, fuime a la señora de la casa y díjele que por qué consentía tan grande lástima, que su mayordomo había vendido ya las puertas todas y las tejas de los tejados. Ella se alborotó, diciendo que no tenía mayordomo ni sabía quién tal pudiese haber hecho. Yo entonces le dije:

-Pues para que Vuestra Merced vea quién lo hace, ya me han mandado salir della y hoy me mudo a otra parte, porque mañana por la mañana vendrán a quitar y a llevar las tejas. Mande Vuestra Merced enviar o ir allá y verán lo que pasa.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX