Atalaya de la vida humana: 399

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Todo lo dicho se verificó bien de mí, en proprios términos y casos. ¡Oh cuántas veces, tratando de mis negocios, concertando mis mercaderías, dando mis logros, fabricando mis marañas por subir los precios, vendiendo con exceso, más al fiado que al contado, el rosario en la mano, el rostro igual y con un «en mi verdad» en la boca -por donde nunca salía-, robaba públicamente de vieja costumbre! Y descubriólo el tiempo. Quién y cuántas veces me oyeron y dije: «Prometo a Vuestra Merced que me tiene más de costo y no gano un real en toda la partida y, si la doy barato, es porque tengo de dar unos dineros para...» Y daba otras causas, no habiéndolas para ello más de querer ganar a ciento por ciento de su mano a la mía. ¡Cuántas veces también, cuando tuve prosperidad y trataba de mi acrecentamiento -por sólo acreditarme, por sola vanagloria, no por Dios, que no me acordaba ni en otra cosa pensaba que solamente parecer bien al mundo y llevarlo tras de mí, que, teniéndome por caritativo y limosnero, viniesen a inferir que tendría conciencia, que miraba por mi alma y hiciesen de mí más confianza-, hacía juntar a mi puerta cada mañana una cáfila de pobres y, teniéndolos allí dos o tres horas por que fuesen bien vistos de los que pasasen, les daba después una flaca limosna y, con aquella nonada que de mí recebían, ganaba reputación para después mejor alzarme con haciendas ajenas! ¡Cuántas veces de mi pan partí el medio, no quedando hambriento, sino muy harto, y con aquella sobra, como se había de perder o darlo a los perros, lo repartí en pedazos y lo di a pobres, no donde sabía padecerse más necesidad, sino donde creí que sería mi obra más bien pregonada! ¡Y cuántas otras veces, teniendo sangriento el corazón y dañada la intención, siendo naturalmente pusilánime, temeroso y flaco, perdonaba injurias, poniéndolas a cuenta de Dios en lo público, quedándome dañada la intención de secreto! ¡Con secreto lo disimulé y en público dije: «Sea Dios loado», siendo de mí verdaderamente ofendido, pues maldita otra cosa que impidió mi venganza sino hallarme inhábil para ejecutarla, porque viva la tenía dentro del alma! ¡Cuán abstinente me mostré otras veces, qué ayunador y reglado, no más de por parecerlo, para poder guardar más y gastar menos! Que, cuando de ajena sustancia comía, cuando de lo del prójimo gastaba, un lobo estaba en mi vientre: nunca pensaba verme harto. ¡Qué continuamente visitaba los templos, asistía en las cárceles por acreditarme con los ministros oficiales dellas, no por los presos, antes por si alguna vez me viesen preso, que ya me conociesen y más me respetasen! Si acudí a los hospitales, anduve romerías, frecuenté devociones, royendo altares, no faltando a sermón de fama, en jubileo ni a devoción pública, todos aquellos pasos eran enderezados a cobrar buena fama, para mejor quitar a el otro la capa.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX