Atalaya de la vida humana: 409

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán

Aquésta mantuvo la tela todo el tiempo de aquel trabajo. Porque los gastos eran muchos y, por mucho que había recogido, todo se deshizo como la sal en el agua. También mi madre, cuando vio mi pleito mal parado, díjome que la robaron y, a lo que yo entendí, fue que se quiso quedar con ello. Fueme forzoso hacerme con los demás y andar a el hilo de la gente. Mi pleito anduvo. El dinero faltó para la buena defensa. No tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez enojado y echóse a dormir el procurador. Pues el solicitador, ¡pajas! Ya no había sustancia en el gajo. Fuéronse las avispas. Dejáronme solo. Confirmaron la sentencia, con que los azotes fuesen vergüenza pública y las galeras por seis años.

Cuando me vi galeote rematado, rematé con todo al descubierto. Jugaba mi juego sin miedo ni vergüenza, como esclavo del rey, que nadie tenía ya que ver comigo; pero muy consolado que también a mi camarada Soto lo condenaron a lo mismo y salimos en una misma colada. Y, si como estuvimos en la prisión juntos y en un calabozo y pasamos la misma carrera, quisiera que nos conserváramos, a él y a mí nos hubiera ido mejor, mas, como verás adelante, salióme zaino. Era muy gentil aserrador de cuesco de uva. Siempre había de ser su taza de profundis, que hiciese medio azumbre. Y esto lo descompuso en el ansia; que, por haberse puesto a orza, cantó llanamente a las primeras vueltas.


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Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX