Atalaya de la vida humana: 432

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Tanta fue mi buena diligencia, tan agradable mi trato, que dejaba mi amo de conversar con sus criados y muy de su espacio parlaba comigo cosas graves de importancia. Pero hacía en esto lo que los destiladores: alambicábame y, cuando había sacado la sustancia que deseaba, retirábase o, por mejor decir, se recelaba de mí, que no las tenía todas cabales, por la mala voz con que Soto me publicaba por malo. Empero con todo su mal decir, procuraba yo bien hacer, tanto por sacarlo mentiroso, cuanto porque yo ya no había de tratar de otra cosa, por la resolución tomada de mí en este caso. Contábale cuentos donosos a la mesa, las noches y siestas, procurando tenerlo siempre alegre. Y en especial había dado en melancolizarse unos pocos de días antes, por haber venido una carta de un personaje grave, a quien él tenía particular obligación, el cual en su vida se había querido casar y apretaba mucho por casarlo. Y como así lo viese fatigado, preguntándole la causa de su pesadumbre, me la dijo y aun me pidió consejo de lo que haría en el caso. Yo le respondí:

-Señor, lo que me parece que se le podría responder a quien tanto huyó de casarse y quiere obligar a otro que lo haga es que vuestra Merced lo hará, si le diere por mujer a una de sus hijas.

A mi amo le satisfizo mucho mi consejo, determinando tomarlo como se lo daba y, pasando adelante la plática, en cuanto se hacía horas de comer, me preguntó te dijese, como quien dos veces había sido casado, qué vida era y cómo se pasaba. Respondíle:


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX