Atalaya de la vida humana: 433

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


-Señor, el buen matrimonio de paz, donde hay amor igual y conforme condición, es una gloria, es gozar en la tierra del cielo, es un estado para los que lo eligen deseando salvarse con él, de tanta perfeción, de tanto gusto y consuelo, que para tratar dél sería necesario referirse de boca de uno de los tales. Mas quien como yo hice del matrimonio granjería, no sabré qué responder tampoco, sino que pago aquel pecado con esta pena. Mujeres hay que verdaderamente reducirán a buen término y costumbres, con su sagacidad y blandura, los hombres más perversos y desalmados que tiene la tierra; y otras, por el contrario, que harán perder la paciencia y sufrimiento al más concertado y santo. Véase por Job el estado en que la suya lo puso, cómo lo persiguió y cuánto le importó asirse de Dios para sólo defenderse della, más que de todas las más persecuciones. Y así, estando en cierta conversación tres amigos, dijo el uno: «Dichoso aquel que pudo acertar a casar con buena mujer.» El otro respondió: «Harto más dichoso es el que la perdió presto, si la tuvo mala.» Y el tercero dijo:«Por mucho más dichoso tengo a el que ni la tuvo buena ni mala.» Lo que aprieta una mujer importuna y de mala digestión, dígalo el provenzal que, cansado ya de sufrir la suya y no teniendo modo ni sciencia para corregirla, por escabullirse della sin escándalo, acordó de irse a holgar con toda su casa y gente a una hacienda que tenía en el campo, para la cual se había de pasar por una ladera de un monte que pasa por junto del Ródano, río caudaloso, que por aquella parte, por ser estrecha y pasar por entre dos montes, va muy hondo y con furiosa corriente. Acordó de tener tres días que no bebió gota de agua una mula en que su mujer había de ir. Y cuando llegaron a parte que la mula devisó el agua, no fueron poderosos de tenerla, que bajándose por la ladera abajo de una en otra peña, llegó al río. De donde, no siendo posible volver a subir ni tenerse, fue forzoso dar ambos dentro dél, quedando la mujer ahogada. Y la mula salió a nado con mucha dificultad lejos de allí, tan cansada y sin tiento que ya no podía tenerse sobre sus pies. Para los que nunca supieron del matrimonio y lo desean, pudiérales traer a propósito lo que les pasó a los tordos un verano, después [de] la cría.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX