Balada IV: El page de lanza

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Baladas españolas
Balada IV : El page de lanza
 de Vicente Barrantes


I
-¿Por qué te calzas espuelas?
¿porque alzan los centinelas
el rastrillo?
-Porque a lucir la alborada
partir debo, Elvira amada,
del castillo.

-Que Dios te sirva de ejida;
pero me dejas sin vida,
dueño amado.
-Si tú no fueras villana
hiciérale castellana
de buen grado.

-Canta la alondra... te alejas:
un hijo en cambio me dejas
¡corre! ¡corre!
-Le hago merced de una villa,
un caballo, una trabilla,
y una torre.

-En mis entrañas le guardo:
sólo amor para el bastardo
de ti imploro.
-Si tú no fueras villana
hiciérate castellana,
que te adoro.

-Partir déjame contigo.
Velar quiero, dulce amigo,
por tu vida.
-Voy a fiestas y torneos.
¿No me ves estos arreos
de partida?

-Seré tu paje de lanza:
iré del paje a la usanza
tras tu huella.
-Mi escarcela toma, Elvira,
y más por tu nombre mira
de doncella.

-¿Qué es mi nombre? ¿qué es tu oro?
¿la ausencia del bien que adoro
me repara?
No abrigues tal fantasía,
que ya el resplandor del día
nos separa.

-Yo me cortaré el cabello:
dirá una argolla en mi cuello
¡vasallaje!
-¡Villana! ¡de enojo estallo!
corre, pues, tras mi caballo
sé mi paje.


II
Así van por el camino,
como raudo torbellino.
¡Pobre Elvira!
Él, a caballo delante;
ella a pie; ¡y el fiero amante
ni la mira!

Espinoso es el sendero;
mas salva el trotón ligero
los abrojos;
y con su lanza cargado
el pobre paje cansado
cae de hinojos.

-Ve más despacio, amor mío,
que ya terminar no fío
la jornada.
(Y el ginete corre, corre;
y nadie a Elvira socorre...
¡Desdichada!)

-Ya en mi seno ¡pobre niño!
la flor de nuestro cariño
se marchita.
(Tiembla el doncel; y agitado
el corazón, mal su grado
le palpita.)

-¿Ves, Elvira, aquel castillo
de viejo adarve amarillo
y ancho foso?
Cuanto ordenes, sin tardanza
lo hará tu paje de lanza
presuroso.

-Me espera desesperada
allí una mujer amada:
dale aviso.
-Yo coronaré de flores
el lecho de tus amores,
si es preciso.


III
Corre, corre por el prado
el caballo desbocado
como el viento,
y la triste enamorada
detrás va desalentada,
sin aliento.

-¿Ves ese torrente, Elvira,
que entre abismos salta y gira,
rebramando?
Doncel, si al débil protejes,
a la orilla no me dejes
suspirando.

-¡Que siendo tú mi pechera
que te pase caballera
loca trates!
-Amor mío, el dulce seno
llevo de tu sangre lleno
no me mates.

Salta el trotón el abismo,
y Elvira, que hace lo mismo,
en él cae;
duda el señor; corre a asilla;
pero el amor a la orilla
se la trae.

-Por ti he vencido a la muerte:
por ti el amor me hizo fuerte,
dueño caro.
-Empuña, paje, mi lanza,
que la noche nos alcanza
sin amparo.


IV
Prosiguen por la ribera
su diabólica carrera
los amantes;
y para Elvira entre tanto
siglos son de duelo y llanto
los instantes.

-A la ciudad que allí vemos
esta noche legaremos
con ventura.
-Que allí cumplida le espere,
te ruega quien bien le quiere,
virgen pura.

-Me espera justa y torneo,
celebrando de himeneo
los fulgores.
-Si arde su antorcha en tu mano,
dicha te den, castellano,
los amores.


V
Todo el palacio arde en fiestas
de amor hablan las orquestas,
y los ecos;
mas ¿qué tienen esos sones
que dejan los corazones
como secos?

Ni logra la desposada
una impaciente mirada
de su amado,
que a duras penas contiene
la tristeza que le tiene
dominado.

-¡Lindo paje del castillo
traéis! ¿canta? yo he de oíllo:
cosa cierta.
-De mis tierras es pechero;
mas ni canta, ni yo quiero
que os divierta.


VI
Del palacio en lo remoto
óyese gran alboroto
de criados;
y estos gritos penetrantes
dejan a los circunstantes
demudados:

-«Al paje de D. García
»lo hundió en mortal agonía,
»mano aleve.
»En sangre tinto su lecho,
»clavel parece deshecho
»sobre nieve.»

Y más lejos, apagado
resuena un acento helado
que prosigue:
-Hijo nacido en mal hora,
negra fortuna y traidora
te persigue.

-¿Oís esa voz en calma?
esa voz me llega al alma.
¡Pobre madre!
-Tú que naces, alma pura,
pídele a Dios la ventura
de tu padre.


VII
De suspiros y oraciones
se oye al cruzar los salones
son medroso.
García cruza por ellos,
erizados los cabellos,
horroroso.

Huir acaso querría,
y adentro, adentro le guía
su conciencia,
que allí una mártir muriendo
está, y un ángel naciendo
de inocencia.

-¿Quién de la villana Elvira
compasivo atiende y mira
los dolores?
-Vive: unamos nuestras manos
para el amor no hay villanos,
ni señores.