Balada VII: Humo

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Baladas españolas
Balada VII : Humo
 de Vicente Barrantes


La vie est un combat dont la palme est aux cieux.
CASIMIRO DELAVIGNE.


Cabe la cuna del niño
voz dulce y casta resuena,
como un beso.
Voz de maternal cariño,
aunque niño, ya le llena
de embeleso.

Aura que las flores riza,
de sus labios se desliza
risa blanda;
y con sus ebúrneos brazos
mil besos y mil abrazos
a la dulce voz demanda.

Un ¡ay! resuena en torno, que su razón conmueve.
¡del niño los abrazos disipan humo leve!
del huérfano las lágrimas no enjuga nadie ya.

Aquel humo
¿adónde va?

Quince abriles. Todo flores,
aromas, luz y rüido:
¡cuánta, cuánta
sirena hermosa de amores,
que sin cesar a su oído
así canta!
-«Ven: yo soy fuente escondida,
»y dan y sorben la vida
»mis corrientes.
»Ven a gustar sin medida
»la más sabrosa bebida
»que manan todas las fuentes.»

En pos de la sirena su pie ligero mueve:
¡del joven los abrazos disipan humo leve!
El mundo y la sirena son yermo y humo ya,

Aquel humo
¿adónde va?

En sus sienes arrugadas,
ayer espiga de oro,
se ven luego
las cenizas, apagadas
acaso con triste lloro,
de aquel fuego.
¡Un corazón, una mano
méngüenle el peso tirano
del destino!
Los vislumbra en lontananza,
y tras su amigo se lanza,
como raudo torbellino.

Medroso se adelanta, al ídolo se atreve:
¡del hombre los abrazos disipan humo leve!
¡también como sus sueños es humo la amistad!

Aquel humo
¿adónde va?

Yerto su pecho palpita,
que apenas es del sentido
tronco inerte,
su cuerpo se precipita
por el alma retenido
a la muerte.
Rasgan sus pies los abrojos;
el llanto ciega sus ojos;
tiene frío;
no hay para sus ayes eco
tronco carcomido y seco
cae al fin en el vacío.

Sólo la tumba lóbrega a su dolor se mueve;
pero también sus antros exhalan humo leve.
-El alma del anciano. -¿Es humo? ¿Qué será?

Aquel humo
¿adónde irá?