Balada XIV: Flor trasplantada

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Baladas españolas
Balada XIV : Flor trasplantada
 de Vicente Barrantes


A D. Francisco M. Tubino


... esto lo ha de descir el que fase hestorias de tiempos malos.....
Crónica del siglo XV.


Un pobre niño estranjero
por las calles de Triana
iba pidiendo limosna
al dulce son de su arpa;
y la gente le decía:
-«¡Qué mal que cantas!
¡Ay! ¡en mal hora
flor trasplantada!
¡siglo maldito!
¡siglo sin alma,
que no respeta
ni la desgracia!

Era un Enero muy frío;
el Guadalquivir se helaba;
y el cantador tiritando
hería apenas el arpa.
Limosna pido, y contestan:
-«Ve noramala.»
¡Ay! sí, en mal hora,
flor trasplantada!
¡siglo maldito!
¡siglo sin alma,
que no respeta
ni la desgracia!

Por dar a su pecho alivio,
y desahogo a sus ansias,
el niño torna a su canto
en trémula voz helada:
¡Ay, no es voz, es un suspiro
que parte el alma!
-Flor, que en mal hora
fue trasplantada
desde pensiles
a tierra ingrata,
solo a los vientos
su aroma exhala.

»Verdes orillas del Rhin,
»¡dulce patria! ¡dulce patria!
»la de las rubias doncellas,
»la de las tiernas baladas,
»¡si yo volara a tus brazos...!
»¡no tengo alas!
»¡Ay! ¡en mal hora
flor trasplantada!
»¡siglo maldito!
»¡siglo sin alma,
»que así envenenas
»mi triste infancia!

»A España tendí mis ojos,
»porque adoro yo a la España,
»con sus iglesias benditas,
»con sus canciones galanas
»y España, la caballera,
»¡cómo me trata!
»¡Ay en mal hora
»flor trasplantada!
»¡siglo maldito,
»siglo sin alma,
»que así envenenas
»mi triste infancia!

»La multitud me apedrea;
»arrójanme de las casas;
»¡ni pan siquiera me dieron
»para mojarlo con lágrimas!
»¡Cristianos son, y se burlan
»de la desgracia!
»¡Ay! ¡en mal hora
»flor trasplantada!
»¡siglo maldito,
»siglo sin alma,
»que así envenenas
»mi triste infancia!

»Muero de hambre y de frío,
»lejos de ti, dulce patria,
»sin el beso de mi madre,
»sin su postrera mirada.
»¡Ay! quizás en mi se ceben
»buitres y águilas...
»¡Ay, en mal hora
»flor trasplantada,
»que de su vida
»muere en el alba,
»sin que la agoste
»sol de su patria!

»Vuelva a ti mi pensamiento,
»vuelva a mi madre mi alma
»como el eco torna al valle
»volando sobre las auras.
»¡Así pudiera conmigo
»llevar mi arpa...!
(Le insulta el pueblo
y el niño acaba:)
-»¡siglo maldito,
»siglo sin alma,
»que hasta la muerte,
»¡ay! acibaras!»

Vio poco después Sevilla
en su barrio de Triana,
el caso más lastimero
que nunca se vio en España.
¡Un niño, muerto... de hambre...
sobre la escarcha...!
¡Ay, en mal hora
flor trasplantada,
que de su vida
muere en el alba,
sin que la agoste
sol de su patria!

Pasan inviernos y otoños,
tempestades y bonanzas,
y el arpa nunca se pudre
sobre la tumba clavada;
y canta, cuando en sus cuerdas
suspira el aura:
-«Aquí no hay flores,
»que solo hay lágrimas.
»¡Ay de la triste
»que vino a España
»a ver el colmo
»de sus desgracias!»