Balada XXXII: Esposa sin desposar

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Baladas españolas
Balada XXXII : Esposa sin desposar
 de Vicente Barrantes


Carlos quinto, rey de España,
a campaña
en son de guerra salió;
y con él salió Gonzalo,
mi regalo,
el capitán que amo yo.

Es el doncel más valiente
de la gente
que va a la lid a vencer;
en lo apuesto un pino de oro,
y le adoro
como nunca amó mujer.

También antaño, a la guerra
de la tierra
descubierta por Colón,
con Cortés, -el Estremeño,-
fue mi dueño,
dueño de mi corazón.

A través de tierra y mares
sus pesares
mi voz consoló y su afán;
y me oyó, y el indio bravo
fue ya esclavo
de mi bravo capitán.

Y le salvó de la tumba
en Otumba
mi ruego incesante a Dios;
porque yo soy su ángel bueno,
y en mi seno
guardo el alma de los dos.

Con preseas y con galas
volvió en alas
a Toledo, de su afán.
-«Bella estás entre las bellas
»tú con ellas,»
decía mi capitán.

Pronto la ventura acaba
que tornaba
a resonar el clarín.
Cabe las aras de Himene
el rey viene
pidiendo su paladín.

Al partirse de Toledo
en mi dedo
puso el anillo nupcial
y me regaló un secreto
amuleto,
en virtudes sin igual.

Y me dio de amor en arras
doce barras
de oro fino del Perú;
y diamantes muy bruñidos,
y vestidos
y vestidos de tisú.

Al subir a su alazano
de la mano
me trabó en Zocodover,
y con llanto que vertía
me decía:
-«¿Nos volveremos a ver?

-«Sí, capitán. En el alma
»yo la calma
»siento del que espera en Dios.
»Volverás. Soy tu ángel bueno,
»y en mi seno
»guardo el alma de los dos.

»Cada día en mi delirio
»iré un cirio
»ante el Eterno a encender.
»Iré a San Juan de los Reyes,
»de sus leyes
»la más horrible a torcer.

«A la Virgen, mi patrona,
»gran corona
»de oro ofrezco y de rubí,
»si mi amante no me olvida,
»y su vida
»guarda entera para mí.»

Parte el bruto en raudo giro:-
aun le miro,
aun le miro descender,
como torrente a los valles,
por las calles
que dan al Zocodover.

-Pero alégrate alma mía,
que hoy el día
es tan anhelado y tan...
vuelve de laurel ceñido
mi querido,
mi querido capitán.

Doncellitas toledanas,
que ventanas
y balcones inundáis,
y a los bravos vencedores
lindas flores
desde la falda arrojáis;

Ved que ya a pasar acierta
por la puerta
por la puerta del Cambrón
el tercio real donde viene
el que tiene
cautivo mi corazón.

Por las chispas de su callo
su caballo
reconoceré entre cien.
-Pasad, pasad más ligeros,
caballeros,
que aun mis ojos no le ven.

Brillan que parecen soles
españoles
los bravos, en confusión;
pero el tercio de Gonzalo,
mi regalo,
más brilla... en mi corazón.

Ved al capitán Paredes:
-tú no puedes
competir a mi galán.
Ved al alférez Fajardo:
¡qué gallardo!
-pues más es mi capitán.

Los laureles de tu frente,
rey valiente,
Carlos quinto emperador,
tu corona... ¿vale nada
comparada
con las glorias de mi amor?

A girones las banderas
prisioneras
el suelo besando van.
Algunas habrá ganado
mi adorado,
mi adorado capitán.

Ya relumbran los almetes,
los mosquetes...
¡favor! vacilan mis pies.
¡Oh! dadme la enhorabuena
que mi pena
acaba:-¡su tercio es!

Allí el cabo, y el alférez
Pero Pérez,
sus camaradas allí.
-Pasad, pasad más ligeros,
caballeros,
que estoy ya fuera de mí.

¿Dónde mi Gonzalo, dónde
se me esconde,
que no le veo en mi afán?
¡Ay! ¡su caballo enlutado!
¡ay mi amado!
¡ay mi amado capitán!

Al suspiro lastimoso
el glorioso
Carlos quinto, contempló
una flor sin tallo en tierra...
-de la guerra
el capitán no volvió.


Baladas españolas de Vicente Barrantes
Dedicatoria -

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Artículo crítico de Agustín Bonnat