Balada XXXIII: Historia de Cádiz

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Baladas españolas
Balada XXXIII : Historia de Cádiz
 de Vicente Barrantes


A D. Adolfo de Castro


Cuando el vencedor de Anteo
mares y tierras corría,
de la humana fantasía
traslado y símbolo fiel,
En medio del Occeano
detuvo su heroica planta,
roca audaz que se levanta
como arabesco dosel.

Maceta de gayas flores
regada por las espumas;
lecho de nieblas y brumas,
donde los genios del mar,
En las noches silenciosas
vienen en conchas marinas
en brazos de las ondinas
muellemente a reposar.

Irguió el buen dios la cabeza
de tantos lauros ceñida,
y la vista complacida
en torno suyo tendió.
Un cielo de ondas y espumas
sonriendo a la bonanza,
y un edén en lontananza,
con alborozo miró.

Guadalquivir, coronado
como las ricas doncellas,
de frutos y flores bellas
se casa allí con el mar.
Ciñendo la verde oliva,
como vencido guerrero,
de vencedor altanero
las plantas viene a besar.

Sólo entre el Tigris y el Eúfrates,
do Adán y Eva moraron,
ojos nacidos hallaron
paraíso como aquél.
Hiere el dios la dura roca
con su clava omnipotente,
y mar, roca y tierra siente
estremecidos por él.

Rocas, tierra y mar a un punto
desgarrando sus entrañas
con sacudidas estrañas,
y fantástico vaivén,
Abortaron mil visiones
impalpables, indecisas,
siervas ante el dios sumisas,
y diosas ellas también.

En concha rutilante
tirada por sirenas,
apareció radiante
la diosa del amor.
Ondas, espumas, arenas,
abriéndole van camino;
y un genio marino
las brisas serenas
con himno divino
de Venus puebla en loor.

Como la rosa guarda
la perla de rocío,
que allá en la noche parda
el cefirillo frío
en su lánguido cáliz vertió,
al seno de alabastro
estrecha Venus al ciego amor,
astro que engendra luz de otro astro,
luna que roba su luz al sol.

En carro guerrero,
cual golpe de acero
que en chispas ardientes abrasa la mar,
el rostro bravío,
ferrado atavío
ostenta Mavorte de Venus a par.
Las ondas agitadas
huyeron asustadas
al mirar en su espejo sombrío
la lanza ponderosa,
la espada valerosa,
como olímpicos rayos fulgurar.

Más veloz que el pensamiento
cruzando la fantasía,
surge en la región vacía
rara, espantosa visión.
Un dios con alas: -sus ojos
en el seno de la tierra
ven los tesoros que encierra,
y los arranca a traición.

Sus manos siempre crispadas
como al contar del dinero,
ostentan uñas de acero
para guardarlo quizás.
Si fuera un cristal su frente
números viéranse y sumas,
que hasta del mar las espumas
compra y vende al que da más.

De los dioses mensajero,
y hermano en poder y esencia
él es dios de la elocuencia
y del comercio también;
y acaso su nombre invocan
en impías oraciones
bandoleros y ladrones
que sin amparo se ven.

Cual faro que brota inmóvil
entre tinieblas y olas,
más inmóvil, cuando ellas
más lo envuelven, más lo azotan,
a su rugir, impávido,
sereno ante su cólera,
y con su espuma haciéndose
magnífica corona,
brotó el dios de las aguas
en su imperial carroza.
Blande el tridente,
los brutos doma.
y desde el medio del mar
a Hércules escucha hablar.
HÉRCULES
Del Olimpo moradores,
de mar y tierra señores,
hijos de Júpiter caros;
venid, que quiero mostraros
la mansión de mis amores.

En menosprecio tendré
los trabajos que emprendí,
y los lauros que alcancé,
si dejar no logro aquí
larga memoria de mí.

Mi fama asombre a la gente,
y pase la mar cerúlea,
no por ser yo dios potente;
por vivir eternamente
en una ciudad hercúlea.

VENUS
Yo en rosas
la poblaré:
yo hermosas
a sus mujeres haré.
Mi copia en ella
quiero dejar,
dádiva suma,
gloria sin par.
Que nazca de la espuma
Cádiz la bella,
corte del mar.

HÉRCULES
No en valde la palma ganas
a las diosas tus hermanas
en hermosura y poder...
Gaditanas, gaditanas,
¡oh qué hermosas vais a ser!

MARTE
En la recóndita
futura edad,
su cuna tendrá y tálamo
aquí la libertad.

En fuego bélico
todo varón,
siempre sentirá ardérsele
su noble corazón.

Brazo fortísimo
tendrá también,
que humille de los déspotas
la vil altiva sien.

Y acento mágico
para gritar
del Betis hasta el Pírene:
¡viva la libertad!

MERCURIO
El oro, que es el poder:
le he de traer.
sobre las olas del mar
a fuerza de navegar.

Yo haré que nazca un hombre
que al mundo asombre,
rompiendo del mar azul
la flotante barrera de tul.

Y allí otro mundo
nuevo, fecundo
sus entrañas abrirá,
y de perlas y de oro
inagotable tesoro
por tributo le dará.

HÉRCULES
Con tanta hermosura,
con tanta grandeza,
con tanta bravura,
con tanta riqueza...
ya logro dejar aquí
memoria digna de mí.

NEPTUNO
¡Ea!
¡sea!

Hiere la roca con su tridente,
y cual sirena que de repente
hombros y pechos saca al cantar,
nace en la espuma, blanca y riente,
Cádiz la bella, corte del mar.


Baladas españolas de Vicente Barrantes
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Artículo crítico de Agustín Bonnat