Balada XXXV: ¡El rey ha muerto! ¡Viva el rey!

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Baladas españolas
Balada XXXV : ¡El rey ha muerto! ¡Viva el rey!

de Vicente Barrantes



¡Fragilidad! tienes nombre de mujer.
(SHAKESPEARE.- Hamlet.)


I
EN EL DUELO
-¡Y se lo llevan así!
¡y me roban la alegría!
¡Desventurada de mí!
¿Cómo viviré sin ti,
esposo del alma mía?


II
EN FAMILIA
-¡Hijo del corazón, dulce presente
de aquel esposo por mi mal perdido
hijo mío querido,
solo en besarte encuentro ya consuelo!
-¿Por quién lloras, mamá?
-¡Pobre inocente!
por un ángel cuál tú, que está en el cielo.


III
EN LA ALCOBA
¡Sola!... ¡soledad horrible!
suena en mi oído incesante
su dulce voz... no hay un sitio
donde no vea su imagen.
¡Hijo del alma! por ti,
por ti no hago un disparate.
Esta casa es un sepulcro:
al fin tendré que mudarme.


IV
DIÁLOGO
-¿Me trajo ya la modista
los lujos?
-Señora, sí:
aquí están.
-Quita de ahí,
que su vista me contrista.
-Páseles usted revista,
verá como se distrae.
-¡Ay!... no!... psché... ¿qué tal me cae
esta capota?
-Muy bien.
-¿Y esta mantilla?
-También.
-Aparta... mas no... trae... trae...


V
MONÓLOGO
-¡Magnífico mausoleo
edificarle deseo!
allí volveremos juntos...
¡Qué idea!... ¿saldré a paseo,
el día de los difuntos?


VI
OTRO DIÁLOGO
-Señor escribano, ¡estoy
tan triste! me faltan fuerzas
para todo. Al fin y al cabo
le seguiría a la tierra,
si no fuera porque tengo
un hijo y él me consuela.
Vuélvase usted por aquí...
esos negocios me apestan.
Adiós... ¡ah! dígame usted,
¿será muy grande la herencia?


VII
OTRO MONÓLOGO
¡Qué linda casa!
Puerta del Sol.
Aquí respiro:
otra aquí soy.
¡Qué buenas vistas
tiene el balcón!
Aquí se vive
mucho mejor.
Insoportable
recuerdo, atroz,
era la casa...
¡Válgame Dios!
¡Cuánto alma mía,
mi único amor,
te echa de menos
mi corazón!!


VIII
PREGUNTAS
-¡Si yo pudiera salir
de casa! esta soledad
me consume, esta tristeza
me ahoga.
-Pues claro está
que debe usted de salir.
-Y las gentes, ¿qué dirán?
-¿Qué han de decir? ¿no la han visto
a todas horas llorar?
¡si está usted desconocida!...
tan triste, tan flaca, ¡tan!...
y si fuera usté una vieja...
-Oye: ¿se han cumplido ya
los nueve días?
-¡Señora!
-Es que no sé ni contar.


IX
RESPUESTAS
-¿Oyó usté a aquel caballero
que anoche?...
-¿Quién?... ¡yo oír!...
¡importuno! ¡mentecato!
¡insolente! ¡zascandil!
-Pues él no se propasó...
-¿Qué, no le oíste decir
que era yo muy linda?
-¡Ah!
¿con que lo oyó usted al fin?
-Ni que fuera sorda.
-Vamos...
-¡Hay tanto vago en Madrid!


X
LA INOCENCIA
-Un caballero, mamá,
acaba de darme un
bartolillo.
-Será algún
amigo de tu papá.


XI
LA CONSTANCIA
-Cuando enlutada y sola
voy por la calle,
paréceme que llevo
tras mí un cadáver.
¡Ay! no lo llevo
detrás, sino enterrado
dentro del pecho.

Y si alguno me dice
tiernas lisonjas,
el cadáver levanta
su fría losa.
Duerme, amor mío,
que nadie ha profanado
tu eterno asilo.


XII
CONSEJOS
-Traes un aire de misterio...
-Traigo... una carta de aquél...
-Yo no leo ese papel.
-Mire usté que el lance es serio.
¡Qué amor! de noche y de día
el pobre joven se pasa
las horas junto a esta casa.
-Así mi difunto hacía.
Aquello sí que era amor.
-Pues este no le va en zaga.
-¿Qué te parece que haga?
-Leer su carta.
-¡Qué horror!
¡leerla!
-¿Qué hay malo en esto?
léala usté, señorita.
-Veré si está bien escrita.
-¡Ya!
-Pero no le contesto.


XIII
OBSERVACIONES
-¡Triste recuerdo! hace un mes...
-Señora, buena ocasión:
asómese usté al balcón
a verle.
-(¡Qué guapo es!)


XIV
LANCE
-Enlutada seductora,
que mi corazón fascinas
con tus ojos;
si a la iglesia vas ahora,
a oír tus preces divinas
voy de hinojos.
-No entre usted conmigo:
quiero rezar ¡ay! por mi difunto
más tranquila;
pero...
-¡Ah!
-Pero...
-¡Dulce pero!
-Espéreme usted...
-¡Ah!
-Junto
a la pila.


XV
PERCANCE
-¿Mamá?
-Que estoy ocupada.
-Ábreme.
-¡Chico maldito!
¡fastidioso! ¡impertinente!
-¿No me quieres ya?
-¡Hijo mío!
Le abriré. Toma, y a Juan
dile que te lleve al Circo.
-Aquel señor que se esconde
fue el que me dio el bartolillo.
Pídele otro.
-(¡Fatal
memoria la de los niños!)


XVI
POST NUBILA PHOEBUS
-Nunca en el fuego amoroso
sentí mis venas arder:
no el amor; era el deber
el que me unía a mi esposo.
¡Qué desventuradas son
las que ignoran los placeres
del amor!
-Y a mí, ¿me quieres?
-Con todo mi corazón.
-Mi bien mi vida, mi gloria,
celos tengo del pasado.
-¡Tontuelo! casi borrado
está ya de mi memoria.
-Ese niño es en la tierra
un recuerdo... sin cesar...
-Pues se le manda a estudiar
a Francia, a Italia, a Inglaterra.
-¿Y el luto?...
-Es solo un tributo...
-Al muerto...
-Yo te diré:
tres meses ha que enviudé;
pero... me cansa ya el luto.
-¿Y antes del año, mi afán
no premiarás?
-¡Oh! no es justo.
-¿No es tu gusto?
-Sí, es mi gusto;
pero ¡Jesús! ¿qué dirán?


XVII
EN CASTELLANO
-¿Con que te casas?
-¿Quién? ¿yo?
-Si corre de boca en boca.
-¡Ni que estuviera yo loca!
-La verdad, hija, eso no...
¿Hace el año?
-Falta un mes...
menos horas.
-(¡Qué bien cuenta!)
-(¿Qué dice?)
-¿Estarás contenta?
Es rico, es buen mozo, es...
-Pero si no hay nada de eso.
-¡Secretos entre las dos!
Me voy.
-¿Ya? (gracias a Dios).
-¡Querida mía!
-Otro beso.
-Pero es algo calavera;
ten cuidado.
-Por mi nombre...
-El otro ¡era tan buen hombre!
-(Porque se murió. ¡Embustera!)
-Dicen que ha tenido un hijo.
-(¿Será de ella?)
-Colorada.
te has puesto.
-¡Eres más pesada!
-Me iré... veo que te aflijo...
-¡Qué obstinación! ja, ja, ja.
-Y el niño vive.
-Ya basta.
-Adiós, querida.
-Adiós... hasta...
(el valle de Josafá.)


XVIII
EN LATÍN
-Dilín.
-¿Quién?
-Parece estraño
que yo tenga que inquirir
a qué hora he de decir
la misa de cabo de año.
-Señor cura, la señora...
-¿Qué es de la triste viuda?
¿reza en su cuarto?
-Sin duda
se estará casando ahora.