Barlaán y Josafat (Versión para imprimir)

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Elenco
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Barlaán y Josafat Félix Lope de Vega y Carpio


Barlaán y Josafat

Félix Lope de Vega y Carpio

Los que hablan en ella son los siguientes:

 



JOSAFAT, príncipe.
ABENIR, rey.
BARLÁN, ermitaño.
CARDÁN, caballero.
LEUCIPE, dama
DEMONIO, de galán.


BATO, labrador.
UN LITERERO.
UN GENERAL.
UN VIEJO.
UN POBRE COJO.
TRES MUJERES.


UN ÁNGEL.
BARAQUÍAS, galán.
ANAXIMANDRO.
FULBINO.
TELÉMACO.
BARQUERO.


LAURENCIA, labradora.
RUFINO, labrador.
LISENO, labrador.
OTRO LABRADOR.
FABIO, músico.
UN ALGUACIL.




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Acto I
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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Salen el PRÍNCIPE JOSAFAT
y CARDÁN, caballero.
JOSAFAT:

  ¿Posible es que desta suerte
pasas tanto amor, Cardán?

CARDÁN:

Secretos que ansí lo están
tienen por sello la muerte.
  Advierta, pues, vuestra Alteza,
que esta ha sido la ocasión.

JOSAFAT:

¿Cuál hombre se vio en prisión
por ley de naturaleza?
  Y más yo, que de tal Rey
soy hijo.

CARDÁN:

Para que viva
tu real persona cautiva
no hay, señor, culpa ni ley.
  Pero no le aflija más
ese invicto corazón;
sabrá que esta no es prisión.

JOSAFAT:

En mayor engaño estás,
  porque si toda mi vida
me ha tenido aquí encerrado,
¿por qué culpa hubiera dado
más castigo a un homicida?
  Maestres me ha dado aquí
que me enseñan que hay un Dios
autor de dos mundos.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARDÁN:

Dos.

JOSAFAT:

Con el celeste.

CARDÁN:

Es ansí.

JOSAFAT:

  El celeste es invisible,
aunque no sus luces bellas,
como sol, luna y estrellas;
pero el terrestre visible.
  Este, cuantos han nacido
le ven, sino solo yo,
que en naciendo me obligó
a que naciese escondido.
  Caso estraño que he de ver
una flor y preguntar
cómo se suele criar,
y dónde suele nacer.
  Si me sirven a la mesa
una fruta o algún ave,
me ha de decir quien lo sabe,
y aun, de decirlo, le pesa,
  el nombre y donde se cría,
y pudiéndolo yo ver,
como ciego he de tener
la vista en la fantasía.
  Siempre he de andar con ideas.
¿No veré qué es tierra y mar?


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CARDÁN:

Yo te quiero declarar
eso que saber deseas,
  como me tengas secreto.

JOSAFAT:

Tú mismo bien solicitas,
y mi prisión facilitas,
de que silencio prometo.

CARDÁN:

  Gran príncipe Josafat,
cuyo raro entendimiento
admiran todos los sabios
que has tenido por maestros.
Tu padre, el Rey Abenir,
tiene su copioso reino
en una parte del mundo
de fértil y alegre suelo,
que llaman India, en el cual
ciudades, villas y pueblos
le reconocen y adoran
como a su señor supremo.
Ejércitos numerosos
se han defendido de aquellos
que, en otros Reinos, están
a sus grandezas opuestos.
Hanle dado mil vitorias,
y está su dichoso cetro
dilatado en toda el Asia
y de mar a mar por ellos.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARDÁN:

Las riquezas que le adornan
muchos palacios soberbios,
nunca Darío, ni Alejandro,
Ciro, ni Gerges, las vieron.
Oro, piedras, perlas, plata
cubren paredes y techos,
y el suelo que va pisando,
brocados, persas y medos.
Pero toda esta grandeza
tuvo tu padre en desprecio,
respeto de que a sus dioses
se les guardase el respeto;
que unos ciertos hombres hay,
que a un cierto dios estranjero
adoran, y por serville
viven en montes y en yermos.
Estos tiene desterrados
con pregón público, y muertos
muchos que cubren los campos
con los divididos cuerpos.
Crece aquesta religión
de suerte que consejeros
y aun presidentes del Rey
se le han ido a los desiertos.
Mas tu padre, temeroso
de que estos monjes del yermo,
o cristianos que se llaman,
cristianos por su Dios nuevo,
que tiene por nombre Cristo,
no hiciesen en algún tiempo,
que siguieses la locura
con que maltratan sus cuerpos,
que es una ley que se funda
de rigurosos preceptos,
hizo que en este palacio
te criasen con secreto.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CARDÁN:

Sus hábitos no son seda,
que son unos sacos hechos
ya de palma, ya de cerda,
ya de cuitados pellejos.
Por otra parte, señor,
era el faltalle heredero,
grave dolor de tu padre,
mas quiso el piadoso cielo
que nacieses, alegrando
tu dichoso nacimiento
con sacrificios los dioses,
que de más de mil becerros
calentó las blancas aras,
corriendo el humor sangriento.
Sin el número infinito
de ovejas y de corderos,
la India del Gange toda
mil regocijos hicieron
en la tierra y en la mar
soldados y marineros.
Los vasallos más leales,
y los más sabios maestros
no quieren que te digamos
cosa triste, previniendo
que aun no sepas que hay morir,
ni tengas conocimiento
de cosa que te dé pena,
mas como tu raro ingenio
a los maestros excede,
vence el natural deseo
el cuidado de tu padre,
a quien humilde te ruego
no digas que yo te he dicho
la causa de haberte puesto
en la prisión donde estás,
pues que por mejores medios
le persuadirás que mande
que salgas a ver el cielo.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JOSAFAT:

  Muy agradecido estoy
a la amistad que me muestras,
y las amistades nuestras
se confirman desde hoy.
  Que si llega a posesión
deste reino mi esperanza,
en la parte que te alcanza
verás la satisfación.

CARDÁN:

  Tu padre viene.

JOSAFAT:

Cardán,
disimula.

CARDÁN:

Eso te ruego.
(Sale ABENIR y criados.)

REY:

¿Hijo?

JOSAFAT:

Temeroso llego.

REY:

¿Dónde tus ayos están?

JOSAFAT:

  Conociendo mi tristeza,
señor, y poca salud,
nacida de la inquietud,
fuerza de naturaleza,
  un poco se han retirado.


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Arauco Domado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


REY:

¿Tristeza tú, qué es aquesto?
¿Quién en tus labios ha puesto
un vocablo tan pesado?
  Ni el nombre pensaba yo,
que de tristeza sabías,
cuanto más que la tenías;
mas, ¿quién la causa te dio?,
  viven los cielos, que luego
lo ponga en un fuego vivo.

JOSAFAT:

Tristeza, señor, recibo,
y justo desasosiego
  de verme preso sin causa.
¿En qué, señor, te ofendí,
qué es lo que temes de mí,
que tanto rigor te causa?
  Nace el corderillo tierno,
y salta luego en el prado,
porque apenas destetado
sufre el natural gobierno.
  Un ave arroja del nido,
aun antes de tener alas,
el pollo a las claras salas
del aire, y vuela atrevido.
  ¿A quién después que nació
se negó la luz del cielo?,
pues al que nace en el suelo
se dice que a luz salió.
  Mas no se dirá por mí,
que ha tanto que soy nacido,
y nunca a luz he salido,
que a las tinieblas salí.


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REY:

  Hijo, no te aflijas más,
ni eso te cause tristeza;
veo que naturaleza
te enseña, ya en tiempo estás,
  que de ti fiar podré
la causa deste secreto.
Licencia te doy.

JOSAFAT:

Efeto
de tu amor.

REY:

Sabrás que fue
  para que tu educación
fuese verdaderamente
real, y la común gente
no te causase afición.
  Bastantemente enseñado
sales; éntrate a vestir,
para que puedas salir
a mirar y a ser mirado,
  y aun a dar admiración.

JOSAFAT:

Beso tus reales pies,
que muy de quien eres es
esa justa permisión.
(Vase.)

REY:

  Hola.

CARDÁN:

Señor.


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REY:

Advertid
por qué parte le sacáis,
de la guarda que ordenáis
como un muro le ceñid.
  No vea el Príncipe cosa
que pueda darle tristeza,
defeto en naturaleza,
ni otra pasión enojosa.
  Vaya música delante,
danzas, fiestas, regocijos,
y de mis grandes los hijos,
cuya grandeza le espante.
  Cuelguen las calles de seda,
sus riquezas saquen todos.

CARDÁN:

Haranse de varios modos,
para que servido seas,
  al Príncipe, mi señor,
mil regocijos y fiestas.

REY:

¡Ay hijo, lo que me cuestas
de cuidado y de temor!
  Pero también era justo
que sepas lo que has sabido
por elección, aunque ha sido
para mí de tal disgusto.
  ¡Hola!

CARDÁN:

Señor.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


REY:

Ahora es bien
poner más fieras las manos
en esos monjes cristianos,
nuevos soldados prevén,
  que discurran por los altos
montes y ásperos desiertos.

CARDÁN:

La mayor parte son muertos,
los demás, de fuerzas faltos,
  huyen al Cristo, en que están
aún no seguros de ti.

REY:

¡Que estos se atrevan a mí!

CARDÁN:

Ya, señor, ¿cómo podrán?

REY:

  ¿Cómo podrán? ¿Pues no ves
que de uno solo que queda
nacen cien mil?

CARDÁN:

Aunque pueda
como mala yerba que es,
  echar algunos renuevos,
presto en el rigor que dices
se arrancarán las raíces.
Van engañando a mancebos
  simples y temo algún daño.

CARDÁN:

Matarlos, que lo merecen.

REY:

Con sangre regados crecen,
y se fomenta su engaño.
  ¿Qué hallan estos en su Cristo,
qué favor, qué amparo y luz?


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CARDÁN:

Siguen su muerte y su cruz.

REY:

Él, dicen que fue malquisto
  de su patria y de su gente.

CARDÁN:

Sí, pero dicen también
que era Dios.

REY:

La voz detén.

CARDÁN:

Y engendrado eternamente
  de su Padre Dios, como él,
y que de hombre se vistió
no sé para qué.

REY:

Ni yo,
enojado estoy con él,
  y con sus fieros cristianos,
pues crezca el bando importuno,
que no ha de quedar ninguno,
por los dioses soberanos.
(Vanse y suena música
y salen labradores.)

[LABRADOR] 1.º:

  Echa por acá, Ginés,
que por acá va la danza.
Es de manera la gente,
que ahogan a cuantos pasan.

[LABRADOR] 2.º:

¿No es el Príncipe muy lindo?


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[LABRADOR] 3.º:

No sé por qué le guardaba
su padre.

[LABRADOR] 1.º:

Porque es tan bello.

[LABRADOR] 2.º:

Como el Sol riendo el alba.
Que vamos bailando dicen
delante dél.

[LABRADOR] 1.º:

Mil giradas
pienso hacer si llego a verle,
y cabriolas tan altas.
La música suena.

[LABRADOR] 2.º:

Él viene.

[LABRADOR] 3.º:

Toca, y nuestro baile vaya.

[LABRADORES] :

(Cantan.)
  Muy en hora buena
amanezca el sol.


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(Sale el PRÍNCIPE
y acompañamiento.)
JOSAFAT:

  Todo me causa alegría,
todo mi tristeza acaba,
decidle a mi padre, amigos,
que lo menos desto basta
para que yo me tuviera
por dichoso, y diera gracias
al cielo por ser su hijo,
porque quien de cosas tantas
es señor, competir puede
con los mayores monarcas.
¡Válgame Dios!, ¿esto es cielo?
¡Qué hermosa luz, y qué clara,
qué color azul tan bello,
qué nubes de oro bordadas,
qué bella criatura el Sol,
qué corona de oro baña
toda su rubia cabeza,
es imposible mirarla!
¿Esto es tierra?, ¿esto es ciudad?
¿Estas son calles y plazas?
¿Esto es trato? ¿Estas son tiendas?

CAPITÁN:

Sí señor, aquí se hallan
todas las cosas que son
a la vida necesarias.

JOSAFAT:

¿Qué son estos?


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CARDÁN:

Mercaderes,
que con una cierta vara
miden paños, sedas, telas
para vestidos.

JOSAFAT:

¿Y bastan
estos a vestir el mundo?

CAPITÁN:

Estos, que con otros tratan,
hacen que aquí les envíen
sedas, telas, joyas varias,
y van vendiendo y trayendo;
unos fían, otros pagan,
unos compran, otros venden,
unos pierden, otros ganan.

JOSAFAT:

Buen oficio.

CAPITÁN:

Es muy honrado.

JOSAFAT:

¿Qué es aquello?

CAPITÁN:

Estos se llaman
sastres.

JOSAFAT:

¿Qué es lo que hacen estos?

CAPITÁN:

Los vestidos con que andan
los reyes, los caballeros,
los galanes y las damas.


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JOSAFAT:

Mucho cubren.

CAPITÁN:

Sí, señor;
cubren infinitas faltas,
aunque las hacen a muchos,
que sus vestidos no acaban.

JOSAFAT:

¡Oh, qué ricas tiendas!

CAPITÁN:

Son
de los plateros.

JOSAFAT:

Bizarras
joyas.

CAPITÁN:

¿Quieres algo?

JOSAFAT:

No.
¡Qué bellas fuentes y tazas!

CAPITÁN:

Son los plateros, señor,
gente principal y honrada.
Profesan arte muy noble,
oro, piedras, perlas gastan.

JOSAFAT:

Eso fuera yo a no ser
Príncipe, que al fin se hallan
con lo mejor que Dios cría,
en sus manos y en su casa.
¿Qué son estos?


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CAPITÁN:

Son freneros,
las sillas y frenos labran
del caballo en que subiste.

JOSAFAT:

Fueran de mucha importancia,
si hicieran freno a las lenguas,
que sin propósito hablan.

CAPITÁN:

Aquellos son zapateros,
estos hacen lo que calzas,
y aquellos hacen jubones.

JOSAFAT:

¿Y aquellas tiendas colgadas
de ropajes diferentes?

CAPITÁN:

Esta es gente que en su casa
cuelga diversos vestidos,
sayos, ropillas y capas;
que se pone a mesa puesta
el que a los sastres no aguarda.

JOSAFAT:

Comodidad me parece.

CAPITÁN:

Inventan notables galas,
y adornan una ciudad.

JOSAFAT:

¿Quién son estos que trabajan
al fuego con tanta furia?

CAPITÁN:

Estos, señor, hacen armas,
y aquellos las cerraduras
con que las casas se guardan.


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JOSAFAT:

¡Oh, qué linda sala aquella!
Di que abran más la ventana.

CAPITÁN:

Este, señor, es pintor,
que en un lienzo, en una tabla,
hace con esas colores
vivas las cosas pasadas.
Aquel retrato es de César,
y aquel lienzo es la batalla
a donde venció a Pompeyo
en los campos de Farsalia.
Mira qué lindo Alejandro.

JOSAFAT:

No he visto cosa más rara
en cuantas cosas he visto,
al arte pueden llamarla
divina, y a los pintores
que tratan las cosas sacras,
sagrados imitadores
del cielo, pues yerbas, plantas,
hombres y animales crían
cuantos aquí se retratan.
¿No estima mi padre aquestos?

CAPITÁN:

Mucho, señor, los alaba.

JOSAFAT:

No he visto cosa más digna
de galardón y alabanza;
hartar no puedo los ojos.

CAPITÁN:

En estas tiendas repara.


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JOSAFAT:

¿Son libros?

CAPITÁN:

Aquí se venden.

JOSAFAT:

¿Compónenlos estos?

CAPITÁN:

Tratan
con otros.

JOSAFAT:

Llama a su dueño.

CAPITÁN:

Maestro, el Príncipe os llama.
(Sale el LIBRERO.)

LIBRERO:

Vivas, señor, muchos años.
¿Qué es lo que a tu siervo mandas?

JOSAFAT:

¿Cómo tienes estos libros?

LIBRERO:

Tengo a mi costa, en mi casa,
diez hombres que saben lenguas,
y de mano los trasladan
de buenos originales.

JOSAFAT:

Muestra algunos.

LIBRERO:

A este llaman
Aristóteles.

JOSAFAT:

¿Quién es?


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LIBRERO:

Un filósofo de fama,
dicípulo de Platón,
a estos dos el mundo alaba
de los más sabios del mundo
en lo que es letras humanas.

JOSAFAT:

Natura est, dice aquí,
principium quodnam et causa.

LIBRERO:

De principios naturales,
aquí, el Filósofo trata.

JOSAFAT:

¿Qué es aquel?

LIBRERO:

Este es, señor,
Hipócrates.

JOSAFAT:

¿De qué trata?

LIBRERO:

De medicina.

JOSAFAT:

Bien entra:
«Vida breve y arte larga,
experiencia peligrosa».

LIBRERO:

Galeno aquí le declara.
Este es Estrabón.

JOSAFAT:

¿Qué escribe?

LIBRERO:

De la tierra


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JOSAFAT:

¿Y copia tanta?

LIBRERO:

Como has visto poca, piensas
que es poca.

JOSAFAT:

En eso te engañas;
es, respeto de los cielos,
punto indivisible y nada.

LIBRERO:

¿Ha estudiado?

JOSAFAT:

Algunas cosas.

LIBRERO:

Este es de historia estremada.

JOSAFAT:

Dime el nombre.

LIBRERO:

Quinto Curcio;
escribe vida y hazañas
de Alejandro.

JOSAFAT:

¿Este quién es?

LIBRERO:

Un Poeta.

JOSAFAT:

¿Quién?

LIBRERO:

Quien canta
de los dioses las grandezas,
de los hombres las hazañas.


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JOSAFAT:

¿Y cómo se llama?

LIBRERO:

Homero.

JOSAFAT:

Mucho la entrada me agrada.

LIBRERO:

Habla con su propia musa.

JOSAFAT:

¿Qué es musa?

LIBRERO:

La deidad santa
que los poetas invocan.

JOSAFAT:

Bien suenan estas palabras.

LIBRERO:

A este llaman Testamento
Viejo, está en la lengua hebraica.

JOSAFAT:

Un poco se muestra a ver:
«En el principio de nada
crió Dios el cielo y tierra.»
(Tocan cajas.)
¿Qué es aquello?

CAPITÁN:

Estas son cajas
de guerra.

JOSAFAT:

Llevad, maestro,
estos libros a mi casa.


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LIBRERO:

Estos y otros llevaré.

JOSAFAT:

Si son buenos, estos bastan.
(Vase el LIBRERO.)
(Sale el GENERAL con gente,
y LEUCIPE, dama.)

GENERAL:

  Humillad, Capitán, esa bandera,
pues el Rey, mi señor, está delante
en la imagen más cierta y verdadera.
Dame, señor tus pies.

CAPITÁN:

Nada te espante,
este es un General que en guerra fiera
ha vencido a otro Rey, tan arrogante
que se opuso a tu padre.

JOSAFAT:

¿Y quién es esta,
de hermosura y de lágrimas compuesta?

GENERAL:

  Esta, famoso Príncipe, es Leucipe,
hija del Rey vencido, que en despojos
traigo a tu padre, pero ya anticipe
su premio en ti, pues que llegó a tus ojos.

JOSAFAT:

¿No es justo que del premio participe,
pues no participé de los enojos?
Dime, mujer, ¿por qué llorando vienes?

LEUCIPE:

¿Eso preguntas y discurso tienes?
  No sabes que la prenda más hermosa,
pues comparado se le rinde el oro
pierdo en mi libertad y la preciosa
patria y a pique el virginal tesoro?


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JOSAFAT:

¿Y esta desdicha viene a ser forzosa
en los vencidos?

GENERAL:

Y el mayor decoro
del vencedor, traer de su enemigo
cautivo lo mejor por más castigo.

JOSAFAT:

  Esta es vencida, ¿y vino a tal tristeza
de un libre estado?

GENERAL:

Así son desta vida
las mudanzas; que en ella no hay firmeza.

CAPITÁN:

Perdona, Alacris, que el hablar te impida,
no quiere el Rey que, ni en naturaleza,
defeto sepa el Príncipe.

GENERAL:

Resida
con los dioses intactos en el cielo,
que no lo escusará si habita el suelo.

CAPITÁN:

  Manda que no le informen cosa alguna
triste, ni vea casos desastrados,
sino aquellos de próspera fortuna,
no los adversos, mas los diestros hados.
Alegre le crió desde la cuna,
sus ojos, como sabes, apartados
del trato de la gente.

GENERAL:

Pues no piense
que es su hijo aquel bárbaro ateniense.


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LEUCIPE:

  Si alguna cosa, Josafat gallardo,
puede tener la libertad perdida,
es ser tú el dueño de quien tanta aguardo,
después de tu grandeza conocida.
Si pensando en mi estado me acobardo,
y en el contento que pasé mi vida,
con solo verte juzgo a buen empleo,
perder el bien y ver el mal que veo.
  Allá dijo la fama cuán dotado
naciste de los cielos, con los dones
que pudo dar si hiciera con cuidado
los singulares, ínclitos varones:
desde agora será bien empleado
mi reino en ti, cuyo laurel te pones,
más de mi voluntad, que por la gloria,
que Alacris blasonó de la vitoria.
  Dichoso el padre que escondido tuvo,
con muy justa razón, tan gran tesoro,
naturaleza muy prudente anduvo
en esconder profundamente el oro.
Por las hondas entrañas entretuvo
sus ricas venas y el real decoro
de luz excelsos montes que preserva,
y encima por señal puso una yerba.
  Del oro de tu alma yerba ha sido
esa forma esterior que está mostrando
el tesoro precioso, que escondido
estuvo a nuestros ojos ocultando;
pues no por ser más que lisonja ha sido,
que tengo más valor, aunque triunfando
vienen de mí, que dio al laurel romano
la reina atada al carro de Aureliano.


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JOSAFAT:

  ¿Que puede un Rey venir a tal estado?

CAPITÁN:

Deja, señor, tristezas escusadas.

JOSAFAT:

Capitán, de las cosas que he mirado
por el Autor del cielo fabricadas,
la hermosura, la lengua y el agrado,
si en sus partes están proporcionadas,
me agrada en las mujeres justamente,
mas por los dioses casta y limpiamente.

CAPITÁN:

  Con platónico amor, bien las quisieras.

JOSAFAT:

Si es casto, sí.

CAPITÁN:

Castísimo, le escribe.

JOSAFAT:

¡Hola!, vós recoged esas banderas,
tú, a la cautiva, el ánimo apercibe
y como si a mi hermana recibieras,
en tu casa la aloja y la recibe.

CAPITÁN:

Haré lo que me mandas.

JOSAFAT:

Bella cosa,
mirando honesta una mujer hermosa.

LEUCIPE:

  Beso tus pies.

JOSAFAT:

De ti se duela el cielo.

(Vanse LEUCIPE y el GENERAL.)


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CAPITÁN:

Naturaleza no se conservara
sin las mujeres.

JOSAFAT:

Con honesto celo,
Cardán, mi vista en su valor repara;
¿han hecho algunas cosas?

CARDÁN:

Todo el suelo
la fortaleza celebró por rara,
de Delbora, y la gran Pantasilea,
Tomiris, Artemisa y Sicratea;
  de estas fueron Erina, Safo y Epola,
Anastasia, Cornelia y Damosila
Nicostrata, Minerva y Fabiola,
las sibilas, Casandra y Telesila,
Casta, la griega, en las ausencias sola,
y la que en Roma lágrimas distila
para guardar su honor, y este es proceso
tan infinito, que es pensarlo exceso.

JOSAFAT:

  Esta sortija te doy
Cardán, porque así las honras.

CARDÁN:

Ellas merecen más honras,
y es poco, a fe de quien soy;
  que antes quedan ofendidas
tan cortamente alabadas,
porque a no ser engañadas
nunca fueran atrevidas.


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(Sale un Juez o ALGUACIL,
echando dos pobres
a empujones fuera, uno viejo.)
ALGUACIL:

  Salid, pues, de la ciudad.

VIEJO:

No puedo más, señor mío.

ALGUACIL:

Al pedir, andáis con brío,
y al salir, sin voluntad.

POBRE:

  ¿Por qué nos echan, señor?

ALGUACIL:

Porque no quieren que vea
el Príncipe cosa fea
que pueda causarle horror.

POBRE:

  Pues haced echar, señores,
avarientos y logreros,
vagamundos y escuderos,
blasfemos y jugadores,
  echad rameras y necias,
mas dejad necios estar:
no quede solo el lugar.

VIEJO:

¿A mi edad hacéis desprecios?,
  ¿qué os hacen mis largos años?

JOSAFAT:

¡Hola!, ¿qué es eso?


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALGUACIL:

Señor,
perdona aqueste rumor,
es porque a reinos estraños
  manda tu padre arrojar
toda esta mísera gente.

JOSAFAT:

Aguarda, amigo, detente,
y estos me deja mirar.

ALGUACIL:

  No, no, señor, no los veas.

JOSAFAT:

Quítate delante pues.
¿Quién eres?

POBRE:

¿Ya no lo ves?
Voy entre las cosas feas.

JOSAFAT:

  Pues, ¿cómo tienes así
las piernas?

POBRE:

De una caída.

JOSAFAT:

¿Es posible que esta vida
pasas así?

POBRE:

Señor, sí,
  y otro muchos como yo,
cojos, mancos y tullidos.

JOSAFAT:

¿Y andáis con esos vestidos?


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Arauco Domado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


POBRE:

Y contentos, ¿por qué no?
  que otros hay ciegos y tuertos,
y otros leprosos, que es asco,
mas yo soy como un peñasco,
y soy entre patituertos
  tenido por gentil hombre.

JOSAFAT:

¿Que hay tantas enfermedades?

POBRE:

¿Agora te persüades
a lo que es sujeto un hombre?
  Médico hay que en un ojo
cien enfermedades pone.

JOSAFAT:

Naturaleza perdone,
que con su rigor me enojo.

POBRE:

  No hay parte que un hombre tenga
a donde no tenga mil.

JOSAFAT:

¿Que somos cosa tan vil?

CARDÁN:

Tu Alteza no se detenga
  oyendo aquestas mentiras.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


POBRE:

¿Mentira? Mal corrimiento
te venga a ti si yo miento,
y tú lo ves, pues lo miras.
  Señor, ello hay cojedades,
anginas, apoplejías,
catarros, desenterías,
grangenas, sarnalidades,
  podragas, fiebres y tisis,
estrangurrias, ramicosis,
lepras, gotas, poliposis,
garrotillos, paralisis,
  freumas, eduod, cefaleas,
lecentropeas y náuseas,
tabardillos, escotomas,
  toses y melancolías,
reumas y gotas corales,
fimeras y comiciales,
vermías y hidropesías,
  hipocondríaco, alfón,
cáncer, tercianas, alpés,
sabañones, mal francés.

CARDÁN:

Callad con la maldición,
  echad aquesos de ahí.

POBRE:

Pues esto no es empezar;
Dios os libre de enfermar,
que os acordaréis de mí.

(Vase.)


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JOSAFAT:

  ¡Oh, qué tristeza me ha dado!
¿Esto es vivir en el suelo?
¿Esto es el hombre que el cielo
tanto su edificio ha honrado?
  ¿Esto cabe en su belleza?
Quitaos delante los dos.
¿Por qué os destierran a vós?

VIEJO:

Por mi edad y mi pobreza.

JOSAFAT:

  ¿Por vuestra edad?

VIEJO:

Estoy ya
inútil, como me veis.

JOSAFAT:

¿Qué años, padre, tendréis?

VIEJO:

Ochenta.

JOSAFAT:

¡Qué enfermo está!,
  ¿y no podréis ya lo mismo,
que en la ardiente mocedad?

VIEJO:

Todo soy enfermedad,
porque es la vejez su abismo.

JOSAFAT:

  ¿Y luego, padre, qué haréis?

VIEJO:

Morir, señor.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JOSAFAT:

¿Qué es morir?

VIEJO:

Es un cesar de vivir,
¿esto señor no sabéis?
  Es apartarse del cuerpo
el alma, cortando el nudo
que los dos enlazar pudo,
y quedarse el cuerpo en cuerpo
  deshacerse aquella unión;
va el cuerpo a la sepultura,
y el alma a región más pura,
o a más escura región.
  Porque si ha vivido bien,
va al premio, y si mal vivió,
a la pena que el buscó.

CAPITÁN:

Señor, no dejes que estén
  estos dando tal tristeza
al Príncipe.

JOSAFAT:

Esta flaqueza,
¿cabe en el humano bien?
  Dejadme solo.

CARDÁN:

Señor.

JOSAFAT:

Salíos fuera.

CARDÁN:

Salid.

JOSAFAT:

Que no entre nadie advertid.

CARDÁN:

Tristeza tiene y temor.

(Vanse.)


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JOSAFAT:

  Vida corta de ochenta años,
caduca sin tener ser
para poderse mover,
llena de males estraños.
¡Qué mayores desengaños!
Y que para fin la muerte
de su miseria me advierte;
pues ¿cómo estribo en los gustos,
sino soy de aquellos justos,
que gozan tan alta suerte?
  Algún dios debe de haber
solo, que si hubiera dos,
¿cómo pudiera ser Dios
con dividido poder?
Dios, uno solo ha de ser
de la vida y muerte autor,
y este supremo Señor
muchos le habrán conocido;
si de ellos hubiera sido,
nadie le amara mejor.
  ¿Que tantas enfermedades?
  ¿Que todos han de morir?
  ¡Ah supremo Autor del cielo,
puesto que no sé quién eres,
pero sé que eres quien quieres,
y que riges cielo y suelo.
De rodillas por el suelo
te pido que luz me des,
para que ponga a tus pies
mi reino, mi estado y vida.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JOSAFAT:

Déjame que luz te pida,
sepa yo quién es él, pues.
  Iré a ver si me ha traído
los libros aquel maestro,
quizá alguno habrá tan diestro,
que hable al alma y al oído.
Dios, la vida que he vivido
no es vida pues fue sin vós,
conozcámonos los dos,
que toda el alma os prometo,
no estéis conmigo secreto
pues me hicistes, y sois Dios.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Vanse y sale BARLÁN, ermitaño viejo,
haciendo unas esportillas de esparto.)
BARLÁN:

  Soledades dichosas
deste fragoso campo,
donde funda Nembrot, gigante fiero,
la torre babilónica,
confusión de las lenguas,
y del eterno Dios, primer castigo;
aquí, donde soberbio
el Serafín fundaba
contra el cielo defensas,
fundaré yo humildades,
hecho profundo abismo de bajeza,
pues no hay mayor locura
que atreverse al Criador la vil criatura.
¿Qué es, gran Señor, el hombre,
que ansí le magnificas,
porque tu corazón cerca dél pones?
¡Pero si tú le estimas,
él no debe estimarse,
sino estimarte a ti, porque le hiciste!
¡Ah, si considerase
cuánto el hombre te debe
por haberle criado,
por conservarle vivo,
y por el beneficio soberano
de haberle redimido,
pues que de todos el mayor ha sido.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


BARLÁN:

¡Ah, Señor, quien supiese
servirte en este yermo
y despreciarse a sí bastantemente!
¡Quien, Señor, te cantase
debidas alabanzas
entre estas claras fuentes y estos prados,
que te alaban corriendo
con apacible risa,
y entre estos verdes árboles,
que cantan con las hojas
debidas alabanzas de tu nombre,
donde también suaves
trinan sus himnos las parleras aves!
¿En qué servirte puedo,
Cristo mío, amoroso,
dulce regalo de la vida mía,
pues que tomaste al hombro
la carga de mis culpas,
pesada más que la celeste máquina?
¿Qué haré yo que te agrade?
Aquestas esportillas
no te son de provecho:
¡ay, Dios, quién las pusiera
en tu pesebre santo aquella noche!
Dame, Señor, consejo,
y dime en qué te sirva un pobre viejo.


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Barlaán y Josafat Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Aparece un ÁNGEL en lo alto,
en apariencia.)
ÁNGEL:

Óyeme atentamente,
Barlán.

BARLÁN:

¡Ay, Dios mío!

ÁNGEL:

Reina en la India del estremo Gange,
Abenir, Rey soberbio,
que persigue mis nombres,
mis siervos, mis amigos, mis cristianos;
este ha criado un hijo
con notable secreto,
porque mi ley ignore;
el mozo es casto y tanto
en la ley natural, y me desea,
parte mudando el traje,
porque su varia confusión se ataje,
que quiero que le enseñes
y pongas en la senda
adonde halle su bien y su remedio.

BARLÁN:

Haré, Señor, tu gusto.

ÁNGEL:

pues ponte en esa peña,
que yo te llevaré con veloz vuelo.

BARLÁN:

Tú, que a Abacuc llevaste
por un cabello solo,
podrás, Señor divino,
llevarme al indio Gange,
donde otro Daniel entre leones,
vive por ti y contigo.

ÁNGEL:

Parte.

BARLÁN:

En tus manos voy.

ÁNGEL:

Bien vas conmigo.
(Llévale del cabello.)


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Acto II
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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


Salen CARDÁN y BARLÁN, BARLÁN
vestido como mercader galán.
CARDÁN:

  ¿Piedras traes?

BARLÁN:

No ha nacido
tan famoso mercader.

CARDÁN:

Harto bien se echa de ver
en tu persona y vestido.

BARLÁN:

  Diamantes traigo notables,
su fondo, luz y limpieza
compuso Naturaleza
para ser inestimables.
  No hay rubíes en Ceilán,
que igualen con mis rubíes,
cuyas almas carmesíes
dentro, como fuego están
  de mis castas esmeraldas,
mis zafiros y amatistas,
mayores no han sido vistas
en las cesáreas guirnaldas.
  Crisólitos y balajes,
calcedonias y jacintos,
con girasoles distintos
en olores y en linajes.
  Sardónicas y topacios,
carbunclos y margaritas,
crisopacios y infinitas
piedras de ardientes espacios
  traigo de grande valor,
y un esotalmos entre ellas,
que es reina de las más bellas;
y no es esta la mejor,
  que una tengo reservada
que vence al sol su hermosura.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CARDÁN:

¿Al Sol?

BARLÁN:

Y es cosa segura,
y está del cielo aprobada.

CARDÁN:

  Enséñala.

BARLÁN:

No la ven
sino los que castos son,
y limpios de corazón.

CARDÁN:

Pocos la verán también.
  Confieso que no me atrevo;
contra los dioses pequé.

BARLÁN:

Pues yo, que por fama sé
la virtud deste mancebo,
  se la traigo a presentar.

CARDÁN:

¿No a vender?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

Sola una vez
la vendieron y a un jüez
llevaron a sentenciar
  sobre el precio que tenía,
  pero no la conoció,
que por ser tan exquisita,
por desprecio, aunque infinita,
treinta dineros costó.
  El juez mandó probar
con mil yerros su firmeza,
cuya luz y fortaleza
tres días pudo eclipsar.
  Mas luego, al tercero día,
salió con más resplandor
que el sol.

CARDÁN:

Notable valor.

BARLÁN:

Della decir te podría
  por grandeza singular,
que nadie, como la tenga,
muere en ella, que no venga
por ella a resucitar.

CARDÁN:

  Piedra rara y peregrina.

BARLÁN:

De tan alto valor es,
que siendo distinta en tres,
es una esencia divina.
  Pues otra gracia le dan,
que la tienen más de ciento,
y aun de cien mil por sustento,
y aun dicen que sabe a pan.
  No porque es pan, aunque al gusto
lo parezca, olfato y vista.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CARDÁN:

¿Que tanto valor asista
en una piedra?

BARLÁN:

Es al justo
  de tanto valor, que puedo
decirte que es un diamante
al mismo Dios semejante,
y sortija de su dedo.
  En su pecho soberano
la engendró su entendimiento.

CARDÁN:

Precio en el mundo no siento,
si Dios la tiene en su mano.

BARLÁN:

  Es la piedra triangular
del templo de Salomón.

CARDÁN:

Grandezas notables son;
¿y donde se pudo hallar?

BARLÁN:

  En un pesebre en el mundo
la primera vez se halló,
mas luego se conoció
su precio y valor profundo,
  de pastores y de reyes,
porque es piedra de tal ley,
que, como supremo Rey,
dio reyes y quitó reyes.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CARDÁN:

  ¿No ha habido algún lapidario
que haya su fondo entendido?

BARLÁN:

Es imposible, aunque ha sido
revelado a un secretario
  algo de su clara esencia,
que su principio escribió,
y palabra la llamó.

CARDÁN:

Qué soberana excelencia,
  que sea piedra y palabra,
mas ven, que llevarte quiero
al Príncipe, que al portero
haré que a los dos nos abra.

BARLÁN:

  Quiera Dios que la veáis,
dando su luz a los dos.

CARDÁN:

Plega a Dios.

BARLÁN:

Ya voy, mi Dios,
a hacer lo que me mandáis.

(Vanse y sale LEUCIPE.)


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LEUCIPE:

  No en vano la antigüedad,
tirando rayos te pinta,
amor, pues que no es distinta
tu deidad de la deidad
  de Júpiter soberano,
pues que de cualquiera suerte
están la vida y la muerte
en tu poderosa mano.
  Mas no es justo que yo viva
quejosa del cautiverio
de tu soberano imperio,
pues vine a verte cautiva.
  Vencida desde mi tierra
vine a ser de ti vencida,
para que tenga mi vida
por despojos de tu guerra;
  ¡qué corta vitoria, amor,
para tu inmenso poder,
pues que rendida y mujer
vengo a afrentar tu valor!
  Si aquel romano bizarro
fue reprehendido el día
del triunfo porque traía
una mujer en su carro,
  ¿qué gloria quieres sacar
de llevarme a mí en el tuyo?
Enemigo soy que huyo.
¿Por qué me quieres matar?
  Déjame que aumente gloria
con mi honor y honestidad,
triunfando la castidad
al carro de su vitoria,
  para que yo participe
de la fama; gente viene.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale FABIO, músico.)
FABIO:

Iré, si no me detiene.

LEUCIPE:

¿Es Fabio?

FABIO:

Oh, bella Leucipe.

LEUCIPE:

  ¿Qué hace Josafat?

FABIO:

No sé,
que antes le voy a cantar
si le dan libros lugar.

LEUCIPE:

Como la crianza fue
  deste gallardo mancebo
tan oculta, a penas son
la hermosura y discreción
de sus pensamientos cebo.
  Cántale cosas de amor,
así el cielo te haga bien.

FABIO:

Conozco el tuyo, y también
que te debe hacer favor.
  ¿Qué me darás si le digo
cuán inclinada le estás?

LEUCIPE:

Honestamente podrás
decir que al cielo bendigo
  cuando veo su grandeza;
mas no te alargues, ¡oh, Fabio!,
a hacer a mi fama agravio,
y al blasón de mi nobleza.
  No porque me pesa a mí
que sepa mi inclinación.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FABIO:

Hablas con veneración
de tu vergüenza.

LEUCIPE:

Es así;
  no hay cosa, Fabio, de quien
deba preciarse una dama
como de su casta fama.

FABIO:

Bien sientes y dices bien,
  mas tú verás como acierto
a tratarle de tu amor
sin ofender tu valor.

LEUCIPE:

De mi nobleza te advierto,
  y en que eres bien entendido
tengo justa confianza.

FABIO:

Yo alentaré tu esperanza
y despertaré su olvido.

LEUCIPE:

  Esta sortija te doy
porque sirva de memoria.

FABIO:

De Apolo y Dafne la historia,
Leucipe, a cantarle voy.

(Vase.)


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LEUCIPE:

  Olas del mar furiosas me parecen,
amor, por tu ocasión, mis pensamientos,
que a voluntad de los ligeros vientos,
a un mismo tiempo, como menguan crecen.
Si las divinas partes me enloquecen
deste real sujeto, y van contentos
mis sentidos a verle, otros intentos
la casta fama y la virtud me ofrecen.
Quiero y resisto a brazos mi cuidado,
hago que la razón amor enfrene,
y no me aparto del sujeto amado.
Dudosa a serme la vitoria viene,
que amar y resistir es el estado
más riguroso que la vida tiene.
(Vase y salen BARLÁN y el PRÍNCIPE.)

JOSAFAT:

  Admirado me has dejado.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

Esto es Dios, el Padre eterno
increado como dije,
y el santo y divino Verbo,
que este a quien comunicase
su esencia, engendró ab eterno,
y el que de los dos procede,
que es su amor santo y inmenso.
Ya te dije la caída
de los ángeles soberbios,
y la del primero padre,
por quebrar aquel precepto.
Ya te dije como entró
la muerte en el mundo y luego
la Torre, el Diluvio, el Arca,
y la división que hicieron
los tres hijos de Noé,
del mundo tres partes hecho;
la promesa que a Abraham
le hizo Dios, bendiciendo
su santa generación;
y de Jafet los sucesos,
hasta que salió de Egipto
del nuevo Israel el pueblo,
y cómo a la prometida
tierra, por aquel desierto
vinieron, después que en él
cuarenta años estuvieron.
Ya te dije de David,
a quien prometió de nuevo,
como a Abraham y a Jacob,
Dios que nacería dellos
su hijo, para que fuese
de nuestros males remedio.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

La historia de Salomón,
la máquina de su Templo,
sacerdotes, sacrificios,
y el Arca del Testamento.
Ya te referí la línea
de reyes malos y buenos,
de David y las catorce
generaciones, haciendo
largo discurso de todo,
hasta aquel dichoso tiempo
en que de María Virgen
nació el que dos nacimientos
tuvo en el cielo y la tierra,
uno sin tiempo, otro en tiempo.
Los discursos de su vida,
su dotrina y Evangelio,
y la envidia que causaron
sus milagros estupendos.
Cómo murió por los hombres,
llevando al hombro su imperio,
y cómo fue al sacrificio
mudo este manso Cordero.
Cómo bajó al Limbo el alma,
aunque siempre con el cuerpo
quedó la divinidad,
como roto por el medio
un arco, vemos asida
la cuerda a los dos extremos.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

Su Resurrección te dije,
y cómo todos le vieron
tan sin duda, que Tomás
metió en su llaga los dedos.
Su Ascensión maravillosa,
y cómo quiso partiendo
quedarse, y se fue, y quedó
en divino Sacramento.
Cómo el Espíritu Santo,
bajando en lenguas de fuego,
las dio para todo el mundo
a su divino colegio.
Cómo se fundó la Iglesia,
sucediendo a Cristo Pedro,
y a él los demás que agora
a Pedro van sucediendo.
Lo que escribieron te dije
Lucas, Juan, Marcos, Mateo,
que del Viejo a diferencia
es el Testamento Nuevo.
Las piedras de Esteban santo,
y Pablo, niño pequeño,
guardando entonces las capas,
y después vaso tan lleno
de divina erudición;
y cómo por su Maestro
murieron todos los doce
predicando su Evangelio,
fuera de Juan, reservado
para escribir los concetos,
que la noche de la Cena
vio velando, aunque durmiendo,
la confirmación que dije
de los muchos que murieron
por la verdad desta fe,
niños, mujeres y viejos;


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

de manera que tres leyes
fueron del mundo gobierno,
ley natural, ley escrita
y ley de gracia; vivieron
en la natural los Padres
de aquellos siglos primeros.
Desde Moisén, en la escrita,
porque de Dios con el dedo
se la dio en tablas de mármol,
con aquellos diez preceptos.
En la de gracia nosotros
con los siete Sacramentos,
que salieron del costado
deste divino Arquitecto.
El primero es el bautismo
de agua y soberano fuego,
sin el cual es imposible
entrar ninguno en el cielo.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

  Padre mío de mi vida,
todo lo tengo entendido,
y ese epílogo en que ha sido
tanta historia referida,
  imprimió dentro del alma,
y por señal que le estimo,
dentro del alma le imprimo.

BARLÁN:

Si quieres corona y palma,
  hijo querido, pelea,
que esta es la joya preciosa
que te dije.

JOSAFAT:

Y tan hermosa,
que no hay luz que así lo sea.
  Dame el Bautismo, señor,
pues que ya me has enseñado.

BARLÁN:

Muy cierto estoy, hijo amado,
de tu virtud y valor,
  y no te puedo negar
cosa tan justa.
(Asómese CARDÁN,
con secreto, a la puerta.)

CARDÁN:

¿Qué es esto,
con que este viejo molesto
quiere al Príncipe engañar?
  ¿Esta es la piedra, estas fueron
las virtudes que tenía?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

Ven, hijo, y en Dios confía,
porque nunca se perdieron
  las esperanzas en Él.

JOSAFAT:

Él sabe, maestro mío,
con cuántas veras confío,
pues sabré morir por Él.
  Échase de ver tan clara
la verdad de aquesta fe,
que porque es fe no se ve,
que en ella el sentido para.
  La razón es una cosa
que cuadra al entendimiento.

BARLÁN:

Tu celo, tu pensamiento,
tu virtud maravillosa
  pudieron tanto conmigo,
que me trujo a tu remedio,
tanto mar y tierra en medio.

JOSAFAT:

Gocémosle los dos, digo,
  no más ídolos, que son
hechos por mortales manos,
ambición de los humanos,
y de su gloria invención.
  En Cristo creo.

CARDÁN:

¡Ay de mí!,
que este viejo disfrazado
a Josafat ha engañado,
hoy el Rey me mata aquí.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

  Ven Padre, ven que me abraso
por esa agua celestial.

BARLÁN:

Vamos.
(Vanse los dos.)

CARDÁN:

La furia infernal
no iguala con la que paso.
  ¡Lo que saben estos fieros
cristianos para engañar!
¡Que aquí se atreviese a entrar!
¡Ah, villanos lisonjeros!
  ¿Cómo un viejo han inducido
de tanta edad? Porque es cierto
que si fuese hallado y muerto
poca vida habrá perdido.
  Temblando estoy el rigor
del Rey; de perder acaba
aquello porque guardaba
al Príncipe, mi señor.
  ¡Por Júpiter soberano,
que estoy por ir a matar
a este viejo, aunque es manchar
sus canas hecho villano!
  No es sino hazaña de ley,
que mi lealtad manifiesta.
¿Qué furia, qué rabia es esta?
Yo voy a avisar al Rey.
(Vase y salen BARLÁN y el PRÍNCIPE,
como que le ha bautizado.)


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

  Quiero volverme al desierto,
pues ya quedas instruido.

JOSAFAT:

Que no te vayas te pido,
si no quieres verme muerto.

BARLÁN:

  ¿Cómo lo puedo excusar?

JOSAFAT:

Padre, llévame contigo.

BARLÁN:

En el alma irás conmigo,
pero no en otro lugar.

JOSAFAT:

  ¿No me has de volver a ver?

BARLÁN:

Algún día nos veremos
donde seguros estemos.

JOSAFAT:

Pues, padre, bien me has de hacer.

BARLÁN:

  ¿En qué te puedo servir?

JOSAFAT:

Dineros has de llevar
a tus monjes, para dar
de comer y de vestir
  a los muchos monasterios
que has hecho en todo el Oriente.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

Hijo, no es justo que intente
por mil coronas e imperios
  deshacer aquel desprecio
con que viven monjes santos
en cuevas y riscos tantos;
que me tendrían por necio
  si viesen todos que el oro
yo se les llevase allá.

JOSAFAT:

¿Que en tanto desprecio está
entre esa gente el tesoro?

BARLÁN:

  Tiénenle por enemigo.

JOSAFAT:

Déjame una de tus prendas.

BARLÁN:

Yo lo haré porque no entiendas,
que soy avaro contigo.
  No llores.

JOSAFAT:

No puedo más.

BARLÁN:

Dios te de su bendición.

(Vase.)


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

Padre de mi corazón,
¿que me dejas y te vas?
  Padre mío verdadero,
padre mío, padre amado,
¿cómo sin ti me has dejado,
mi ayo, mi consejero.
  mi maestro, mi deseo?
Mas ya que las ansias mías
te ven partir como a Elías,
déjame como a Eliseo.
  No porque a su imitación
doblado espíritu pido,
mas por verme enriquecido
de imitar tu perfeción.
  Pase yo, padre, el Jordán
del mundo en aquesa capa,
pues de sus olas escapa
a Josafat, Barlaán.
(Sale el REY y CARDÁN y gente.)

REY:

  ¿Qué haces solo aquí?

JOSAFAT:

¿Cómo me niegas
tu gracia y tus abrazos?

REY:

No mereces
mi gracia, Josafat, ni mis abrazos.
¿Dónde un cristiano tienes escondido,
que sus locuras dicen que te enseña?


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JOSAFAT:

Un viejo venerable que me ha dicho
algunas cosas de la ley de Cristo,
se fue agora de aquí para su yermo.

REY:

Partid tras él, no quede parte alguna,
que no busquéis en todos los caminos
a que desta ciudad salir se pueda.

JOSAFAT:

Lugar quiero que tengas a tu enojo.
(Vase.)

REY:

¡Por los dioses, que rabio de coraje!
¡Mirad de la manera que me deja!

CARDÁN:

Es por no verte con tan justa queja.

REY:

Cardán, ¿qué te parece del suceso
tan temido de mí?

CARDÁN:

Señor invicto,
que me ha pesado mucho te confieso,
y que darte remedio solicito;
yo quiero dar remedio a tus cuidados.

REY:

Darasme vida y librarás de muerte.

CARDÁN:

Haz que despidan todos sus criados,
y sírvanle mujeres solamente,
las más bellas que tengan tus estados;
¿no has oído que al hombre más valiente,
que dicen que fue Hércules Tebano,
y en las ciencias más docto y eminente,
una rueca pusieron en la mano?
Pues estas le pondrán como deseas.


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REY:

Bien dices, por Apolo soberano;
Cardán, tú quiero que el primero seas
que te despidas de servirle.

CARDÁN:

En todo
haré tu gusto.

REY:

Todos cuantos veas
di que se vayan de ese mismo modo,
mientras que mil bellísimas doncellas
al servicio del Príncipe acomodo.

CARDÁN:

Serás, señor, obedecido en todo.
(Sale el PRÍNCIPE.)

JOSAFAT:

  Cuidados de la prisión
de mi padre Barlaán
me traen a donde están
los que le dan la ocasión.
¿Templaste ya la pasión
con que antes me hablabas?

REY:

Si no pensara que estabas
loco, pienso que te diera
la muerte.

JOSAFAT:

Dichoso fuera,
pues nueva vida me dabas.


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REY:

  Bárbaro, ¿desto ha servido
el cuidado de criarte
en la más secreta parte
que posible a un Rey ha sido?
Los maestros que has tenido
con tantos libros, que creo
que si tuvo Tolomeo
más, no fueron tan curiosos;
pero a los hados forzosos
resiste en vano el deseo.
  ¿Tú Cristiano? ¡Vive Apolo,
que estoy...!

JOSAFAT:

¡Si a Dios soberano
conocieses!

REY:

¿Tú Cristiano?

JOSAFAT:

Cristo es Dios único y solo.

REY:

¿No fuera de polo a polo
Rey y absoluto señor,
para cortar con rigor
cuantas cabezas cristianas
siguen estas setas vanas,
con tan pernicioso error?
  Oigo decir que Tiberio
deseó que Roma fuera
una cabeza en quien diera
fin a su vida y su Imperio.
¿Que un hijo en tal vituperio
ponga a un padre como yo?
¿De qué montañas nació?
¿Qué tigres le dieron leche?
¡Que desto a un Rey le aproveche
el poder que Dios le dio!
  Vamos, que por mi persona
seguir quiero a Barlaán.


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CARDÁN:

Señor, buscándole van
los que sirven tu corona.

REY:

Ni aun en la tórrida zona
no está seguro de sí,
ni en el Infierno, si allí
el mismo Plutón le esconde.

JOSAFAT:

Mi silencio te responde,
que hay Dios y que vive en mí.

REY:

  Si prendiese a Barlaán,
y confiesa que es error
la ley de Cristo...

JOSAFAT:

Señor,
lo que es prenderle, podrán,
mas, ¿qué fuerzas bastarán
a hacerle que a Cristo niegue,
aunque a la muerte le entregue
tu rigor?

REY:

Presto verás
cómo deste error saldrás
cuando él mismo te lo ruegue.

(Vanse el REY y CARDÁN.)


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JOSAFAT:

  Dios mío, librad, librad
a mi maestro, y no sea
tan flaco cuando se vea
sin honra y sin libertad.
(Sale FABIO, músico.)

FABIO:

Allá fuera me esperad.
¿Dura tu melancolía?

JOSAFAT:

¡Oh, Fabio!

FABIO:

Cantar quería
un romance a vuestra Alteza.

JOSAFAT:

Canta y pon en mi tristeza
un resplandor de alegría.

FABIO:

(Canta.)
  Entre los brazos de Venus
estaba el hermoso Adonis,
cansado de andar a caza,
de Arcadia en los altos montes.
Ella, los rubios cabellos,
al aire blando descoge,
y con los labios de rosa,
rosas en los rubios pone.

JOSAFAT:

  Calla, ignorante grosero,
¿tú cantas cosas lascivas?


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FABIO:

Son fábulas, y así vivas,
que son de Ovidio y Homero.

JOSAFAT:

¿Sabes algo del Cordero,
que en una Cruz enclavado
venció a la muerte y pecado,
y al demonio?

FABIO:

No, señor,
que me matará el rigor
de tu viejo padre airado.

JOSAFAT:

  Pues no te quiero escuchar.

FABIO:

Oye, que vengo a decirte...

JOSAFAT:

No quiero verte, ni oírte.
(Vase.)

FABIO:

No me acabo de admirar.
(Sale LEUCIPE.)

LEUCIPE:

¿Qué tenemos?

FABIO:

Que es labrar
con un vidro en un diamante.

LEUCIPE:

Luego, ¿no ha sido bastante
tu persuasión?


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FABIO:

Es en vano,
porque el Príncipe es cristiano,
y a un armiño semejante.
  Esta gente es tan compuesta,
que no hay tratarla de amor.

LEUCIPE:

¿No mereció mi dolor
una amorosa respuesta?

FABIO:

Cierta epigrama compuesta
de Venus quise cantar,
pero no me dio lugar;
mira cómo me le diera
si de tu amor le dijera.

LEUCIPE:

Ya no tengo que esperar.

FABIO:

  Deja de amar a quien no ama,
Leucipe, y a Dios te queda.

(Vase.)


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LEUCIPE:

¿Cómo es posible que pueda
vivir entre nieve y llama?
¡Que haya perdido mi fama
por un hombre y que se asombre
un hombre de oír mi nombre!
Mas, ¿qué infamia puede haber
como rogar la mujer
cuando la aborrece el hombre?
  Ahora bien, pueda el desprecio
poner templanza a mi amor,
porque amar donde hay rigor
es pensamiento muy necio.
Si mi sangre y honra precio,
no más amor, no más llama;
vuelva a su opinión mi fama,
y por las mujeres no,
no digan que una nació
para amar quien la desama.


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(Vase y sale el PRÍNCIPE solo,
vistiéndose.)
JOSAFAT:

  ¿Cuándo, mi Dios y señor,
podrá Josafat pagarte
sola una mínima parte
de tu soberano amor?
  No solo haberme criado,
conservado y redimido
te debo, sino haber sido
otra vez regenerado.
  Por el bautismo lo fui,
que después de ti le debo
al viejo por quien al nuevo
hombre que soy me vestí.
  Da, Señor, a Barlaán
premio conforme a este bien;
líbrale, Señor, también
de los que a buscarle van.
  Vea yo al maestro mío,
y él vea si aprovechó
el grano que en mi sembró
con el celestial rocío.
  Acabarme de vestir
será bien para saber
qué hay de mi padre, Eliacer;
¡hola, Arcán! ¡Hola, Teobir!
  ¿Nadie responde? ¡Ha, criados!,
¿dónde estáis? ¿Qué digo? ¡Hola!
El antecámara sola.
¡Guardas, porteros, soldados!
  ¿Nadie responde?


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(Salen LEUCIPE y FLORO.)
LEUCIPE:

Aquí estoy,
¿qué es lo que mandas?

JOSAFAT:

¿Qué es esto?,
mujer, ¿quién aquí te ha puesto?

FLORO:

Responde.

LEUCIPE:

Leucipe soy.

JOSAFAT:

  ¿Pues cómo te entraste aquí?

LEUCIPE:

Vengo a servirte, señor.

JOSAFAT:

¿Tú a mí, por qué?

LEUCIPE:

Porque amor
y el Rey lo quieren ansí.

FLORO:

  Ten ánimo, que yo estoy
contigo, y le pongo fuego
dentro del alma.

JOSAFAT:

No niego
que en eso dichoso soy.
  Pero no se sirven bien
los hombres de las mujeres.


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LEUCIPE:

Antes, siendo tú quien eres,
es bien que a tu lado estén
  para solo regalarte;
que de la mujer el nombre
es el regalo del hombre.

JOSAFAT:

Temblando estoy de escucharte.

LEUCIPE:

  Dice el Espíritu Santo,
que ¡ay de aquel enfermo a donde
falta la mujer!

JOSAFAT:

Responde
mi honestidad que entre tanto
  que estoy sano, puedo estar
sin su regalo.

LEUCIPE:

No puedes,
para que servido quedes
si vinieres a enfermar.

JOSAFAT:

  ¿Y negarasme el suceso
de Amón y Tamar, su hermana?

LEUCIPE:

Fue de amor fuerza tirana
causa de tan loco exceso.
  ¿Pero David no tenía
Abisai siempre a su lado?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

Era tan viejo y helado,
que de calor le servía,
  y ella, tan niña y tan santa,
que celebra la Escritura
su nombre, y su honesta y pura
caridad celebra y canta.

LEUCIPE:

  Prueba el regalo y servicio
de mujeres, no te asombres,
ya el Rey despidió a los hombres.

FLORO:

Ya voy haciendo mi oficio,
  Teudasas me envió aquí;
cuatro legiones salimos.

LEUCIPE:

Aquí venimos, señor,
muchas a servirte aquí,
  y muchas no hay que temer,
que juntas no dan sospecha.

JOSAFAT:

Poco el engaño aprovecha,
que mi padre quiere hacer
  quitándome los criados;
que yo os sabré resistir;
di que me den de vestir.

FLORO:

¡Cómo de esos confiados,
  por ponerse en ocasiones
están hoy en el infierno?


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LEUCIPE:

Desde hoy, tu casa gobierno.

JOSAFAT:

¡Ah Rey!, ¿qué lazos me pones?

LEUCIPE:

  ¡Hola!

JOSAFAT:

Mayordomo eres.

LEUCIPE:

Hoy tu camarera soy.

FLORO:

En el agua fuego doy.
(Salen tres o cuatro mujeres,
con paño, jarro y fuente
y con los vestidos.)

JOSAFAT:

Bravo escuadrón de mujeres.

FLORO:

  Pues a fe que han derribado
davides y salomones,
artajerjes y sansones.

JOSAFAT:

Yo viviré con cuidado;
  ea, el agua poco a poco,
que parece que me abrasa.
(Echan agua.)

FLORO:

Toda es incendio la casa.

JOSAFAT:

Fuego siento y fuego toco.
  Cuenta la gentilidad,
que cuanto tocaba y vía
Midas en fuego volvía,
y aquí parece verdad,
  porque cuanto miro y toco
todo es fuego.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FLORO:

Estoy yo aquí;
que del fuego que hay en mí,
que se encienda el mundo es poco.

[MUJER] 1.ª:

  Ponte la valona.

LEUCIPE:

Y yo
si quieres te la pondré.

JOSAFAT:

Mujer, quita allá los brazos;
que son difíciles lazos
lazos que enlazan mujeres.

LEUCIPE:

  Dadle la capa y la espada.

[MUJER] 3.ª:

¡Qué vergonzoso que está!

JOSAFAT:

Tomad ese paño allá.

[MUJER] 1.ª:

Bien habla.

[MUJER] 2.ª:

Menos se enfada.

LEUCIPE:

  Dejadme a solas con él.
(Vanse todas.)

JOSAFAT:

¿Qué es esto que ha entrado en mí?
¿Cómo te quedaste aquí?

LEUCIPE:

¿Ya me miras tan cruel?


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JOSAFAT:

  Pues ¿cómo te he de mirar
siendo gentil y mujer?

LEUCIPE:

Tú me pudieras hacer
cristiana y mi ley dejar
  y en tu misma fe vivir;
¿nunca en tu Pablo has leído
que la mujer al marido
puede a su fe convertir,
  y el marido a la mujer?
Pues casándote conmigo,
que seré cristiana digo,
y tú lo puedes hacer.
  Si no, te enseño por cierto
que tengo de condenarme,
y de que puedes salvarme
una y mil veces te advierto.
  Casarme no puede ser;
que tengo determinado
tomar más perfeto estado.

JOSAFAT:

Déjame, por Dios, mujer,
  que no sé qué he visto en ti,
que me abrasa tu hermosura.

LEUCIPE:

¿Y querrás tú, por ventura,
que se pierda un alma ansí,
  que costó su sangre a Dios?
¿No es mejor, con justo celo,
que vamos los dos al cielo,
si nos casamos los dos?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

  ¿Quiéresme dejar, mujer?

FLORO:

Apriétale, no le dejes.

LEUCIPE:

Oye, mi bien, no te quejes
de que yo pretenda ser
  cristiana como lo eres;
a Cristo quiero seguir,
tú me puedes convertir.

JOSAFAT:

¡Que un escuadrón de mujeres
  me envíe mi padre y quiera
que mi fortaleza asalten!

FLORO:

Yo haré que fuerzas os falten.

JOSAFAT:

Leucipe, a la puerta espera,
  que yo te responderé;
que un gran desmayo me ha dado.

FLORO:

Aún no está determinado;
déjale solo.

LEUCIPE:

Sí haré.
  Casarnos es Sacramento
de Cristo; allá fuera aguardo
tu resolución.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

¿Qué tardo
en dar el consentimiento,
  si un alma puedo ganar,
que a Dios su sangre costó?
Sueño me aprieta; ¡ay, si yo
pudiese en él olvidar
  este fuego, este cuidado,
que me atormenta y regala!
Ya el sueño al deseo iguala.
¡Qué blandamente ha llegado!
(Duérmese y aparece una ciudad
y en otra parte un infierno.)

[VOCES] :

(Cantan.)
  Esta es la bella ciudad
que a los justos se apercibe,
donde la justicia vive
y reina la castidad.

VOZ:

(Una voz dentro, triste.)
  ¡Ay, en cuánto mal me veo
preso por tiempo infinito,
por contentar mi apetito,
y dar rienda a mi deseo!

JOSAFAT:

  ¡Válgame Dios!, ¿qué es esto que he sentido?
¡Qué ciudad tan hermosa, y qué morada
tan triste en otra parte me han mostrado!
¿Dónde estaba mi alma y mis sentidos,
que ya de mi razón tan apartados
a tanta desventura me han traído?
¡Hola gente, criados, yo me muero!
¡Que me abraso, Señor; clemencia espero!


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen todas.)
LEUCIPE:

¿Qué es esto, mi señor?

JOSAFAT:

Viles mujeres,
frágiles hermosuras, que a los hombres
habéis traído a tanta desventura;
dejadme aquí.

LEUCIPE:

Señor, ¿pues no me quieres?

JOSAFAT:

Quítateme delante, no me hables,
pues que mi eterna destruición procuras,
¡muerto soy, yo me abraso, yo me muero!

LEUCIPE:

Guardas, llamad al Rey.

JOSAFAT:

Clemencia espero.
(Vase y sale el REY y CARDÁN.)

REY:

Leucipe, ¿de qué da Josafat voces?

LEUCIPE:

Yo imagino, señor, que está sin seso,
mil locuras ha hecho, mil estremos,
llegueme a acariciarle y fue de suerte
que pensé en su locura hallar mi muerte.

CARDÁN:

Señor, ¿quieres consejo sabio y verdadero?

REY:

Deseo descansar, y este accidente
del Príncipe a mi pena ha dado aumento.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CARDÁN:

Váyanse estas mujeres lo primero.

REY:

Leucipe, vete en paz con tus mujeres,
vencida estás, no tienes más que esperes.

LEUCIPE:

Contrastas los peñascos del Caucaso,
a Seyla pasas, a Sirena encantas;
ya en otro fuego de más luz me abraso;
presto verás a qué mudanzas llego.
(Vase.)

REY:

Todos aumentan mis eternas penas.

CARDÁN:

Rey, si quieres vivir, divide el reino.

REY:

Y haré muy poco, pues sin gusto reino.

CARDÁN:

Reine tu hijo en la mitad si quieres,
y no pases la vida en tantas penas.

REY:

Bien dices, bien me hablas, cuerdo eres;
la partida del Príncipe apercibe,
y que se vaya a otra provincia ordena.
Cardán, llama a mi hijo.

CARDÁN:

Él viene.

REY:

Viva
donde me deje en paz, si en eso estriba.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale el PRÍNCIPE y un CRIADO.)
CRIADO:

  Haré lo que me has mandado,
y al desierto acudiré
del santo monje.

JOSAFAT:

En cuidado
de tu salud estaré.

CRIADO:

Y yo a la tuya obligado.

JOSAFAT:

  Dame un abrazo.

CRIADO:

Este sea
para nuestras almas lazo.

REY:

¿Hijo?

JOSAFAT:

Señor.

REY:

Porque veas
mi amor, que yo mismo trazo
lo que tu gusto desea,
  hoy este reino divido
contigo; desotra parte
del Gange reina, que ha sido
quien estos reinos reparte,
que he ganado y defendido.
  No quiero contigo más,
pertinaz y loco estás;
vete y reina y haz tu gusto.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

Rey eres y padre.

CARDÁN:

¿Es justo
este dolor que le das?
  Quien se precia de cristiano,
¿respeta a su padre así?

REY:

Déjale.

JOSAFAT:

Dame tu mano.

REY:

Pártete luego de aquí,
inobediente tirano.

JOSAFAT:

  ¿Yo Señor?

REY:

Pártete luego,
reina, reina a donde digo.

JOSAFAT:

Yo te obedezco.

REY:

Y yo ruego
al cielo te dé el castigo
de menospreciar mi ruego.

JOSAFAT:

  A Dios, mi Padre y Señor.

CARDÁN:

Agora descansarás.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


REY:

Antes mi pena es mayor;
que si Cristo puede más,
no amarle parece error.

CARDÁN:

  ¿Eso dices?

REY:

¿Pues qué quieres?
mudaron de pareceres
siendo en nuestra seta santos
hasta esas tiernas mujeres.

CARDÁN:

  ¿En ti cabe pensamiento
de ser cristiano?

REY:

No sé.

CARDÁN:

Deja tan mudable intento.
{{Pt|REY:|
¡Ay, que de Cristo la fe
tiene firme fundamento !
  A mis sabios ha vencido
Josafat, todos han sido
ignorantes disputando.
(Dentro: «¡Viva Cristo!», dos veces.)

CARDÁN:

Voces dan.

REY:

Estoy temblando,
¡Hola!, ¿qué es ese ruido?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale el CAPITÁN.)
CAPITÁN:

  Basta, supremo señor,
que tras Josafat se va
la gente de más valor,
y todos diciendo ya
que su ley es la mejor.
(Otra vez voces.)
  ¿No escuchas las voces?

REY:

Sí,
todos se van, ¡ay de mí!

TODOS:

¡Viva Cristo, Cristo viva!

REY:

Si esto es verdad, ¿en qué estriba
este error que reina en mí?
  Ven Cardán, porque yo quiero
escribir sobre este caso
a Josafat, si primero
no ataja mi muerte el paso,
y de pensamientos muero.
  Tratemos entre los dos
esta verdad.

CAPITÁN:

Ya sin vós
el daño todo se ha visto.

REY:

Sin duda, amigos, que Cristo
es el verdadero Dios.
(Vanse y salen dos caballeros.)


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


[CABALLERO] 1 .º:

  En los divinos secretos
cesa el humano saber.

[CABALLERO] 2.º:

A su divino poder
estamos todos sujetos.
  Quien hizo aquesta armonía
y música celestial,
con que el orden natural
nos sustenta, alumbra y guía.
  Quien hizo estos elementos,
que con ser continua guerra,
pacíficamente encierra
al hombre en sus movimientos,
  supo, Celio, hacer de modo,
que sigan su justa ley
estos dos reinos.

[CABALLERO] 1.º:

Ya el Rey
sujeta su imperio todo,
  por fuerza o por voluntad,
a la justicia y razón.

[CABALLERO] 2.º:

¿Que ha dejado su opinión?

[CABALLERO] 3.º:

Esta famosa ciudad
  las armas iba tomando
en defensa de la fe,
aunque más pienso que fue
estar al cielo obligando
  los de la oración que hacía
siempre Josafat por él.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


[CABALLERO] 1.º:

¿Qué alboroto es este?

[CABALLERO] 2.º:

En él
la guarda al pueblo desvía.
(Sale CARDÁN.)

CARDÁN:

  Divinos misterios son;
el cielo, señor, te alabe.

[CABALLERO] 2.º:

Sin duda, Cardán lo sabe.

[CABALLERO] 1.º:

Aquel almado escuadrón,
  ¿qué lleva con tanta pompa?
Cardán, nos di.

CARDÁN:

Es el poder
del mundo, el Rey que era ayer.

[CABALLERO] 2.º:

¿Qué piedra habrá que no rompa
  muerte tan súbita?

CARDÁN:

Advierte
que fue tan favorecida
del cielo, que a tener vida
le lleva esta breve muerte.
  A penas se bautizó
el viejo Rey, conociendo
su antiguo engaño, rompiendo
los ídolos que adoró,
  cuando aqueste temporal
trocó por el reino estraño,
y nuestro mortal gobierno
al gobierno celestial.
  Josafat reina y requiere
jurar el reino.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


[CABALLERO] 2.º:

Pues vamos
donde coronar veamos.
¿Quién tantos reinos prefiere?

[CABALLERO] 1.º:

  La muerte a nadie perdona.

[CABALLERO] 2.º:

Cardán sus filos crueles
cortan cañas y laureles
azadones y coronas.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale el PRÍNCIPE, con acompañamiento.)
JOSAFAT:

  Ya sabéis, amado reino,
grandes y vasallos míos,
como murió el Rey mi padre,
sin que a poder resistillo
fuese su inmenso poder,
sus reinos y sus altivos
pensamientos, que al fin son
la tierra y el viento mismo.
Dividió conmigo el reino,
y de su error instruido
conoció un Dios verdadero,
y siguió la ley de Cristo.
A mi ejemplo, habéis tomado
todos el santo bautismo,
y de la ley y Evangelio
quedáis todos instruidos.
Altares tenéis en templos
suntuosos, que conmigo
edificasteis a Dios,
Dios eterno y sin principio.
Ya es tiempo que Josafat,
vuestro Rey, os deje, amigos,
y a buscar su salvación
vaya a los desiertos indios.
Ya os dejaré en mi lugar
Rey que yo tengo escogido
por santidad de los hombres,
a quien el cetro remito,
y el cuidado del gobierno;
por eso vengo vestido
del ornato real, que agora
solamente me habéis visto.
Plantas sois tiernas, mas Dios,
que a este tiempo os ha traído,
os conservará en su fe;
perdonad los ojos míos,
que al fin hacen sentimiento
viendo que os tuve por hijos,
y que os dejo desta suerte.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARAQUÍAS:

No digas, señor invicto,
que así nos quieres dejar.

ANAGIMANDRO:

Todos iremos contigo.

FULBINO:

Todos te acompañaremos.

TELÉMACO:

Mira cómo el pueblo a gritos
te llama y detiene.

BARAQUÍAS:

El cielo
oiga los tristes gemidos
de su pueblo.

JOSAFAT:

Baraquías,
Anagimandro, Fulbino,
Telémaco y los demás;
que no lloréis os suplico,
y para buscar a Dios
os pongáis en el camino.
De la silla me levanto,
que hasta agora he tenido,
y a Baraquías os doy
por Rey, de quien nada os digo,
pues ya todos lo sabéis;
su linaje es tan antiguo
como el de los mismos reyes;
su virtud la que yo imito,
por ser...


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARAQUÍAS:

No prosigas más,
que no soy del cetro digno,
mayormente, que tú dejas.

JOSAFAT:

Álzate del suelo amigo,
álzate, digo, del suelo.

BARAQUÍAS:

Señor, soy el suelo mismo,
déjame poner la boca
en esos pies.

JOSAFAT:

Mucho estimo
tu humildad, Dios te lo manda.

BARAQUÍAS:

Pues a Dios no le resisto.

JOSAFAT:

Ponte esta ropa imperial.

BARAQUÍAS:

Dios sabe que me la visto
por quien lo manda.

JOSAFAT:

Este cetro
toma.

BARAQUÍAS:

A Dios y al reino sirvo.

JOSAFAT:

Ponte la corona de oro.

BARAQUÍAS:

Ya, señor, la frente ciño
de tus rayos imperiales.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

Que la regirás confío
como prudente varón,
honesto, puro y sencillo;
solo un consejo te doy,
en que te resuelvo y cifro
todo el gobierno.

BARAQUÍAS:

¿Cuál es?

JOSAFAT:

Que iguales al grande y chico
en la justicia; que premies
al bueno; que des castigo
al malo; que no hagas cosa,
si pretendes ser bien quisto,
y acertar en tu gobierno,
y vencer tus enemigos
sin consultarlo con Dios.

BARAQUÍAS:

Dentro de mi alma imprimo
tus consejos, y quisiera
con estilo diamantino
en duro bronce.

JOSAFAT:

Anagimandro,
tráeme agora aquel vestido
que me dejó Barlaan.

ANAGIMANDRO:

Aquí están saco y cilicio.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

Este me quiero poner;
deste, amigos, soy indigno,
por ser el que mi maestro
me dejó para testigo
y prueba de tanto amor;
con esta cuerda me ciño,
para desprecio del mundo.
Adiós, cuidados prolijos,
adiós, reinos de la tierra;
que, aunque pudiera regiros,
a buscar mi salvación
quiero, libre y desasido,
ir por las sendas del cielo,
trocar palacios por riscos,
y regalos por ayunos.

ANAGIMANDRO:

¡Qué ejemplo de fe tan vivo,
y qué desprecio del mundo!

JOSAFAT:

Los dos estamos vestidos,
Baraquías, tú de telas,
cetro y corona que piso,
y yo de sayal grosero,
tú a reinar del Gange al Nilo,
yo a vivir entre dos peñas.
¿Cuál de los dos es más rico?
¿Cuál más bien aventurado?

BARAQUÍAS:

Tú puedes, señor, decirlo.

JOSAFAT:

Mejor lo dirá la muerte
en el último suspiro,
cuando, lleno de congojas,
confuso, triste, afligido,
te despidas sin poder
llevar más oro contigo,
que una mortaja de lienzo
para el polvo en que nacimos.


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Acto III
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Barlaán y Josafat Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Salen LISENO y RUFINO, pastores.
LISENO:

  Felicísimas montañas
donde ha venido a morar,
ya entre peñas, ya en cabañas,
la santidad que ha de dar
tal fama a tierras estrañas.
  Y vós, palmas orientales,
que sustentáis tales almas,
supuesto que desiguales
a las celestiales palmas,
de sus almas celestiales.
  Y vosotros, arroyuelos,
que dulces cristales dais
por aquestos verdes suelos,
con que alegres imitáis
a las aguas de los cielos.
  Dichosos también seréis,
pues aunque en él no nacéis,
ni vuestra ventura quiso,
pasáis por el Paraíso,
pues entre santos nacéis.

RUFINO:

  Con justa razón, Liseno,
encareces estos santos,
de que este monte está lleno,
aunque estoy de sus espantos
casi de sentido ajeno;
  que andan visiones aquí
que estremecen los pastores.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale LAURENCIA y un PASTOR.)
PASTOR:

¿Sola va, Laurencia?

LAURENCIA:

Sí,
que de peligros mayores
llevo la defensa en mí.

PASTOR:

  Liseno y Rufino están
junto al arroyo.

LAURENCIA:

¡Oh, Liseno!

LISENO:

¿Dónde aquesos ojos van?,
si está el prado tan ameno,
¿qué flores darle podrán?

LAURENCIA:

  Voy a ver el santo viejo
destas montañas espejo,
y a tomar su bendición,
y para ver la ocasión,
voy a pedirle consejo.

LISENO:

  ¿Casaste?

LAURENCIA:

Dicen que sí
los zagales del aldea,
con poca ocasión que di.

LISENO:

Para bien, Laurencia, sea,
si ha de ser bien para ti;
  ¿qué llevas a Barlaán?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LAURENCIA:

Unas almendras le llevo,
nueces, dátiles y pan.

RUFINO:

¿No nos dirás el mancebo
que por marido te dan?

LAURENCIA:

  Las condiciones son tales
que, pues yo consejo pido,
no son a mi gusto iguales.

LISENO:

¿Luego ya tiene un marido
como caballo señales?

LAURENCIA:

  Si es una cosa escogida,
que un día no ha de durar,
bien es que busque advertida
lo que no se ha de acabar
si no se acaba la vida.
(Sale BATO, labrador gracioso.)

BATO:

  ¿A dónde hallará consuelo
la desventura de Bato?
Ya para que vuelvo al hato
tiene mi desdicha el suelo;
  estome por ahorcar
de un árbol con esta cincha.

RUFINO:

¡Bato, Bato!


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¿Quién relincha?

LISENO:

Bato.

BATO:

No hay que batear;
  yo vengo desesperado
y con muy justa razón.

LAURENCIA:

¿No nos dirás la ocasión
de tu congoja y cuidado?
  ¿Lloras?

BATO:

¡Ay!

LAURENCIA:

¿Pucheros?

BATO:

¡Ay!

LAURENCIA:

¿Qué tienes?

BATO:

¿No basta ver
la cincha para saber
la desventura que hay?

LAURENCIA:

  ¿Perdiósete la pollina?

BATO:

Aquí fue Troya.

LAURENCIA:

Recuerda.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


RUFINO:

¿Que una pollina se pierda
te ha de dar tanta mohína?

BATO:

  Más mal hay.

RUFINO:

¿De qué manera?

BATO:

Pasaba con mi mujer
ese arroyo, oh Llocifer,
que ayer un arroyo era;
  mas Dios mos libre de roines
cuando se ensanchan, creció
de suerte, que tropezó
la burra entre dos rocines,
  y díjele a mi mujer,
que en el agua me esperase
a que la burra sacase,
y nunca lo quiso her.
  Mientras tiré de la cola,
son las mujeres malditas,
comenzó a her gorgoritas,
y asomose una vez sola;
  mas luego se zambulló ;
yo, con la burra ocupado,
no pude acudir turbado.

LAURENCIA:

¿Y ahogose?

BATO:

Allá quedó.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LAURENCIA:

  ¡Pobre Fabia!

BATO:

¿Qué he de her?
Pero al fin yo consolado,
de que aunque coma asado
no pedirá de beber.
  Dadme la cincha y lugar
para ahorcarme.

LISENO:

Eso no.

BATO:

¿Sin burra, y sin mujer yo,
con quién me he de consolar?
  Ya, si la burra tuviera,
de Fabia me consolara,
y si Fabia me faltara,
de la burra me sirviera.
  ¿Cómo se escusa también
mi muerte? ¡Ay, desdicha mía!
Burra y mujer en un día:
nadie perdió tanto bien.

RUFINO:

  Detente, loco, y advierte,
que entre muchos que aquí están,
el gran padre Barlaán
libró a muchos de la muerte.
  Búscale y hallar podrás,
pues manso a todos recibe
tu remedio.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¿Y dónde vive
el gran padre Barrabás?

RUFINO:

  Bestia, Barlaán te digo.

LAURENCIA:

Yo voy allá.

BATO:

Pues Laurencia,
vamos juntos.

LAURENCIA:

Ten paciencia
y sube al monte conmigo.

BATO:

  Deme a Dios si no me aburra,
que tengo ya que perder;
¿no bastaba sin mujer,
que aún he de quedar sin burra?
(Vanse los dos.)

LISENO:

  Estraña simplicidad.

RUFINO:

Es de aquella condición.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale el PRÍNCIPE JOSAFAT.)
JOSAFAT:

¡Oh, qué dichosos que son,
santísima soledad,
  cuantos a vós se retiran,
y en estas peñas esentas,
los naufragios y tormentas
de la mar del mundo miran!
  Desde aquí se ven mejor
los euripos temerosos,
los escollos peligrosos
del alma, vida y honor.
  Las Scilas de aquí se ven
en mejor árbol de nave;
aquí de su voz süave
celebra el alma también.
  Todo está seguro aquí;
¡oh maestro, si te hallase,
porque contigo gozase
el bien que tengo por ti!
  Pastores desta montaña
¿habéis visto un santo viejo,
que es desengaño y espejo
de cuantos el mundo engaña?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISENO:

  ¿Preguntáis por Barlaán?

JOSAFAT:

Por él mismo.

LISENO:

Ya os enseña
su cueva esa parda peña.

JOSAFAT:

¿Que allí encerradas están
  tantas virtudes?

RUFINO:

Allí
se alberga ese santo agora.

LISENO:

La tierra, el mancebo adora.

RUFINO:

¡Qué grandeza muestra en sí!

LISENO:

  El viejo baja; dejemos
que se hablen en Dios los dos.
(Vanse y sale BARLÁN).

JOSAFAT:

¡Mi padre, gracias a Dios
que en este monte nos vemos!


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

  ¡Ay, Josafat, cuántos días
este tuve deseado,
que aunque estaba confiado
del amor que me tenías,
  también echaba de ver
que un imposible intentabas,
aunque de quien tu fiabas
mayores los sabe hacer!
  Grande fue tu fortaleza;
que dejar un reino es cosa
áspera y dificultosa
a nuestra naturaleza.
  ¿Cómo vienes? ¿Cómo estás?

JOSAFAT:

Ya Sacerdote ordenado
vengo.

BARLÁN:

Ay Josafat amado,
¿cómo esos pies no me das?

JOSAFAT:

  Álzate, padre, del suelo,
que es esa mucha humildad,
pues la misma autoridad
te ha dado en la tierra el cielo.
  ¿Qué haces?, deja los pies.

BARLÁN:

Dame la mano siquiera.

JOSAFAT:

Mas tú a mí la tuya.


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BARLÁN:

Espera.
bendíceme.

JOSAFAT:

Y tú después;
  Dios te dé su bendición.

BARLÁN:

Y a ti también te bendiga;
para que mejor prosiga
el alma su vocación.
  ¿Cómo pudiste venir?

JOSAFAT:

Padre, el Rey murió, heredé
el reino, y ese dejé
a quien le sabrá servir;
  que también es el reinar
oficio, aunque es el mayor.

BARLÁN:

Grande ha sido tu valor,
no me acabo de admirar.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

  Pues, padre, ¿de qué te admiras?
¿Qué piensas tú que dejé,
si lo mucho que gané
con atentos ojos miras.
  Dejé un perpetuo desvelo,
dejé un sueño de la vida,
dejé una imagen fingida
idolatrada del suelo.
  Dejé una falsa belleza,
dejé un veneno dorado,
dejé un temor engañado
y una aparente belleza.
  Dejé un espejo fingido,
dejé un cuidado inmortal,
con sombra de bien, un mal,
tarde, o nunca conocido.
  Dejé un bien sin amistad,
que a sí mismo le gobierna,
dejé una lisonja eterna
y un silencio en la verdad.
  Dejé una flaqueza fuerte
y un engañado tormento,
dejé el mayor sentimiento
que puede hallarse en la muerte.
  Y pues todo en ella para,
dejé un reino y un lugar
que me había de dejar
cuando yo no le dejara.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

  Hijo, quien supo tan bien
trocar el mal de la tierra,
sabrá resistir la guerra
destas soledades bien.
  Vamos a mi cueva agora,
descansarás hasta darte
otra donde estés aparte.

JOSAFAT:

¡Oh, cuánto aquí se mejora
  el reino que allá dejé!

BARLÁN:

Quien el del cielo conquista,
aquí le tiene a la vista
con las obras y la fe.

JOSAFAT:

  Pues Padre, en eso me fundo,
de lo que he de hacer me advierte
que viendo cierta la muerte,
¿qué valen reinos del mundo?
(Vanse y salen LEUCIPE,
LISENO, LAURENCIA y RUFINO.)

RUFINO:

  Yo vengo de visitar
al que estos padres enseña,
y tiene en aquesa peña
su habitación y su altar,
  mas ninguno está con él.

LEUCIPE:

¡Ay pastores, que ya creo,
que me engañó mi deseo!


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISENO:

Decidnos las señas dél.

LEUCIPE:

  Un caballero es gallardo,
que si la verdad os digo
de que por montes le sigo,
bastante disculpa aguardo;
  y es el Rey, ¿qué queréis más?

RUFINO:

¿El Rey?

LEUCIPE:

Él mismo.

RUFINO:

¿Pues quién
de tanto regalo y bien
como refiriendo estás
  le trajo a tanta pobreza?

LEUCIPE:

Él lo tiene por tesoro,
que en la ley de Cristo el oro
no se tiene por riqueza.
  Engañole un Barlaán,
por quien ya la India toda
a su gusto se acomoda.

LISENO:

En la verdadera están,
  y no digáis que ha podido
engañarle un santo viejo,
que es de aquesta tierra espejo.

LEUCIPE:

¿Paréceos que justo ha sido
  dejar un reino?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LAURENCIA:

¿Pues no?
Para buscar el del cielo.

LEUCIPE:

¡Cuán en vano me desvelo!
Conozco que me engañó
  alguna furia infernal,
que disfrazada en amor
me obliga a tanto furor,
y me pone en tanto mal.
  ¿Qué haré, que todo mi pecho
en vivas llamas se abrasa,
como cuando alguna casa
se emprende del suelo al techo?
  Mísera yo, ¿dónde voy?
¿Quién me trae, quién me lleva
a un monte, a un yermo, a una cueva?
Loca estoy, sin seso estoy.
  ¿Hame de querer a mí
quien por Dios un reino deja?

LAURENCIA:

Loca está, de amor se queja.

LISENO:

Juzgas, Laurencia, por ti.

RUFINO:

  En este monte que ves,
y a donde agora has llegado,
que se pisa por sagrado
más con almas que con pies,
  viven muchos que podrás
desde aquí mirar atenta;
por dicha, el que se te ausenta,
entre estos santos verás.
  Mira esas verdes cabañas,
que visten ramas y peñas,
entre esas fuentes risueñas,
que bajan de esas montañas.
  ¿Es alguno destos?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LEUCIPE:

Voy
mirándolos.

LAURENCIA:

¡Oh, qué vista
tan espantosa!

RUFINO:

Que asista
entre estos fuerza será.
(Aparecen los ermitaños en sus nichos de
ramas y peñas, como lo van diciendo los versos.)

RUFINO:

  ¿Es aquel que en la cabeza
tiene del techo colgada
una corona de acero,
que a cualquier parte que caiga,
si por dicha se durmiese,
tantas puntas aceradas
las sienes le pasarían?

LEUCIPE:

No es aquel.

RUFINO:

¿Ni aquel que enlaza
aquellas torcidas mimbres
que aquellas cadenas atan
los pies, para que jamás
de su cueva al campo salga?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LEUCIPE:

Tampoco, ¡triste de mí!

RUFINO:

¿Ni aquel que en los hombros carga
aquella espantosa peña?

LEUCIPE:

Menos.

RUFINO:

Pues vuelve la cara
a aquel que a una cruz se mide.

LEUCIPE:

En vano, amigo, te cansas;
todos los veo y ninguno
es el que me abrasa el alma.

LAURENCIA:

Ahora yo quiero enseñarte,
al pie de una fuente clara,
uno que ha poco que vino
de la ciudad de Alejandría.

LEUCIPE:

Vamos, y de mi te duele,
serrana hermosa, si amas,
porque he de perder la vida
si el bien que busco me falta.
(Vanse.)

LISENO:

Brava determinación.

RUFINO:

Algún demonio la engaña.

LISENO:

Es mujer y tiene amor.

RUFINO:

Buena disculpa.

LISENO:

Esta basta.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Vanse y sale JOSAFAT.)
JOSAFAT:

  Calladas soledades,
apacible silencio,
que el alma levantáis a bien más alto;
centro de las verdades,
a donde diferencio
el bien de que me vi tan corto y falto,
yo he dado un grande salto,
pues dejo el mundo en medio
del cetro deste polo
a un monte mudo y solo;
pero si en él estriba mi remedio,
dichoso yo que puedo
vivir sin quejas y morir sin miedo.
Mi Padre no ha querido
que viviésemos juntos;
un río ha puesto en medio, porque intenta
que vivamos difuntos,
y de que le visite se contenta,
cuando de darle cuenta
de algunas cosas guste;
yo en todo le obedezco,
y a soledad me ofrezco,
sin que tanta aspereza me disguste;
que también tienen leyes
los montes, como allá las de los Reyes.
Aquí, sin libros quiero
entretener los días,
que libros son las hojas de las flores,
adonde hallar espero
altas filosofías
en la diversidad de sus colores;
¿qué concetos mejores
que ver sus diferencias
y fábricas hermosas,
y entre flores y rosas,
de las aves las dulces competencias?
todo a su Autor alaba,
y nunca el hombre de alabarle acaba.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(BATO, en lo alto del monte.)
BATO:

  Por aquí preguntaré,
que pienso que vo perdido.
¡Ah, Señor!

JOSAFAT:

¿Quién es?

BATO:

Yo he sido,
que ya lo que soy no sé.
  ¿Sabrame su Reverencia
decir en qué cueva está
un hijo de un rey, que acá
se vino a her peletencia?
  Que vo más ha de seis días
buscando un santo, que es cosa
de hallar tan enfecultosa,
que en vano son mis porfías.
  Muchos andan por ahí,
que todos parecen santos,
y aunque Dios puede her tantos,
y los hay y es cierto ansí,
  algunos que por las plazas
con invenciones encuentro,
en viéndolos por de dentro
se me vuelven calabazas.


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BATO:

  Este hijo deste Rey
me parece santo a mí,
pues viene a ser pobre aquí
por obedecer la ley
  de Cristo, con tal rigor,
que todo por él lo deja;
que yo, que tengo una oveja,
o so pobre labrador,
  o miserable oficial,
¿qué hago que a nadie importe
hecho ermitaño en la Corte,
solo en casado y sayal,
  comiendo con el señor,
que a no haberme ermitañado,
nunca me diera su lado,
su mesa, ni su favor?
  Huyen estos la obediencia
de una santa religión
y andan buscando opinión
en la vulgar inocencia.
  A la fe que, aunque so bobo,
que bien sé yo lo que hiciera
si allá el gobierno tuviera,
sacando al que fuera lobo
  de entre las pobres ovejas.


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JOSAFAT:

Callad, amigo, por Dios,
que no os están bien a vós
ni esas leyes, ni esas quejas.
  Muchos, para santo ejemplo,
conviene que estén allá;
que muchos santos habrá
en la plaza y en el templo.
  Mas vós, ¿para qué buscáis
ese que decís?

BATO:

Señor,
malicias de labrador,
nunca en nada las tengáis.
  Decidme donde hallaré
el hijo del Rey que digo.

JOSAFAT:

Yo soy Josafat, amigo,
que el indio reino dejé,
  no santo, como decís,
sino un grande pecador.

BATO:

Pues no me alzaré, señor,
si aquí no me bendecís.

JOSAFAT:

  Levántate, y está cierto
que un hombre perdido soy.

BATO:

¡Ay Padre, buscándoos voy
un mes por este desierto,
  para que un milagro hagáis,
como los santos lo hacen!


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JOSAFAT:

De Dios, a quien ruegan, nacen,
y a Él es bien que los pidáis.
  Yo miro vuestra inocencia,
y conozco mis pecados.

BATO:

Padre, escuche mis cuidados,
y sepa su Remenencia,
  ya que Dios le hizo tal,
que dejó tanta comida,
tanta gente bien vestida,
y tanta guarda real.
  Yo era casado y tenía
una muy buena mujer,
que más que hilar, responder
a mis enojos sabía.
  Pasábala caballera
en una pollina parda,
ese río, con albarda
y un poyal por delantera.
  Tropezó, cayó, acudí
a la burra, y entre tanto
se me ahogó.

JOSAFAT:

Justo es el llanto.

BATO:

La burra también perdí;
  queríale suplicar
pida en su oración a Dios
que resucite a las dos,
y si es mucho importunar,
  la una pida si le prace,
y hacerme amistad desea,
y esta que la burra sea,
porque más falta me hace.


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JOSAFAT:

  Hijo, a Dios se han de pedir
cosas justas, y por justos;
advierta que esos disgustos
y otros mil ha de sufrir.
  Son avisos que le da
para que enmiende su vida.

BATO:

Ya veo que está perdida
y en el peligro que está.

JOSAFAT:

  También como su mujer
se pudiera él ahogar.

BATO:

Padre, ¿quiéreme enseñar,
que yo deseo aprender
  el camino de salvar[me]?

JOSAFAT:

Sí, por cierto.

BATO:

Pues yo quiero
ser aquí su compañero,
y a que me enseñe quedarme,
  iré por pan a la villa
y cuanto me mande haré.

JOSAFAT:

¿Trae hábito?

BATO:

Yo haré
de aqueste gabán capilla.


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JOSAFAT:

  En ese valle tendido
yace muerto un ermitaño,
con un hábito de paño
bien largo, aunque algo traído;
  vaya y póngasele.

BATO:

¿Está
de todo punto defunto?

JOSAFAT:

Espiró en aqueste punto.

BATO:

El Diablo me trajo acá.
  Ve aquí lo que he negociado;
mas, ¿que me agarra este muerto?

JOSAFAT:

¿No va?

BATO:

Ello es cierto,
a mí me agarra el finado.
(Vase y sale LEUCIPE.)

LEUCIPE:

  Esta vez no te me irás;
que la llama que me guía,
adónde estabas sabía,
puesto que en el alma estás.
  ¿De qué te sirve esconder
por peñas y por montañas,
si te constan las hazañas
de una atrevida mujer?
  Leucipe soy, ¿qué me miras?


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JOSAFAT:

¡Válgame el cielo! ¿Qué es esto?
¿Eres sombra que se ha puesto
sus hábitos y mentiras,
  o en tu pecho se reviste
el que tanto mal nos hace?

LEUCIPE:

De amor que te tengo nace
fuego en que siempre me visto.
  ¿En qué te puedo obligar
más que viniendo perdida?
Honra, hacienda, reino y vida
me has obligado a dejar.
  Cristiana he sido por ti;
¿qué quieres sino es quererme?
Cánsate ya de encenderme;
yélame o mátame aquí.
  Si quieres servir a Dios,
casados le serviremos,
y a nuestro Reino podremos
volver a vivir los dos.
  No es obligación de un rey
el ayuno, la abstinencia,
la oración, la penitencia,
sino el gobierno y la ley.
  El administrar justicia
y el administrar su reino.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

En paz sin el reino, reino
y esa ambición es malicia
  del que te ha traído aquí.

LEUCIPE:

Si aborreces tus estados,
vivamos aquí casados
y no te apartes de mí.

JOSAFAT:

  Casado y en soledad,
no era bien, aunque pudiera.

LEUCIPE:

¿Por qué, si Dios se sirviera
de nuestra conformidad?

JOSAFAT:

  Sacerdote soy, Leucipe,
ya no me puedo casar.

LEUCIPE:

Yo te tengo de abrazar,
es justo que me anticipe
  si a ti vergüenza te obliga.

JOSAFAT:

¡Favor celestial, Señor,
favor!

LEUCIPE:

Mi señor.

JOSAFAT:

¡Favor!
Suelta, ¡ay, Dios!, suelta, enemiga.

VOZ:

(Dentro.)
  Venciste, yo te confieso,
Josafat, que me has vencido.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Vase y sale BATO.)
BATO:

Anda aquí tanto roído,
que de miedo pierdo el seso.
  Voces dan y hay mal olor,
si los diablos se han elevado
por ventura aquel finado,
más que santo, pecador.
  ¡Ay de mí, sin duda que es
este que en el suelo está!
¡Ay, Dios!, quien me trujo acá,
bajado se me ha a los pies
  la sangre con el temor;
todo me siento mojar,
¿cómo tengo de llegar,
Señor? ¿Qué digo?, ¡ah, Señor!
  ¿Cómo podré desnudarle?
Pero, ¿cómo está vestido
de color, si este ha sido
ermitaño en este valle?
  Él es temor desigual,
que la vista me enflaquece,
y así colores me ofrece
en lo que es pardo sayal;
  o por dicha algún pastor
le ha desollado el pellejo,
como a caballo, o conejo,
y no es de miedo el color.
  Si esto es verdad, no condeno
ni el hecho, ni el desengaño,
que el cuero de un ermitaño,
para un cofre será bueno.
  ¡Ah, Padre!


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LEUCIPE:

¿Quién me llamó?

BATO:

¡Ay de mí!, tiemblo, ¿qué haré?

LEUCIPE:

Josafat.

BATO:

¿Por dónde iré?

LEUCIPE:

Escucha.

BATO:

Que no soy yo.

LEUCIPE:

  ¿Quién eres, amigo?, espera.

BATO:

Un pobre pastor, señor.

LEUCIPE:

Escucha, amigo pastor.

BATO:

¡No es ensunto!

LEUCIPE:

Yo quisiera.

BATO:

  Señor, Bato so, que vengo
a ermitañarme y pedir
limosna para vivir
con un buen amo que tengo.
  ¿Es muerto o vivo, quién es?

LEUCIPE:

Vivo y muerto y mujer soy.


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BATO:

Si es mujer, muy cierto estoy
que por cualquier interés
  un desmayo facilitan,
con que vivas se amortecen,
porque a las zorras parecen,
que mueren y resocitan.
  ¿Qué quiere? Déjeme ir,
que estoy tembrando de miedo.

LEUCIPE:

Amigo, si vivir puedo,
aquí tengo de vivir.
  Un hombre vine a buscar,
que con haberme tocado
hasta el alma me ha mudado,
que bien le puede mudar.
  Matome y diome la vida,
pues me resucita a ser
otra distinta mujer
de otro nuevo ser vestida.
  Yo era muerta en el pecado,
desde hoy vivo, y desde hoy
no soy quien era, otra soy.

BATO:

¿Que hoy habéis resocitado?

LEUCIPE:

  Hoy tengo este nuevo ser,
hoy vivo, que muerta he sido.

BATO:

Más dicha habéis vós tenido
que mi burra y mi mujer.


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LEUCIPE:

  ¿Dónde hallaré algún sayal
y alguna cueva?

BATO:

Aquí junto
me dicen que un monje enfunto
yace en un branco arenal.
  Desnudadle, y en su cueva
podéis vivir.

LEUCIPE:

Si me guías
donde de las culpas mías
la penitencia me lleva,
  parte de mis oraciones
alcanzarás.

BATO:

Venga, pues.

LEUCIPE:

Si tu sacrificio es
los contritos corazones,
  acepta el mío Señor,
pues por templar tus enojos
ya te le doy por los ojos,
aunque abrasado de amor.
(Vanse y salen los músicos,
LAURENCIA, RUFINO, LISENO,
y cantan los músicos.)


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[MÚSICOS] :

  Al cabo de los años mil
vuelven las aguas por do solían ir.
Cada uno al desposado
en el valle decir puede
su copla, para que quede
bastantemente alabado.
Y de Laurencia también,
que le goce muchos años;
que yo por propios y estraños
hoy le doy el parabién.
Al cabo, [de los años mil
vuelven las aguas por do solían ir.]
Es el mundo tan ligero
y rueda tanto, que yo
pienso que lo que pasó
ha de ser como primero.
Hoy se mira caballero
el que ayer fue labrador,
esclavo el que era señor,
y el que fue personal Gil.
Al cabo, [de los años mil
vuelven las aguas por do solían ir.]
Tomar el tiempo que viene
es la prudencia mayor;
no hay imperio sin temor
cuando más grandeza tiene.
Pasar y sufrir conviene,
que unos vienen y otros van;
los que seguros están,
no lo estarán de morir.
Al cabo, [de los años mil
vuelven las aguas por do solían ir.]


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(Sale BATO, vestido de ermitaño.)
BATO:

  Deo gratias, honrada gente,
¿hay limosna?

LAURENCIA:

¡Ah, padre mío!,
desde este punto confío
el vivir dichosamente.
  Écheme su bendición,
hoy me he casado en verdad.

BATO:

¡Ay de aquella soledad
de los que ermitaños son!

LAURENCIA:

  ¿Ha mucho que es ermitaño?

BATO:

Bien debe de haber un hora.

LAURENCIA:

Fraco está.

BATO:

Ayúnase agora,
y hay día que dura un año.

LAURENCIA:

  ¿Quiere comer cualque cosa?

BATO:

¿Tiene que beber también?

LAURENCIA:

No faltará qué le den.

BATO:

Pues haga señora hermosa,
  que sea cosa caliente,
que ha un año que por acá
como muy frío.


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LAURENCIA:

Sí hará;
cierto que es bendita gente.

BATO:

  Del beber no se le dé,
que sea frío, que así
me lo beberé, que en mí
ya no hay gusto.

LAURENCIA:

Bien se ve;
  no le echen agua.

BATO:

Eso apruebo;
bástale la bendición,
que por mortificación
siempre sin agua lo bebo.

LAURENCIA:

  ¿Cómo se llama?

BATO:

Fray Bato.

LAURENCIA:

¿Es Bato?

BATO:

¿Pues no lo ve?

LAURENCIA:

¿Ya es monje?

BATO:

Monje a la fe.

LAURENCIA:

¡Cuánto disimula el hato!


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(Ruido de toros, sale LISENO.)
LISENO:

  Guarda el novillo, Huchohó.
¡Ah, pastores de la boda,
cómo ha de alterarla toda
el novillo que llegó!

RUFINO:

  ¿Llegó ya?

LISENO:

¿Pues no lo veis?
Nunca más bravo le vea
la dehesa, ni el aldea,
poneos en cobro, ¿qué hacéis?

BATO:

  Deo gratias, díganle al toro,
que el Padre Bato está aquí.

RUFINO:

Padre, quítese de ahí.

BATO:

Perdone el santo decoro,
  que el hábito he de quitarme,
¡Huchohó!

LAURENCIA:

Quítese acá;
cogiole, en el suelo está.

BATO:

¡Ay!, ¿Nadie viene a ayudarme?


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(Vanse huyendo y sale JOSAFAT.)
JOSAFAT:

  Hoy, que visitar quería
a Barlaán, mi maestro,
ha crecido tanto el río
que está, de los dos, en medio,
que no puedo vadearle,
ni pasarle a penas puedo.
Terrible ha sido la lluvia,
un mar parece que veo.
Pero, ¿qué barca es aquella?
Ya en la arena, a lo que creo,
echa el resón el arráez,
¿si es pescador o barquero?
Hola, buen hombre, ¿a quién digo?
(Sale el DEMONIO.)

[DEMONIO:

¿Quién llama?

JOSAFAT:

Deo gratias ; tengo
necesidad de pasar;
que ver a un padre deseo
de esotra parte del río.
¿Quiere pasarme?

[DEMONIO:

Aunque vengo
a un negocio de importancia,
pasarle y servirle quiero;
que esto se debe a los santos.


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JOSAFAT:

Yo soy polvo, sombra y viento;
páseme por caridad,
que en esta ocasión sospecho,
que es un ángel para mí.

[DEMONIO:

Sí soy, pero del infierno;
entre, padre, que ya voy.

JOSAFAT:

¿Quiere que tome los remos?

[DEMONIO:

 (Dentro.)
No, sino ahogarte, villano
hoy que en mi poder te tengo.

JOSAFAT:

¡Jesús, Jesús, Virgen Santa,
Virgen del Monte Carmelo,
valedme, dadme favor!
(Sale BATO.)

BATO:

¿Qué voces oigo, qué es esto?
¡Ay Dios! El padre se ahoga,
¿cómo podré socorrerlo?
Pero ya viene a la orilla.


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(Sale, asido de una cinta, JOSAFAT;
llévala en la mano un ángel.)
JOSAFAT:

Bendiga tu nombre el cielo,
ya que tu mano divina,
Virgen del Carmelo excelso,
Niño santo que en sus brazos
eres tan piadoso y tierno,
me ha librado del tirano
Faraón, que tuvo intento
de sepultarme en las aguas;
a los dos humildes ruego
me dejéis por testimonio
esa cinta con que llego
(Suelta la cinta.)
vivo a la orilla del río,
¡Virgen, Jesús! Ya se fueron;
¿quién esta aquí?

BATO:

Bato soy,
que pienso que estó durmiendo
de verte salir del río
tan mojado y descompuesto,
estando como lo ves
el río tan boquiseco,
que mueren de sed los peces.

JOSAFAT:

¡Ay, Bato!, a mi padre veo.
(Sale BARLÁN.)

BARLÁN:

¿Qué es aquesto, Josafat?


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

Padre, del demonio enredos,
que anda buscando invenciones.

BARLÁN:

No le han de ser de provecho.

JOSAFAT:

Bendíceme.

BARLÁN:

Dios te guarde,
tú vienes a muy buen tiempo,
porque Dios me ha revelado,
que en este monte tenemos
un santo, que en pocos días
tanta penitencia ha hecho,
que excede a los muchos años,
que tenemos los más viejos,
y quiero que entre los dos
le veamos y busquemos,
porque nos cuente su vida.

JOSAFAT:

¡Ay, padre!, qué gran deseo
tengo de ver a ese santo.

BARLÁN:

Sube conmigo, que pienso
que no está lejos de aquí.

JOSAFAT:

Ni del cielo estará lejos.

(Vanse.)


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BATO:

  Estraña gente es aquesta,
no hay más comer que tratar
del cielo; todo es andar
con la virtud sobre apuesta.
  Mas, ¡ay Dios!, ¿quién viene aquí?
(Sale LEUCIPE, de ermitaño.)

LEUCIPE:

Padre, yo vengo de suerte,
que sospecho que la muerte
viene ligera tras mí.
  Yo he menester confesarme,
oigame de confesión.

BATO:

Hija, yo soy motilón,
nunca he podido ordenarme;
  no la puedo confesar.

LEUCIPE:

Pues, ¿qué haré yo, padre mío,
que muero?

BATO:

En Dios confío,
que nos ha de remediar.
  Dos padres se van de aquí,
venga por aquí conmigo.

LEUCIPE:

Ya le sigo.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Vanse y sale el DEMONIO,
de mujer, como LEUCIPE.)
DEMONIO:

¿Hay más castigo?
¿Hay mayor mal para mí?
  Mas ya que forma he tomado
de Leucipe, quiero ver
si en forma desta mujer
queda este santo engañado.
  Esta cruel penitencia,
como esta mujer ha hecho,
perder la acción y derecho,
teniendo en favor sentencia;
  mas no tengo de parar
hasta el fin.
(Sale JOSAFAT.)

JOSAFAT:

¿Es hija mía
la que agora aquí decía
que se quiere confesar?
  Que un hombre voces me dio
detrás de aquellos castaños.

DEMONIO:

Después de haber tantos años,
Josafat, que me engañó
  esa, tu vana locura,
y que me tienes perdida
el alma, que de la vida
poco remedio procura,
  ¿me vienes a confesar?,
Leucipe soy.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

¿Qué tú eres?

[DEMONIO:

Pero, ¿confesarme quieres
cuando me voy a acostar?
  Tú darás cuenta de mí.

JOSAFAT:

Detén, detente.

[DEMONIO:

No quiero,
hoy por ti me desespero.

JOSAFAT:

  Leucipe, Leucipe, advierte...

[DEMONIO:

No hay que advertir.
(Vase.)

JOSAFAT:

¡Que un furor
loco te ponga en rigor
de perderte de esa suerte!
(Sale BARLÁN.)

BARLÁN:

  Mientras veniste a saber
quién era quien voces daba,
hallé al santo que te dije,
que discurría la montaña
en busca de un confesor;
porque de abstinencia estaba,
diciplinas y oraciones,
para dar al cielo el alma.
Yo le confesé y me dijo
que era mujer, y la causa
de su venida a este monte,
porque es Leucipe, una dama
que conoces bien.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

¿Qué dices?

BARLÁN:

Que es la mujer que te amaba
incitada del demonio.

JOSAFAT:

Pienso que él mismo te engaña,
porque esa mala mujer
llegó aquí desesperada,
y se ha quitado la vida
en una de aquellas ramas.

BARLÁN:

No puede ser.

JOSAFAT:

¿Cómo no?

BARLÁN:

Yo quiero llamarla.

JOSAFAT:

Llama.

BARLÁN:

Leucipe, Leucipe.

JOSAFAT:

¿Ves
cómo no responde nada?

BARLÁN:

Digo que no puede ser,
porque sus lágrimas y ansias,
su ternura y devoción
eran de criatura humana
y no de espíritu fiero.

JOSAFAT:

Alzaré estas ramas.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BARLÁN:

Alza,
que dormirá por ventura,
o estará el cuerpo sin alma.
(Dentro dan voces: «¡Milagro!»
Suenan campanillas como de celdas,
salen los labradores,
LAURENCIA, RUFINO, LISENO, BATO.)

RUFINO:

¿Dónde está el santo de Dios,
dónde las reliquias santas,
que quiere Dios que se sepa?

LISENO:

¿Cuál es su dichosa estancia?

LAURENCIA:

Señores, ¿a donde está
el santo cuerpo?

JOSAFAT:

Repara
en lo que esta gente dice.

BATO:

Padres de aquestas montañas,
aquestos pastores dicen
que han oído las campanas
de todas estas ermitas,
celdas, oratorios, casas,
repicarse por sí mismas.

LAURENCIA:

Padres, cuando parte el alma
de algún santo monje, aquí
desta manera se halla.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


JOSAFAT:

Hijos, no le habemos visto,
mas sabemos que una santa
vivía en aquesta cueva.

LAURENCIA:

Pues subamos a buscarla.
(Vanse, y en una cueva ha de haber una cruz,
y LEUCIPE ha de parecer al pie della.)

LEUCIPE:

  Jesús, mi bien, mi salud,
mi Señor, mi Dios, mi Esposo,
sola estoy, acompañadme;
mas, ¿quién con vós está solo?
que donde estáis, Cruz divina,
están los celestes coros.
¡Oh, cama dichosa y santa
de aquel Cordero animoso!
¡Oh, estrado donde la vida
le dio a la esposa el esposo!
¡Oh, cátedra soberana,
donde el dotor milagroso
leyó la lición de Prima
al pueblo rebelde y sordo!
Mi amparo sois, Cruz dichosa,
y como otro Pedro apóstol,
en vós quisiera morir;
mi bien sois y yo os adoro,
por vós vivo y por vós muero;
pero ya el son milagroso
de la música del cielo
mi tristeza ha vuelto en gozo.
Ya de los lazos del cuerpo
el nudo vil tengo roto,
para gozar sin su cárcel
los soberanos tesoros.
Sol de justicia, luz pura
que destierras mis enojos,
en tus manos encomiendo
mi espíritu, mas pues pongo
mi boca en tu Cruz, en ella
le encomiendo, que es lo propio.


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Barlaán y Josafat Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen los labradores LISENO, RUFINO,
LAURENCIA, BATO, JOSAFAT, BARLÁN.)
RUFINO:

  Entrad por lo más espeso;
id apartando las ramas.

LISENO:

Quítate, espera, Rufino.

RUFINO:

¿Es ella?
(Como que alzan la peña y apartan las ramas;
está abrazada a la cruz, muerta.)

LISENO:

Hermosura estraña.

BARLÁN:

¿Conoces quién es?

JOSAFAT:

Muy bien;
y quédame envidia tanta,
cuanta mis lágrimas muestran.

LAURENCIA:

Bato, las aldeas llama,
y vengan todos a verla;
que no es razón enterrarla
hasta que todos entiendan
tan milagrosas hazañas
de una mujer penitente.

JOSAFAT:

Y en ella con justa causa,
de Barlán y Josafat
la primera parte acaba.

(Cierran la cueva y dase fin.)

LAUS DEO.

Fin01.jpg


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