Buenos Aires: 45

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La educación entre nosotros. -El primer maestro de escuela. -Belgrano y Rivadavia. -Adelanto en la educación; esfuerzos por mejorarla en 1823. -Otra vez la Sociedad de Beneficencia. -Ateneos y colegios. -Primer acto de distribución de premios.


I[editar]

Curioso e interesante sería recorrer la historia, y estudiar las vicisitudes porque ha pasado la educación entre nosotros, no diremos desde el primer maestro que tuvo Buenos Aires, que lo fue don Francisco de Victoria, quien se presentó al Cabildo en 1600 y tantos, pidiendo se le señalase casa para establecer una escuela, de que carecía la ciudad, sino, por ejemplo, desde muchos años después, aunque bajo el sistema colonial todavía, el ilustrado general Belgrano decía: -«No hay objeto más digno de la atención del hombre, que la felicidad de sus semejantes», fundando, con razón, esa felicidad, en la educación; hasta la época en que Rivadavia pronunciara su favorito axioma: -«La escuela es el secreto de la prosperidad de los pueblos», y desde esa fecha hasta el presente. Pero, como se comprende, no podemos afrontar la cuestión en esa forma, mas lo haremos, si, como en otra parte hemos dicho, este trabajo mereciese los honores de una nueva edición, en la que trataríamos los diversos puntos en él contenidos, en distinto orden, y con mayor latitud.


II[editar]

Bien pobre cosa fue, a la verdad, la instrucción dada a la juventud en los primeros tiempos de nuestra emancipación. La de la mujer estaba muy lejos de lo que es en el día. Entonces, se las enseñaba a leer mal, a escribir mal, las cuatro reglas de la aritmética, y, en casos raros, la música y el baile; perdiendo, por consiguiente, la oportunidad de reportar todas las ventajas que ofrece el talento natural de la mujer argentina.

Otro tanto sucedía con los varones: se les enseñaba a leer, escribir y contar. En las escuelas de la Patria, tal vez sin sospecharlo, se les daba ligeras nociones de higiene, en las repetidas marchas y evoluciones que ejecutaban.

Por muchos años, se siguió con ambos sexos una rutina, de poco o ningún provecho. Después, la educación marchó en escala ascendente, en relación siempre con los medios de que podíamos disponer, de la mayor o menor voluntad de los Gobiernos, y de las perturbaciones políticas, tan frecuentes en nuestro país.

Desde la época del Gobierno de que formó parte don Bernardino Rivadavia, es, como todos saben, que se viene haciendo esfuerzos en sentido de favorecer la enseñanza elemental, como base de sólida instrucción.

Por los pocos periódicos publicados en aquel tiempo, vemos que el pueblo se preocupaba ya algo de este punto importante para el adelanto del país.

En uno de ellos se leía, en 1823, lo siguiente, que era entonces una verdadera novedad, y es una prueba de lo que acabamos de exponer:


«Manual para las escuelas elementales de niñas, o resumen de enseñanza mutua, aplicada a la lectura, escritura, cálculo y costura.


»Con este título se acaba de publicar en Buenos Aires, una obra escrita en francés, por madama Quignon, y traducida de aquel idioma al nuestro, por la señora doña Isabel Casamayor de Luca, secretaria de la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires. -Esta obra se vende a tres reales en las tiendas de Osandivares y Ochagavia.»


Este pequeño libro puede reputarse, pues, de los primeros que en favor de la educación, aparecieron en el país, después de las publicaciones hechas, por años enteros, por la imprenta de los Niños Expósitos, de catones, cartillas y libros puramente religiosos.

Y en otro periódico del mismo año, se lee:


«Sociedad Lancasteriana de Buenos Aires. -El 23 del pasado junio empezó sus tareas la Junta directiva de esta Sociedad, que continuará los días 15 y 30 de cada mes. Desea extender el benéfico influjo de este útil establecimiento a la campaña, donde más se necesita. Al efecto, espera que los amantes del bien público, aumenten el número de suscriptores.»


El sistema Lancasteriano era el más generalizado.

Ya en esa época empezaron a establecerse Ateneos, Colegios, etc., en que la instrucción era más lata; muchos de estos establecimientos de educación, tuvieron por directores a extranjeros de vasta instrucción, y avezados en la enseñanza, tales como Brodart, Persi, Rives, y tantos otros, y antes que éstos, Cabezón, Rufino Sánchez, Peña, etc.

Inútil parece indicar que la Sociedad de Beneficencia, de la que ya hemos hecho mención, prestó desinteresados e importantes servicios en favor de la educación, en la dirección y enseñanza de niñas pobres.

Conocida es de todos la solemne distribución de premios hecha por ella desde su instalación, el 26 de mayo, de cada año, acordados a la aplicación, la industria, la moral, y al amor filial.

Recordaremos aquí, con este motivo, que el primer acto de distribución de premios en las escuelas de campaña, tuvo lugar en San José de Flores el 1.º de junio de 1828, a virtud del decreto de 5 de mayo del mismo año.

Larga es la lista de las inteligencias que han puesto sus conocimientos y voluntad al servicio de la juventud, en tiempos más modernos; las señoras Manso y Caprilli, los señores Sarmiento, Sastre, Peña, Gutiérrez, Domínguez y otros muchos.