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Caminos de la sierra. Pinares Llanos, Peguerinos y un recuerdo a Tureganoff

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Caminos de la sierra. Pinares Llanos, Peguerinos y un recuerdo a Tureganoff (12 ago 1930)
de Javier Bueno
ilustración de Francisco Sancha
Nota: Javier Bueno «Pinares Llanos, Peguerinos y un recuerdo a Tureganoff» (12 de agosto de 1930) La Voz, n.º 3002, p. 3
CAMINOS DE LA SIERRA
Pinares Llanos, Peguerinos y un recuerdo a Tureganoff

El Destino se ha hecho prestamista

Por Javier Bueno.
Dibujos de Francisco Sancha
La plaza Mayor de Peguerinos. "No es propiamente la plaza de la Constitución", nos advierte un vecino cuando ya la ha dibujado Sancha. Es que una plaza "propiamente" de la Constitución no se encuentra así como así.

Pasamos la cordillera por el puerto de Malagón, el más bajo de ellos, aunque no tanto que no huelgue este letrero que vemos en un poste al subir:

"1.550 METROS.—SE
PROHIBE ESCUPIR"

No se tiene la boca como para escupir, próximo el día de San Lorenzo y trepando monte arriba.
Pasada la calva del puerto, torcemos en dirección a Segovia, para caer en Pinares Llanos. El espectáculo es el que tiene en general esta vertiente de la Sierra. Entramos en el amplio sistema de pinares que llega hasta Villacastín de una parte, y por la otra se extiende prácticamente a toda Avila, la provincia de los pinos, con la excepción de los lugares muy altos.
El paraje que llaman las Cuevas es de una belleza un poco teatral. Un paredón rocoso vertical es tan sospechoso de escenografía, que no nos atrevemos a acercarnos demasiado por si se le ven las cuerdas de la tramoya. Al pie, una llana pradera, cuya humedad y blandura es descanso para el que camina y madre para los helechos.

Un fantasmagórico paredón que nos hace temer música de zarzuela trascendental.

Allí se cambia de dirección hacia la parte árida, en que está Peguerinos. A poco de pasar Pinares Llanos estamos otra vez en la Castilla pelada.

"UNAMUNO"

Hemos escogido, por lo visto, para el paseo un día en que no está en su sitio nadie; porque Antonio Robles, que es de la exigua partida, se encuentra por todas partes gentes, a quienes pregunta:
—¿Y tú, qué haces por aquí?
Se lo ha preguntado ahora en Pinares Llanos, a la puerta de la casa forestal, a un hombrecillo seco, de viva mirada simiesca, que lleva en la mano una cartera de herborizar, por cuyos bordes sobresalen las verdes barbas de la ciencia.
"Unamuno" está cogiendo en Pinares Llanos plantas e insectos por cuenta y para gloria ajena. Acude luego el hermano de "Unamuno", hombre recio y plantado, guarda, a cuyo cargo está la casa forestal. Nos brinda cortésmente con agua fresca y vino de la tierra.
En la cocina, a cuya sombra nos hemos acogido, resplandece una limpia y bella ingenuidad, imposible de describir. Anaqueles con tazones abigarrados y pulidos; un testero es Argos con veinte ojos de brillantes sartenes, que nos miran por entre las albinas pestañas de cucharillas de postre; y en otro, ralladores, cuchillos, cazos y espumaderas hacen rendida corte a la dorada oquedad del Rey-Sol de un perol.
Junto a la encalada chimenea está la guardesa, de negro, con el firme aplomo y el buen pisar de la mujer de Avila. Una moza garrida y unos arrapiezos entran y salen.
Nos cuenta "Unamuno", porque le preguntamos, que entró de portero en la Escuela de Ingenieros de Montes, y allí se aficionó al estudio de las plantas. ("Es muy amañoso", dice la guardesa por vía de todo elogio.) Allí sigue. Ha preparado colecciones, y alguna le ha sido premiada en Alemania. Duda si hacer una flora de estas sierras. Lo animamos. Nombra al hablar las plantas en latín; pero de un modo... ¿Habéis oído a muchos catedráticos nombrar plantas en latín? Pues del otro modo. Se le oye apenas; suelta los enrevesados nombres tan llanamente y como de pasada, que dijérase que las plantas se llaman así efectivamente, que no lo permita Dios.
Dos son las intervenciones científicas de la buena guardesa. Una, para decir que la crisálida (que ella cree de buena fe que es un animal determinado) no perjudica a los árboles; otra, para confirmar hasta qué punto son verdaderas las atracciones por fonética (que tan bien ha estudiado Menéndez Pidal) en la formación de los idiomas, ya que la excelente ama de casa ha trabucado y vuelto una de las clasificaciones latinas de "Unamuno" lo bastante para afirmar que existe un insecto campestre que se llama "Isabel la Católica".
No sería campestre, sino doméstico, y muy doméstico, amable señora nuestra, el insecto que por asociación merecería llevar el nombre de aquella gran reina, y en cuanto a la crisálida, cosas más graves se han hecho con ella, pues una vez un cronista de sociedad empezó así la nota de una "puesta de largo" (eran otros tiempos y otras faldas): "La crisálida se ha convertido en flor."
"Unamuno" es inaccesible al humorismo. Oye el error y lo rectifica sobriamente, sin alegrarse de que el prójimo tropiece en el escollo que él sabe evitar. De seguro esta incapacidad para la burla, más que la capacidad que tenga para la botánica, es la causa de que se le entreguen botánicos que no tienen ganas de pasearse o que temen no sacar gran cosa en limpio de sus paseos.
El guarda sale con nosotros para encaminarnos hacia Peguerinos. Se nos ofrece con la llana cortesía de la tierra. Desde la puerta nos despiden los demás.
—¡Adiós, señores! ¡Adiós, señor Robles!
Este Sr. Robles es de una popularidad humillante para los que [...] con él por estos contornos.)
—¡Adiós, señor Robles!
La mano ágil y menuda de "Unamuno", en el trémolo de un lejano adiós, dibuja con letra bastardilla, y entre paréntesis, en el aire, en que todavía vibra su "señor Robles": Robur escurialensis.

EL MILLON

¿Recuerdan ustedes que a Peguerinos le correspondió en el sorteo de Navidad de 1928 más de un millón de pesstas? Pues, si lo recuerdan, casi hacen más que los pobladores de Peguerinos.
Es inútil preguntarles.<>br —¡Ah, sí, la lotería! Todo se fué en pagar trampas.
—¡Pero, hombre! ¿Nadie ha mejorado de modo de vivir?
—Psh...
—¿Nadie se ha divertido siquiera?
—Psh.. Algunos fueron a la Exposición de Barcelona.
—¿Como cuántos?
—Doce o catorce.
—¿Y a cuántos les tocó la lotería?
—A unos ciento y pico.
—Entonces...
—Psh...
Es inútil. Sólo hay un hombre que habla de la lotería, un hombre al que no le tocó y que culpa directamente al Destino. Dice textualmente que "el Destino debió avisarle"; y lo dice con tal naturalidad, que hace pensar que este hombre, antes de la ruptura definitiva ocasionada por el mal comportamiento de la otra parte, preguntaba todas las mañanas: "¿Ha habido carta del Destino?"
No le falta razón en su reproche. El Destino avisó seguramente de lo que iba a ocurrir a los prestamistas. De estas sórdidas y premiosas colaboraciones entre el Destino y los prestamistas había indicios ya; pero aquí está la prueba. Si a Peguerinos se le ha ido el millón en pagar trampas, es que le fiaron por esa cantidad. ¿Y qué prestamista se arriesga a tanto sin que el Destino le avise y firme como fiador?...
¡Quia! ¡Quia! En Peguerinos hay dinero; mil rasgos lo descubren. Saben en Pegruerinos tan bien como en los demás sitios, o mejor, que el amor y el dinero no pueden estar ocultos.
Aquellas botas flamantes del tullido que ríe y parece que llora, cierta actitud de dragón que guardara un tesoro adivinada en los afortunados vecinos que tomaban el fresco a sus puertas, el desdén con que la simpática dueña del bar dice al alcalde y los concejales de El Escorial que los típicos refajos con que se bailaba el baile de tres "se vendieron para Robledondo"...
Y ustedes se lo pierden. Porque yo iba a decir que les sobra a ustedes la razón en la queja de no tener carretera hasta El Escorial, a pesar de estar ya planeada; de que pueda estar un pueblo grande, y uno de cuyos tráficos es la corta, incomunicado en medio de la Sierra y sin caminos por donde llevar la madera. Pero ¿quién me garantiza que no tienen ustedes también guardada una carretera flamante, y no la sacan cuando hay forasteros, como el dinero de la lotería?

BAILE DE TRES

En el bar de Peguerinos, la pregunta de "¿Qué hacen ustedes por aqui?" se ha dirigido a media docena de personas. Son el alcalde y varios concejales de El Escorial, que andan buscando por estos pueblos parejas que bailen el típico "baile de tres" en las fiestas. Bullen, visitan y parten velozmente en un "auto". Parece que van de jira, pero van en comisión, lo cual no es lo mismo para ellos, ni seguramente para el Ayuntamiento de El Escorial. Se ha tarareado el "baile de tres", que tiene gran parecido en melodía y en reposada dignidad con la petenera. Nos han invitado a cerveza. (Gracias, amable pueblo de El Escorial, al que representan tan celosamente su alcalde y sus concejales.)
¡Fuerte cosa es esto de desvelarse por el bien común y de que sea necesario, para que haya "baile de tres", que haya danza de seis concejales y un alcalde!

EL LADRON DE PINOS

Buena parte de la plaza de la Constitución de Peguerinos está ocupada por largos troncos, dispuestos como en gigantesca almadia. Son pinos cortados clan- destinamente. Los malhechores han sufrido el digno castigo de perder el pino y, seguramente, pagar alguna multa también. En la plaza vigilan los troncos la iglesia, el Ayuntamiento y el cuartel de la Guardia Civil: las tres cabezas del Can Cerbero.
La estadística demuestra que desde que se persigue con rigor la corta arbitraria, el aprovechamiento de los bosques es mayor.
Al menos, el aprovechamiento estadístico; porque, en rigor, pudiera parecer excesivo suponer que las cosas no existen hasta que se hace estadística de ellas.
Pero si Peguerinos y otros pueblos están donde están, ¿no será en cierto modo porque no contaron con la estadística? Sagrada es la ley, y más sagrada la técnica. Sin embargo, un profano pudiera entender que las leyes de montes y las leyes de caza se hacen en todas partes demasiado desde el punto de vista del pino y del conejo. Pueblos hay que al mandamiento forestal de "no cortarás más que hasta aquí" debieron responder con humilde requerimiento: "¿Nos hacen ustedes el favor de ponernos el pueblo en aquella vega?"
Chanzas aparte. ¡Lo que se aprende viajando! Ved aquel hombre que parece honrado y pobre: descarga fieramente el hacha contra el pie de un árbol. Pronto a cada hachazo acompaña un rugido; luego los músculos de la cara tiran de la boca hacia atrás. Cuando, por fin, cae el árbol, se entreteje el hombre con las ramas para cortarlas, y se pliega a ellas, y hace uno con ellas, y son hombre y pino como uno de esos semihumanos árboles martirizados de Gustavo Doré. Arrastra como puede—y también como no puede—los quinientos kilos del tronco a mucha distancia. Le pagan por él mucho menos de lo que necesita para vivir unos días miserablemente. Robo consumado. ¿Le sorprende el ojo vigilante de la justicia y del orden? Robo frustrado.
Parecía honrado y pobre, y vive tranquilamente de la holganza y el despojo. ¡Y pensar que siendo tan fácil de robar un pino haya quien robe sumarios!

"TUREGANOFF"

En una revista de Berlín ha escrito un articulo acerca de Castilla Kate Wilczynski, artista alemana muy inteligente, que ha andado por España algún tiempo. Dice cosas que están bien, aunque no nos halague mucho que una de las que más le haya llamado la atención sea "el modo en que van las gentes en burro horas y días enteros". Mucho hemos caído:

Quál lidia bien,
sobre exorada arzón,
Mío Cid Ruy Díaz,
el buen lidiador.

Ahora, en burro. Menos mal que parece que del burro no llevamos camino de caer.
El dictamen final de la señorita Kate es definitivo: "Un país en que se ha parado el tiempo."
Pero un momento antes nos ha clavado una espuela de dos "efes". En una breve reseña de pueblos segovianos escribe "Tureganoff".
No, señorita Käte: aqui no termina nada en dos "efes", aunque sea ésta convencional ortografía de lo ruso "made in England". Aquí no termina nada en dos "efes". A lo mejor parece que algo lleva camino de terminar en dos "efes" y termina en encasillado.