Caramurú: 20

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Capítulo XIX
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Caramurú Alejandro Magariños Cervantes


Epílogo


Amaro, reconocido como hijo del conde de Itapeby y nombrado por el gobierno provisorio general efectivo en recompensa de sus eminentes servicios, pasó a la capital, y se unió a Lia seis meses después...

No intentaremos profanar su ventura queriendo describirla. Dichosos cuanto es posible serlo en este miserable globo sublunar, diremos únicamente que si la felicidad existe, ellos la encontraron en la tierra sin duda.

Rodeado del prestigio y consideración que da la gloria legítimamente conquistada; respetado, querido y admirado de sus conciudadanos, amado de una mujer joven, bella, de talento, y dueño de una fortuna pingüe, ¿qué más podía pedirle a Dios?... Sí en eso no consiste la felicidad, es sin disputa a todo lo que nos es dado aspirar razonablemente.

Por nuestra parte, deseamos a nuestras lectoras un marido tan apasionado, tan noble y tan digno de ser querido como Amaro, y a nuestros lectores una compañera tan bella, tan pura como Lia, y no añadimos tan rica, porque eso se sobreentiende, viviendo, en un siglo tan Prosaico y calculador como el nuestro.

En cambio de estos buenos deseos, al deciros adiós, caros leyentes, solo nos atrevemos a pediros una buena dosis de indulgencia para todo lo que no os haya agradado en el curso de nuestra historia. Si en esta ocasión no hemos acertado a complaceros dignamente, tal vez en otra lo alcanzaremos. Por eso el autor confía en vuestra benevolencia.


Fin3.jpg


NOTA.-La calificación de histórica dada en el título a esta novela, es puramente nuestra; pues no se encuentra en el ejemplar que nos ha servido para la reimpresión. A pedido del autor, hacemos esta advertencia.

Teodomiro Real y Prado.


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