Cardos y lirios: 017

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En el cementerio[editar]




Cuando todos se alejaron de la blanca tumba

aquella,

donde sola, muda y fría

¡se quedaba ella... ella...!

¡La adorada muerta mía!


Al ver toda su hermosura

para siempre desligada

de mi vida

y escondida

en la callada

sepultura,


con terrible voz, que aún oigo, grité:

«Muerte despiadada,

díme, ¿toda su belleza tornaráse en polvo?

Díme,

para el sér que implora y gime,

al final qué queda entonces de esta trágica

jornada».


Pero nadie respondía;

sólo el eco repetía

el final de aquella frase: ¡nada...! ¡nada...!

¡nada...! ¡nada...!


Cardos y lirios de Julio Flórez
A mi madre -

Astro del alma - Ave gris - De cabeza -
Dulce veneno - En el salón - Fulminado - La gran tristeza -
Mi tumba - Oro en polvo - Resurrecciones - Un diagnóstico -
Al mar caribe - Aún - Castigo - Deshielo -
En el cementerio - En la barca - Himno a la aurora - Lejos (Cardos y lírios) -
Nana - Resonancias - Silencio santo - ¡Abandonado! -