Cardos y lirios: 005

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Dulce veneno[editar]




¿Luego me dijo:? Aun cuando mi alma

anhele

la virtud y odie la maldad y el vicio,

ya ves, mi triste corazón se duele,

al contemplar el hondo precipicio

á donde el hado sin cesar me impele.


Con mi carga de amor y desconsuelo

voy á un próximo fin, paso entre paso,

rueda mi llanto hasta mojar el suelo

y miro dulcemente hacía mi ocaso

al ver la muda impavidez del cielo.


¡Ah, sí acortar pudiera a jornada!

Es tan dura y tan grande mi fatiga,

mi senda tan oscura y desolada,

¡que quisiera morir!... Hoy nada, nada

fuera de ti, mi corazón mitiga!


¡Y yo te estoy matando!... ¡Oh, sí! mis besos

¿te envenenan? en largo paroxismo

quedas tras tus eróticos excesos;

cuando en mi boca están tus labios presos,

¡tu boca está en la boca de un abismo!»


¿Yo exclamé: «Morir quieres? En el seno

tú, mi cabeza, al espirar, coloca;

¿y después? si es verdad que es un veneno

de tu boca la miel, yo también peno,

¡mátame con la miel que hay en tu boca!»


Colgóse entonces de mi cuello, hermosa,

transfigurada, y llena de ternura

puso en mi labio el suyo, hecho de rosa,

y en una tregua larga y silenciosa,

¡lloramos de dolor y de ventura!