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Carne doliente/De pueblo/¿Para Qué?

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¿PARA QUÉ?...

-¡No se puede pasar! ¡De vuelta le digo!

-Voy hasta la media cuadra, agente: me va hacer perder un viaje...

-¡No se puede, le digo! De vuelta, y pronto ¿entiende?

-¡Ni que fuera resorte!

-¿Qué dice?

-¡Pucha, qué tono! ¿Dónde lo ha comprao? ¿Se puede saber?

-¡A que lo hago dir preso enseguida¡ ¡A ver el número!

-¡Cero... y uno! Pero á la izquierda. ¡No valgo nada yo!... Mire bien: diez puntos. -Yo le voy á enseñar que me tome pá la risa. ¡Ya está anotao, sabe! Preséntese ahora mismo en la comisaría. Allí le van á dar!

-Ya sé. La masita. Y, con su parte, pena. é muerte ¿verdad? Escuche el canto:

De miedo me estoy muriendo...

Interrumpe el diálogo otro coche que llega. Es de plaza también. Al verlo el agente corre á detenerlo.

-Hermano, canta el primer auriga:

Por la calle del Parque
No se puede pasar....

Ni por ninguna ya, sin hacer siquiera una estación en la comisaría. Da vuelta, pronto, ó te toman el número con órden de presentarte. Y todo ¿por qué? Porque una niña se casa aquí, en la cuadra de la iglesia, y han dado instrusiones para que solo pasen las libreas... ¡Qué corte Agapito!

En esto llegan dos coches más. Un placero y otro de lujo. El agente, desesperado, dá órdenes terminantes con el fin de que el coche paquete no sufra demoras. Es curioso observar al cochero con librea, Tiene en su aspecto reflejado todo el orgullo de los señores. Se diría que contempla á los colegas pobres con desdén dominador.

El primer placero habla:

-¡Abrí cancha, hermano, que vá á pasar su señoría!

-Continúe usted, dice el agente.

El cochero de librea castiga al brioso tronco. Uno de los caballos tropieza, dá un salto y cae sobre uno de los coches, se le enredan los tiros y hay un momento de pánico porque las señoras que van dentro gritan asustadas.

........................................

-Usted también vá á dir preso ahora.

—¡Yó! ¿por qué?

-Porque ha interrumpido el tráfico.

-¿Yo?

-Hágase el sonso, no más! ¿A ver el número?

-¡No te dije, hermano! A la estación! Marchá no más, porque este no entiende de chicas.

-Pero vea, agente...

-¡Qué vea, ni que agente! ¡Preséntese, le digo! Y no hable más ¿oye?... Resignados los cocheros siguen por la calle traviesa. Después:

-Y aura ¿que me decis vos de la autoridá?

-Francamente, hermano, que no la entiendo. Imagináte que si me hubieran dejao pasar á mi ya estaría yo del otro lado, lo mismo que vos y el de librea también, mientras que ahora....

-Sí, pero alvertí que si nos dejaran pasar á todos, así no más ¿para qué iba á servir entonces el vigilante?

-Tenés razón ¿para qué?....