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Carne doliente/Simbólica/La sonrisa del héroe

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LA SONRISA DEL HEROE

I

Se alza un hombre en medio del tumulto y grita: ¡yo aplico la ley! Soy el brazo armado de la sociedad. Inexorable, no perdono. Frío, como una espada, rajo las carnes, divido los cuellos, hundo en las sombras á las víctimas, Como un dogal de hierro ó torniquete terrible, tengo en mis manos el código que no discuto. Sus cláusulas son para mí la palabra sagrada, la voz suprema, el dogma intangible. No pienso, no siento. Puede el que delinquió haber sido empujado al antro por causas que justifiquen el hecho. No investigo. Mi misión es la de dejar caer el arma sobre la espalda desnuda. En cuanto al espectáculo del desgarramiento déjame impasible. Cumplo el código, realizo el dogma y mi conciencia queda tranquila. No me equivoco nunca. Soy irresponsable. Voz y voluntad social, soy un eco. Represento á la vindicta pública. Instrumento suyo, nadie tiene derecho á arrojarme, como insulto, las consecuencias funestas de mis errores. Ciego soy. Tal el verdugo sobre quien tengo superioridad de grado. ¿Me habéis reconocido? Soy el juez.

II

De entre las sombras-noche de dolor y lágrimas-emerge la gran figura. Trae en sus manos luz de justicia. Su voz repercute en los vientos como una explosión de tormenta. Viene armado, en nombre de todas las desgracias, de todas las miserias, de todas las debilidades. Grita: lanza su reto y su bomba. Es el héroe. Ha llegado, paladin de los tristes, produciendo el terror como un nuevo caballero de la luz y de la muerte, llamando la atención del mundo sobre los defensores de los opresos y haciendo comprender á los que aplican las leyes que hay que ser más benévolos. Demanda venganza. La cumple y cae reflejando en su rostro signos de triunfo.

III

Y cuando el héroe espira en el pabellón de la noche se abre un ojal de luz.