Carta de Aurelio Angel Boix Cosials a su familia fechada el 2 de agosto de 1936

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"Pax.

A mis queridos padres y hermano desde el convento de Padres Escolapios de Barbastro, a 9 de agosto de 1936.

Padre, madre y hermano de mi corazón: Si esta mi carta llega a sus manos, el portador de la misma les enterará de todo el proceso: yo me limito a unas líneas. Hace 18 días que estamos casi lodos los del Pueyo detenidos en esta prisión. A pesar de las garantías que se nos dan, como medida de prevención, quiero dedicar unas palabras a los seres que me son más caros.

En noches anteriores se han fusilado unas 60 personas: entre ellas, muchos curas, algunos religiosos, tres canónigos, y esta noche pasada, al Sr. Obispo.

Conservo hasta el presente toda la serenidad de mi carácter: más aún, miro con simpatía el trance que se me acerca: considero una gracia especialísima, dar mi vida en holocausto por una causa tan sagrada, por el único delito de ser religioso. Si Dios tiene a bien considerarme digno de tan gran merced, alégrense también Vdes., mis amadísimos padres y hermano, que a Vdes., les cabe la gloria de tener un hijo y hermano mártir de su fe.

La única pena que tengo, humanamente hablando, es de no poder darles mi último beso. No les olvido y me atormenta el pensar las inquietudes que Vdes. sufren por mí. Ánimo, mis amadísimos padres y hermano, al lado de su aflicción surgirá siempre la gloria de las causas que motivaron mi muerte. Rueguen por mí, voy a mejor vida.

Padre mío muy amado: la entereza de su carácter me da la completa seguridad que su espíritu de fe le hará comprender la gracia que el Señor le otorga. Esto me anima muchísimo: le doy el beso más fuerte que le he dado en mi vida. Adiós, padre, hasta el cielo. Amén.

Madre idolatrada: Yo me alegro sólo al pensar la dignidad a que Dios quiere elevarla, haciéndola madre de un mártir. Esta es la mejor garantía de que los dos hemos de ser eternamente felices. Al recuerdo de mi muerte acompañará siempre esta gran idea: “Un hijo muerto, pero mártir de la religión”. Que Dios no pueda imputarme más crimen que el que los hombres me imputan: ser discípulo de Cristo. ¡Madre mía muy querida, adiós, adiós… hasta la eternidad. Qué feliz soy!

Hermano mío muy caro: En poco tiempo ¡Qué dos gracias tan señaladas me concede mi buen Dios! ¡La profesión holocausto absoluto… el martirio, unión decisiva a mi Amor! ¿No soy mi ser privilegiado? Esto es lo más íntimo que tengo que comunicarte. Las cartas adjuntas, al extranjero, envíalas con una relación extensa de mi prisión, etc… ya le pongo bien clara la dirección: certifícalas.

El último beso, mi hermano, el más efusivo.

Mi despedida postrera la familia, son unas palabras de felicitación tanto para mí como para Vdes.

Que Dios proteja siempre la familia que ahora agracia con un favor tan señalado.

Su hijo que les ama con amor eterno.

Aurelio Ángel."