Cartas a Lucilio - Carta 22

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda


Libro III Carta XXII De la manera de dar consejos Ya comprendes que has de desprenderte de estas ocupaciones lucidas, pero funestas, y preguntas como podrás conseguirlo. Hay lecciones que solo se dan de presente. No puede el médico señalar por carta el tiempo de comer y el de bañarse; o cuando hay que tomar el pulso. Dice un viejo proverbio que el gladiador plantea la lucha encima de la misma arena. El rostro del adversario, un movimiento de la mano, incluso la inclinación del cuerpo, enseñan al luchador dispuesto. En términos generales, alguien puede formular de palabra y por escrito lo que suele hacerse y lo que conviene; un consejo así puede darse, no solo a los ausentes, incluso a los que han de venir; pero un consejo concreto sobre la procedencia y la manera de hacer alguna cosa, nadie te lo puede dar desde lejos, pues es necesario deliberar sobre la realidad. Y aún no basta con estar presente, sino que hay que estar bien dispuesto para escoger la ocasión que se acerca. Espíala, pues, y si la ves, cógela, da una buena estirada y, con todas tus fuerzas, haz lo posible para deshacerte de estos quehaceres. Y mira cual es mi juicio: creo que, o has de salir de esta forma de vida, o has de abandonar la vida. (Nota: surge de nuevo la idea del suicidio). Pero también creo que has de ir por el camino llano, para desligar, más bien que para romper, lo que desgraciadamente enredaste, bien entendido que, si no hay ninguna manera de deshacerte, lo rompas. No hay ninguno tan cobarde, que prefiera estar siempre colgado a caer de una vez. Mientras tanto, lo primordial es que no te enredes. Conténtate con los trabajos en que caíste o, como te place que crean, caíste. Procede que no emprendas nuevos (trabajos), al contrario quedarás sin excusa, y se verá claro que no es que cayeses. Acostumbra a ser falso aquello que dice: <<No he podido evitarlo; ni que no hubiera querido, me veía forzado>> Nadie tiene necesidad de seguir la prosperidad a su mismo paso. Mucho es ya, sino contrastarlo, detenerse y no empujar la fortuna que se nos lleva. No te ofenderás si no contento de venir a aconsejarte, ni llamo a otros, ciertamente más conocedores que yo, con los cuales consulto todas las materias de deliberación. Lee una carta de Epicuro referente a este asunto dirigida a Idomeneo, rogándole huir lo más pronto posible, antes que intervenga un poder más fuerte que le quite la facultad de retirarse. Pero, él mismo añade que no se ha de intentar nada, sino cuando sea momento de intentarlo oportunamente; pero cuando llegue aquél tiempo tan largamente deseado, se ha de hacer el salto. Al que lleva de cabeza la huida, le priva de dormir, y espera una salida saludable incluso de pasos más difíciles, toda vez que ni se precipite antes de hora, ni, en viniendo la hora, se turbe. Pienso que ahora esperas la opinión de los estoicos. No hay ninguna razón para que te tilden de temeridad, pues son más cautos que con coraje (Nota: Séneca se refiere aquí a los estoicos que, como hemos indicado mucho más arriba, entre Epicuro y los estoicos navega). Puede ser que esperes que te digan: <<Es vergonzoso acurricarse bajo la carga; lucha con el deber, una vez que lo has aceptado. No es barón fuerte y con coraje el que huye de la fatiga, en lugar de crecer de coraje delante de las dificultades>> Así te lo dirán, si la constancia ha de tener una recompensa digna, si no se ha de hacer ni se ha de padecer nada que desdiga de un hombre correcto; al contrario, nadie caerá en in trabajo innoble y deshonrosa, ni se mantendrá en los trabajos por los mismos asuntos. Ni tan siquiera hará aquello que ti piensas: dejarse llevar siempre por la corriente de las ambiciones de los asuntos en que está enredado, antes que cuando verá los peligros, las incertidudes, los azares en que se revolcaba, se retirará; no se volverá de espalda, pero irá retirándose despacio hacia lo seguro. Fácil cosa es, querido Lucilio, de desentenderte de las ocupaciones, si menosprecias los beneficios que te reportan. He aquí lo que nos detiene y nos liga <<¿Pues qué? ¿Dejaré tan bellas perspectivas? ¿Abandonaré la cosecha? ¿Me quedaré sin compañía de amigo, de toda escolta de litera (Nota: referido a la litera para transporte existente en época romana), de todo lo que concierne a mis lindes? Estas son las cosas que los hombres abandonan de mal grado, amando los frutos de las miserias mientras detestan las miserias. Se quejan de la ambición igual que de tener amigos, esto es, si miras el verdadero afecto, no lo odian, pero se pegan. Examina a aquellos que deploran aquello que desearon, y hablan de huir de unas cosas sin las cuales no podrían vivir, y verás cómo se quedan en aquellas cosas que ellos se llaman oprimidos y castigados de haberlo de soportar. Así es. Lucilio: son pocos los cogidos por la servidumbre, muchos los que se acogen a ella. Pero si alguien está resuelto a dejarla, si alguien tiene un sincero amor a la libertad y si, el pedir consejo es nada más para tener la suerte de cumplirlo sin un arrepentimiento perpetuo ¿Cómo podría no aprobarse toda la escuela de estoicos? Todos los Zenons i Crisips te aconsejarán cosas atemperadas y virtuosas. Pero si tus cambios no tienen otro objeto que ver que te llevarás y con gran capital te asegurarás el ocio, no encontrarás nunca la salida; nadie nada cargado de fardos. Levántate a vida mejor ayudado de los dioses, pero no como ayudan a aquellos a quien con rostro sonriente y benigno dan magníficas adversidades, bienes que queman y atormentan, y que los dioses se justifican de dar porque solo los dan a quien los pide. Ya ponía mi sello a la carta; pero hace falta mantenerla para que te llegue con el acostumbrado presente (o regalo), llevando con ella alguna palabra magnífica, y mira por donde que se me ocurre una que no se si tiene más de verdad o de elocuencia. ¿De quién? Me preguntas, De Epicuro, pues aún hago honor a las alforjas de otro. <<¿Todo sale de la vida como si acabara de entrar>> Fíjate en quien quieras, joven, viejo, hombre de mediana edad; los encontrarás igualmente preocupados por la muerte, igualmente desconocedores de la vida. Ninguno tiene nada acabado, pues que atrasan para el futuro las empresas. Lo que más nos complace en esta sentencia es que reprocha a los viejos la infancia. <<Ninguno, dice, no sale de la vida diferente de cuando entró (en ella).>> Es falso: morimos peor que nacemos Es culpa nuestra, no de la naturaleza; ella es la que se ha de quejar, diciéndonos: <<¿Qué es esto? Yo os engendré sin miedo, sin temor, sin superstición, sin perfidia, ni de los otros venenos: salid como entráistés>> Ha conseguido la sabiduría el que muere tan seguro como cuando nació; pero ahora, cuando se acerca el peligro, ya tiemblan, nos falta corazón, se nos muda el color, nos caen lágrimas inútiles. ¿Qué más vergonzoso que estar nervioso en el mismo lindar de la seguridad? Y la causa es que, vacios de todos los bienes, sentimos el mal propio de la vida. Pues ni una parte de ella nos es malsana; ha pasado, es perdida toda ella. Ninguno tiene conocimiento de la bondad de su vida, si no de su duración, así como a todos es posible de vivir bien., pero a nadie de vivir mucho. Carta XXIII La filosofía, fuente de las verdaderas joyas ¿Te crees que te escribiré con cuanta benignidad nos ha tratado este invierno, temperado y breve, así como ha sido borrascosa la primavera y tardó el frío, y de otras futilidades de gente palabrera? Te escribiré alguna cosa que a ti y a mí puede ser provechosa. ¿Y qué será, sino a una exhortación al sentido (seny)? ¿Preguntas cual es su fundamento? No disfrutar de las cosas vanas. He dicho que esto es el fundamento, y realmente es la cima. Al cual llegará el hombre que sabrá dónde poner su gozo, quien no pondrá su felicidad en manos de otro; pero estará nervioso e inseguro de él mismo aquél que es excitado por alguna esperanza, ni que sea bien alcanzable, ni que sea fácil de obtener, ni que nunca no le hayan desengañado las cosas esperadas. Esto es lo primero que te hace falta hacer, querido Lucilio, aprender a disfrutar. ¿Crees que te privo de muchos placeres, por que te excluyo los que lleva el azar, porque creo haberse de evitar las ilusiones de la esperanza, los más dulces de todos los anhelos? Bien al contrario, quiero que nunca te falte la alegría, quiero que ella nazca en tu casa, y ciertamente nacerá, si se encuentra dentro de ti Las otras fruiciones no llenan el pecho; ligeras como son, solo desarrugan el rostro, ni no como crees que fluye aquél rio. Es el alma que ha de estar alegre y segura y dirigida por encima de todo. Créeme, la verdadera alegría es austera. ¿Es que te piensas que un hombre de manera desenvuelta y, como dicen los afeminados, de vida alegre, menosprecia la muerte, abre la puerta a la pobreza, tiene frenadas las delicias, medita el efecto del dolor? Quien se ejercita en estos sentimientos, posee una gran joya, pero no muy dócil. En posesión de esta joya te deseo, la cual no te faltará nunca, una vez que hayas encontrado de donde brota. Las minas de los metales pobres son contadas; los metales más ricos son aquellos cuya calidad se esconde en lo profundo, pero recompensa más largamente a los que la escavan con constancia. Estas cosas en que se encanta el vulgo dan un placer disoluble y superficial, todo deleite que viene de fuera está faltado de fundamento; este, en cambio, del que yo te hablo y al cual me esfuerzo a llevarte, es consistente y tiene en el fondo sus satisfacciones más llenas. Yo te ruego, carísimo Lucilio, de que cumplas aquella única cosa que puede hacerte feliz; tira y pisa todo aquello que brilla por fuera, todo aquello que te es prometido por otro, o que de otro te ha de venir. Aspira ak bien verdadero y disfruta de lo tuyo. ¿Qué quiero decir con este “de lo tuyo”? De ti mismo y de tu parte mejor. El mismo cuerpo maltrecho, bien que sin él no se pueda hacer nada, tenlo por necesario más que por importante.; el sugiere delicias breves, seguidas de arrepentimiento y que, además de temperarlas con una gran moderación, es vuelven dolorosas, Ciertamente: el placer es una pendiente que resbala hacia el dolor, si no se guarda medida. Y es difícil de tenerla, en cuanto que se tiene por cosa buena, y el deseo de lo bueno es libre de todo riesgo. ¿Preguntas cual es este bien verdadero y de donde deriva? Te lo diré; de la buena conciencia, de las intenciones correctas, de las buenas acciones, del menosprecio de las cosas azarosas, de la manera de ser plácida y constante de la vida que pisa siempre el mismo camino. Pues aquellos que saltan de unos propósitos a otros, y ni tan solo saltan, antes por cualquier azar son empujados, ¿cómo podrían, flotantes y equivocados que son, tener nada seguro ni duradero? Son pocos los que ordenan con reflexión su vida y sus ocupaciones; los otros, a razón de los objetos flotantes en un río, no van, son llevados (Esta frase proviene de Horacio Odas,III, 29, 33 seg.); unos son sostenidos y mantenidos por una ola suave, otros son arrastrados por una (ola) más furiosa, otros, una (ola) próxima a la ribera los deja con curso fangoso, otros una corriente impetuosa los lanza al mar. Por eso nos hace falta determinar lo que queremos y perseverar. Es hora de desendeudarme con el dinero de otro. Pues puedo transmitir una sentencia de Epicuro y franquear con él esta carta: <<Es cosa molesta el comenzar siempre la vida>> O, si de esta manera se expresa mejor el sentido:<<Mal viven los que siempre comienza a vivir>> ¿Por qué?, dices., porque esta sentencia pide una explicación. Porque la vida es siempre inacabada. Y no puede estar preparado para la muerte quien comienza a vivir. Hace falta obrar de manera que siempre se haya vivido bastante: no se lo cree así el que inaugura la vida. No te creas que estos sean pocos; son casi todos. Algunos comienzan cuando es hora de acabar. Si te sorprende, más te sorprenderá esto que te diré: algunos han acabado de vivir antes de comenzar.