Cautela contra cautela (Versión para imprimir)

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Personas
Pág. 001 de 107
Cautela contra cautela


Cautela contra cautela

Tirso de Molina

 


El REY DE NÁPOLES.
ENRIQUE DE AVALOS.
CÉSAR.
PORCIA.


ELENA.
LUDOVICO.
El PRÍNCIPE DE TARANTO.
El PRÍNCIPE DE SALERNO.


CHIRIMÍA, lacayo de Enrique.
JULIO.
ISABEL, criada.
CELIO, escudero.


Un CAPITÁN.
PRETENDIENTES.
Criados.


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Escena I
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


La escena es en Nápoles.
Calle en que están las casas de ELENA y de PORCIA.
Es de noche.
CHIRIMÍA, y luego ENRIQUE y JULIO.


CHIRIMÍA

Ya el cielo como un pavón
las ruedas ostenta bellas
con las lúcidas estrellas,
que sus ojos argos son.
Ya el cielo está como un huevo  . . .   . . .  . . .  5
estrellado el mundo está:
salga Vuexcelencia ya,
que nadie le mira.
 
(Salen ENRIQUE y JULIO.)

ENRIQUE

Debo
recatarme, cosa es clara,
cuando en Nápoles estoy   . . .   . . .  . . .  10
Enrique de Avalos soy,
Marqués de Basto y Pescara.
Don Alfonso de Aragón
Rey de Nápoles, confía
de la diligencia mía,   . . .   . . .  . . .  15
con una inmensa afición,
este reino: gran privado,
Ministro, por tales modos
he de dar ejemplo a todos.
¿Qué mucho que recatado   . . .   . . .  . . .  20
salga yo por la ciudad
de noche a barrios señores,
si aunque son todos amores,
mostrarlos es liviandad?


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Escena I
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


CHIRIMÍA

Desculpado estás conmigo.   . . .   . . .  . . .  25
Tu criado soy, y rondo
en público, no me escondo.


JULIO

¿No fuera bien que un amigo
de los dos que quieres tanto
te acompañara?


CHIRIMÍA

Ellos son   . . .   . . .  . . .  30
amigos con intención:
úsanse ya, no me espanto.


ENRIQUE

Don César y Ludovico
en mi amistad se declaran,
y los dos me acompañaran;   . . .   . . .  . . .  35
mas mi amor no les explico


CHIRIMÍA

Si tú privado no fueras,
fueras amigo precioso;
que no sabe el poderoso
cuál es su amigo de veras;   . . .   . . .  . . .  40
qué amistad hay verdadera.
Mas destos que te han seguido
Como Sombra, ¿cuál ha sido
más leal?


ENRIQUE

Si eso supiera,
fuera soberana luz,   . . .   . . .  . . .  45
y en mucho más lo estimara
que ser Marqués de Pescara,
ni ser privado de cruz.
Yo pienso que ambos lo son
muy de veras.


JULIO

Certifico   . . .   . . .  . . .  50
que pienso que Ludovico
ha hecho demostración
de amigo más verdadero:
lenguas se hace en alabarte.


CHIRIMÍA

¡Qué poco sabes del arte   . . .   . . .  . . .  55
de un amigo lisonjero!
Si deso te satisfaces,
en él la amistad se acaba:
siempre Ludovico alaba
lo que dices, lo que haces,   . . .   . . .  . . .  60
lo que comes, lo que bebes,
lo que calzas, lo que vistes,
lo que ríes; y son chistes,
motes y sentencias breves
cuanto arrojas por los labios,   . . .   . . .  . . .  65
aunque necedades sean.
Y amigos que lisonjean,
ni son amigos, ni sabios.
Mira, y con ojos serenos
a César siempre verás:   . . .   . . .  . . .  70
sin duda te quiere más,
pues es quien te alaba menos.


   



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Escena II
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


CÉSAR, LUDOVICO, dichos.

CÉSAR

¡Don Enrique, mi señor,
solo, y a la sombra muda
de aquesta noche!¿Quién duda   . . .   . . .  . . .  75
que son milagros de amor?


CHIRIMÍA

No va solo, pues que vamos
dos con él.


CÉSAR

¡Oh Chirimía!


CHIRIMÍA

Ésta tu amor me debía;
págame y en paz estamos.   . . .   . . .  . . .  80


ENRIQUE

Amigos, amor ha sido
la causa que ansí me lleva,
tan peregrina y tan nueva,
que nunca la habréis oído
en fábulas ni en historias.   . . .   . . .  . . .  85


CÉSAR

¿Amas alguna pintura
o estatua?


ENRIQUE

Desa locura
ya en las humanas memorias
hay noticia: amor, que es dios,
ostenta así su deidad.   . . .   . . .  . . .  90


LUDOVICO

¿En qué está la novedad?



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Escena II
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

¿No es bien nuevo amar a dos?


CHIRIMÍA

No, señor, ni amar a mil,
porque tú tienes criado
que en un mismo tiempo ha amado   . . .   . . .  . . .  95
un salchichón, un pernil
y una bota de hipocrás,
dos de Candia, cuatro griegas,
treinta fregonas gallegas
y trescientas cosas más:   . . .   . . .  . . .  100
que es socorro y estribillo
de poetas de repente.


ENRIQUE

Calla, loco, impertinente.


CHIRIMÍA

Si pudiere conseguillo,
dame, señor, por callado.   . . .   . . .  . . .  105


ENRIQUE

Digo, pues, que divertido
en dos partes he tenido
este amoroso cuidado.
Porcia pobre, y rica Elena,
me dan tan igual la gloria,   . . .   . . .  . . .  110
que suspenden la memoria
y hacen dudosa la pena.
En Elena y Porcia unida,
Amor con gloriosa palma
tiene en dos cuerpos un alma,   . . .   . . .  . . .  115
en dos almas una vida,
en dos vidas una suerte,
una beldad en dos mayos,
un resplandor en dos rayos,
en dos rayos una muerte.   . . .   . . .  . . .  120
Siento entre Porcia y Elena
dividida la memoria;
con el favor una gloria,
con el desdén una pena.
Cada cual en mi deseo   . . .   . . .  . . .  125
imprime luz rigurosa,
y aunque hermosa, más hermosa
pienso que es la que antes veo;
de modo que indiferente
en pasión tan inhumana,   . . .   . . .  . . .  130
tengo por más soberana
aquella que está presente;
y como el amor es dios,
prueba a hacer con ese efeto
de las dos solo un sujeto,   . . .   . . .  . . .  135
o dividirme a mí en dos.
Mas como poder ni halle
para hacer uno de tres,
forma un caos que no sé qué es,
ni qué nombre pueda dalle.



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Escena II
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


LUDOVICO

¡Divinamente ha pintado
sus afectos Vuexcelencia!
¡Qué discreción! ¡Qué elocuencia!


CHIRIMÍA

(Aparte.)
 
¡Qué bellacón! ¡Ah taimado!


CÉSAR

Antes, si me da licencia   . . .   . . .  . . .  145
en esto vuestro favor,
yo digo que no es amor
el que tiene Vuexcelencia.


LUDOVICO

¿Qué ha de ser?


CÉSAR

Inclinación
a dos mujeres tan bellas,   . . .   . . .  . . .  150
nacida de las estrellas,
o de la propia elección.
Halló méritos iguales
en discreción y beldad,
y incitó la voluntad   . . .   . . .  . . .  155
los afectos naturales,
con que se sintió agradado
de ambas con indiferencia:
y con esto Vuexcelencia
no es amante, es inclinado.   . . .   . . .  . . .  160


LUDOVICO

(Aparte, a CÉSAR.)
 
¿Como puede errar un punto
entendimiento tan grave,
el Marqués siendo quien sabe
más que todos en conjunto?
Con él, ingenio pelea   . . .   . . .  . . .  165
mucho; más filosofía
que Aristóteles sabía
sabe él, y lo que desea.
Errar no puede el Marqués:
Amor llamó a su cuidado,   . . .   . . .  . . .  170
y pues amor le ha llamado,
no es otra cosa, amor es.


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Escena II
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


CHIRIMÍA

(Aparte.)

Acabóse, errar no puede.
un ángel tengo por amo.


ENRIQUE

Si bien o si mal le llamo,   . . .   . . .  . . .  175
para otro lugar se quede.
Bien sé que habrá de parar
este afecto indiferente
en una, y que solamente
un sujeto habré de amar;   . . .   . . .  . . .  180
que amor es correspondencia:
a las dos tengo de hablar,
y las halléis de escuchar
con atenta diligencia,
para ver si conocéis   . . .   . . .  . . .  185
cuál tiene amor verdadero:
y en estas dudas espero
que desengaños me deis.
Ya a los balcones de Elena
llegamos, y ella me aguarda.   . . .   . . .  . . .  190


LUDOVICO

¡Qué discreta, qué gallarda
saldrá a escuchar la sirena
de tu lengua! Si es servido
Vuexcelencia, los criados
pueden quedar retirados:   . . .   . . .  . . .  195
haremos menos ruido.


ENRIQUE

Idos, pues.


CHIRIMÍA

Si ésta, que saca
mi valor, no va a tu lado,
te falta...


ENRIQUE

¿Qué habrá faltado?


CHIRIMÍA

Una espada muy bellaca.   . . .   . . .  . . .  200

(Vanse los Criados.)

CÉSAR

(Aparte.)
 
Porcia ilustre, a quien desea
en vano el alma dichosa;
Porcia, como necia, hermosa,
Porcia sabia como fea,
salid, salid de mi pecho.   . . .   . . .  . . .  205
El Marqués del Basto os ama:
no caben amigo y dama
en corazón tan estrecho.
No se declare mi amor,
ya que hasta aquí, por mi bien,   . . .   . . .  . . .  210
ni me ha turbado el desdén,
ni me ha alentado el favor.


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Escena III
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ELENA, a la ventana.
ENRIQUE, CÉSAR, LUDOVICO.

ENRIQUE

¿Es Elena?


ELENA

¿Es el Marqués?


ENRIQUE

No soy, que el ser que he tenido,
soplo de tu boca ha sido,   . . .   . . .  . . .  215
sombra de tus rayos es.


ELENA

Luego si en ausencia mía
muerto, como dices, eres,
tu misma vida no quieres,
pues no me ves cada día.   . . .   . . .  . . .  220


LUDOVICO

Divinamente arguyó.


ENRIQUE

Dijeras bien desa suerte,
si el ver, o el dejar de verte,
consistiera en mí, pues yo
con alma atenta y unida   . . .   . . .  . . .  225
a tu presencia dichosa,
ver no quisiera otra cosa,
por tener eterna vida.
Pero la merced del Rey
a ser mi desdicha viene,   . . .   . . .  . . .  230
pues sin duda me detiene
por obligación y ley.


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Escena III
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ELENA

Tú, divertido y llevado
desa causa superior,
no dejarás al amor   . . .   . . .  . . .  235
un átomo de cuidado,
porque es dulzura el privar
que a todo deleite pasa;
pero yo, sola en mi casa,
¿qué he de hacer sino llorar?   . . .   . . .  . . .  240


ENRIQUE

(Aparte con él.)
 
¿Qué sientes desta razón,
Ludovico?


LUDOVICO

Que es felice,
que ama de veras, y dice
afectos del corazón.


ELENA

Enrique, amor verifica   . . .   . . .  . . .  245
su fuerza, en mí poderosa,
tanto, que estoy envidiosa
del Rey, porque comunica
siempre tu ingenio; y entiendo
que este desearte ver   . . .   . . .  . . .  250
es afición de saber,
pues sólo oyéndote aprendo.
Pero examen no requiere,
sea amor o interés sea:
siempre el alma te desea,   . . .   . . .  . . .  255
séase lo que se fuere.


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Escena III
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

(Aparte, a CÉSAR.)
 
¿Qué sientes desto también?


CÉSAR

Siento que no tiene amor.


ENRIQUE

¿En qué fundas ese error?


CÉSAR

En que lo dice muy bien.   . . .   . . .  . . .  260
Más tiene de vizcaíno
el amor que de elocuente.


LUDOVICO

Amor infunde en la gente
un espíritu divino.


ENRIQUE

(A ELENA.)
 
A tanto encarecimiento,   . . .   . . .  . . .  265
más que amante agradecido
vendré a ser desvanecido:
que humano agradecimiento
no es capaz de tal favor,
mi Porcia, digo, mi Elena.   . . .   . . .  . . .  270


ELENA

¡Otro cuidado, otra pena
mostrastes en ese error!
Marqués, en los hombres sabios
tal error verdad contiene,
porque el corazón se viene   . . .   . . .  . . .  275
muchas veces a los labios.
¿En vuestra boca otro nombre?
¡En vuestro pecho otro amor!
La memoria hizo ese error;
pero ¿qué mucho? Sois hombre.   . . .   . . .  . . .  280
Idos, Marqués, norabuena:
vuestra misma lengua os llama;
no usurpéis a vuestra dama
las horas que dais a Elena.
Escuchad mis voces, cielos,   . . .   . . .  . . .  285
romped el aire deshechas:
verdades son, no sospechas:
injurias son, no son celos.


ENRIQUE

Oídme.


ELENA

No quiero oír.


ENRIQUE

¿Por qué, con tal sinrazón,   . . .   . . .  . . .  290
no quieres satisfacción?


ELENA

Porque me voy a dormir.
 (Quítase de la ventana.)


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Escena IV
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE, CÉSAR, LUDOVICO.

ENRIQUE

Oyeme, aguarda, no quieras
mi muerte, hermosa mujer.
¿Echaste, César, de ver   . . .   . . .  . . .  295
que quiere Elena de veras?


CÉSAR

Que lo finge he de juzgar.


ENRIQUE

La razón y causa espero.


CÉSAR

Porque el amor verdadero
jamás se supo quejar.   . . .   . . .  . . .  300
Celos te quiso ostentar,
porque muestras de amor son,
y a tan ligera ocasión
cogió el copete.


LUDOVICO

Si amar
es aquello, nadie amó   . . .   . . .  . . .  305
más. ¡Con qué linda advertencia,
por picalla Vuexcelencia,
con Porcia se equivocó!


ENRIQUE

No fue cuidado, fue error
de la lengua y la memoria.   . . .   . . .  . . .  310


LUDOVICO

Prosigamos en la historia,
apuremos este amor:
vamos cas de Porcia.


ENRIQUE

Allí
lo mismo que aquí he de hacer:
cuidado tiene de ser   . . .   . . .  . . .  315
lo que fue descuido aquí.
Por ver si lo lleva mal,
su nombre he de errar también.


CÉSAR

Vuexcelencia mire bien,
que demás de ser trivial   . . .   . . .  . . .  320
y común de esa razón,
confundiéndole los nombres,
su amor revela; y los hombres
que amantes próvidos son,
deben guardar más secreto.   . . .   . . .  . . .  325


ENRIQUE

Habiendo Porcias y Elenas
más que lirios y azucenas
en márgenes del Sebeto,
ningún secreto recelo.
Pienso que Porcia me espera.   . . .   . . .  . . .  330
En tocando en esta esfera,
saldrán rayos de su cielo.
 
(Hace ENRIQUE la seña,
y sale PORCIA a la ventana.)


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Escena V
Pág. 012 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


PORCIA, ENRIQUE, CÉSAR, LUDOVICO.

PORCIA

¿Quién llama?


LUDOVICO

Puntual ha sido.


CÉSAR

Debe de tener amor.


LUDOVICO

Que es pobre, dirás mejor, y 335
querrá un rico marido.


ENRIQUE

¡Porcia pregunta quién llama!
¿Quién puede llamar al sol,
sino un dichoso español
que tesoros de luz ama? 340
¿Quien al balcón del Oriente
pudo llamar al Aurora
sino un dichoso que adora
los jazmines desa frente,
las rosas desas mejillas, 345
la púrpura desos labios?


PORCIA

No me hagáis tales agravios:
en palabras más sencillas
se explica amor verdadero;
bien mi desengaño alcanza 350
que no tengo otra alabanza,
sino que por veros muero.
Alabadme de constante,
y no me alabéis de hermosa,
que es lisonja sospechosa. 355


ENRIQUE

Todo lo tiene el diamante.
Por ambas cosas se estima.


PORCIA

¿Cómo estáis, mi señor?


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Escena V
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Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

Bueno,
y de inmensas glorias lleno
después que esa voz me anima. 360


CÉSAR

(Aparte, a LUDOVICO.)
 
Aquella pregunta fue
muestra de amor poderosa.


LUDOVICO

Pienso que es falta de prosa.


CÉSAR

Pienso que es sobra de fe.


PORCIA

La prolijidad del día 365
siempre me está fatigando,
porque vivo deseando
somoras de la noche fría,
y en perpetua esclavitud
tengo el vivir indeciso. 370
Y aunque siempre tengo aviso,
Marqués, de vuestra salud,
como es salud que me toca,
hasta veros, no me quieto,
y a quien ama, es bien perfeto 375
saberlo de vuestra boca.


ENRIQUE

(Aparte, con LUDOVICO.)
 
¿Qué te parece?


LUDOVICO

Señor,
diré lo que el alma siente:
habla muy caseramente.
Pienso que es tibio su amor. 380


PORCIA

Marqués, los muchos negocios
siento que podrán cansarnos.
¡Oh, si yo pudiera daros...!
Mi soledad y mis ocios
y mi amor daros quisiera: 385
vos con él, yo sin los dos,
tuvierais descanso vos,
y yo dichosa viviera.
Mas en sus efectos obra
amor, y los agradezco: 390
que para lo que merezco,
cualquiera amor vuestro sobra.


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Escena V
Pág. 014 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

(Aparte, a CÉSAR.)
 
¿Qué dices?


CÉSAR

Que ama de veras.


LUDOVICO

(Aparte, a los dos.)
 
Más quisiera alguna joya.


ENRIQUE

(Aparte, a los dos.)
 
Esperad, que aquí fue Troya. 395

(A ella.)

Si con tanto gusto esperas
la noche, quien solo vive
este rato, este momento,
inmenso será el contento
que con tus glorias recibe. 400
Más hermosura verá
quien ve el sol y las estrellas,
pues tu hermosa luz entre ellas,
bella Casandra, saldrá.
Porcia, digo, Porcia mía. 405


PORCIA

Con razón la llamáis vuestra;
que mas átomos no muestra el sol,
que es padre del día,
que Porcia, ausente de vos,
da suspiros con cuidado. 410


ENRIQUE

(Aparte.)
 
En ello no ha reparado,
o no lo siente, por Dios.

(Alto.)

Mi Casandra, esos suspiros
vanos son, que el alma os doy.


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Escena V
Pág. 015 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


PORCIA

Ya que Casandra no soy, 415
podré, mi Enrique, deciros
que ninguna más que yo
sabrá amaros con desvelos.


ENRIQUE

¿Eso me decís sin celos?


PORCIA

¿Qué honesto amor sospechó 420
que errar el nombre es amar
en otra parte?


ENRIQUE

Es ansí.


PORCIA

Amaros me toca a mí;
no me toca averiguar
si soy amada de vos; 425
porque el hombre agradecido,
amando, ha correspondido,
a semejanza de Dios,
con amor puro y honesto.
Sentirnos mi padre puede: 430
la conversación se quede
para otras noches en esto.


ENRIQUE

¿Sin celos, tenéis recelos?


PORCIA

Adiós, Marqués y señor.

(Aparte.)

Disimulemos, amor. 435
Muriéndome voy de celos.

(Vase.)


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Escena VI
Pág. 016 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE, CÉSAR, LUDOVICO.
  

ENRIQUE

Fuese con lindo semblante.


CÉSAR

El irse fue rendimiento,
la blandura sentimiento.


LUDOVICO

No se quejó; no es amante. 440


ENRIQUE

¿He de decir la verdad?
El amor de Elena creo;
que en Porcia efectos no veo
nacidos de voluntad.
Mi dueño Elena ha de ser, 445
y aunque más el alma inclino
a Porcia, que es sol divino,
la elección ha de vencer.


LUDOVICO

Gente viene, y no es decencia
que conozcan al Marqués. 450


ENRIQUE

Sí, mas sepamos quién es.


CÉSAR

Váyase, pues, Vuexcelencia
a palacio, que es ya tarde,
y quedémonos los dos.


ENRIQUE

Bien dices, César, adiós. 455

(Vase.)


LUDOVICO

A Vuexcelencia nos guarde
Él mismo.


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Escena VII
Pág. 017 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


JULIO y CHIRIMÍA, embozados,
CÉSAR, LUDOVICO.

CHIRIMÍA

(Aparte, a JULIO.)
 
El Marqués se fue:
fíngete, Julio, valiente.


LUDOVICO

¿Qué gente? ¿Quién va? ¿Qué gente?


CHIRIMÍA

Dos hombres son: ¿no nos ve? 460


CÉSAR

Queremos reconocellos,
ya vemos que son dos hombres,
dígannos luego los nombres.


CHIRIMÍA

Dígannos los suyos ellos,
y no pasen adelante, 465
que esta calle está ocupada.


CÉSAR

Harán lugar a esta espada.


CHIRIMÍA

Si quisiere este montante,
Julio, pues te toca aquél,
mátale con osadía, 470
mientras mata Chirimía
éste que le toca a él.


LUDOVICO

Chirimía y Julio son.


CHIRIMÍA

Y con mucha honra.


CÉSAR

¿Qué hacéis?


CHIRIMÍA

Defender que no paséis, 475
porque están en posesión
desta calle tres supremos
señores, a quien guardamos.


CÉSAR

¿No nos conocéis?


CHIRIMÍA

Estamos
muy coléricos, no vemos. 480


LUDOVICO

¿A César y a Ludovico
no conoces, Chirimía?


CHIRIMÍA

Hablara para otro día.
Vive Dios, que es un borrico.
Si no hablan...


LUDOVICO

Loco estás. 485
Si no hablan... ¿Qué sería?


CHIRIMÍA

A manos de Chirimía
muertos por siempre jamás.

(Vanse.)


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Escena VIII
Pág. 018 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


Salón de Palacio.

(El REY y dos Pretendientes con memoriales;
después, ENRIQUE.)


PRETENDIENTE 1.º

Suplico a su Majestad
que mire aqueste papel. 490


PRETENDIENTE 2.º

Y este memorial, señor.


REY

Bien está, yo le veré.
Despejad.
 
(Vanse los dos Pretendientes, y sale ENRIQUE.)

ENRIQUE

Dame tu mano.


REY

¿Qué es esto, amigo Marqués?
¡Diez horas estáis sin verme! 495


ENRIQUE

Mil son para mí, no diez.


REY

Entre el amor y amistad
una diferencia hallé:
que el amor puede ser malo,
no la amistad.


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Escena VIII
Pág. 019 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

Así es. 500


REY

Pues si el amor no consiente
breve ausencia sin temer;
la amistad, que es una especie
más pura de amor, ¿por qué
ha de permitir ausencias? 505


ENRIQUE

Esos nombres no le des,
señor, a mi esclavitud,
obligada a la merced
que por quien eres me haces;
que la amistad ha de ser 510
entre iguales; y si amor
iguala y junta tal vez
dos extremos, dos distancias,
tiene valor y poder
del cielo como la muerte; 515
y en este caso no fue
amistad, sino amor.


REY

Luego
cuando las almas, en quien
hay oculta simpatía,
se miran corresponder 520
con amor, ¿no son iguales?
Falso es, Enrique; que un Rey
en la sangre que le ofrece,
puede distar y tener
diferencia con los hombres; 525
mas los ánimos, ¿no ves
que influyéndolos los astros,
pueden ser iguales? Bien
esta doctrina se muestra
en nuestro ejemplo, porque es 530
amistad la nuestra, Enrique.


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Escena VIII
Pág. 020 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

Beso mil veces tus pies.


REY

Ve leyendo memoriales,
y tu cuerdo parecer
los consulte y los resuelva. 535


ENRIQUE

(Leyendo.)
 
«Fabio Rufo, coronel,
a tu Majestad suplica
que algún castillo le des,
donde puedan descansar
sus servicios y vejez.» 540
El Coronel lo merece.


REY

Doyle el de Taranto, pues


ENRIQUE

(Lee.)
 
Éste dice ansí:
«Señor,
otro aviso te dio ayer
el que este escribe a tu Alteza. 545
Mira, Alfonso Aragonés,
que se conjuran, y tratan
de quitarte el reino, tres
príncipes vasallos tuyos:
y el que escribe este papel 550
no osa declararte más.»


REY

Ya me han dado dos o tres
memoriales deste aviso;
pero como yo no sé
quién son estos conjurados, 555
no hallo modo de entender
la verdad deste suceso.


ENRIQUE

¡Grave caso!


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Escena VIII
Pág. 021 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


REY

Pienso en él
y dudo por dos razones:
la primera, porque aquel 560
que estos papeles escribe
no me ha procurado ver,
ni su nombre firma en ellos:
la segunda, porque un Rey,
que al peso de su justicia 565
nunca le ha torcido el fiel,
que gobierna el reino en paz,
dando igualdad a la ley
con todos, ¿por qué razón
aborrecido ha de ser 570
de sus vasallos y amigos?


ENRIQUE

Yo, señor, responderé.
Si el nombre no declaró
quien te avisa, puede ser
que no se atreva, o que sea 575
de los conjurados él,
por amistad o violencia;
y así para no romper
la ley de su juramento
ni ser un vasallo infiel, 580
desta manera te avisa.
Ni es de importancia que estés
administrando justicia
y haciendo a todos merced,
para pensar que no puedas 585
tener en tu reino quien
se te atreva y se te oponga.
Si una nubecilla, que es
vapor de la misma tierra,
al sol se opone tal vez, 590
y nos oscurece un rato
sus rayos de rosicler,
aqueste famoso reino,
del mundo hermoso vergel,
quiere Rey napolitano, 595
y le tiene aragonés.
Heredástele, veniste
por armas a defender
tu justicia: no te espantes,
que le falta amor y fe.


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Escena VIII
Pág. 022 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


REY

La necesidad da fuerzas
al ingenio.


ENRIQUE

Parecer
es de Homero.


REY

En mí lo he visto.
Una cautela pensé
con que tú puedas sabello. 605
Yo me acuerdo que una vez
me dijiste que felice
sólo ha de llamarse aquel
que supiere cuatro cosas:
qué amigo le quiere bien, 610
qué dama le corresponde,
qué criado le es fiel:
qué enemigo le persigue.


ENRIQUE

Bien te acuerdas.


REY

Oye, pues.
Yo he de fingir que no estás 615
ya en mi gracia, y he de hacer
que piensen que te aborrezco,
y este enojo mostrará
de manera que enemigo
me juzguen tuyo, porque 620
viéndote pobre, agraviado,
luego se querrán valer
de tu generoso pecho
contra mí, como de quien
mis secretos sabe, y tiene 625
ánimo para emprender
grandes cosas: y si acaso
los que aborrecen mi bien
no te buscaren, podrás
llamándome a mí cruel, 630
riguroso, injusto, ingrato,
fingir que pretendes ser
cabeza de conjurados
contra mi reino, porque es
verosímil que conozcas 635
con mañoso proceder
los ánimos mal afectos.
Vendrásme de noche a ver:
seré tu amigo de noche;
y aunque siempre lo seré, 640
engañaremos de día
el humano parecer.
Con esta cautela, Enrique
(y en la política ley
es provechosa y es justa), 645
asegurarme podré
en este reino: sabrás
qué enemigo tengo, quién
se conjura contra mí,
quién mi favor y merced 650
merece, y quién mi castigo.
Yo también saber podré
quién te quiere mal: que es fuerza
si en mi desgracia te ven,
que te acusen y murmuren: 655
y tú tocarás también
con tus manos y experiencia
qué dama te quiere bien,
qué amigos te son leales,
y qué criado te es fiel, 660
pues la desdicha presente
toque y acción ha de ser
donde muestre la experiencia
los quilates de la fe,
del amor y la amistad.


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Escena VIII
Pág. 023 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

Ponga la fama el laurel
que dio al ingenio de Ulises
a tu frente y a tus pies.
Pero ¿cómo vivirá
quien ve el semblante de un Rey 670
enojado, aunque fingido?


REY

Enrique, ¿por qué teméis?
Enojos que finge amor,
no tienen rostro cruel:
antes pienso que este enojo 675
ejecutar no podré,
porque amor no ha de dejarme
fingiros aborrecer;
que amor disimula mal.


ENRIQUE

Alegre el cuello pondré 680
a tu enojo verdadero
por darte un breve placer,
cuanto y más por darte un reino.


REY

Y reino que de ambos es.
Hora es que venga la audiencia 685
y los títulos: Marqués,
ensayad vuestra tristeza,
porque me voy a aprender
palabras con vos airadas:
pienso que no las sabré. 690
(Vase.)


ENRIQUE

Ni la verdad las enseñe.
Corazón, no hay que temer:
ánimo, que no es de veras:
sed leal en esto, sed,
fingiendo agora tristeza, 695
agradecido a mi Rey.


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Escena IX
Pág. 024 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


CÉSAR, LUDOVICO. ENRIQUE.

ENRIQUE

¡Ah fortuna! Bien te pintan
con el rostro de mujer,
con un pie sobre una rueda,
y en el viento el otro pie. 700
Vistes alas, calzas plumas
todo es volar y correr;
tu palacio está en el aire,
y el supremo chapitel
cercan planetas que son 705
arcos errantes: tu ser
la misma mudanza ha sido;
lo que estable y firme fue,
no es tuyo; y son los trofeos
de tu casa de placer, 710
no testas de incultas fieras,
no garras de aves que ven
el imperio de los vientos,
sino cabezas que ayer
eran envidias del mundo, 715
y hoy dan lástima también.
¡Felice sólo aquel
que oye con proporción la voz del Rey:
ni cerca que le abrase, como suele,
ni lejos que le olvide, o que le yele! 720


CÉSAR

Señor, ¿qué tristeza es esta?
¿Qué causa hay porque esté
quejándose Vuexcelencia?


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Escena IX
Pág. 025 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

Vi un relámpago, que fue
señal de rayos y truenos: 725
he sentido estremecer
las columnas de mi dicha;
hizo señal de romper
sus yelos el mar del Norte,
divisan desde el bauprés 730
velas contrarias mis hados;
muévese el viento, y en él
tormentas me pronostican.
Enojado al Rey hallé;
amagos son de mi muerte, 735
desdichas de mi poder.
¡Felice sólo aquel
que oye con proporción la voz del Rey:
ni cerca que le abrase, como suele,
ni lejos que le olvide, o que le yele! 740


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Escena X
Pág. 026 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


El PRÍNCIPE DE TARANTO
y el de SALERNO.
Dichos; después, el REY.
  

TARANTO

¿Oíste, Príncipe?


SALERNO

Sí.


TARANTO

¿Has entendido?


SALERNO

Muy bien.


ENRIQUE

¡Ay de mí, que siento pasos
de mi desdicha! El Rey es.
 
(Sale el REY.)

REY

Príncipes, yo os agradezco 745
que a palacio vengáis hoy,
cuando justiciero soy,
cuando al mismo sol parezco:
sombras y luces ofrezco
para amigos y enemigos: 750
justicia soy, sed testigos
que en mi pecho recto alcanza
mercedes una balanza,
y otra balanza castigos.
Si el gran Trajano mostró 755
su rectitud en el hijo,
yo por su ejemplo me rijo,
y en el que más me agradó,
mi rigor ostento yo,
y mi justicia distinta 760
borra su imagen sucinta,
como pintor avisado,
que no quiere, al ver que ha errado
que le afrente lo que pinta.
Enrique ha sido la basa 765
de mi amor; servir no supo,
y así en mi gracia no cupo:
salga della y de mi casa;
que haciendo justicia, pasa
un Rey de mortal a eterno. 770
Sed, Príncipe de Salerno,
Canciller de aquí adelante,
y vos, Príncipe, almirante.


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Escena X
Pág. 027 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


TARANTO

Quite el nombre tu gobierno
al de Trajano y de Numa, 775
pues que los dejas atrás.


SALERNO

Con esto materia das
a la lengua y a la pluma.


REY

El que es ingrato, a la espuma
de las aguas se compara: 780
vos sois Marqués de Pescara

(A LUDOVICO.)

César es marqués del Basto.


LUDOVICO

Dé el cielo, pues yo no basto,
gracias a merced tan clara.


REY

Lengua a su Rey atrevida 785
verificado nos deja
el cuento de la corneja,
de ajenas plumas vestida.
Cada cual la suya pida;
que ajenas plumas parecen 790
las que al dueño desvanecen:
ni te alabes, ni presumas;
vuelve, corneja, las plumas
a aquellos que las merecen.


ENRIQUE

Tus pies beso, porque has sido 795
con los cuatro liberal:
solamente llevo mal
que des nombre de atrevido
a quien con tu luz ha sido
un átomo o girasol. 800
¡Ingrato fue un español!
¿Cuándo un átomo que mueve
el sol hermoso se atreve
contra los rayos del sol?
¿Cuándo arroyo, que al mar frío 805
corre con tantos temores
que tropieza entre las flores,
se atreve al poder de un río?
¿Cuándo ruiseñor sombrío,
que ama y canta sin sosiego, 810
se atrevió obstinado y ciego
contra el águila suprema,
que las alas pardas quema
en las regiones del fuego?
¿Yo te he ofendido jamás? 815
Dime, gran señor, en qué.


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Escena X
Pág. 028 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


REY

En secreto lo diré.
Llégate, llégate más.


(Aparte los dos.)

ENRIQUE

Pienso que enojado estás
de veras: ¿esto es fingir? 820


REY

Marqués, ¿qué puedo decir
sino que quiero aprender
semblante de una mujer
para acertar a mentir?
No temáis, Enrique, vos; 825
que si Dios el Rey se llama,
claro está que el Rey os ama
y amigos somos los dos,
porque a sus amigos Dios
da trabajos y cuidados; 830
mas son trabajos dorados:
sois mi amigo, a Dios imito,
y si los bienes os quito,
yo os los volveré doblados.


ENRIQUE

Los tesoros más supremos 835
son tu gracia y tu favor.


REY

Mi reino es vuestro.


ENRIQUE

Señor,
no merezco esos extremos.


REY

Enrique, disimulemos.

(Hablan los dos alto.)


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Escena X
Pág. 029 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


ENRIQUE

¿De disculpas no te agradas? 840


REY

Ni ruegues ni me persuadas.
Vuelve a ser lo que antes eras
y a tus materias primeras
vuelve las cosas pasadas.
Cuatro títulos di yo, 845
que el honor de Enrique fueron,
los tres las gracias me dieron
y sólo César calló.


CÉSAR

Al oír que te ofendió
el hombre a quien quise tanto, 850
admiréme, y con espanto
se pasmó mi corazón,
y sólo la turbación
pudo detener el llanto.
Dos dudas luchan en mí: 855
hallo, viendo su lealtad.
que su culpa no es verdad;
vuelvo los ojos a ti,
hállote recto, y ansí
fuerza es que culpado sea: 860
pero como a Enrique vea,
luego de su parte soy:
y en tales dudas estoy,
que no sé lo que me crea.


REY

Título del Basto os den. 865


CÉSAR

Yo no lo acepto, señor,
porque si Enrique es traidor,
quiero yo pagar también
haberle querido bien:
y si acaso no es culpado, 870
y tú estás mal informado,
tampoco lo he de aceptar,
porque le quiero imitar
en ser bueno y desdichado.


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Escena X
Pág. 030 de 107
Cautela contra cautela Acto I Tirso de Molina


REY

(Aparte, a ENRIQUE.)
No os quité vuestra riqueza, 875
si os he dejado a este amigo.


ENRIQUE

(Aparte, al REY.)
Una sombra soy que sigo
los rayos de tu grandeza.


CÉSAR

Aquí la fortuna empieza
sus tragedias.


REY

(Aparte, a ENRIQUE.)
No hay rigor 880
que disimule un amor.


TARANTO

Cayó un soberbio.


SALERNO

Era ley.


ENRIQUE

(Aparte.)
 
Fiero enojo es el de un Rey.
Aun fingido da temor.


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Escena I
Pág. 031 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


Sala de una casa pobre
a que se ha retirado ENRIQUE.
 
ENRIQUE, CHIRIMÍA, JULIO.
  

ENRIQUE

A esta pobre casa, amigos,
se redujo mi grandeza:
temblando está mi cabeza
de mis fuertes enemigos,
no de mis culpas, y ansí 5
pienso que a los mismos hoy
da lástima lo que soy,
como envidia lo que fui.
El agua que inunda el orbe,
del piélago se desata, 10
y en golfos de nieve y plata
tantas máquinas se sorbe:
baña con curso ligero
montes y valles sombríos;
y al fin, al fin hecha ríos, 15
vuelve a su centro primero.
Los hombres son desta suerte:
de polvo y de nada nacen,
y así su pompa deshacen
en la desdicha y la muerte. 20
Los criados que tenía,
y mi casa han ilustrado,
como sombra me han dejado,
al caer la luz del día.
Por no poder sustentar 25
algunos, los despedí,
y otros me dejan a mí,
viendo que no han de medrar.
A los dos se ha reducido
mi familia y aparato.


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Escena I
Pág. 032 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


JULIO

Pues yo, señor, aunque ingrato
no soy al bien recebido;
como el hombre siempre aspira
a su bien y conveniencia,
te vengo a pedir licencia. 35


ENRIQUE

Nada me espanta y admira,
después de mi adversa suerte;
pero tú eres, Julio, a quien
hice en mi vida más bien.


JULIO

La pobreza es civil muerte, 40
el Conde ocupa tu puesto:
pues sabes que te soy fiel,
suplícote que con él
me acomodes, porque en esto
sabes, mi señor, que acierto. 45


ENRIQUE

Bien está: lo que deseas,
Julio, haré porque me veas
hacer bien después de muerto.
¿Y quién duda que también
licencia me pedirás 50
para decir que jamás
de mí recibiste bien?


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Escena I
Pág. 033 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


CHIRIMÍA

Razón, mi señor, tendrías:
si reparas en los nombres,
notarás que no son hombres 55
ingratos los Chirimías.
Yo nací de buena gente:
deciendo por línea reta
de un bajón y una corneta
y un soplador excelente. 60
Porque acompañar solía
a escribanos y alguaciles,
Neblís de garras sutiles,
me llamo Chirimía.
Pero aquesto, en conclusión, 65
me da grande pesadumbre:
polvo, ni caldo, ni lumbre,
soplé, por no ser soplón.
Y con pocos intereses
te sirvo, dilo tú mismo, 70
diez años ha, que en guarismo
montan ciento veinte meses;
pero en cuenta castellana,
tomando papel y pluma,
lo que te he servido suma 75
quinientas y diez semanas;
y si la cuenta confías
de un zángano entremetido,
te dirá que te he servido
tres mil y seiscientos días. 80
Y si todo aquesto ignoras,
te sacará desta duda
la aritmética menuda:
son ochenta y seis mil horas.
Servirte siempre imagino 85
como lo he hecho hasta aquí:
soy español, y comí
tu pan, y bebí tu vino.
Hoy también servirte quiero,
vivas gordo, o mueras flaco, 90
y no como este bellaco
ingratonazo y grosero,
Asado estés en dos hornos,
no tengas honra ni fama:
hombre que Julio se llama, 95
¿qué ha de hacer sino bochornos?


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Escena II
Pág. 034 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


Un CRIADO, ENRIQUE, CHIRIMÍA, JULIO.

CRIADO

Señor Don Enrique, aparte
oiga una palabra.


ENRIQUE

Di.


CRIADO

Señor Don Enrique, aquí
vendrán esta noche a hablarte 100
dos príncipes, y el secreto
es de importancia.


ENRIQUE

Esperando
estaré con gusto.


CRIADO

Cuando
esté en silencio perfeto
la noche, con vigilancia 105
han de venir recatados.
Haz recoger los criados.


ENRIQUE

En buen hora: de importancia
es la cautela.
 
(Vase el CRIADO.)


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Escena III
Pág. 035 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE, CHIRIMÍA, JULIO.

ENRIQUE

(Aparte.)
 
Ya empieza
a obrar mi falsa caída. 110
¡Cielos, amparad la vida,
el Estado y la grandeza
de Alfonso, mi buen señor!


CHIRIMÍA

Ludovico viene.


ENRIQUE

Venga,
porque su amistad detenga 115
a mi desdicha el rigor.


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Escena IV
Pág. 036 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


LUDOVICO, dichos.


ENRIQUE

(A LUDOVICO.)
 
Quién en mis males mostrara
pecho magnánimo y rico,
sino el Conde Ludovico,
nuevo Marqués de Pescara? 120
¿Quién pudiera ser primero
en levantar un caído,
sino aquel que sólo ha sido
el amigo verdadero?
Para que llorar no pueda, 125
me honra el cielo deste modo;
porque no me falte todo,
pues tal amigo me queda.
No dije bien; y antes digo,
y es decillo justa ley, 130
que nada me quita el Rey,
pues me deja tal amigo.
¿Quién duda, señor Marqués,
que te haya dado tristeza
la desdicha y la pobreza 135
que en aquesta casa ves?
Pero la fortuna esquiva
no me tiene de vencer:
deme más que padecer,
como Ludovico viva. 140


LUDOVICO

Don Enrique, todo pasa:
un día sigue a otro día,
y muy en vano porfía
la fortuna. Que esta casa
reconozca, me ha mandado 145
el Rey, y en efecto quiero
ser en servirle el primero.
Ved este papel cerrado,
que es del Rey.


ENRIQUE

Entrad, señor.


LUDOVICO

Yo la he de reconocer. 150


CHIRIMÍA

(Aparte, a JULIO.)
 
¿Que esto un amigo ha de hacer?


JULIO

(Aparte, a CHIRIMÍA.)
 
Verse un hombre en tanto honor
hace mudar condición.


CHIRIMÍA

(Aparte, a JULIO.)
 
En criados mal nacidos.


ENRIQUE

Alma, fe, vida y sentidos 155
de mi Rey y vuestros son.
Entrad a reconocer
casa que baña mi llanto.


LUDOVICO

Ved el papel entre tanto,
porque habéis de responder. 160

(Entrase.)


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Escena V
Pág. 037 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE, CHIRIMÍA, JULIO.

ENRIQUE

¡Sello del Rey! Yo confieso
que alegre el alma dispongo.
Sobre mi cabeza os pongo,
con el alma y boca os beso.

(Lee.)
 
«No soy Rey si me faltáis, 165
mi Enrique: sin vos, ¿qué valgo?
Si de nuevo sabéis algo,
me avisad, y cómo estáis.
Si tenéis amigo fiel,
voy investigando ya, 170
porque nunca lo será
el que lleva este papel.
César solicita amigo
que a mi palacio tornéis.
¡Feliz vos, que conocéis 175
el amigo y enemigo!»
Trae recado con que escriba.
 
(Entrase CHIRIMÍA.)

¡Ah gran Rey! ¡Cuánto te debo!
Nuevo Numa, César nuevo,
siglos tu grandeza viva. 180


CHIRIMÍA

(Dentro.)
 
Señor Conde, ¿es alguacil?
¿Qué busca por los rincones?
Ojos tiene porquerones
y alma corcheta sutil:
cese su curiosidad. 185
Pues, ¿qué mira? No tenemos
sino dos grandes extremos
de pena y necesidad.
Todo el Rey nos lo ha quitado
por bellacos y malsines, 190
¿Qué busca? Amigos rüines
nos trujeron a este estado.

 
(Vuelven LUDOVICO y CHIRIMÍA:
éste saca recado de escribir,
que pone en una mesa,
a la cual se sienta ENRIQUE y escribe.)


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Escena VI
Pág. 038 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


LUDOVICO, CHIRIMÍA, ENRIQUE, JULIO.

  

LUDOVICO

Tu humor bufonesco y frío
no debe extenderse a tanto;
que se ofende el sacrosanto 195
mandato real.


CHIRIMÍA

Conde mío,
grave y enojado estás.


LUDOVICO

Ministros que son severos,
de los hombres chocarreros
no deben gustar jamás. 200


ENRIQUE

Pídeme el Rey dos papeles,
y así donde están le aviso.

(Cierra, sella y da un papel a LUDOVICO.)
 
Ya que la fortuna quiso
darme estrellas tan crueles,
que influyen adversidades, 205
suplico, señor Marqués
a Vuexcelencia, pues es
tan amigo de verdades,
que ampare ansí mi virtud
tan perseguida.


LUDOVICO

Sí haré, 210
y al Rey también hablaré.


CHIRIMÍA

(Aparte.)
 
Ansí sea tu salud.


ENRIQUE

Julio servirle desea:
suplícole le reciba
en su servicio, ansí viva 215
largos años.


LUDOVICO

Julio sea
mi criado.


JULIO

A tal merced
dé el alma correspondencia.


ENRIQUE

Los pies beso a Vuexcelencia.


LUDOVICO

Dios guarde a vuesa merced. 220
 
(Vase y JULIO le sigue.)


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Escena VII
Pág. 039 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE y CHIRIMÍA.
 

CHIRIMÍA

Vuesa merced, ¿Vuesa... qué?
Baje un rayo y le eche a pique.
¡Vuesa mercé a Don Enrique,
habiendo sido quién fue!
¡Vuexcelencia ayer, y hoy 225
vuesa merced!


ENRIQUE

El Marqués
sabe muy bien ser cortés.
Enrique de Avalos soy
solamente, y no me toca
agora otra cortesía; 230
ten paciencia, Chirimía.


CHIRIMÍA

Coso a dos cabos mi boca.


ENRIQUE

(Aparte.)
 
Al Rey he avisado ya
la junta que han aplazado
esta noche: bien sellado 235
va el papel, no le abrirá.
 
(Sale CÉSAR y vase CHIRIMÍA.)


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Escena VIII
Pág. 040 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


CÉSAR y ENRIQUE.

ENRIQUE

César generoso y rico,
¿venís con otro papel
tan riguroso y cruel
como el Conde Ludovico? 240
¿Venís a llevarme preso
a más estrecho cuidado,
ya que por cárcel me han dado
la ciudad?


CÉSAR

No vengo a eso,
pues cuando su Majestad 245
tan rigurosos decretos
ejecutar me mandara,
con lágrimas y con ruegos,
del Rey al Rey apelara,
o me quitara primero 250
deste corazón la vida,
la cabeza deste cuello.
No soy ministro del Rey;
a sólo avisaros vengo,
con su licencia, que agora 255
más os amo y más os quiero.
Cuando en el verano alegre
está rico, está soberbio
el árbol en cuya pompa
el sol recibe desprecios; 260
cuando sus flores compiten
con las estrellas del cielo,
en su verde majestad,
blasón hermoso del tiempo;
cuando en su gallardo fruto 265
roba el color lisonjero
al topacio y el rubí,
rojo y pulido bosquejo:
¿qué mucho que el pajarillo,
entre sus pimpollos tiernos, 270
contra pájaros rampantes,
tome su amparo y sustento?
Mas cuando llega el octubre,
y con los soplos del cierzo
derriba la verde pompa 275
que abril y mayo le dieron,
y cuando las inclemencias
de las aguas y los vientos,
en arrugadas cortezas
le dejan desnudo y feo; 280
cuando las aves le esquivan
por encogido y por seco,
sin ver que otra primavera
galas le dará a su tiempo,
entonces sí que se muestra 285
aquel amor verdadero,
aquel instinto piadoso
y bruto conocimiento
de la viuda tortolilla,
que entre los ramos, trofeos 290
en quien mostró su poder
la helada faz del invierno,
vive triste y muere alegre.
Así yo, cuando los cielos
con sus astros favorables 295
prosperidad te infundieron,
no hice mucho en ser tu amigo
si los Príncipes del reino,
como al sol los girasoles,
a tu voluntad atentos, 300
del aliento de tu boca
pendían, y mi provecho
entre las honras hallaba
de tu amistad, o a lo menos
parecer ambición pudo 305
lo que era amor; pero luego
que la fortuna y los hados
se te mostraron adversos,
y en la noche de tu dicha
cual vanas sombras huyeron 310
los que a la luz te servían,
tórtola soy que te muestro,
buscando tus yertos ramos,
mi dolor y sentimiento.
Por ti mismo te he querido 315
para el amor de mi pecho,
lo que fuiste eres agora;
y aun eres más, pues teniendo
magnánimo corazón,
mereces renombre eterno 320
de varón constante y fuerte:
un Hércules y un Teseo,
otro Pílades y Orestes,
otro prodigioso ejemplo,
en los anales del mundo, 325
de tierna amistad seremos.
Bien sé que al Rey no ofendiste,
en mi mismo pensamiento
reconozco tu lealtad:
que vivifica dos cuerpos 330
una alma sola, y ansí
siendo tú otro yo, bien puedo
decir que traición no hiciste,
pues que yo traición no he hecho.
Envidia te ha derribado, 335
que es rayo, aborto del trueno,
que en lo poderoso y alto
funda su poder violento.
Hoy el Rey (como hombre, al fin
sujeto a humanos efetos) 340
pasó su amor a otros polos,
como el sol a otro hemisferio.
Yo, Enrique, pobre no estoy,
si hacienda heredada tengo:
dueño eres della, pues eres, 345
alma de su mismo dueño.
Si acaso estás temeroso
del enojado y severo
semblante del Rey, a España
pasarnos los dos podemos. 350
Corramos una fortuna,
suframos los dos el peso
de la herida que te oprime,
girando en fatales vuelcos.
Joyas tengo y dos caballos 355
que español cristal bebieron
en las márgenes del Betis,
uno blanco y otro negro,
que a los del alba parecen:
vayamos los dos en ellos 360
a otro clima, a otra región,
a otros mares, a otros cielos,
y a otro Rey que reconozca
tus grandes merecimientos:
a otro Rey que niegue oídos 365
a engañosos lisonjeros.


ENRIQUE

¡Dichosa mi adversidad,
pues es la piedra en que pruebo
los quilates de tu amor!
Con el alma te agradezco 370
la generosa intención;
pero no me oprime el miedo,
la conciencia está segura,
y espero en Dios que algún tiempo...

(Aparte.)
 
Pero, secreto, detente: 375
no te atrevas al silencio.


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Escena IX
Pág. 041 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


CHIRIMÍA, ENRIQUE, CÉSAR.
  

CHIRIMÍA

Aquí ha llegado, señor,
a la puerta un escudero
de la Condesa.


ENRIQUE

¿De cuál?


CHIRIMÍA

Eso es lo que yo no entiendo. 380
«La Condesa, mi señora,
(dijo) que tiene deseo
de ver al señor Enrique»,
y volvió la espalda luego.


ENRIQUE

De Elena debe de ser, 385
que el enojo de los celos
serenó con mis desdichas.
Porcia, como pobre, entiendo
que mi estado pretendía,
y ya habrá dado a los vientos 390
su esperanza y su cuidado.


CÉSAR

Si ha sido amor verdadero
el de Elena, con su estado
vivirás rico y contento.


ENRIQUE

Del amor y la amistad 395
un examen voy haciendo:
amor, descúbrete agora,
haz tu valor manifiesto
pues la amistad sacrosanta
su verdad ha descubierto. 400

(Vanse.)


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Escena X
Pág. 042 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


Sala en casa de ELENA.
 
(ELENA e ISABEL.)

ISABEL

¿Es posible, bella Elena,
que ya no te comunique
en las desdichas de Enrique
el amor alguna pena?
¡Pobre Enrique! ¿Alegre estás? 405
Enrique sin su privanza,
Enrique en tanta mudanza,
¡y tú no lo sientes más!


ELENA

Isabel, una verdad
quiero que sepas agora: 410
ni se rinde ni enamora
mi soberbia voluntad.
Nunca supe qué es amor:
y aquel fingido cuidado
era una razón de estado 415
y desinio superior.
Hablando afecto, no amaba;
mi aumento así pretendía,
porque ser mujer quería
del que este reino mandaba, 420
Cayó, y así te prometo
que mi intención hizo pausa,
porque cesando la causa,
ha de cesar el efeto.


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Escena IX
Pág. 043 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ISABEL

Si aspiras a ser mujer 425
del privado, Ludovico
es ya generoso y rico,
y tu dote viene a ser
lo mejor del reino: intenta
rendirle la voluntad. 430
Con Estado y majestad,
el mismo Rey hará cuenta
de ti, según lo que veo.
Lo que te he dicho procura:
con riqueza y hermosura, 435
serás el sol y el trofeo
de Nápoles.


ELENA

Dices bien:
mi gallarda presunción
aconseja al corazón
que lo sienta ansí también. 440
Pero Ludovico tiene
amistad a Enrique fiel,
y intercediendo por él,
pienso que a mi casa viene:
porque me envió un recado 445
diciéndome que tenía
que hablar conmigo este día
un negocio, y he pensado
que le pretende casar
conmigo, sin duda alguna 450
pensando que su fortuna
ansí se ha de mejorar.
Pero son grandes engaños,
si esto Enrique imaginó.
¿Mujer de hombre pobre yo, 455
Isabela? ¡Malos años!


ISABEL

La Condesa Porcia viene.


ELENA

Como le doy alimentos
y está pobre, por momentos
me está pidiendo.


ISABEL

Ella tiene 460
conforme a su calidad
la riqueza y la hermosura:
prima es tuya, honrar procura
tu sangre con tu lealtad.


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Escena XI
Pág. 044 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


PORCIA, con manto. ELENA, ISABEL.

  

PORCIA

Yo he de volverme de priesa: 465
la silla espere.


ELENA

En buen hora
vengas, Porcia,


PORCIA

Mi señora,
mi bien, amiga, Condesa,
no vengo, como solía,
a recebir tus favores; 470
que son las penas mayores,
que están en el alma mía.
Amor mandó que viniera
a pedirte, como suelo,
a pesar de mi desvelo, 475
y basta que amor lo quiera.


ELENA

Desdichas, pena y dolor,
lágrimas, desasosiego,
humos son de oculto fuego:
mátenme si no es amor. 480


PORCIA

¡Ay prima! Tú has acertado.
Amor es, de amores lloro;
sino que está el que yo adoro
muy pobre y necesitado.
Perdóname mis ternezas, 485
porque son finas verdades.


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Escena XI
Pág. 045 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ELENA

Dilas, prima, necedades,
afectos no, ni finezas.
¡Porcia ha de amar obligando!
Sangre de un Rey procedida, 490
¿ha de comprar ser querida?
Dime, Porcia, dime, ¿cuándo
has visto ilustre mujer
con ese cuidado vil?
¿De qué romana gentil 495
se oyó tal? ¿Tú has de querer
hombre pobre, siendo tales
sus partes, que amor te sobre?
Pobre tú, y tu amante pobre,
¿no es juntar dos hospitales? 500
Amor que forzosamente
por fin tiene el casamiento,
no debe ser tan violento,
tan necio y tan imprudente.
Tu hermosura y calidad, 505
fuerza es que causen cuidados
a Príncipes con Estados,
con riqueza y majestad.
Rica soy, Estados tengo:
rico también ha de ser 510
quien me quiera por mujer.


PORCIA

Incapaz, Elena, vengo
de consejo: tú me das
dos mil ducados de renta,
pues tu mano me alimenta: 515
dame una joya no más,
no quiero más alimentos,
no quiero más que me des,
como ostente amor al que es
alma de mis pensamientos.


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Escena XI
Pág. 046 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ELENA

A tanta resolución
yo no tengo otra respuesta,
Porcia amiga, sino ésta:
Estas dos sortijas son
giros y esferas del día. 525

(Quitándoselas.)
 
Esta joya es relevante,
y en ella brilla un diamante
que al mismo sol desafía.
Cuatro mil ducados valen:
por ellas te los darán: 530
luces son que enjugarán
penas que del alma salen.
Toma, prima.


PORCIA

Yo he de ser
tu esclava, y en serlo gano.


ELENA

¿Qué tienes en esa mano? 535


PORCIA

Diéronme una nueva ayer,
de pesadumbre: tenía
un cuchillo, que fue rayo:
siguió al pesar un desmayo,
caí, y cortéme: y había 540
de escribir hoy un papel
acerca de mi cuidado,
y no podré. Trae recado.
  
(A ISABEL.)
 
y escribirás.


ISABEL

(A ELENA.)
 
Voy por él.

(Vase.)


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Escena XII
Pág. 047 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ELENA y PORCIA.

ELENA

Yo seré tu secretaria, 545
y aprenderé, por si amare
alguna vez.


PORCIA

Quien hallare
esa quietud necesaria
al vivir, no quiera bien.
No inquiete, no, su memoria, 550
pues se pierde en esta historia
el alma y vida también.


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Escena XIII
Pág. 048 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ISABEL, con recado de escribir.
ELENA y PORCIA.

ELENA

Nota, prima, que en tu estilo
darás a mi entendimiento
o doctrina o escarmiento. 555


PORCIA

¡Felice ignorancia!


ELENA

Dilo
de veras.


PORCIA

Escribe, pues.


ELENA

Ve diciendo.


PORCIA

(Dictando.)
 
«Sabe el cielo,
mi señor...»


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Escena XIV
Pág. 049 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


LUDOVICO, JULIO, ELENA, PORCIA, ISABEL.

LUDOVICO

(Aparte, a JULIO.)
 
Nada recelo,
que cierta mi dicha es, 560
si alcanzo lo que pretendo.
Con Elena me está bien
desposarme.


JULIO

A ella también.


LUDOVICO

Reparo que está escribiendo.


ELENA

Si es tu afición verdadera, 565
bien la encareces ansí.


ISABEL

Señora, el Conde está aquí.


ELENA

(A PORCIA.)
 
Di como si no estuviera.

(Aparte, a su ama, mientras sigue escribiendo.)


ISABEL

Ya que Ludovico vino,
dile a boca por papel 570
cómo le quieres a él.


ELENA

(Aparte, a ISABEL.)
 
Sin duda me determino.


PORCIA

A solas sabrás mejor
qué te quiere. Doy lugar.


LUDOVICO

Si he venido yo a estorbar, 575
volveréme.


PORCIA

No, señor.

(Toma el papel y se va.)


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Escena XV
Pág. 050 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ELENA, LUDOVICO, ISABEL, JULIO.

  

LUDOVICO

Señora, sin tu licencia,
hasta donde estás, me he entrado.


ELENA

Venir puede confiado
a su casa Vuexcelencia. 580


LUDOVICO

Señora, mi amor os digo
sin retóricos rodeos;
que no pueden mis deseos
con un tan grande enemigo
reposar: en conclusión, 585
puesto que el alma os adora,
alcance el Conde, señora,
lo que Enrique quiere.


ELENA

Son
inútiles pensamientos,
si ya os digo que elegí 590
otro vos por dueño, y si
entendéis bien mis intentos,
no os obligue el amistad
a hacer contra vos; y digo
que es bien que mire el amigo 595
primero su utilidad.
Atrévome a aconsejaros
por quereros bien; y en esto
no puede un amor honesto
más claramente mostraros 600
su intención.


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Escena XV
Pág. 051 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


LUDOVICO

(Aparte.)
 
¡La obligación
de la amistad me ha mostrado!


ELENA

Habiéndome declarado,
¡triste estáis! ¿Por qué razón?


LUDOVICO

Porque decís, mi señora, 605
que vos con Enrique estáis
en esa opinión.


ELENA

No vais
bien, porque mi pecho adora...
el que digo..., y me holgaría
que ansí de vos lo supiese. 610


LUDOVICO

¿Y no queréis que me pese?


ELENA

No, si estimáis la fe mía.


ISABEL

Enrique ha entrado.


ELENA

(Aparte.)
 
Esperando
la respuesta estaba.


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Escena XVI
Pág. 052 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE, CHIRIMÍA, ELENA, LUDOVICO, ISABEL, JULIO.

  

ELENA

(Retirándose.)
 
Adiós.
Por no estar entre los dos 615
adorando y despreciando...
Conde, ya os dije mi pena;
perdonad mi atrevimiento,
y haced este casamiento,
porque os sirva siempre Elena. 620
Enrique, el Conde os dará
respuesta a vuestra intención;
que pues me vio el corazón,
lo que en él pasa os dirá.
 
(Vase, y con ella ISABEL.)


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Escena XVII
Pág. 053 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE, CHIRIMÍA, LUDOVICO, JULIO.

  

LUDOVICO

(A ENRIQUE.)
 
Podré decir que no eres 625
desdichado en todo, pues
tuya la Condesa es.


ENRIQUE

¡Oh blasón de las mujeres!


LUDOVICO

Con gran fe, con gran prudencia
te está amando.


ENRIQUE

¿Quién podía 630
darme nuevas de alegría
que no fuese Vuexcelencia?


LUDOVICO

(Aparte.)
 
Corrido voy y afrentado.
¡Que conserve Elena amor
a un hombre medio traidor, 635
y que a mí me ha despreciado!


ENRIQUE

Irle tengo acompañando
si gusta.


LUDOVICO



CHIRIMÍA

(Aparte.)
 
¡Que se deje acompañar
Ludovico! Voy rabiando, 640
sí, vive Dios.


JULIO

¿No me ves,
que he de ir delante?


CHIRIMÍA

¿Esto pasa?


JULIO

¿Cómo va de hambre en casa?


CHIRIMÍA

Yo te lo diré después.

(Adelántase.)


JULIO

Tente.


CHIRIMÍA

Julio, si hasta aquí 645
Chirimía me llamé,
Mayo me llamo.


JULIO

¿Por qué?


CHIRIMÍA

Por ir delante de ti.
 
(Vanse.)


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Escena XVIII
Pág. 054 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


PORCIA, con una caja y un papel. CELIO.
  

PORCIA

¡Ce, Chirimía! ¡Ah criado
de Enrique! Fuese: no oyó. 650
Tras el Conde va, y entró
aquí: ¿si me habrá buscado?
Que es tanto lo que le quiero,
y le deseo servir,
que luego tiene de ir 655
a buscarle el escudero.
Toma, Celio, y vete presto

(Dale la caja y el papel.)
 
tras Enrique, y dale a él
estas joyas y papel.


CELIO

(Aparte.)
 
Mátenme, si amor no es esto. 660
 
(Vanse.)


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Escena XIX
Pág. 055 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


Sala de la casa donde se hospeda ENRIQUE.
 
(ENRIQUE y CHIRIMÍA.)

CHIRIMÍA

A escuras nos deja Febo:
¿Quieres luz?


ENRIQUE

Sí, tráela apriesa.


CHIRIMÍA

Luz te traeré portuguesa.


ENRIQUE

¿De qué suerte?


CHIRIMÍA

Vendrá en sebo.
Ya la que labró la abeja, 665
blanca cera, entre miel pura,
en ti se ha vuelto gordura
de un chivato o una oveja.
Esta fortunilla vil
a sebo nos trae, de cera: 670
¡plega al cielo, que no quiera
bajar de sebo a candil!
Y aun, según es la fortuna,
aún deso podrá quitar,
porque nos vendrá a dejar 675
a los rayos de la luna.


ENRIQUE

Naturaleza los da
para ausencia de los días.


CHIRIMÍA

Son excelentes bujías
para lechuzas.


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Escena XX
Pág. 056 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


CELIO, ENRIQUE, CHIRIMÍA.


CELIO

¿Está 680
don Enrique en casa?


CHIRIMÍA

Sí.


CELIO

Entro, pues. Sus manos besa
mi señora la Condesa,
y esto envía para ti.
(Da a ENRIQUE un papel y una caja,
besándolos antes, y vase.)


CHIRIMÍA

Caja y papel con respeto, 685
besándolo, te entregó,
y las espaldas volvió:
no vi viejo tan inquieto.
Él da, no pide, y se va
sin decirnos qué Condesa, 690
entre tantas, le da priesa.


ENRIQUE

El Papel nos lo dirá.


CHIRIMÍA

Voy por luz humilde y baja,
antípoda de la miel;
no para ver el papel, 695
sino para abrir la caja.


ENRIQUE

Finezas serán de Elena,
que hoy con discreto cuidado,
en su amor disimulado
embozó también la pena. 700


CHIRIMÍA

Lo que da mujer es viento:
tesoros de duende son.
¡No se nos vuelva carbón!
Abre la caja con tiento.


ENRIQUE

Veré el papel.


CHIRIMÍA

¡Pesia tal! 705
Abre la caja. ¿Qué lees?
En tu vida brujulees
las nuevas del bien o mal.


[ENRIQUE]

(Lee.)
 
«Sabe el cielo, mi señor,
las lágrimas y la pena 710
(letra es ésta de mi Elena:
¡oh!, qué finezas de amor!)
que me ha costado el rigor
con que la fortuna fiera
trata fe tan verdadera, 715
pues no tiene culpa, no,
hombre tal, que mereció
que yo le estime y le quiera.
Esas joyuelas te envío,
que son humildes trofeos 720
de mis gigantes deseos:
recíbelas, dueño mío;
que yo en el tiempo confío
que al discurrir y volar,
tu dicha ha de mejorar 725
por bien diferentes modos;
y cuando te falten todos,
yo no te puedo faltar.»


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Escena XX
Pág. 057 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


CHIRIMÍA

¿Firmó?


ENRIQUE

Cuando viene a ser
de una persona querida 730
la letra tan parecida,
la firma no es menester.
¡Oh soberana mujer!
Tú serás de aquí adelante
laurel que la fama cante. 735
Poetas, los que decís
que es vario animal, mentís:
veis aquí mujer constante.
Si en estado lastimoso
hay mujer que no me niega, 740
callad vos, Elena griega,
pues soy Paris más dichoso.


CHIRIMÍA

Abre ya, que no reposo
hasta ver la rica alhaja
que a Muza envió Daraja. 745
 
(Abre la caja.)

ENRIQUE

Más estima un alma fiel
las razones del papel,
que las joyas de la caja.


CHIRIMÍA

Por Dios, que brillan.


ENRIQUE

Yo vi
en su pecho aquesta joya; 750
aunque en las piedras no está
la fineza y la riqueza.


CHIRIMÍA

¿Pues dónde está?


ENRIQUE

En la fineza
de la mujer que las da.
 
(Llaman.)

CHIRIMÍA

Cierra la caja, que creo 755
que vienen por ella.


ENRIQUE

Vete
a dormir.


CHIRIMÍA

¿De qué clarete
me ves borracho?


ENRIQUE

Deseo
quedar solo; que peleo
con mis tristezas a solas. 760


CHIRIMÍA

Voyme a arrojar a las olas
del sueño, que es mar profundo.


ENRIQUE

Aquí empieza a ver el mundo
las cautelas españolas.
Ya está abierto, entre quien es. 765


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Escena XXI
Pág. 058 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


El REY, como de noche. ENRIQUE.

REY

¿Estáis solo?


ENRIQUE

Solo estoy.
¿Quién es?


REY

Vuestro amigo soy:
¿no me conocéis, Marques?


ENRIQUE

Arrojaréme a tus pies
lleno de gozo y espanto, 770
viendo que es de favor tanto
incapaz el alma mía,
que el suelo regar querría
con su agradecido llanto.


REY

Alza, amigo.


ENRIQUE

No te espante, 775
si no te obedezco y digo
que es decir, «Levanta, amigo»,
decir que no me levante:
porque ese nombre gigante
no me ajusta: hormiga fui. 780


REY

Levanta, Enrique.


ENRIQUE

Eso sí.


REY

Eres vasallo leal.


ENRIQUE

Ese nombre es celestial,
y es, gran señor, para mí.


REY

Avisásteme que tienes 785
junta esta noche en tu casa,
y quiero ver lo que pasa
escondido en ella.


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Escena XXI
Pág. 059 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE

Vienes
a asegurar en tus sienes
la corona merecida, 790
vienes a darme la vida.


REY

Vengo a lo menos a verte;
que ésa es la causa más fuerte,
Enrique, de mi venida.
¿Cómo estás?


ENRIQUE

Como sin mí, 795
sin ti, en esta ausencia corta;
mas si mi ausencia te importa
y te dejo a ti por ti,
bueno estoy estando ansí.


REY

Yo, Enrique, como he tenido 800
sin ti el amor escondido
entre aparentes enojos,
vengo a exhalar por los ojos
el contento reprimido.
¿Examinaste la fe 805
de alguna dama?


ENRIQUE

Supuesto
que es amor casto y honesto,
sin vergüenza lo diré.
Sí, mi señor.


REY

¿Y quién fue?


ENRIQUE

La Condesa Elena.


REY

Enrique, 810
cuando el reino pacifique,
con ella te casarás.


ENRIQUE

Siglos del fénix y más
el cielo te comunique.
Esconde aquí tu valor, 815
que a la puerta sentí gente.


REY

La primera vez que siente
este pecho algún temor,
es ésta.


ENRIQUE

¿Por qué, señor?


REY

Porque recelo perder 820
este reino, y no poder
hacerte bien.


ENRIQUE

Si perdida
no fue antes deso mi vida,
no te queda que temer.

 
(Escóndese el REY,
y salen los Príncipes
y LUDOVICO, embozados.)


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Escena XXII
Pág. 060 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


El PRÍNCIPE DE TARANTO,
el de SALERNO y LUDOVICO.
ENRIQUE; el REY, oculto.

TARANTO

¿Podemos entrar? ¿Están 825
recogidos los criados?


ENRIQUE

Sí, señores embozados,
seguramente podrán
entrar.


SALERNO

Nos maravillas
viéndote alegre y constante. 830

(Desembózanse.)


ENRIQUE

¡Oh Canciller! ¡Oh Almirante!
Vuexcelencias tomen sillas.
Yo Príncipes he esperado,
mas no tan grandes. ¿Quién es
el embozado?


TARANTO

Después 835
hablará, que es un criado.
¿Posible es que a tal fortuna
Enrique Avalos venga,
y que rostro alegre tenga?
¡Hombre que pisó la luna, 840
estos desprecios padece
y alegre sufre esta injuria!
¿Cómo no crece la furia,
al mismo paso que crece
la adversidad? Esta casa 845
y esta luz agravios son
de un magnánimo varón:
de la injusticia que pasa,
son testigos.


SALERNO

Don Enrique,
a consolarte y a verte 850
venimos, para ofrecerte,
sin que el día lo publique,
nuestras haciendas y vidas:
y consentir no queremos
que lleguen a estos extremos 855
fortunas no merecidas.


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Escena XXII
Pág. 061 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE

Príncipes, alegre estoy,
aunque otra dicha no estoy,
las veces que considero
que en nada culpado soy. 860


TARANTO

Esa es mayor injusticia,
ése és el mayor agravio:
el castigo sufra el sabio;
mas no sufra la malicia.
Don Enrique, hablemos claro: 865
¿Queréis dar a vuestro honor,
con un estado mejor,
honra, nobleza y reparo?
Y pues que sois tan discreto,
y venido a tal miseria, 870
para hablar desta materia,
no hay que encargaros secreto.


ENRIQUE

La Naturaleza es tal,
que a los brutos enseñó
a querer su bien, y yo 875
alma tengo racional,
y he de apetecer lo mismo.
Salir con ansias deseo
del estado en que me veo;
mas hay en medio un abismo 880
de grandes dificultades.


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Escena XXII
Pág. 062 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


TARANTO

Ese es prohibido temor,
pues no aventuras tu honor,
si a aquesto te persuades
con un impulso eficaz. 885
Pues los hombres desta tierra
hijos somos de la guerra,
¿para qué queremos paz?
Nuestro ánimo el mundo vea:
de estado nos mejoramos, 890
si los tres el reino damos
a Carlos, que lo desea.
Deste gallardo francés
firmas en blanco tenemos,
y en su nombre te ofrecemos, 895
porque tu ayuda nos des,
un Estado poderoso
en este reino.


ENRIQUE

Yo aceto
esa merced, y prometo
de recurrir animoso 900
a esa acción, y certifico
que imposibles venceré.


LUDOVICO

(Desembozándose.)
 
Agora sí que podré
descubrirme.


ENRIQUE

¡Oh Ludovico!


LUDOVICO

No esperé menos jamás 905
de tu corazón fiel.


REY

(Aparte, desde donde está oculto.)
 
Ni yo esperé menos dél.

(Como si hablara con ENRIQUE.)
 
Prosigue: descubre más.


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Escena XXII
Pág. 063 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE

¿Qué es lo primero que está
trazado?


SALERNO

Juntar conviene 910
nuestra gente, y la que tiene
nuestro primo, y él vendrá
en dando el francés aviso.


ENRIQUE

¿Y qué capitán valiente
ha de gobernar la gente? 915


LUDOVICO

¿Quién sino tú, pues que quiso
la militar disciplina
aprender reglas de ti?


ENRIQUE

Acepto el cargo.


REY

(Aparte.)
 
Y ansí
no temeré la rüina 920
de mi reino.


TARANTO

¿Por qué parte
se ha de empezar esta guerra?


SALERNO

Por Calabria, que es la tierra
más dispuesta al son de Marte.


ENRIQUE

Pues dadme una firma desas 925
del francés, dos veces franco,
porque pueda yo en su blanco
asegurar sus promesas.


TARANTO

Bien has advertido: alabo
la sagaz prudencia tuya. 930
Toma un papel en que va
firma de Carlos Octavo.

(Dásele.)


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Escena XXII
Pág. 064 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE

Famoso Rey, en quien puedo
decir que oyéndome estás,
pues con una firma das 935
mercedes, honor y miedo:
mi Rey eres, y protesto
que, aunque aventure mi honor
y me tengan por traidor,
te obedezco y sirvo en esto. 940
Óyeme, Rey liberal,
si aquí alcanza tu poder:
yo te prometo de ser
eternamente leal.
Este cargo que he aceptado, 945
en servicio tuyo fue,
porque a mi lealtad y fe
ningún vasallo ha igualado.
Recibe, Rey, mi deseo,
pues puedo decir que aquí 950
estás, y me escuchas.


REY

(Aparte.)
 
Sí.
Ya lo he entendido y lo creo.


LUDOVICO

Ya que al ayuda del Rey
prometes poner efeto,
desta verdad el secreto 955
debes jurar.


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Escena XXII
Pág. 065 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE

Esa es ley
de todos los conjurados:
yo la estimo y reverencio.
Al secreto y al silencio
estemos juramentados: 960
y ansí, por la ley sagrada
que adora y sigue el cristiano;
por el cielo soberano,
y por la cruz desta espada,
juro, y digo que este intento 965
de mi boca no sabrán,
sino sólo los que están
oyendo mi juramento.
Juro por Dios trino y uno,
so pena de que esta espada 970
en mi sangre esté manchada,
de no tratar con ninguno,
fuera de aquellos que estamos
presentes, nuestra intención
y aquesta conjuración, 975


LUDOVICO

Todos ansí lo juramos.


TARANTO

Quédese para otro día
la sesión en este estado;
que pienso que ya ha llorado
sus perlas el alba fría, 980
y importa que no nos vean.
para que no se publique.


SALERNO

Bien dice: adiós, Don Enrique.


ENRIQUE

Como mis ojos desean,
suceda todo.
 
(Vanse los Príncipes y LUDOVICO;
el REY sale de donde se ocultó.)


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Escena XXIII
Pág. 066 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


El REY y ENRIQUE.

ENRIQUE

(Aparte.)
 
¿Quién vio 985
tal conflicto, tal contraste?


REY

¿Por qué no les preguntaste
que, habiéndoles hecho yo
tantas mercedes, por qué
ánimo traen malicioso? 990


ENRIQUE

Por no hacerme sospechoso,
que ya lo consideré:
y pues mi lengua atrevida,
al parecer y opinión
destos tres hizo traición, 995
quítame, señor, la vida.


REY

¿Qué dices, Enrique? Calla,
porque el Rey más singular
la vida puede quitar,
pero no puede alargalla. 1000
Sólo a Dios se reservó:
y yo quisiera tener
trocado aqueste poder
en ti solo, porque yo
el poder de Dios quisiera 1005
para darte vida tal,
que pareciera inmortal,
ya que infinita no fuera.


ENRIQUE

A ese amor no correspondo,
si no te beso los pies. 1010


REY

Gente he sentido, Marqués.
Otra vez aquí me escondo.

(Ocúltase.)


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Escena XXIV
Pág. 067 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


CÉSAR y ENRIQUE.


CÉSAR

No vengo, como solía,
en tu amistad confiado;
porque soy tan desdichado, 1015
que ese bien que yo tenía
ya me ha faltado, y así,
pues tanta desdicha tengo,
a que me des muerte vengo,
para vengarme de ti. 1020
Tu amigo fui, y, vive Dios,
que con tirana impiedad
se ha de borrar la amistad
con la sangre de los dos.


ENRIQUE

¡César! ¿Qué tienes?


CÉSAR

Dolor 1025
a los infiernos igual:
de día te hallé leal;
de noche te hallé traidor.
¿Qué he de tener, si esto pasa,
para más desdicha mía? 1030
Estas joyas te traía,
cuando salir de tu casa
hombres rebozados vi:
diome cuidado el suceso,
temí tu daño, y por eso 1035
a los dos reconocí.
El de Taranto y Salerno
eran éstos, y yo sé
que esta visita no fue
de piedad y de amor tierno. 1040
¡A estas horas, y estos dos,
de quien con causa sospecho
que traen veneno en el pecho
contra mi rey! Vive Dios,
que no es visita de amigo; 1045
indicios y amagos son
de alguna conjuración,
que se ha tratado contigo.
Y siendo de aquesta suerte,
muera el uno, si reñimos, 1050
porque nos digan que fuimos
amigos hasta la muerte.
Que no es razón que vivamos,
tú, porque traidor has sido,
ni yo, porque te he tenido 1055
por leal. Solos estamos,
mete mano, haz lo que digo;
que dirán contra mi honor
que Enrique ha sido traidor,
y que César fue su amigo. 1060
Si acaso me dieres muerte,
con esas joyas podrás
escaparte, y me darás
vida ansí, para no verte
cometer traición alguna; 1065
y si te matare yo,
tu delito te mató,
que no tu adversa fortuna.
Acábese con la muerte
amistad tan engañada.


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Escena XXIV
Pág. 068 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


ENRIQUE

Detén, amigo, la espada.


CÉSAR

No soy tu amigo, y advierte
que Estados puede quitar
el Rey, con razón y furia;
pero no es de aquesta injuria 1075
de quien se debe vengar
el vasallo, porque el Rey
es un dios, aunque pequeño:
de nuestras honras es dueño;
su gusto es su misma ley. 1080
No te engañen ni aconsejen,
con máscara de venganza,
a hacer alguna mudanza
y en el peligro te dejen.
Mira qué has hecho. Por Dios, 1085
que es el que vida ha de darnos,
o que habemos de matarnos,
o has de jurar que estos dos
en tu casa no han de entrar
otra vez.


ENRIQUE

Yo, César, juro 1090
que tu honor está seguro
y que te puedes fiar
de mi amistad.


CÉSAR

Ni te creo
ni te abono.


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Escena XXV
Pág. 069 de 107
Cautela contra cautela Acto II Tirso de Molina


El REY, ENRIQUE, CÉSAR.

REY

(Saliendo.)
 
Yo le fío.


CÉSAR

¡Válgame Dios! Señor mío, 1095
¿cómo en esta casa os veo?


REY

Porque quiero que los tres
hagamos eternos lazos
de amistad. Dadme esos brazos.


CÉSAR

Dame tú, Señor, los pies. 1100


REY

Mi parte quiero tener
entre dos amigos tales.


CÉSAR

Diles vasallos leales.


REY

César, silencio.


CÉSAR

He de ser
un Argos que calla y vela. 1105

(Aparte.)
 
Ya alenté y cobré la vida.
¡Vive Dios, que es la caída
Cautela contra cautela!


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Escena I
Pág. 070 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


Cámara del REY, con un cancel de celosías,
detrás del cual hay mesa de despacho.
 
CÉSAR y ENRIQUE.


CÉSAR

Amigo, ¿no me dirás
cómo el Rey, si está enojado,
en tu misma casa ha entrado?


ENRIQUE

César, después lo sabrás;
el que ser amigo quiere, 5
para acertar bien a sello,
no ha de saber más de aquello
que su amigo le dijere.


CÉSAR

Ya no lo quiero saber,
y bástame averiguar 10
que en gracia debes de estar
del Rey. Pero ¿qué mujer
hallaste firme?


ENRIQUE

En Elena
he descubierto más fe;
y aunque a Porcia me incliné, 15
libre estoy de aquella pena,
porque soy agradecido.


CÉSAR

Desa manera, ¿bien puedo
decir, Enrique, sin miedo
que amante de Porcia he sido? 20


ENRIQUE

¿Eso me has callado ansí?
Especie fue de traición,
que una amorosa pasión
me hayas ocultado a mí.
Sírvela, César, agora 25
que ella y Elena son damas
de la Reina: un ángel amas.
¡Dichoso aquel que la adora!
Y ¡ojalá yo la quisiera
con el extremo mayor 30
que vio en sus penas amor,
porque en dejártela hiciera
algo por ti! Que dejando
amarte mujer tan bella,
te diera el alma con ella, 35
y así te estuviera amando
de dos maneras quien te ama
y te da con voluntad
dos almas en la amistad,
y dos vidas en la dama.


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Escena I
Pág. 071 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CÉSAR

Acepto esa cortesía:
de Porcia me he de llamar.


ENRIQUE

No puedo en público entrar
en palacio, y dar querría
a Elena aqueste papel... 45
Mas César se lo dará,
que es otro yo: abierto va;
que a portador tan fiel
se debe esta confianza.
¿Cuál es? Este: toma, amigo. 50


CÉSAR

En mi pecho irá conmigo,
por ser tú su semejanza,
tan recatado el papel,
que mis mismos ojos sean
los primeros que no vean 55
lo que llevo escrito en él.


ENRIQUE

De tu mente es un conceto,
pues lo ha sido de la mía.
El Rey a llamarme envía,
y he de entrar con gran secreto. 60

(Vase.)


CÉSAR

Lengua, finezas os deban
de las que siempre habéis hecho:
ni a mis ojos ni a mi pecho
preguntéis qué es lo que llevan.


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Escena II
Pág. 072 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El PRÍNCIPE DE SALERNO,
el de TARANTO. CÉSAR.

SALERNO

(Aparte con el PRÍNCIPE TARANTO.)
 
Príncipe, de aquí adelante 65
con más cuidado y frecuencia
se debe hacer asistencia
aquí en Palacio.


TARANTO

El diamante
se rinde al diestro buril,
peligros abrevia el arte, 70
un risco se ablanda y parte
a las lluvias del abril;
pero escucha, que el Rey sale.


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Escena III
Pág. 073 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


EL REY. Dichos.

REY

¡Oh mis parientes y amigos!


TARANTO

Vasallos dirás, testigos 75
del precio inmenso que vale
tu favor.


REY

(Aparte.)
 
Disimulemos,
sentimiento natural:
vidrïeras de cristal,
son los ojos, en que vemos 80
la más oculta pasión:
reprimamos los enojos,
y disimulen los ojos
lo que siente el corazón.

(Alto.)
 
¿Cómo estáis? Porque os deseo 85
salud y prosperidad.


TARANTO

Es que ve tu Majestad
mis acciones.


REY

Sí las veo.


SALERNO

Y es que mi amor ha sabido
tu Majestad.


REY

Sí lo sé. 90


TARANTO

Nadie nos iguala en fe
ni amor.


REY

Ansí lo he entendido.


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Escena IV
Pág. 074 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


LUDOVICO, dichos.

LUDOVICO

Dame a besar esa mano,
que un siglo ha que no te veo,
y tanto verte deseo 95
como a mi Rey soberano.


REY

(Aparte).
 
¡Oh ambiciosa diligencia,
nube opuesta a la justicia?
¡Que te enseñe la malicia
tan lisonjera elocuencia! 100


LUDOVICO

Siempre los tres procuramos
la gloria de tus renombres.


REY

(Aparte.)
 
¡Que haya en el mundo estos hombres!


LUDOVICO

Lo que los tres deseamos
te suceda.


REY

(Aparte.)
 
No permita 105
mi fortuna tal suceso.

(Alto.)
 
Y vosotros, antes deso,
tengáis lo que os solicita
mi cuidado.


LUDOVICO

¿Qué nación
tuvo Rey tan excelente? 110


REY

(Aparte.)
 
¡Oh lisonjero valiente!
¡Oh villana adulación!

(A CÉSAR.)
 
Y vos, ¿qué estáis escuchando?
Yo no permito testigos,
cuando estoy con mis amigos 115
discurriendo y conversando:
salíos fuera.


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Escena III
Pág. 075 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CÉSAR

(Aparte.)
 
¡Qué es aquesto!
¡La otra noche tanto amor,
Y agora tanto rigor!
¡Desvanecida tan presto 120
ha quedado mi esperanza!
Que caiga lo levantado
no es mucho, pues ha trepado
a riesgos de la mudanza;
pero al escalón primero 125
volver atrás de improviso,
o es desdicha o es aviso,
que no es bien subir; yo quiero
escarmentar animoso
no poniéndome delante; 130
no entiendo al Rey el semblante:
o es mudable o cauteloso.

(Vase.)


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Escena V
Pág. 076 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, el PRÍNCIPE DE SALERNO,
al de TARANTO. LUDOVICO.
 

REY

(Aparte.)
 
César se fue sin saber
que es un enigma mi amor,
una esfinge mi temor, 135
y mi rostro una mujer.
Aborrezco lo que estimo,
y estimo lo que aborrezco:
al mismo engaño parezco.

(Alto.)
 
Marqués de Pescara, primo, 140
ahí detrás desos canceles
de pintadas celosías,
donde suelo algunos días
sentarme yo a ver papeles,
breve suma y relación 145
de los negocios me haréis
sobre el bufete hallaréis
los papeles.


TARANTO

No es razón
cuando ocupado te veo,
que estemos aquí los dos. 150


REY

Bien decís, y guárdeos Dios
con el premio que os deseo.
 
(Vanse los dos Príncipes.)


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Escena VI
Pág. 077 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, LUDOVICO, detrás de las celosías;
después, ENRIQUE.


LUDOVICO

Para ver si algo mandares,
los papeles voy mirando.


REY

Aquí me estoy paseando: 155
pregunta lo que dudares.


LUDOVICO

Un memorial está aquí
que el Duque de Amalfi dio.
¿Quieres escucharle?


REY

No.


LUDOVICO

¿Has visto el de Capua?


REY

Sí. 160

(Aparte.)
 
La puerta del camarín
siendo abrir, Enrique ha sido,
 
(Sale ENRIQUE por una puerta reservada.)

que a mi llamada ha venido
por la puerta del jardín,
y el Marqués desde el cancel 165
le ha de ver, y aun le ha visto:
mal pensará si resisto
de hablar agora con él.
Avisé que le esperaba,
y el secreto se revela: 170
aquí importa una cautela.
Esperando, Enrique, estaba,

(Acercándose a él.)
 
y con más razón que enojos,
para decirte prevengo
los sentimientos que tengo 175
en el alma y en los ojos.
Cada día voy sabiendo
nuevas culpas contra ti;
pero yo me culpo a mí...


ENRIQUE

Mira, señor, que no entiendo... 180


REY

Calla, bárbaro: no doy
a tus disculpas oídos.
Necio, ¡qué!, ¿no has entendido
la cólera con que estoy?
¿Cómo quieres responder, 185
si apenas el alma explico?

(Aparte.)
 
¡Qué atento está Ludovico!
Aun señas no puedo hacer.


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Escena VI
Pág. 078 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


ENRIQUE

(Aparte.)
 
Nadie nos ve: ¡estando a solas,
me trata el Rey desta suerte! 190


REY

Español ingrato, advierte
que tus errores son olas
del mar, movidas del viento,
que unas mueren y otras nacen,
torre que los hombres hacen 195
sobre fácil fundamento,
polvo será en breves días.


ENRIQUE

Señor...


REY

Calla.


ENRIQUE

Dime.


REY

Baste.
Muchas cosas ocultaste,
que decírmelas debías. 200


ENRIQUE

Mira, señor, que esta injuria...


REY

(Aparte.)
 
Si responde, se declara.

(Alto.)
 
Calla, bárbaro: en mi cara
¿no estás leyendo mi furia?


ENRIQUE

(Aparte.)
 
¡Vive Dios, que esto es de veras! 205
 
(Alto.)
 
¿Ingrato yo, yo infiel?
¡Qué desdichado es aquel
que subió trepando esferas,
para ver su perdición!
¡Oh mil veces soberano 210
el estado que es mediano,
sin soberbia ni ambición!


REY

(Aparte.)
 
Enrique no me ha entendido:
de verme solo se admira,
y Ludovico nos mira: 215
el secreto va perdido,
si acaso se desengaña.

(Alto.)

En castigo de tu yerro,
de Nápoles te destierro.
Luego has de partirte a España.


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Escena VI
Pág. 079 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


ENRIQUE

No quiero hablar disculpando
mi inocencia y mi verdad;
sólo de tu Majestad
quiero despedirme hablando...


REY

Ni aun eso quiero que digas; 225
despídete con los ojos,
que tu lengua me da enojos.


ENRIQUE

A tal silencio me obligas,
que mudo seré desde hoy.


REY

(Aparte.)
 
Siento el verle padecer. 230

(Alto.)
 
Ludovico, pasa a ver
cómo está la Reina.


LUDOVICO

Voy.

(Aparte.)
 
Si Enrique va desterrado,
con más priesa y más secreto
que las flores del Sebeto, 235
sera el francés coronado.
(Vase.)


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Escena VII
Pág. 080 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY y ENRIQUE.
  

ENRIQUE

(Aparte.)
 
¿Ludovico estaba aquí?
¡Ya voy respirando, cielos!
Volcanes y mongibelos
me oprimían.


REY

¿Fuese?


ENRIQUE

Sí. 240


REY

¿Es posible que no viste
escondido este infiel
detrás de aqueste cancel?
Vive Dios, que me ofendiste
creyendo ansí mis enojos: 245
agraviaste mi lealtad,
pues no viste la verdad
disimulada en mis ojos.


ENRIQUE

Deja que pueda alentar
la voz; que mi sentimiento 250
reprimió tanto mi aliento,
que no podré respirar,
si no llega al corazón
poco a poco el desengaño,
templando el susto y el daño 255
que causó la aprehensión.


REY

Siempre que muestre contigo
tal enojo, considera
que soy tu Rey por defuera,
y que dentro soy tu amigo. 260
Si dentro en mi pecho estás,
llave es mi amor con que abras:
no mires, no, mis palabras;
el alma has de ver no más.
Quise que no respondieras 265
porque no te declararas:
mejor era que callaras
y que culpado te hicieras.


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Escena VII
Pág. 081 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


ENRIQUE

Culpa, aun fingida, no es buena.


REY

Sí, cuando importa; yo sé 270
que entonces luce la fe.


ENRIQUE

Bien ha menester la pena
que me diste ese favor
y dulce correspondencia,
y aun están en competencia 275
cuál de los dos es mayor.
Y la pena digo yo;
que el que lejos de ti está,
sin tu favor vivirá,
pero en tu desgracia no. 280


REY

Mientras que no estés preso,
nunca mis enojos creas,
por más airado que veas
mi semblante.


ENRIQUE

Tus pies beso.

 
(Vuelve LUDOVICO sin ser sentido,
y ve al REY levantando a ENRIQUE.)


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Escena VIII
Pág. 082 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


LUDOVICO. El REY, ENRIQUE.
  

LUDOVICO

(Aparte.)
 
¡Oigan, oigan lo que pasa! 285
Cautela fue su caída.
Vive Dios, que está mi vida
peligrosa en esta casa.
¡Ay esfinges! Él revela
toda la culpa que tengo; 290
mas no será, si prevengo
«cautela contra cautela».

(Vase.)


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Escena IX
Pág. 083 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY y ENRIQUE.

ENRIQUE

Voy a hacer lo que pretende.


REY

Consuela a César, y adiós.


ENRIQUE

De ti pendemos los dos. 295


REY

De ti mi reino depende.


ENRIQUE

Tu nos honras.


REY

Tú me amparas.


ENRIQUE

Fortuna, ¿desta manera
das pasiones? No quisiera
que alguna vez te enojaras. 300
 
(Vanse.)


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Escena X
Pág. 084 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CÉSAR y ELENA.
  

CÉSAR

¿Cómo en palacio se ha hallado,
señora, Vueseñoría?


ELENA

Con más gusto cada día,
porque la Reina me ha honrado.


CÉSAR

Ya sabe que a la amistad 305
se deben aras y templo,
porque es símbolo y ejemplo
de la fe y la lealtad.
Con sus alientos me atrevo
a darle aqueste papel: 310
débeme secretos él,
y yo respetos le debo
porque la ley de quien fui
sus letras ha venerado,
y con no venir cerrado, 315
trae candados para mí.


ELENA

¿De quién es?


CÉSAR

Ese fue error.
¿De quién ha de ser, me di,
siendo papel para ti,
y siendo yo el portador? 320


ELENA

De Don Enrique será.


CÉSAR

¿Hay otro que esto merezca?


ELENA

Será que le favorezca
con el Rey.


CÉSAR

Favor será
sólo de tu amor honesto. 325


ELENA

(Aparte.)
 
¡Qué engañada pretensión!

(Abre el papel, y sobresaltada dice aparte.)
 
En gran duda y contusión
aqueste papel me ha puesto,
«Carlos, Rey de Francia», escribe,
y no otra cosa, y confirma 330
que hay traición en la firma,
o que engaños apercibe,
o que es error.

(Alto.)
 
¿Has sabido
qué traes aquí?


CÉSAR

No, señora,
no lo sé: ya os dije agora 335
que a la amistad es debido
este respeto.


ELENA

Darás
a su dueño ese papel:
enigmas vienen en él;
di que se declare más, 340
y advierta que su lealtad
está ya tan sospechosa,
que a mí me tiene dudosa
la sospecha y la verdad.
Y que los vasallos buenos 345
solo en gracia se mantienen
de su Rey, y que no tienen
firmas de Reyes ajenos.
(Vuélvele el papel, y vase.)


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Escena XI
Pág. 085 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CÉSAR, solo.
 

CÉSAR

¡Vive Dios, que yo también
estoy dudoso y suspenso! 350
Dudando estoy y suspenso
con lo que mis ojos ven.
Pienso que Enrique es leal;
la firma del francés veo:
y así ni a los ojos creo 355
ni al pensamiento. ¡Qué mal
viven homores avisados
sin astucia recatada!
Aun en comedias me enfada
ver dos papeles trocados. 360


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Escena XII
Pág. 086 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CHIRIMÍA, CÉSAR.
  

CHIRIMÍA

Señor César, ¿ha venido
a palacio mi señor?


CÉSAR

(Sin atender a CHIRIMÍA.)
 
Entre dudas y temor.
traigo perplejo el sentido.


CHIRIMÍA

Señor César, por su vida, 365
que me diga dónde está.


CÉSAR

¡Válgame Dios! ¿Qué será?


CHIRIMÍA

Señor César, ¿tan perdida
tiene la oreja en efeto,
que no me oye?


CÉSAR

Quiero ver 370
a Enrique para saber
este encanto, este secreto.


CHIRIMÍA

Señor César. ¡Qué cruel
está! Pues ya se me acoge,
seor César, aunque se enoje... 375
¡Señor César! Voy tras él.

(Vase.)


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Escena XIII
Pág. 087 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


Los Príncipes y LUDOVICO.

LUDOVICO

Mil dificultades toco,
si lo que vi verdad es.


TARANTO

Llamado nos han, Marqués,
de tu parte.


LUDOVICO

Escucha un poca. 380
Enrique nos es traidor:
con el Rey ha declarado
lo que tenemos tratado:
riesgo corre nuestro honor
sin duda.


TARANTO

Pues declaremos 385
los ánimos arrogantes
y rebelémonos antes,
pues ese peligro vemos,


LUDOVICO

No es tiempo, y viene gran daño
a los nuestros.


SALERNO

¿Qué dispones? 390


LUDOVICO

A una traición dos traiciones,
dos engaños a un engaño.


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Escena XIV
Pág. 088 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, dichos.

REY

¡Oh mis parientes y amigos!


LUDOVICO

Más bien lo dirás agora
en sabiendo nuestros pechos, 395
señor. Anoche a la hora
que tú viste que salimos
de palacio, como propias.
personas tuyas, y espías
de tu frente y tu corona; 400
como tus vasallos, fuimos
a casa de Enrique, y su propia
persona ofreció de dar
en ayuda del francés.


REY

¿Eso passa?


TARANTO

Y mas, y ahora 405
nos dijo que era fingida
su caída cautelosa,
porque quieres desta suerte,
con esta industria ingeniosa,
conocer tus enemigos. 410


REY

Si fuese verdad...


SALERNO

Conozcan
nuestra fe cuantos vasallos
humanos reyes adoran.
Él trata de dar a Carlos
este reino, y esta hermosa 415
ciudad, que de luz serena
los rayos del sol coronan.


REY

Yo os agradezco el aviso.
Dejadme solo.
 
(Vanse los Príncipes y LUDOVICO.)


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Escena XV
Pág. 089 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, solo.

REY

¿Qué sombras
son éstas, que a la amistad 420
turban la luz generosa?
Estos tres han sospechado
que sé su intento, y abonan
deste modo su traición:
mas saber que es cautelosa 425
mi mudanza, y la caída
de Enrique, parecen cosas
de que han violado el secreto
los candados de su boca.
Pero también pudo ser 430
malicia déstos. ¡Qué propias
son las sospechas al hombre!
Sólo Dios, como no ignora
los humanos corazones,
es inmutable en sus obras. 435


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Escena XVI
Pág. 090 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


ELENA, El REY.

ELENA

Aviso a tu Majestad...


REY

¿Qué dices, Elena hermosa?


ELENA

Que Don Enrique se escribe
con el Rey de Francia: importa
que sepa tu Majestad 440
si hay por qué se correspondan
sin ofender su lealtad.
Pero yo no lo sé sola;
esta verdad aseguro,
y si de César te informas, 445
sabrás la verdad del caso.


REY

Hágate el cielo dichosa
como bella, noble y leal.


ELENA

A quien soy lo debo.

(Vase.)


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Escena XVII
Pág. 091 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, solo.

REY

Rompan
los silencios de mi amor 450
las voces más rigurosas
que dio Monarca en el mundo.
Si la dama que le adora,
si la dama que le estima,
acusa a Enrique, ¿es impropia 455
su culpa? Indicios son fuertes,
que la verdad acrisolan;
pero no he de sospechar
de su lealtad generosa.
Apelo de Elena a César, 460
de su dama al amigo. ¡Hola!


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Escena XVIII
Pág. 092 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


Un CRIADO, El REY.

CRIADO

Señor.


REY

Mirad si está César
en la antecámara. Todas
las amistades humanas
¿han de ser tan sospechosas? 465


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Escena XIX
Pág. 093 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CÉSAR, El REY.

CÉSAR

¿Qué me mandas?


REY

Dime, César
(atendiendo a que me importa),
si Enrique se comunica
con el rey Carlos.


CÉSAR

(Aparte.)
 
Perdona
amistad, porque más debo 470
a mi Rey.
Señor...


REY

No pongas
temor y duda a la lengua;
la voz desata animosa.


CÉSAR

Señor, sí, yo tengo...


REY

Calla,
basta ese sí, para que oiga 475
mis quejas el mismo cielo
y la sangre se recoja,
desamparando las venas,
al corazón, cuando roban
sentimientos naturales 480
su actividad y transforman
en fuego su hielo. Vete,
que un desengaño es ponzoña,
y basta la que en dos letras
me diste a beber agora. 485
 
(Vase CÉSAR.)


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Escena XX
Pág. 094 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, solo.

REY

Otra vez pienso dudar:
haga finezas preciosas el
amor que a Enrique tengo:
apelo otra vez. ¿Hay
otra apelación donde pueda 490
aliviarse la memoria
de la dama y el amigo,
si en los votos se conforman?
¿A quién se puede apelar?
Apelo a él mismo: su boca 495
será el último testigo.
Si él no lo confiesa, ponga
la envidia mil asechanzas,
que mil serán mentirosas.
Esta puerta he de cerrar, 500
y quedar con él a solas,
que en mi camarín le tengo.
¡Oh, cómo está temerosa
el alma! Amistad, ¿qué es esto?
¿Ajenas culpas me asombran? 505
¿Delitos de otro me hielan?

(Llegándose a la puerta del camarín.)
 
Enrique...


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Escena XXI
Pág. 095 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


ENRIQUE, El REY.

ENRIQUE

Señor.


REY

Conozcan
los cielos que nos alumbran
que eres quien rompes y cortas
los lazos del amistad, 510
y yo no: tú me provocas
a la cólera mayor
que dio a tigres ni leonas
heridas Naturaleza;
y ansí con mis manos propias 515
quisiera tomar venganza.


ENRIQUE

(Aparte.)
 
Sin duda que hay quien nos oiga
otra vez, pues finge el Rey
que le ofendo, y que se enoja.


REY

¡Con Carlos te comunicas, 520
sin avisarme las cosas
que tratas con él! ¡Tú escribes
a mis contrarios!


ENRIQUE

(Aparte.)
 
Agora
no he de errar cual la otra vez
disculpándome, que importa 525
fingir este enojo bien.

(Alto.)
 
Confieso, señor, que tornas
a enojarte justamente.
Carlos me escribió.


REY

¿Quién osa
confesar así sus culpas, 530
que a morir no se disponga?
Mira, ingrato, qué me debes;
que hasta oírlo de tu boca
el crédito suspendí,
y aun está el alma dudosa, 535
si eres tú quien lo dijiste.


ENRIQUE

(A media voz.)
 
Señor, señor, ¿no hay persona
ninguna tras el cancel?


REY

Hay malicias cautelosas
tras el cancel de tu pecho, 540
y eso basta. ¡Tú blasonas
de agradecido español!


ENRIQUE

Solos estamos, y todas
las puertas están cerradas:
no finjas más; que me roban 545
los temores el aliento.


REY

De veras hablo, no pongas
intervalos a mi enojo,
y mi cólera interrompas.


ENRIQUE

(Aparte.)
 
¡Válgame Dios! ¿En qué parte, 550
pueden escucharnos? Sola
está la cuadra y apenas
hay quien distinga y conozca
si lo que finge es de veras.
Aun el alma, que no ignora 555
que es ficción, está temiendo.


REY

No disimules, pues tocan
tus traiciones en los rayos
de mi luz majestuosa.
¡Ah capitán de mi guarda! 560

(Llamando.)

Prended a Enrique.


ENRIQUE

(Aparte.)
 
Quien loca
llamó a la fortuna, dijo
la verdad.

(Alto.)
 
Si me aprisionas
señas son que tú me has dado
para que en ti reconozca 565
que tu enojo es verdadero.
¿Qué mucho en la parda concha,
engendre perlas el alba,
si cuando el sol se trasmonta,
mengua su cándido humor, 570
que aun no llegó a ser aljófar?
Huye el sol deste hemisferio,
caduca deja su pompa:
todo pasa desta suerte,
tú eres sol, fui flor hermosa; 575
escondísteme tus rayos,
perdí el verdor a tu sombra.


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Escena XXII
Pág. 096 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El CAPITÁN DE LA GUARDIA.
El REY, ENRIQUE;
luego, PORCIA.


CAPITÁN

¿Qué mandas?


REY

(Aparte.)
 
Ya estoy remiso.
 
(Sale PORCIA.)

PORCIA

(Aparte.)
 
Ánimo, segunda Porcia,
que las batallas de amor 580
no tendrán brasas que coma.

(Alto.)
 
Señor, a pedirte vengo,
atrevida y piadosa,
que justifiques las culpas
de Don Enrique, y conozcas 585
que no es bien que tú te enojes,
sin mirar que la paloma
al aire blanca parece,
aunque sea negra toda.
El agua clara en un vidrio, 590
turbia a nuestro ser la tornan
los rayos del sol hermoso;
en las cristalinas ondas
corvos parecen los remos:
muchos espejos nos borran, 595
si en las cosas claras vemos
que hay peligro, en las dudosas,
¿qué será, Rey poderoso?
Natural intercesora
mi piedad sea esta vez. 600


REY

Sí será. Condesa hermosa.

(Aparte.)
 
¡La que le quiere, me avisa;
la que no le quiere, aboga
por Enrique! Aquí hay engaño.
Bien está, gallarda Porcia. 605

(Alto.)


PORCIA

Vivas más que vive el fénix,
inmortal en sus aromas.

(Aparte.)
 
Y viva Enrique también,
que me mira y me enamora.

(Vase.)


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Escena XXIII
Pág. 097 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, ENRIQUE, el CAPITÁN.
 

REY

(Al CAPITÁN.)
 
Salíos fuera, y llama a César. 610
 
(Vase el CAPITÁN.)

ENRIQUE

(Aparte.)
 
Porcia con vista amorosa
me miró: todo se trueca.


REY

Ven acá, dime: ¿qué cosas
tratas con el Rey de Francia?


ENRIQUE

Yo, ninguna.


REY

¿Cómo agora 615
dijiste que te escribía?


ENRIQUE

Porque imaginé que a solas
no estábamos, y importaba
hacerme culpado: sola
hay una firma del Rey, 620
que en tu presencia dichosa
me dio el príncipe Taranto.


REY

Dame acá esa firma.


ENRIQUE

(Dando un papel.)
 
Toma,
que para lo que ordenares,
te la he guardado hasta agora. 625


REY

(Leyendo.)
 
«Como has entrado en palacio,
no he podido, mi señora,
responder, como debía,
a tu papel y a tus joyas...»


ENRIQUE

¡Válgame Dios! El papel, 630
sin atención ni memoria,
troqué con uno de Elena.


REY

(Aparte.)
 
La verdad aliento cobra.

(Alto.)
 
¿Quién a Elena lo llevó?


ENRIQUE

César.


REY

¡César!


ENRIQUE

Él responda 635
mejor, pues a tiempo llega.


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Escena XXIV
Pág. 098 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CÉSAR, El REY, ENRIQUE.
 

CÉSAR

Señor, ¿qué mandas?


REY

(Aparte.)
 
Gozosa.
siento el alma.

(Alto.)
 
¿Qué papel
diste a Elena?


CÉSAR

Sospechosa
hizo mi fe aquesta firma. 640

(Da al REY un papel.)


REY

Quien no apura ni acrisola
la verdad, errores hace.
Enrique amigo, perdona:
no dudé de tu lealtad;
pero me turbaron sombras 645
de aparentes culpas. Mueran
los Príncipes que alborotan
mis Estados.


ENRIQUE

Mira bien
que si los cuellos les cortas,
sus parientes y vasallos 650
tomarán armas traidoras.


REY

Yo tengo para matallos
una cautela ingeniosa.
Publíquese que en mi gracia
estás.


ENRIQUE

Dame por esposa 655
a Elena, y bien se publica.


REY

Pues prevén luego tus bodas.


ENRIQUE

Y las de César, Señor,
si dais licencia, con Porcia.


REY

Si ella gusta, norabuena. 660


CÉSAR

Vivas edades dichosas.
 
(Vanse ENRIQUE y CÉSAR.)

REY

(Siéntase a una mesa y escribe dos papeles.)
 
Ellos mismos han de ser
los que muerte rigurosa
se han de dar; que desta suerte
aseguro mi corona. 665

(Llamando.)
 
Príncipe.


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Escena XXV
Pág. 099 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El PRÍNCIPE DE TARANTO.
El REY.
 

TARANTO

Señor, ¿qué mandas?


REY

A mí, Príncipe, me importa,
que la muerte deis a Enrique,
sin que ninguno os conozca:
en este papel va el orden 670
que habéis de guardar.


TARANTO

Mil trovas
abrasará mi obediencia,
mil capitolios de Roma.
Dice el papel:

(Lee.)
 
«Iréis, Príncipe amigo,
con máscara, a la usanza destos días 675
a la plaza del Olmo y de las Ninfas,
que una fuente en su espacio cristal vierte,
donde hallaréis a Enrique, que esperando
está, para ir a ver unos festines.
Un lienzo sacará, sacad vos otro, 680
y muerte le daréis sin que os conozca.
Llevad gente en resguardo, y romped éste.»
Yo voy a prevenir lo necesario;
y los deudos y amigos que tuviere,
a prevenirlos y vestir, y todo. 685
¡Viven los cielos, español perjuro,
que de mis brazos no estaréis seguro!

(Vase.)


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Escena XXVI
Pág. 100 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, y luego el PRÍNCIPE DE SALERNO.
 

REY

(Llamando.)
 
¡Ah Príncipe de Salerno!


SALERNO

(Saliendo.)
 
Gran señor.


REY

Este orden toma,
y a Enrique darás la muerte. 690
Como ahí va escrito.


SALERNO

Ponga
leyes en mí tu grandeza,
que guardadas serán todas.


REY

Riguroso, ni tirano
me llame el mundo, pues obran 695
la equidad y la justicia
tal vez cautelas heroicas,

(Vase.)


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Escena XXVII
Pág. 101 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El PRÍNCIPE DE SALERNO, solo

SALERNO

(Leyendo.)
 
«Con máscara, pues son Carnestolendas,
esperaréis a Enrique, que pensando
que yo voy a la fuente de las Ninfas, 700
que en la plaza del Olmo cristal vierte,
un lienzo sacará: haced vos lo mismo,
llevad vuestros amigos y parientes,
y muerte le daréis sin que os conozca:
hacedlo con secreto y romped éste.» 705
Ahora este español que nos revela
el secreto jurado, verá el pago
que merece un traidor. Voy a vestirme
viven los cielos, español villano,
que hoy habéis de morir por esta mano. 710
(Vase.)


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Escena XXVIII
Pág. 102 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


Sala en casa de ELENA.

ELENA

Porcia, si de mí te fías,
y conoces mi afición,
dime cuál es la ocasión
de tantas melancolías.
Vienen días, pasan días, 715
Y tú tan triste: ¿qué es esto?


PORCIA

En este estado me ha puesto
un amoroso rigor:
prima, la muerte es menor.
Enrique el alma ha dispuesto 720
desta suerte.


ELENA

¡Ay prima mía!
¡Qué necios son tus amores!
Sin duda desos errores
nació tu melancolía.
En dos modos desconfía 725
dese amor.


PORCIA

¿Y cuáles son?


ELENA

Que no te tiene afición,
y que es pobre.


PORCIA

La primera,
a ser razón verdadera,
aumentará mi pasión, 730


ELENA

Es tan verdad, que me quiere,
es tan verdad, que desea
ser mi esposo. ¡No lo vea,
plega a Dios!


PORCIA

Y si lo fuere,
y mi desdicha lo viere, 735
viva en su dichoso estado,
alegre y enamorado,
más que el sol girando cielos.


ELENA

¿Bendiciones y no celos?
¡Grande amor!


PORCIA

(Aparte.)
 
¡Y gran cuidado! 740


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Escena XXIX
Pág. 103 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


El REY, ELENA y PORCIA.
 

REY

Condesas, felicemente
solas y juntas os veo,
cuando casaros deseo.
con un varón eminente,
que le quiero justamente, 745
a Elena su gusto sigo,
y a ti, Porcia, con su amigo.


ELENA

(Aparte.)
 
Ludovico es, pues que dice
que le quiero.

(Alto.)
 
Soy felice,
tuya soy.


PORCIA

Lo mismo digo. 750


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Escena XXX
Pág. 104 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


LUDOVICO, JULIO, dichos.
  

LUDOVICO

(Aparte.)
 
Deme amor atrevimiento.

(Alto.)
 
Rey, por ti la más hermosa
ocasión, y más honrosa
que hay en todo el mundo intento;
un gallardo casamiento 755
codicio, humilde te pido
me hagas felice marido
del dueño que siempre fue
dueño de mi amor y fe.


REY

¿Quién es?


LUDOVICO

Doña Elena ha sido. 760


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Escena XXXI
Pág. 105 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CHIRIMÍA, dichos.
 

CHIRIMÍA

Señor, señor, si te mueve
a piedad esta tragedia,
de un desdichado jüicio,
bien es que lástima tengas.
Don Enrique, mi señor, 765
con el dolor y la pena
de verse en desgracia tuya,
está loco, y de manera,
que ha dado en decir muy grave
a los amigos que encuentra: 770
«Bien está, dadme después
memoriales.» No hay quien crea
que ya, pobre y desdichado,
nuevo papel representa
de privado en este mundo. 775
Dadnos, gran Señor, licencia
que nos volvamos a España;
que mudando aires y tierras,
sanará desta locura.
Y porque veas que es cierta 780
su locura, como digo,
vesle aquí: en palacio se entra.


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Escena XXXII
Pág. 106 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


ENRIQUE, acompañado de algunos pretendientes. Dichos.

  

ENRIQUE

(A los Pretendientes.)
 
Al Rey, mi señor, diré,
vuestros méritos.


CHIRIMÍA

¡Oh pesia
la madre que te parió! 785
Deja esas locuras necias


ENRIQUE

Dame, gran Señor, tu mano.


REY

Veni, amigo, norabuena.


CHIRIMÍA

(Aparte.)
 
¡El Rey le sigue el humor!


PORCIA

(Aparte.)
 
¿Hay desdicha como aquesta? 790


ENRIQUE

En feliz hora vendré,
si me das a Doña Elena.


ELENA

(Aparte.)
 
No me faltaba otra cosa.


CHIRIMÍA

¿Hay locura como aquélla?


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Escena XXXIII
Pág. 107 de 107
Cautela contra cautela Acto III Tirso de Molina


CÉSAR, dichos.

CÉSAR

(Al REY.)
 
Escucha, señor un caso 795
el más funesto.


REY

¿Qué hay, César?


CÉSAR

Los dos Príncipes amigos
a quien por dueños veneran
Salerno y Taranto, agora
con máscaras y libreas, 800
como en Nápoles se usa,
porque son Carnestolendas,
una batalla se han dado,
quedando muertos en ella
muchos parientes y amigos 805
de ambas partes, sin que sepa
nadie la causa.


REY

¿Y los dos?


CÉSAR

Con más heridas que César
en el Senado, murieron.


REY

Los que han quedado se prendan 810
para saber la ocasión,
y entre tragedias funestas
prosiga Elena sus bodas.


ENRIQUE

Vivas edades eternas.


REY

Paso, Enrique: no sois vos 815
el dueño que ella desea.


ENRIQUE

¿Pues quién, señor?


REY

Ludovico.


ELENA

De Ludovico y Elena
son las bodas que el Rey dice.


ENRIQUE

¡Pues cómo, ingrata! ¿Estas letras 820
y diamantes, no publican
tu mudanza? Di.


PORCIA

Las piedras
han de confesar mi amor.


ENRIQUE

¿Este papel no es de Elena?


ELENA

La letra sí, las razones 825
de Porcia son.


ENRIQUE

¿Pues no era
esta joya tuya?


ELENA

Sí,
mas dísela a Porcia.


PORCIA

Sepan
que fueron finezas mías:
publíquese, no me pesa. 830


ENRIQUE

¿Qué haré, César?


CÉSAR

Ser de Porcia
infinitos años.


REY

Sea
almirante y canciller
Enrique, y luego le vuelva
el título de Marqués 835
Ludovico: el mundo entienda
que ha asegurado mi reino,
y que bien le quiero:
prendan a Ludovico.


LUDOVICO

¡Señor!
¿Por qué a mí?


REY

Porque no quieras 840
dar a Carlos mi corona.


ELENA

¡Engañada soy!


REY

No seas
interesada ambiciosa.


CHIRIMÍA

¿Luego no ha sido de veras
su caída? Julio amigo, 845
venguéme: esta vez te cuelgan.


ENRIQUE

Prospere el cielo tu vida,
gran Alfonso; y aquí tenga
fin la historia que se llama
Cautela contra Cautela. 850

Fin01.jpg


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