Celos aun del aire matan (Versión para imprimir)

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Personas
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Celos aun del aire matan


Celos aun del aire matan

Pedro Calderón de la Barca

 


DIANA.
POCRIS.
FLORETA.
MEGERA.


ALECTO.
TESÍFONE.
CÉFALO.


ERÓSTRATO.
CLARÍN.
RÚSTICO.


CORO DE NINFAS.
CORO DE ZAGALES.
[AURA.]


>>>

Jornada I
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Celos aun del aire matan Jornada I Pedro Calderón de la Barca


Sale por una parte un CORO DE NINFAS, y POCRIS, trayendo en medio de todas a AURA, cubierto el rostro, y por otra parte DIANA, con venablo, y las demás, con flechas.
POCRIS

Esta, hermosa Diana,
cuya incauta belleza
baldón es de tus montes
y oprobio de tus selvas,
es Aura, a quien tus ninfas,
al sacro culto atentas,
del puro amor que ensalzas,
del torpe que desprecias,
presentan ante ti.

CORO

Y en forma de querella
de su amante delito
te piden la sentencia.

AURA

¡Ay, infeliz de aquella
que hizo verdad haber quien de amor muera!


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POCRIS

Eróstrato, un pastor
a quien por su soberbia
todos los moradores
destos confines tiemblan,
de noche, tras sus ansias,
de día, tras sus fieras,
por ella de tus cotos
la línea sale y entra
disfamando de todas.

CORO

La votada pureza
con que tu templo sirven
tus aras reverencian.

AURA

¡Ay, infeliz de aquella
que hizo verdad haber quien de amor muera!

POCRIS

Anoche, cuando en sombras
la luz del sol envuelta
dejó la de la luna
bañada en nubes densas,
porque también tuviese
Prometeo su esfera,
que sus rayos robase
entre sus flores bellas,
hurtos de amor lograba.


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CORO

Y como a él no puedan
seguirle nuestras plantas,
prendimos solo a ella.

AURA

¡Ay, infeliz de aquella
que hizo verdad haber quien de amor muera!

DIANA

Descubridla la cara,
que quiero que me vea,
porque antes que mi ira
la mate su vergüenza.
Sacrílega hermosura
que torpemente ciega,
de mi deidad no solo
el sacro honor desdeñas,
pero de mi enemiga,
Venus, el triunfo aumentas,
haciendo que mis aras
sirvan a tus ofensas.
¿Cómo, atrevida, intentas
que reine amor donde el olvido reina?

AURA

¿Yo? Si cuando...


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DIANA

Suspende
la voz, el labio sella,
que hay delitos que crecen
la culpa con la enmienda.
A ese tronco la atad,
las manos atrás vueltas,
y pues es de mis ritos
establecida pena,
quien flechas del amor
indignamente sienta,
sienta no indignamente
de mi rencor las flechas,
examine las vuestras,
y al impulso que vive, al mismo muera.

POCRIS

Ven, fiera.

CORO

Ven, tirana.

AURA

¿Tú, Pocris, que antes eras
mi más amiga, más
contraria te me muestras?

POCRIS

Sí, que por más amiga
me toca más tu ofensa.


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AURA

O plegue a Amor o plegue
a Venus que padezcas
lo que padezco, en ti
vengadas sus ofensas,
la primera de todas.

POCRIS

Yo le doy la licencia
de ser, como me vea
Amor amar, su indignación primera.

DIANA

¡Atadla! ¿Qué esperáis?
(Atan a AURA al tronco.)

AURA

¡Soberanas esferas!
¡Poderosas deidades!
¡Cielo, sol, luna, estrellas,
fuentes, arroyos, mares,
montañas, cumbres, peñas,
árboles, flores, plantas,
aves, peces y fieras!
¡Compadeceos de mí!
¡Tened de mí clemencia!
No permitáis que digan
aire, agua, fuego y tierra:
«¡Ay, infeliz de aquella
que hizo verdad haber quien de amor muera!»


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(Dentro, CÉFALO y CLARÍN.)
CÉFALO

Gemido es de mujer,
que afligida lamenta.

CLARÍN

Si ella obró noramala,
quéjese norabuena
y sigue tu camino.

CÉFALO

¿Cómo, oyendo sus quejas,
podrá el valor de un noble
no ir a favorecerla?

CLARÍN

Yendo por otra parte.

CÉFALO

Conmigo, Clarín, llega.

CLARÍN

Pues fue de todas sombra.


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(Sale CÉFALO y CLARÍN.)
CÉFALO

¿Qué villana violencia
se atreve a hacer a una mujer ofensa?
¿Pero qué es lo que miro?

CLARÍN

Una banda de bellas
señoras cupidillas,
que están en bandas puestas
contra una, a un tronco atada.

CÉFALO

No sé cómo obre cuerda
acción, que ofendo a muchas
en una que defienda.


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DIANA

¡Oh tú, estranjero joven,
que quiero creer las señas
del traje, por no hacer
tu culpa más grosera
en haberte atrevido
a penetrar la senda,
que este sagrado guarda,
que este sitio reserva,
tanto que nadie a él llega
que no escriba su muerte con su huella.
Sin que más examines
y sin que más entiendas
del duelo en que nos hallas,
trance en que nos encuentras,
vuelve atrás y agradece
a la deidad suprema
que estos montes habita,
que quiere que se sepan
sus iras, y por esto,
sin que cómplice seas
de errores que castiga,
permite que te vuelvas.
Vete pues, si no esperas
que la voz del indulto se arrepienta.


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CÉFALO

En cuanto a que, estranjero,
no sé qué estancia es esta.
Lo que el traje te dijo,
no desdirá la lengua,
pero en cuanto a que oí
míseras voces tiernas
de mujer, cuyo acento
a discurrir me empeña
lo inculto destos montes,
¿cómo, llegando a verla,
della llamado, puedo
dejar de socorrerla?

DIANA

Viendo que más arriesgas
en que me enoje yo, que en
morir ella.

CÉFALO

Reconozco el peligro
de tu ceño, mas piensa
que nobles culpas hacen
amigas las ofensas.
Pues aunque ahora te enojes,
podrá ser que agradezcas
tú mesma mi despecho,
después contra ti mesma
que hidalgos procederes
tienen tal encomienda
en lo ilustre de un alma,
que obligan, aunque ofendan.


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DIANA

Según eso, ¿aun intentas
contra mí proseguir en su defensa?

CÉFALO

En su defensa sí,
contra ti no.

DIANA

¿No echas
de ver que es imposible
mantener la propuesta?
Porque, ¿cómo, si a darla
la muerte estoy resuelta,
y tú a darla la vida,
quieres que se convengan
dos acciones que están
tan cara a cara opuestas?

CÉFALO

No sé, si no me vale
una industria.

DIANA

¿Qué es?


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CÉFALO

Esta:
(Pónese CÉFALO delante de AURA.)
La templada cuchilla,
que blandida en tu diestra,
a tus ojos les pide
para matar licencia,
contra mí arbola, y todas
vosotras, ninfas bellas,
tremolad contra mí
las embebidas cuerdas,
que de su vida escudo
mi vida, a esos pies puesta,
muriendo yo primero
que a ella morir la vea.
Cumpliré entrambas deudas,
pues ni me opongo a ti, ni falto a ella.

DIANA

Por más que generoso
facilitar intentas,
o rendido mi saña,
o altivo tu soberbia,
no has de poder. Aparta.

CÉFALO

Advierte, considera,
que no es querer que viva
pedirte yo que muera.


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CLARÍN

Apártate, señor,
y que la tiren deja.
Tendrás un lindo rato.

CÉFALO

¿Eso, vil, me aconsejas?

CLARÍN

Pues dime: ¿Hubiera fiesta
como ver asaetear todas las hembras,
cuanto más una?

DIANA

Aparta,
digo otra vez.

CÉFALO

Espera.

POCRIS y el CORO

¿Qué hay que esperar?

AURA

Los dioses
mi vida favorezcan.

DIANA

¿Cuál podrá contra mí?


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AURA

El que, al ver mi tragedia,
porque tú no blasones
que contra Amor hay fuerza,
no bastando la humana
que trajo a socorrerla,
usó de la divina.

CORO

¿Cómo?

CORO 2º

(Dentro.)
Desta manera.
(Vuela el tronco con AURA.)

AURA

¡Ay infeliz de aquella
que hizo verdad haber quien amor muera!

CORO

En aire convertida,
desvanecida vuela
los diáfanos espacios.

DIANA

¿Quién duda que las ciegas
fantasías de Amor,
cuando más se defiendan,
en aire se consuman
y en humo se conviertan?


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POCRIS

Como Venus del agua,
nació para que sea
fuego el amor, y el aire
de agua y fuego mezcla.
Los imperios de Venus,
que ambos estremos median,
el aire son, y así,
la trasladó a su esfera,
para que sin que tú
la mates, viva eterna
ninfa del aire Aura,
diciendo lisonjera...

AURA

(Dentro.)
No ya infeliz de aquella
que hizo verdad haber quien de amor muera.

DIANA

Este aleve estranjero,
que a tan mal punto llega
a embarazar mis iras,
que da aliento a que puedan
volar a ella sus voces,
de mi cólera fiera
será despojo.


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CÉFALO

En vano
temor ponerme intentas,
que heroicos pechos no
matan sin resistencia.

DIANA

No es matar ventajosa
el castigar severa,
y así, de mi violenta
saña tu vida el desempeño sea.
 (Cáesele el venablo de la mano, al ejecutar el golpe.)
¿Pero qué es esto? ¡El dardo
que acerado cometa
tan siempre fue del bosque,
que despedido apenas
de mi mano salió,
cuando a mis plantas puestas
vio tantas brutas ruinas,
sin que sañuda fiera,
o ya la garra armada,
o ya la armada testa,
por veloz se redima,
por feroz se defienda,
me falta! ¡Qué tristeza!
¡Qué asombro, qué terror,
qué ansia, qué pena!


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(Vanse DIANA y las ninfas, dejándose el venablo; cógele CÉFALO, y POCRIS se le quiere quitar, y luchan los dos.)
CÉFALO

De tanto misterioso
pasmo, testigo sea
en el templo de Marte
este venablo.

POCRIS

Suelta,
que prenda de Dïana
es tan sagrada prenda,
que aun dejada, no hay
mortal que la merezca.

CÉFALO

¡Diana!

POCRIS

Sí.

CÉFALO

Aunque oír
su nombre me estremezca,
para llevarle, más
que me impides, me alientas.
¿A quién, beldad divina,
despojo de tan nueva
lid toca, sino a quien
con la campaña queda?


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POCRIS

A quien debe cobrarlos,
por de su dueño.

CÉFALO

Deja,
ya que vuelvo dichoso,
que honrado también vuelva.

POCRIS

No en vano lo pretendas.

CÉFALO

No en vano tú quitarme el honor quieras.

POCRIS

No has de llevarle.

CÉFALO

No hagas
que tan alta presea
aventure el respeto
ajado de la fuerza.

POCRIS

¿Qué es ajado? Primero
que por tuyo le tengas,
con él has de quitarme
la vida.

CÉFALO

Advierte.


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POCRIS

Suelta.
 (Hiérese con el venablo.)
Mas, ¡ay de mí, infelice!

CÉFALO

¿Qué has hecho?

POCRIS

Con la ciega
cólera, no advertí
que en la cuchilla puesta
la mano tenía, y tanto
al herirme con ella
la púrpura del rojo
coral que la ensangrienta,
me estremece, me yela,
me desmaya, me aflige y me atormenta,
que ni aliento, ni vivo,
y en ofuscada idea
de sombras que me asaltan,
de horrores que me cercan,
no sé, no sé de mí.
¡Detente, aguarda, espera!
No, no me mates.

CÉFALO

Yo...
Cuando... si...


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POCRIS

Cesa, cesa.
¿Pero qué es lo que digo?
¿Yo a un acaso sujeta?
¿Yo a un delirio postrada?
¿Yo a un frenesí suspensa?
¡Qué fantasía tan necia!
¡Qué ilusión! ¡Qué delirio! ¡Qué quimera!
(Vase.)

CÉFALO

Bello prodigio aguarda,
hermoso asombro espera.

CLARÍN

Pues va muy bien servida
para que se detenga.

CÉFALO

No quiero más, ¡ay, triste!,
sino solo que sepa
que el nácar que, purpúreo,
manchó la nieve tersa,
al ver que los jazmines
en claveles se vuelvan,
herido el corazón
en el pecho me deja,
como diciendo en muestras
de mi dolor...

[GENTE]

(Dentro.)
¡Al monte, a la ribera!


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CLARÍN

Ruido de cazadores
a estotra parte suena,
y pues no has de seguirla,
busquemos por la selva
los caballos, que sueltos
se quedaron en ella,
y vamos donde vamos.

CÉFALO

Dices bien. ¡Quién pudiera
siguiendo ir su belleza!
(Vase.)

[GENTE]

(Dentro.)
¡Al monte, al prado, al valle, a la ribera!
(Sale ERÓSTRATO.)

[ERÓSTRATO]

Ya que dejo esparcida
por toda la campaña la batida,
cuyas confusas voces,
que son mi seña, es fuerza que veloces
hayan la soberana
esfera penetrado de Dïana,
en el inculto soto
que desta línea a su vedado coto
divide el linde, quiero
recatado esperar al jardinero,
de quien mi amor fiado
sus términos rompió, porque el cuidado
de que anoche sentido
fuese de alguna gente, cuyo ruido
me obligó a que saliese
veloz, porque con Aura no me viese,
me tiene con recelo
de si fui visto o no.


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(Sale RÚSTICO.)
[RÚSTICO] Válgame el cielo,

en que cosas se mete
el que se mete. Consonante, vete,
pues nombre es más pulido,
agente de negocios de Cupido.
Dígalo yo, testigo
de tantos sustos, pues.

ERÓSTRATO

¡Rústico, amigo,
muy bien venido seas!

RÚSTICO

Y tú muy mal hallado.

ERÓSTRATO

Si deseas
sacarme de un cuidado,
dime de anoche acá lo que ha pasado.

RÚSTICO

Aunque la historia es mucha,
toda la he de decir.

ERÓSTRATO

Empieza.


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RÚSTICO

Escucha:
Persiguiendo fieras,
dicen que un día
con un coro encontraste
de hermosas ninfas.
Viste entre ellas a Aura,
y el que te incline
es razón, pues la estrella
ni da, ni pide.
De explicarte buscamos
medios y fuimos,
si ella la paraninfa,
yo el paraninfo.
Dejo aparte billetes,
jardines, noches,
ingredientes comunes
de otros amores,
y voy solo a que todas
sus compañeras
la acusaron, quejosas
de no ser ella.
Viéronte, y aunque fueron
razones tales,
si siempre muy civiles,
hoy criminales,
porque a Aura acusaron,
de cuyo enojo
resultó que doña Ana
la atase a un tronco.


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RÚSTICO

Pocris, su más amiga,
fue la primera
que la diera la muerte,
si no viniera
no sé quién a ampararla;
mas sin efeto,
porque solo quien pudo,
diz que fue Venus,
que mostrando que aquestas
son cosas graves
en doña Ana, y en ella
son cosas de aire,
convertida en aire
se llevó a Aura,
adonde...

ERÓSTRATO

No prosigas,
villano, calla.
Calla, que no quiero oír
que con piadosas crueldades,
a mí me convierta en estragos de fuego
quien a ella convierte en halagos de aire.

RÚSTICO

¿Pues tengo la culpa yo,
di, para que te lo pague?

ERÓSTRATO

Tampoco la tengo yo, y tengo la pena.


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RÚSTICO

¡Agentes de amor, veis aquí vuestros gajes!

ERÓSTRATO

Desvanecida hermosura,
que vagamente constante,
dejando de ser lisonja a las flores,
a ser te trasladas lisonja a las aves.
A llorarte voy perdida,
y no me atrevo a llorarte,
porque a la tierra las lágrimas corren,
y no está en la tierra aun caduca tu imagen.
Y así, en suspiros presumo,
que mejor mi fee te halle,
puesto que el aire merece tu sombra,
y son los suspiros alhajas del aire.
¿Mas cómo en lástima, cielos,
se convierten mis pesares?
¿Desde cuándo en Eróstrato ha sido
o dócil la queja, o la lágrima fácil?
¿Habiendo iras y rigores,
apelan a las piedades
mis sañas, mis penas, mis ansias, mis furias?
¡Mal haya el dolor que me hizo cobarde!
¡Viven los cielos, villano...!

RÚSTICO

Vivan, sin que a mí me mates.


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ERÓSTRATO

Que hoy han de ver mi venganza, no solo
los troncos, los riscos, los montes, los mares,
pero Diana y sus ninfas,
padeciendo los ultrajes
del abrasado despecho de un loco,
que ya para serlo bastó el ser amante.
Y esa Pocris, esa fiera
que más amiga mostrarse
debiera, verá que si un elemento
de aquella hermosura la pompa deshace,
otro elemento la venga.
Y pues tan presto se abren
las puertas del templo, y en su sacrificio
a todos es dado tocar sus altares,
yo... Mas el tiempo lo diga.
Ea, Eróstrato, si grande
tu fama no puede hacerte, hoy eterno,
veamos si eterno hoy tu infamia te hace.
(Vase.)


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RÚSTICO

Furioso va, y no sé cierto
por qué, que muchos galanes,
aun no convertirá en aire su dama,
por solo adorarla, adoran el aire.
Mas como vivo me deje,
por aquí pienso quedarme,
y así, la deshecha haciendo de que
en cuanto ha pasado estoy ignorante,
me volveré al jardín, pero
mi mujer con Diana sale.
De aquí he de escuchar el intento que lleva,
y ver lo que a solas al campo la trae.
(Retírase RÚSTICO al bastidor, y salen DIANA y FLORETA.)

DIANA

Tú, Floreta, has de decirme
la verdad, pues tú la sabes.

RÚSTICO

[Aparte.]
Será la primera que ha dicho en su vida.

FLORETA

Sí haré, que soy boca de muchas verdades.


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DIANA

¿Quién es el que en los jardines
a deshora cierra y abre?

RÚSTICO

[Aparte.]
Seguro estoy que lo sepa, si es fuerza
que porque no diga verdad se lo calle.

DIANA

¿No respondes?

FLORETA

[Aparte.]
¿Qué diré?

RÚSTICO

[Aparte.]
¿Mas, que echa la culpa a alguien?

DIANA

¿Qué esperas, pues? Prosigue.

RÚSTICO

[Aparte.]
Ella está
pensando un embuste con que disculparme.

FLORETA

Yo, señor... Cuando... Si...

DIANA

¿Qué te turbas?


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FLORETA

No te espantes,
porque decirte que Rústico ha sido
el vil, el traidor, el pícaro infame,
que por interés o miedo
a Eróstrato espaldas hace.
No lo he de decir, porque es mi marido,
y no has de saberlo de mí, aunque me mates.

RÚSTICO

[Aparte.]
¡Oh, mujer mía!, mintió
contigo la más constante,
con el valor que resiste el decirlo.

DIANA

No me lo digas, que hoy he de vengarme
de un villano con su muerte,
mas darle muerte es desaire,
que no merece castigo tan noble
el rústico objeto de un pecho cobarde.
A Acteón mudé la forma
en venganza de otro ultraje,
y a aqueste he de hacer que nadie le vea,
que en forma distinta de bruto no le halle.
Padezca lo que es, pues es
ocasión que Venus cause
este rencor, que entre muertas cenizas
parece que yela, y no es sino que arde.
(Vase.)


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FLORETA

Ella pensó que era boba,
y que había de sacarme
que Rústico fue quien tuvo la culpa;
pues no, que no soy de engañar yo tan fácil.
(Sale RÚSTICO del bastidor, con una cabeza de cuatro caras diferentes, y vestido de pieles.)

RÚSTICO

Ya que Diana se fue,
hermosa Floreta, dame
los brazos.

FLORETA

¡Ay triste! ¿Qué es esto que miro?

RÚSTICO

¿Por qué te retiras?

FLORETA

Cruel león, no me mates.

RÚSTICO

¿Yo león? ¿Estás borracha,
mujer? ¿Cuando a que te pague
mi amor la fineza de no haber contado
que fui el agresor de culpa tan grande
vengo como un corderito,
león te parezco?


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FLORETA

¡Amparadme,
cielos!

RÚSTICO

Espera.

FLORETA

¡Ay qué garras, qué dientes!

RÚSTICO

¿Pues qué hay que yo muerda, ni que hay que yo arañe?
(Sale POCRIS.)

POCRIS

¿De qué, Floreta, das voces?
Mas, ¿qué mucho que te espantes,
mirando, ¡ay de mí!, un oso tan fiero?

RÚSTICO

Pues ella por león me tenía de antes.

LAS DOS

¿No hay quien de tan bruta fiera
nos favorezca, y ampare?


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(Sale CÉFALO con el venablo, y CLARÍN.)
CÉFALO

Sí, pues mi destino, a solo seguir
hoy voz de mujer perdido me trae.

CLARÍN

Tente, señor.

CÉFALO

No temáis,
que solo para este trance
no en vano perdió su venablo Diana,
y tú le dejaste en mi mano no en balde.

CLARÍN

¿Que quieras con un hambriento
lobo meterte en combate?

RÚSTICO

Aún más lisonjero el delirio es de aqueste,
pues lobo, animal de su especie me hace.

CÉFALO

Manchado tigre, conmigo
embiste; puesto delante
me hallarás de la dama, por quien
ya intento este acero bañar con tu sangre.


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RÚSTICO

Vive Dios, que va de veras,
y si se le antoja darme
con el venablo, lo hará. Mientras pasa
su frenesí, mejor es que yo escape.
(Vase.)

CÉFALO

Sin el trofeo de haber
llegado a aquesta ocasión,
no has de irte.

POCRIS

No le sigas,
pues vuelve huyendo veloz.

CÉFALO

Aunque vengarte del susto
fuera mi aplauso mayor,
me para tu vista, más
imperiosa que tu voz,
a que entre aparte el cuidado
de aquel pasado dolor.

POCRIS

No le tengas, y dejando
el acaso y la ilusión,
no el haberte detenido
atribuyas a favor,
que es bien, si tú un riesgo impides,
que impida otro riesgo yo,
por eso que no siguieses
dije a esa fiera.


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CÉFALO

Aunque son
piedades, y no caricias,
perdóneme tu rigor,
que yo me he de persuadir
a lo que me está mejor.
Y ya que no soy dichoso,
darme a entender que lo soy.

POCRIS

Persuadirte a lo imposible
es una gloriosa acción.

CÉFALO

Darse por vencido antes
del riesgo, poco valor.

POCRIS

El que su bien anticipa,
peligra en la presunción.

CÉFALO

¿Qué importa que no lo sea,
para que lo piense yo?

CLARÍN

Y usted en aqueste alcázar,
¿no me dirá quién es?

FLORETA

Soy
ninfa de escalera abajo.


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CLARÍN

La norabuena me doy.

FLORETA

¿La norabuena de qué?

CLARÍN

De que por lo menos no
llegara a sus acesorias
desalentado mi amor.

FLORETA

Antes sí, que en las sirvientes
corre contraria razón,
que las de escalera abajo
de desván arriba son.
(AURA sale en lo alto sobre un águila.)

AURA

Ya que alada hija de Venus,
dejando en nuestra mansión
de ser de los bosques ninfa,
ninfa de los vientos soy,
a cuyo suave aliento
han de vivir desde hoy,
de Aura inspirados, la planta,
la ave, el cristal y la flor,
en flor, cristal, ave y planta,
no haya música o verdor
que amor no publique; y pues
debí a Céfalo el favor,
y el rencor le debí a Pocris,
y se hallan juntos los dos,
a lograr los dos asumptos
del favor y del rigor,
inspire suave el aura de amor.


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POCRIS

¡Qué muerta voz! ¡Ay de mí!

CÉFALO

¡Ay de mí! ¡Qué viva voz!

LOS DOS

Hacia la parte del alma
hablando está al corazón.

POCRIS

Mas con cerrar al encanto
el oído, libre estoy.

CÉFALO

Mas con mirar al hechizo,
cumpliré mi obligación.

POCRIS

¿Dónde vas?

CÉFALO

Asegurando
el pasado riesgo voy.

POCRIS

No, no has de pasar de aquí.

CÉFALO

Perdone esta vez tu voz,
que no la he de obedecer
como antes.


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POCRIS

¿Por qué no?

CÉFALO

Porque mandarme quedar
en la pasada ocasión,
cuando a no mirarte iba
tras aquel bruto feroz,
no es lo mismo que mandarme
quedar, cuando a verte voy.

POCRIS

Quien solo al riesgo obedece,
poco debe a su pasión,
que obedecer contra el gusto
es la fineza mayor.

CÉFALO

Porque veas que no es
interés, sino atención,
vete en paz.

POCRIS

En paz te queda.
(Hace que se va.)

AURA

Aunque se aparten los dos,
inspire suave el aura de amor.


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POCRIS

¿Porque digo que se quede
no más, se queda? ¿Quién vio
tan mal mandada obediencia?

CÉFALO

¿Porque me diga que no
la siga, temo? ¿Quién, cielos,
vio en la ciega confusión
del temor y la osadía
tan bien mandado al temor?

AURA

Inspire suave el aura de amor.

POCRIS

Pero si se fue, veré.

CÉFALO

Mas veré si se ausentó.

POCRIS

¿A qué vuelves?

CÉFALO

¡Yo qué sé!
¿Tú a qué vuelves?

POCRIS

¡Qué sé yo!

AURA

Inspire suave el aura de amor.


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POCRIS

Yo a decirte que si quedas
en toda aquesta región,
supuesto que de estranjero
ya el indulto se acabó,
corre peligro tu vida.

CÉFALO

Yo a decirte que corrió
ya, pues le tengo a dos luces,
si me quedo y si me voy.

POCRIS

Pues si te dan a escoger,
ausentarte es el mejor.

CÉFALO

Si el mejor es ausentarme,
¡ay Dios!, ¿cuál será el peor?

POCRIS

A mí, que el que fuere sea.
Vete pues; no vuelva yo
a hallarte aquí cuando vuelva.

CÉFALO

Esto es decirme que no
me vaya, si has de volver.

POCRIS

Esa es locura.


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CÉFALO

Yo doy
que sea locura, pero
locura puesta en razón.

POCRIS

¿No te vas?

CÉFALO

Si tú te vas.

POCRIS

¡Qué pena!

CÉFALO

¡Qué confusión!

POCRIS

Pero yo sabré vencerla...

CÉFALO

Más sabré seguirla yo...

POCRIS

Por más que ignorado acento...

CÉFALO

Por más que ignorada voz...

POCRIS

En mi oprobio...

CÉFALO

En mi desdicha...


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POCRIS

En mi injuria...

CÉFALO

En mi temor...

POCRIS

En mi ofensa...

CÉFALO

En mi fortuna...

POCRIS

En mi agravio..

CÉFALO

En mi favor...

POCRIS

Me este diciendo al oído...

CÉFALO

Diciendo esté al corazón...

LOS DOS y AURA

Inspire suave el aura de amor.
(Vanse los dos.)


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CLARÍN

¿Y los dos en qué quedamos?

FLORETA

En que los dos a otros dos.

CLARÍN

Con que diremos cantando
de nuestros amos al son.

LOS DOS

Inspire suave el aura de amor.


Jornada II
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Dentro grita de pastores, y salen cantando todos los músicos, y detrás dellos CÉFALO, ERÓSTRATO y CLARÍN, de villanos, con dones en las manos, excepto CLARÍN, que no le trae.
CORO DE HOMBRES

Venid, moradores de Lidia, venid,
venid, que hoy de marzo la luna se cumple,
en que partidos el día y la noche,
iguala Diana las sombras y luces.
Venid, y trayendo de rosas y flores,
de fieras y aves los dones comunes,
las unas sus rizos coronen guirnaldas,
las otras sus aras adornen perfumes.

TODOS

Venid, que hoy de marzo la luna se cumple.


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ERÓSTRATO

Pues ya el día amaneció
en que estos montes saluden
de Diana el templo, a cuyo
fin tantas gentes concurren.
Bien entre ellos mi rencor
disfrazado me introduce,
haciendo que este villano
traje encubra y disimule,
persona y intento, pues
como entre todos me oculte,
verán Venus, Amor y Aura
que si hay quien su pompa injurie,
hay quien sus agravios vengue;
y así, con todos procure
mezclarme, diciendo, a fin
de que mi error ejecute.
Venid, y tejiendo con blancos azares
los rojos claveles, violetas azules,
las unas, sus rizos coronen guirnaldas,
las otras, sus aras adornen perfumes.

TODOS

Venid, que hoy de marzo la luna se cumple,
en que partidos el día y la noche
iguala Diana las sombras y luces.


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(Vanse todos, y quedan CÉFALO y CLARÍN.)
CÉFALO

Sigue, Clarín, esa tropa.

CLARÍN

El juicio que nunca tuve,
tus cosas quitarme intentan.

CÉFALO

¿Pues qué hay hoy que en ellas culpes?

CLARÍN

Noble en Tinacria naciste,
y como nunca se unen
de la fortuna y la sangre
las vanas solicitudes,
cansando al mundo vivías,
por lo mal que en él se sufren
sobre escaseces de pobre
las vanidades de ilustre.
Quiso Dios y tu ventura,
que en este estado te acude
la herencia de un tío, que en Lidia
mataron sus senectudes,
con cuyas nuevas alegre,
por estar puesto en costumbre
que se regocije el vivo
de lo que el muerto se pudre,
a tomar la posesión
venías, cuando en la cumbre
de aquese monte los cielos
quisieron que el eco escuches
de una desmayada voz,
y que de oírla resulte
que una ninfa pague en sangre
lo que otra en aire consume.


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CLARÍN

Volvimos, porque no sea
la relación pesadumbre,
a buscar nuestros caballos,
que por esos cerros huyen,
cuando otra vez nos llamó,
sin saber para qué use
de voces contigo Amor,
pues en lo tierno y lo dolo
de tu condición, no dudó
cuanto es diligencia inútil,
quien siempre tuvo buen pleito,
ver que a voces le reduce.
Segunda vez a esta ninfa
viste, y en vez de que busques
los caballos y te vayas
donde acomodado triunfes,
veo que en una alquería
te albergas, y en ella el lustre
de tu esplendor, disfrazado
en tosco sayal encubres.
¿Qué es esto, señor?


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CÉFALO

Clarín,
es un destino que induce,
es un hado que domina
y es una estrella que influyes.
En busca de los caballos,
para que seguir procure
mi viaje, llegué a ese
pobre albergue, donde supe
que la luna, en que a Diana
la rústica muchedumbre
destas comarcas celebra,
en este día se cumple,
y que en su solemnidad
eran a todos comunes
los umbrales de su templo,
para que todos tributen
a sus ninfas las ofrendas,
que en tibia trémula lumbre
sacrifican para que,
cuando sus aras ahúmen,
suban al cielo en pavesas,
cuyas condensadas nubes,
como Elcino dice, la hacen
deidad de sombras y luces;
y siendo así, que por pocos
días, más o menos, pude
de tanta celebridad
lograr el día, no acuses
quedarme en aqueste traje
en que mis dichas dispuse,
pues, si la verdad te digo,
bien que tú te la presumes,
no solo curiosidad
me mueve, pues no es bien dudes
que con aquesta ocasión
logren mis solicitudes
el volver a ver aquella
que, con divinas vislumbres,
luciendo a par de Diana,
a par de los cielos luce.
Y así, ven tras esa tropa,
que ya del templo descubre
del dorado chapitel
almenas y balaústres.
Mas no vengas sin ofrenda;
de esas bellas flores pule
siquiera algún ramillete,
y tras mí con todos sube,
pues yo, para disfrazar
el alto intento que truje,
iré diciendo con todos
para que su aplauso ayude:
«Venid», y mezclando de fieras y aves
matices que halaguen, lisonjas que adulen,
las unas sus rizos coronen guirnaldas,
las otras sus aras adornen perfumes.
 (Vase CÉFALO.)


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CORO 2º

Venid, que hoy de marzo la luna se cumple.

CLARÍN

Ya que habiendo de seguir
la tropa, es fuerza procure
llevar ofrenda de aquesta
huerta, algunas frutas hurte.
(Sale RÚSTICO con máscara de lebrel, y collar y pieles.)

RÚSTICO

([Aparte]
¿Si se habrán cansado ya
todos del pasado embuste
de hacerme creer que soy
monstruo? En aqueste lo apure.)
¡Ha, pastor!

CLARÍN

¡Ay infelice!
¡Qué perro tan fiero acude
a guardarlas!

RÚSTICO

¡Ha, pastor!


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CLARÍN

No, señor mastín, aguce
contra mí las presas, que
no he tocado una legumbre
tan sola en toda su huerta.

RÚSTICO

¡Oye, aguarda!, ¿de quién huyes?

CLARÍN

¡Ay, cómo ladra rabioso!

RÚSTICO

No ya el cordelejo dure.
Basta, pastor, y di quién
a aquesta burla te induce.


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CLARÍN

Fiestas hace y no me muerde,
y si es que el discurso arguye
que a una deidad cazadora
un perro es don de gran fuste,
se le he de llevar.
¡Tus, tus, Cito!

RÚSTICO

Por más que me atufe,
nada enmiendo; y pues no hay
perro que con amo ayune,
dejarme llevar de aqueste
quiero.

CLARÍN

Tus, tus. ¿Cuál acude?
¡Y luego dirán que no hay
a perros viejos tus tuses!
Traílla he de hacer de la honda.
Ir conmigo no rehúses.

RÚSTICO

No haré, si a comer me llevas.

CLARÍN

Con todos ahora pronuncie:
Venid, moradores, etc.
(Vanse.)


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(Descúbrese el templo; salen por una puerta los hombres y por otra las mujeres, DIANA está en el trono, y sale ERÓSTRATO, CÉFALO, CLARÍN y RÚSTICO.)
TODOS

Venid, moradores de Lidia, venid,
venid, que hoy de marzo la luna se cumple,
en que partidos el día y la noche,
iguala Diana las sombras y luces.

CORO 1º

Venid, y trayendo de rosas y flores,
de fieras y aves los dones comunes,
las unas sus rizos coronen guirnaldas,
las otras sus aras adornen perfumes.

TODOS

Venid, que hoy de marzo la luna se cumple.

DIANA

Rústicos moradores
destos campos de Lidia,
para que más la envidia
de vuestros sacros loores
ofenda a la deidad de los amores
(pues para mí no ha habido
ni dádiva ni ofrenda,
sino la que pretenda
publicar que este ha sido
contra el amor empleo del olvido),
id vuestros altos dones
dando a mis ninfas bellas,
y alternando con ellas
las músicas canciones,
decid para blasón de mis blasones...


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CORO
ERÓSTRATO

([Aparte.]
Mi soberbia el primero
a la ofrenda me lleva.
La voz el labio mueva,
no el corazón, si espero
lograr postrado lo que altivo muero.)
(Llega a una NINFA con el arco y flecha.)
Si el arco de Amor, ¡oh, bella
deidad!, el mayor trofeo
para Venus es, bien creo
que este vengue a Diana bella,
pues su estrella
verá que a esta media luna
no hay ninguna
fiera que no sea inferior,
y más cuando su esplendor
diga, de su flecha herido:
¡Muera el amor y viva el olvido!
¡Viva el olvido y muera el amor!


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(Llega CÉFALO a POCRIS, con un ramillete o guirnalda.)
CÉFALO

Cobarde a hablarla llego.
¿Cómo podré, divino
amor, si a tu destino
los influjos no niego,
de yelo hablar y padecer fuego?

POCRIS

¡Cielos!, ¿qué es lo que miro?
¿No es este el estranjero?

CÉFALO

Turbado, al verla muero.

POCRIS

Muerta, al verla respiro.

CÉFALO

([Aparte.]
¡Oh, si hablara sin voces el suspiro!)
Azucena y rosa ves
en iris, cuya belleza
símbolo es de la pureza
y sangre de Venus es,
y así, a tus pies,
rosa y azucena, infiero
lisonjero
don, pues una es del candor
imagen y otra el verdor
dice, en púrpura teñido:
¡Muera el amor y viva el olvido!


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TODOS

¡Viva el olvido y muera el amor!

POCRIS

De azucena y rosa fuera
acepto el don que me das,
si la blancura no más
sin la púrpura viniera.

CÉFALO

Mal pudiera,
si la vi en sangre teñida.

POCRIS

¡Ay de mi vida,
si se acuerda del dolor!

CÉFALO

¡Y ay de la mía!, al rigor
de haber de decir rendido:
¡Muera el amor y viva el olvido!

TODOS

¡Viva el olvido y muera amor!

CLARÍN

Estrafalaria beldad,
que ni turba ni embraza.
Este lebrel para caza,
en nombre mío tomad.

RÚSTICO

¡Qué maldad!
¿Yo lebrel de mi mujer?


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FLORETA

Agradecer
debo el don por el mejor.

CLARÍN

Es famoso cazador.

RÚSTICO

¿De qué lo habéis vós sabido?

CLARÍN

¡Muera el amor y viva el olvido!

TODOS

¡Viva el olvido y muera el amor!

CORO 2º

Todos de nuestro ejercicio
las primicias dedicamos.

CORO 1º

Y todas las acetamos
de Diana en sacrificio.

DIANA

Yo, propicio
a vuestro justo desvelo,
culto y celo,
os ofrezco mi favor,
que no es el oro el valor,
sino el haber repetido:


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(Dentro AURA.)
AURA

¡Viva el amor y muera el olvido!
¡Muera el olvido y viva el amor!

DIANA

Esperad, que nueva voz,
sacrílegamente infiel,
en los coros de Diana
cláusula de Venus es.

TODOS

A nadie vemos, y solo
sentimos, al parecer,
un viento que blando inspira.

DIANA

Pues te oyen y no te ven,
¿quién eres? ¡Oh, tú del aire
veloz vaticinio!
(Vase AURA en el aire, en un carro tirado de dos camaleones, y cantando baja al tablado, atravesándole por delante de todos, y vuelve a subir por la otra parte, con el último verso.)


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AURA

¿Quién,
perturbando en tus aplausos
la ingratitud de tu fee,
sin que la impidas la entrada,
penetrar puede y romper
las claraboyas al templo,
y las cercas al vergel,
entre amor y olvido,
publicando que
no enmienda al amar
el aborrecer?
No, pues, de ingrata blasones,
que bien puede una mujer
mantenerse en ser constante,
sin pasar a ser crüel,
y es darle tiempo al estremo,
querer no haya medio, pues
entre el favor de su agrado
y el odio de su desdén,
puede partirse el camino,
a cuya causa hay quien fiel,
penetrando tus umbrales,
repita una y otra vez
que contra el olvido
amor viva, pues
no enmienda al amar
el aborrecer.
 (Vase.)


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DIANA

Traición en el templo hay
de algún amante, por quien
quiere Júpiter que el viento
estas noticias me dé.

ERÓSTRATO

¡Ay de mí, si me conoce!,
pues en llegando a saber
el intento con que vine,
¿qué disculpa he de tener?

CÉFALO

¡Ay de mí, si en mí repara!,
pues es fuerza conocer
que la intención que me trajo,
afecto del amor fue.

CLARÍN

¡Ay de mí, si ve que quiero
a esta maldita mujer!

RÚSTICO

¡Ay de mí, si se le antoja,
que el perro que rabia es!


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DIANA

A todos miro, y en nadie
el alma penetro. ¿Qué
poder soberano hay
que se oponga a mi poder?
¿Yo de Júpiter segunda
hija no soy? ¿No soy quien
en mayorazgos de luz
parte al sol el rosicler?
¿No soy la que con tres rostros,
siendo mis imperios tres,
Diana en la verde selva,
luna en el azul dosel
y Proserpina en el negro
centro, los mortales ven
tal vez presidir opuesta,
y favorable tal vez?
Y dejando la deidad
aparte, ¿no soy la que
de los montes de la Luna
predomina la altivez,
cuyas venenosas plantas,
inficionadas, hacer
prodigios se miran, cuantos
al hombre mudan el ser?
Pues madre de horror y miedo,
les trueco el semblante, bien
empañándole a él la faz,
como a todo el día la tez.


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DIANA

¿Pues cómo, oh deidad, oh maga ,
no alcanzo, ¡ay de mí!, a saber
quién me ofende, quién me injuria,
ni quién me ultraja, ni quién
la luz de mi penetrar,
la fuerza de mi entender
impide? Mas, ¡ay de mí!,
vuelvo a decir otra vez,
que si contra iras de amor
hizo bando mi esquivez,
¿qué mucho, cielos, qué mucho
que todos contra mí estén
banderizados los dioses,
pues perturbada la ley,
cuando de mí recusados,
están sobornados dél?
Mal hubiesen una lluvia
de oro, una adúltera red,
y en los caistros de un cisne,
los verdores de un laurel.
Esos profanados dones
dejad, arrojad, romped,
que con sospechas de alguno,
ninguno he de agradecer.


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DIANA

Salid, pues, salid, villanos,
del templo, y todas después
cerrad sus puertas, que más
no se han de abrir, hasta que
deste oprobio, este baldón
el fin sepa, y ay de aquel
por quien el aire me avisa,
tras cuyos ecos iré;
pues aunque todos los dioses
favor a algún traidor den
contra mí, no contra mí
han de mantenerle, al ver
que penetrando el supremo
solio, subo a proponer
a Júpiter mi querella,
aunque recele, y aunque
tema que de su delito,
siendo reo, le haga juez,
que en Júpiter aun no es fácil
obrar mal y juzgar bien,
y más cuando voy
a alegar contra él,
que enmienda al amar
el aborrecer.


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POCRIS

Sube al sacro solio, sube,
sube al supremo dosel,
y pues a todas nos toca,
de parte de todas ve.

TODAS

Y sepa que va
a alegar contra él,
que enmienda al amar
el aborrecer.
(Huyen todos y desaparécese DIANA.)

CORO 2º

Huyamos todos.

RÚSTICO

Huyamos.

CLARÍN

Eso no, señor lebrel,
que pues no vuelven los dones,
ha de ir conmigo usted.
(Vase RÚSTICO, y CLARÍN.)


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ERÓSTRATO

Aunque su enojo me dio
qué dudar y qué temer,
perdido en su ausencia el miedo,
detrás de aqueste cancel
me he de quedar escondido,
que no tengo de perder
la ocasión de mi venganza,
por si no la hallo otra vez.
(Vase.)

CORO

Pues hemos quedado solas,
el templo a cerrar volved.
No en ausencia de Diana
esté abierto.
(Vanse las NINFAS.)

POCRIS

Decís bien.

CÉFALO

No dicen, si no le cierran
al aire, que dijo...

POCRIS

¿Qué?


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CÉFALO

Que puede una ser constante,
sin pasar a ser cruel.

POCRIS

¿Qué importa eso?

CÉFALO

Mucho.

POCRIS

¿Por qué? Di.

CÉFALO

Porque
no enmienda al amar
el aborrecer.

POCRIS

Sí, mas vós, ¿cómo aquí solo
os quedáis?

CÉFALO

Como no sé
la senda que me desvía
de vós.

POCRIS

¿Aquesa no es?

CÉFALO

Sí debe de ser.


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POCRIS

Pues ¿cómo
viéndola no la sabéis?

CÉFALO

¿Quién quita verla los ojos
y no acertarla los pies?

POCRIS

Por eso os la enseño yo.
Idos, forastero; ved
que el templo se ha de cerrar
y que empieza a anochecer.

CÉFALO

Sí haré, pero permitidme
que estrañe que, al tiempo que
vós me mandáis que me vaya,
que me quede me mandéis.

POCRIS

¿Yo, que os quedéis? ¿Cuándo?

CÉFALO

Cuando
decís que me vaya.

POCRIS

Pues
el advertiros que os vais,
¿es deciros que os quedéis?


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CÉFALO

Sí, que el oír es criado
tan mal mandado del ver,
que todo lo que le dicen
siempre lo entiende al revés.
Y así, entre veros y oíros,
perdonad si descortés
abandona el corazón
lo que oye por lo que ve.

POCRIS

Perdonadme vós a mí,
que no me atrevo a entender
plática que a mis oídos
llega la primera vez.

CÉFALO

¿No visteis estrellas?

POCRIS

Sí.

CÉFALO

¿No visteis flores?

POCRIS

También.

CÉFALO

¿No oísteis aves?


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POCRIS

Sí oí.

CÉFALO

¿Cristales no escuchasteis?

POCRIS

Sí escuché;
mas con la plática, estrellas o flores,
cristales o aves, ¿qué tienen que ver?

CÉFALO

Preguntádselo al ardor
de aquella primera estrella;
veréis que en blando rumor
del aire que inspira, responde por ella...
(Atraviesa AURA en un carro por el tablado.)

AURA

¿Qué estrella no influye afectos de amor?

CÉFALO

Al verde botón que esconde
de aquella flor el matiz
lo preguntad; veréis dónde,
dudando si nace, el aire responde...


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AURA

¿Qué flor no es de amor un concepto feliz?

CÉFALO

Al tierno dulce clamor
lo preguntad de aquel ave;
veréis como a su dolor
el aire responde, diciendo suave...

AURA

¿Qué cláusula no es un gemido de amor?

CÉFALO

Preguntádselo al sonido
de aquese cristal, que herido
baja del monte al vergel;
veréis que responde el aire por él...

AURA

Aquí esta el amor, pues aquí se hace el ruido.

POCRIS

¿Qué importa que ame la bella
luz, ni que amen, ¡ay de mí!,
matiz, rumor, y querella,
si nunca han de ser ejemplar para mí
el ave, el cristal, ni la flor, ni la estrella?
Idos, pues, que siento ruido.

CÉFALO

Yo, ¡ay infelice!, me iré,
mas con una condición.


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POCRIS

¿Que os adivino cuál es?

CÉFALO

No haréis mucho, que es muy fácil.

POCRIS

Pues decidla.

CÉFALO

No diré
hasta que vós la digáis,
por ver si el alma me veis.

POCRIS

Esto es querer cortesano
decir que es ella después.

CÉFALO

Pues digámoslo a la par.

POCRIS

Es que advirtáis...

CÉFALO

Es que notéis...

POCRIS

Que siendo constante...

CÉFALO

Y no siendo cruel...


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LOS DOS

No enmienda al amar
el aborrecer.

POCRIS

Es verdad.

CÉFALO

Verdad es.

POCRIS

Que todo mi mal...

CÉFALO

Que todo mi bien...

POCRIS

Está en que entendáis...

CÉFALO

Está en que penséis...

LOS DOS

Que siendo constante
y no siendo cruel,
no enmienda al amar
el aborrecer.
(Vanse.)


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(Sale FLORETA.)
FLORETA

El templo cierran, y yo,
como no soy ninfa dél,
fuera he quedado, y no acaso,
si para discurrir es,
¿qué se habrá Rústico hecho,
que día de tal placer
no ha parecido? Hacia dónde
vaya a buscarle no sé.
(Salen CLARÍN y RÚSTICO.)

CLARÍN

¿Por dónde mi amo echaría?
Conmigo a buscarle ven.
¡Cito, to, pues ya tu amo
soy!

RÚSTICO

Y se le echa de ver
que es amo, pues solo cuida
del mandar y no el comer.
Mas sígole, porque otro
en otra tema no dé.

CLARÍN

Mas, ¡qué miro!


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FLORETA

Mas, ¡qué veo!

CLARÍN

¿No es aquella...?

FLORETA

¿No es aquel...?

CLARÍN

¿La ninfa de mala mano?

FLORETA

¿El lacayuelo de a pie?

CLARÍN

Dígame uced, reina mía,
si sabe por dónde fue
un amo que Dios me dio.

FLORETA

Dígame si sabe usted
de un maridillo que a mí
me dio el diablo.

RÚSTICO

Yo sé dél,
por señas de que a estas horas,
sin saber cómo o por qué,
me dice que está hecho un perro.

FLORETA

Sal aquí.
(Vase RÚSTICO.)


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Celos aun del aire matan Jornada II Pedro Calderón de la Barca


CLARÍN

No le peguéis,
que para los jabalíes
es una pieza de rey,
y pues maridos y amos
no son prendas de perder,
de nuestras cosas hablemos
y busquémoslos después,
y así, Floreta, sabrás
que él se ha quedado, por ver
a una ninfa de retorno;
yo me he quedado con él
tan solo por verte a ti.

FLORETA

Y diga, amante novel,
¿cómo es eso de retorno?
¿Soy yo mula de alquiler?

CLARÍN

Hazte tú de propriedad;
y si he hablado descortés,
enmiéndenlo.

FLORETA

¿Quién?

CLARÍN

Los brazos...


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Celos aun del aire matan Jornada II Pedro Calderón de la Barca


FLORETA

¿Cómo?

CLARÍN

Así.
(Abrázala.)
(Sale RÚSTICO, con cabeza de jabalí.)

RÚSTICO

¿Qué llego a ver?
No ha de pasar ante mí
de tal abrazo la fee.

LOS DOS

¿Qué es esto?

RÚSTICO

El perro que rabia.

FLORETA

¡Qué jabalí tan crüel!

CLARÍN

Jamás mayor puerco vi.

RÚSTICO

Eso es por honrarme usted.
([Aparte.]
Jabalí me han hecho. ¿Pero
de qué me quejo?, ¿de qué?,
si en no haberme hecho venado,
me han hecho mucha merced.
Mas vengarase en los dos
mi furia, empezando en él.)


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CLARÍN

¡Ay, qué Adonis del trapillo!
¿Sin por qué, ni para qué
me da muerte un jabalí?

FLORETA

Tu perro te ayude, pues
él, para los jabalíes,
es una pieza de rey.
(Vase.)
(Vase RÚSTICO, y sale CÉFALO.)

CLARÍN

¡Perro mío, de hoy acá
a darme la vida ven!

CÉFALO

Clarín, ¿de qué das voces?

CLARÍN

¡Ay, es un puerco que me ha muerto a coces!

CÉFALO

¿Estás borracho o loco?

CLARÍN

Lo uno no merecí, lo otro tampoco.

CÉFALO

Cobra aliento y sentido.


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CLARÍN

¿Coces a mí, que lacayuelo he sido?

CÉFALO

¿De qué nace ese yerro?

CLARÍN

De que un perro me ha dado pan de perro,
pues huyendo se aleja
de un jabalí, y en su poder me deja.

CÉFALO

¿Quién?, que aquí no hay persona.

CLARÍN

¿Coces a mí, galán de una fregona?

CÉFALO

Deja aquesas locuras.

CLARÍN

Sí haré, en dejando tú tus aventuras,
con que en las selvas eres
amante de novela.


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CÉFALO

¿Cómo quieres
que me ausente de aquella
que, imperioso destino de mi estrella,
no solamente el día
en estos montes, mas la noche fría,
cual ves, me tiene en calma,
rémora de la vida, imán del alma,
y con mortal despecho,
un Etna el corazón, volcán el pecho,
siempre que a verla llego
todo es decirme, ¡ay, triste!...
(Dentro TODOS.)

[TODOS]

¡Fuego, fuego!

CÉFALO

Pero, ¿qué confusas voces
son estas que, de los vientos
adivinadas, las hurta,
antes de oírlas, el eco?

CLARÍN

No sé, pero a aquella parte
se ve un pavoroso incendio
que de la noche desmiente
la obscuridad.


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CÉFALO

Hacia el templo
es de Diana.

CLARÍN

Y aun él
el que se abrasa, pues dentro
es donde se oye el confuso
clamor decir...
(Dentro TODOS.)

[TODOS]

¡Fuego, fuego!

CÉFALO

¿Quién nos dirá lo que ha sido?

CLARÍN

¿Quién lo ha de decir más cierto
ni claro que el fuego mismo?
(Sale ERÓSTRATO.)

ERÓSTRATO

Logrose mi atrevimiento;
la llama que de sus aras,
en sagrado culto ardiendo,
era su mayor aplauso,
será su mayor desprecio.

CÉFALO

¿Quién va? ¿Quién es?


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ERÓSTRATO

No lo sé,
que ese asombro, ese despecho,
esa desesperación,
ese escándalo, ese estruendo
me ha dejado tan sin mí
de mí, ¡ay de mí!, tan ajeno,
que de quien soy olvidado,
de lo que fui no me acuerdo.
Pero ese estrago lo diga,
cuando de su saña huyendo,
a los montes a ampararme
voy de mí contra mí mesmo.
¡Aura!, ya que de los aires
tienes el veloz imperio,
anima la llama tú,
que yo encendida la dejo.
(Vase, y sale AURA en lo alto, sobre una salamandra.)

AURA

Sí haré, que si de amor y ira
partimos los dos estremos,
es bien que de ira y amor
partamos los elementos,
y pues el fuego te toca
que encendió tu atrevimiento,
y a mí el aire que le avive,
arda todo.


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[GENTE]

(Dentro.)
¡Fuego, fuego!

CÉFALO

El templo es el que se abrasa,
que en humo y llamas envuelto
de más cerca se divisa.
Conmigo ven.

CLARÍN

¿A qué efecto?

CÉFALO

De socorrer a quien pueda.

CLARÍN

Ve tú, que eres caballero.
Que los socorros jamás
tocan a los lacayuelos.

CÉFALO

Entra conmigo, cobarde.

CLARÍN

Por sola una cosa quiero
entrar, y es por ver si hallo
quemadas cuantas hay dentro.


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(Vanse los dos, y descúbrese la perspectiva del incendio, y AURA volando sobre el fuego, y van pasando las ninfas, y se entran, como van diciendo los versos.)
NINFA 1ª

Moradores destos riscos...

NINFA 2ª

Pastores destos desiertos...

NINFA 3ª

Cazadores destas selvas...

TODOS

Acudid, acudid presto.

UNO

El gran templo de Diana,
abrasado Mongibelo,
arde en pavesas.

OTRO

Vesubio
su gran fábrica se ha vuelto.
¡Fuego!

VOZ 1ª

¡Que me abraso, fuego!

VOZ 2ª

¡Que me quemo!


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UNOS

¡Piedad, dioses!

AURA

Arda todo.

OTRO

¡Piedad, cielos!

UNA

Al altar.

OTRO

Al chapitel.

OTRO

A la torre.

OTRO

Al claustro.

OTRO

Al templo.

AURA

Aunque más acudáis todos,
en vano será el intento,
si fénix de tanta hoguera,
yo con mis alas le enciendo.


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(Salen CÉFALO y CLARÍN.)
CÉFALO

Entre las caducas ruinas
que ya el voraz elemento
unas de su centro arranca
y otras reduce a su centro,
he de arrojarme...

CLARÍN

Yo no.
(Vase.)

CÉFALO

Por si venturoso puedo,
aunque sobre mí se venga
toda su máquina al suelo,
socorrer alguna vida.

VOZ 1ª

¡Que me abraso! ¡Fuego!

VOZ 2ª

¡Que me muero! ¡Fuego!

VOZ 3ª

¡Que me quemo! ¡Fuego!

VOZ 4ª

¡Que me ahogo! ¡Fuego!


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UNAS

¡Piedad, dioses!

OTRAS

¡Piedad, cielos!

AURA

A pesar de sus clamores,
¡arda todo!

TODOS

¡Fuego, fuego!
(Sale POCRIS, tropezando, y dice antes de salir:)

POCRIS

¡Ay, infelice de mí!

CÉFALO

Hacia allí se oyó el acento.
Si fuera el báratro, entrara
su abismo.
(Ahora sale POCRIS.)

POCRIS

¡Válgame el cielo!
¿Cómo, donde todo es llama,
en solo sombras tropiezo?
¿De qué me sirven las luces,
si a ver, ¡ay de mí!, no acierto?


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CÉFALO

No temas, pues, mariposa.
Yo por ti de amor no temo
la llama, por más que activa
quiera abrasarme.

POCRIS

¿Quién? Pero
ni el aliento, ni la voz,
la vida, ni el alma puedo
usar. ¿Qué mucho, si faltan
alma, vida, voz y aliento?
(Cae desmayada.)

CÉFALO

En mis brazos ha caído;
¿pues qué aguardo?, ¿pues qué espero?
Y si solo en esta vida
logradas mis dichas llevo,
arda el templo de Diana.
(Vase, llevándola en los brazos.)


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AURA

Sí arderá; mas no por eso
Pocris dejará de arder,
pues va de uno en otro incendio,
donde su lamento diga,
cifrando esotros lamentos...

VOZ 1ª

(Dentro.)
¡Que me abraso! ¡Fuego!

VOZ 2ª

¡Que me muero! ¡Fuego!

VOZ 3ª

¡Que me quemo! ¡Fuego!

VOZ 4ª

¡Que me ahogo! ¡Fuego!

TODOS

¡A la torre, al claustro, al templo!

AURA

Arda todo.

TODOS

¡Piedad, dioses!

AURA

Todo acabe.

TODOS

¡Piedad, cielos!


Jornada III
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Estando puesto el teatro del bosque, que fue con el que se cubrió el incendio, sube el peñasco con cuatro personas, DIANA en lugar eminente, MEGERA en un lado, TESÍFONE en otro, y ALECTO a los pies, vestidas de velillo negro, el de DIANA con estrellas de oro y el de las tres con algunas llamas de oro.
DIANA

Ya que aqueste peñasco
en ya esmeralda bruta,
pedazo desasido
del venenoso monte de la Luna,
es mi trono, después
que ni pompa más suma,
ni dosel más excelso
ha de tener mi majestad augusta,
hasta que a su esplendor
el templo restituya,
que sacrílego fuego,
en pardas ruinas convirtió caducas.
Desde él, de mi venganza
las leyes distribuya,
que tribunal es digno
un risco a quien delitos brutos juzga.
Y pues, como a deidad
de la esfera nocturna,
vino a mi invocación
en alas el terror de las tres Furias;
supuesto que de Aura,
a quien Venus ayuda,
los dioses no me vengan
más que en verla volar golfos de pluma.


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


DIANA

En Eróstrato el ceño
empiece, tú le busca
en los montes, adonde
le retiró el asombro de su culpa.
¡Oh, Megera inhumana,
fiera le obliga a que huya
de las gentes, sintiendo
ansias, fatigas, coleras y angustias.
Tú, Alecto, pues que Pocris
con Céfalo me injuria;
pues apóstata mía,
con él de amor en las delicias triunfa.
En su rendido pecho
harás que se introduzgan
de los celos el áspid,
que entre las flores del amor se oculta.
Tú, Tesífone, a él
los sentidos perturba,
para que mi venablo,
de quien ahora tan ufano usa,
le haga yo instrumento
de sus tragedias, cuya
lástima sea baldón
de deidad, que a ser llama nació espuma.
Y porque un vil castigo
no piensen que en mí dura,
a vista destos, cobre
Rústico la primera forma suya.


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LAS TRES

Tú verás que, obedientes
a las órdenes tuyas,
hacemos que las tres

DIANA

Pues antes que del día,
que a mi pesar madruga,
del monte y del alcázar,
corone el chapitel, dore la punta,
cada una por su parte
a su ejercicio acuda.
Pues a los riscos, donde
a las gentes Eróstrato se hurta.

TESÍFONE

A los bosques, en que
Aura a Céfalo busca.

ALECTO

A los palacios, donde
Pocris de Amor la vanidad ilustra.

DIANA

A la sagrada esfera,
desde donde yo influya
rigores, que los tres...

TODAS

Padezcan, penen, giman, lloren, sufran.


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


ALECTO

Y pues soy la primera
que de Pocris va en busca,
desde esta parte haga
que el palacio en que habita se descubra.
(Divídese el peñasco en cuatro partes, desapareciéndose las cuatro, y descúbrese a este tiempo el salón regio, con los fondos de retretes y jardines, y salen CÉFALO con el venablo y POCRIS deteniéndole, y CLARÍN y FLORETA.)

POCRIS

Mi bien, mi señor, mi esposo, mi dueño,
supuesto que Amor supo usar contra mí
tal vez de la sangre, del fuego tal vez,
haciéndome a sangre y fuego la lid
(de aqueste venablo el presagio lo diga,
bien como de aquel incendio el ardid),
no ya que feliz dos acasos me hicieron,
permitas que me haga un cuidado infeliz.

CÉFALO

Pues mi esposa, mi cielo, mi gloria,
mi dueño, mi bien, ¡cuidado tú!

POCRIS

Sí.

CÉFALO

Adviérteme dél y verás cuán atento
procuro enmendarle.


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POCRIS

Pues óyele.

CÉFALO

Di.

POCRIS

Del desmayo, del susto, del miedo,
a cuyo pavor el sentido perdí,
de un fuego a otro fuego escapando mi vida,
apenas cobrada en tus brazos me vi,
cuando deudora, ¡ay triste!, al amparo,
y aun más que al amparo deudora, ¡ay de mí!,
a la blanda querella del llanto,
si torpe en la voz, en los ojos sutil,
me dejé vencer de tu ruego,
siguiéndote donde estoy tan feliz
como en tu lustre publican las pompas
desde este palacio hasta ese jardín,
y más al cumplirme aquella palabra
que fue la disculpa con que me rendí,
pues sin ajar sumisiones de amante,
imperios de esposo, uno y otro te di.
Hasta aquí confieso la dicha,
pero prosiga el temor desde aquí,
pues cuando contigo me miro más vana
es cuando más triste me miro sin ti.
De la caza, el afán generoso
tanto estos días te lleva tras sí,
que, envidiosa del monte, trocara
el techo dorado al verde pensil.


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POCRIS

Apenas el alba corona risueña
los riscos de rosa, clavel y jazmín,
cuando por ella me dejas, gustando
de verme llorar, por verla reír.
Del lecho mi amor apela a la mesa,
y apenas el sol transciende el cenit,
cuando en vez que esta alfombra te albergue,
te alberga el ardor de un pajizo país.
La tarde declina, y pasas la tarde
talando del bosque uno y otro confín,
y aun las noches, pues muchas me ferias
peñascos de enero a catres de abril.
Con que las cuatro edades del día
muriendo las vivo, pues son para mí
la aurora, la siesta, la tarde y la noche,
penar y temer, llorar y gemir.

CÉFALO

Hermosa Pocris mía,
vive tu fee, tu halago, tu belleza,
que desde el primer día
que mi amor al crisol de tu fineza
se examinó tan ciego,
que le sobró para acendrarse el fuego,
te adoro tan postrado,
tan fino, tan rendido y tan gozoso,
que sin haber sulcado
los golfos que hay desde galán a esposo,
con el amor primero
galante amo, que esposo te venero.


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CÉFALO

Lo mismo que me culpa,
me absuelve de tu queja, Pocris bella,
¿pues qué mayor disculpa
que haber, siguiendo el rumbo de mi estrella,
buscado mis desvelos,
diversión que no pueda darte celos?
Confieso que estos días
la caza más que otros me divierte;
y es que las ansias mías,
lograr en brutos triunfos veo de suerte,
que apenas hago tiro,
cuando no hay fiera que a mis pies no miro.
Si cansado me siento,
feliz a la fatiga el ocio iguala,
pues un templado viento
me consuela, me alivia, me regala
con delicias tan sumas,
moviendo suave las rizadas plumas.
Las aves le acompañan
con tan sonoras cláusulas veloces,
que mil veces me engañan,
si son, o no, de alguna deidad voces
que a grande fin me llaman,
según tal vez recrean, tal inflaman.
Virtud quizá divina
contiene este venablo de Diana,
y pues él me destina,
sin duda, a alguna empresa, en quien ufana
mi fama se corone,
hasta hallarla, tu queja me perdone;
que he de seguir el monte,
en quien hoy anda una ignorada fiera,
que horror deste horizonte,
escándalo es del monte y la ribera,
y he de ver si consigo
su trofeo. Clarín, vente conmigo.
 (Vase.)


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


POCRIS

Escucha, Clarín, primero
que a él le sigas.

CLARÍN

¿Qué me mandas?

POCRIS

Saber de ti lo que dél
no deben saber mis ansias,
porque no es justo que en propria
mujer escrúpulos haya,
que aventuren su respeto
al ver mi desconfïanza.
Y si las disculpas suyas,
o bien ciertas o bien falsas,
bastan para mi decoro,
para mi temor no bastan.
Y así, tú me has de decir
qué vientos, qué aves, qué cazas
son estas, que días y noches
tanto a Céfalo le arrastran.


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


CLARÍN

Yo, señora, soy criado,
y si supiera la causa,
por decirla, la dijera.
Solo sé que en la campaña
se retira de nosotros
a la más inculta estancia
del monte, donde a sus solas
lo más de las siestas pasa
en las músicas suspenso
de unos pájaros que cantan
como con humana voz,
cuya dulce consonancia,
una vez que quise oírla,
no pude, porque una estraña
fiera atravesó la senda,
que es la que dijo que espanta
hoy el valle, y para mí
algún sátiro es, que anda
en busca de alguna ninfa,
pienso que su nombre es Laura,
porque a modo de bramido
oí que dijo en voz alta:
«¡Laura es mi pena, Laura es
la que me yela y me abrasa!»
¿Pero esto a ti qué te importa?,
y puesto que poco o nada,
adiós, que Céfalo espera.
 (Vase.)


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


POCRIS

Espera tú, infame, aguarda.

FLORETA

¿Por qué te enojas con él?

POCRIS

¡Ay Floreta!, que no alcanza
lo rústico de tu pecho
a lo sutil de mis ansias.
Mas ya que de una fortuna,
cómplices en la pasada
ruina del templo quedamos,
por vivas cenizas ambas,
siendo Céfalo y Clarín
los que nos libraron, haga
la necesidad virtud,
haciendo la confïanza
de ti, que no puedo de otra,
¡ay infelice!, de cuantas
de Céfalo en los palacios
me asisten y me acompañan.

FLORETA

Bien puedes fïar de mí,
porque a mí, di qué me falta,
sino solo entendimiento,
para ser tu secretaria.


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


(Sale ALECTO con mascarilla en la cara y pone a POCRIS la mano en los pechos.)
ALECTO

Ya es tiempo que de los celos
la parte esparciendo vaya,
que le ha tocado a mi furia.

FLORETA

¿Qué tienes, pues?

POCRIS

Una ansia,
una pena, una congoja,
que a ser huéspeda del alma
entra, como que es eterna,
y sale como que es rabia;
en fin, es un no sé qué
que sobre mis miedos causan
aquestas noticias.

FLORETA

¿Cómo?

POCRIS

Como si voy a apurarlas,
hallo...


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


(ALECTO canta bajo, al oído, y ella repite con despecho lo mismo, de modo que para la música son dos, y para la representación no es más que uno, porque lo uno ha de ser repetición de lo otro.)
ALECTO

Que Céfalo ya
de sus finezas se cansa.

POCRIS

Que Céfalo ya
de mis finezas se cansa.

ALECTO

Pues por un monte te deja.

POCRIS

Pues por un monte me deja.

ALECTO

Que a sus solas se recata
en lo oculto dél.

POCRIS

Que a sus solas se recata
en lo oculto dél.

ALECTO

Adonde...

POCRIS

Adonde...


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


ALECTO

Blandos vientos le regalan...

POCRIS

Blandos vientos le regalan...

ALECTO

Tiernas voces le divierten...

POCRIS

Tiernas voces le divierten...

ALECTO

Dulces pájaros le cantan...

POCRIS

Dulces pájaros le cantan...

ALECTO

Cuando otro a una Laura busca.


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POCRIS

Cuando otro a una Laura busca.
¿Por cuánto pudiera? (¡Oh, vaga
fantasía del temor,
cuánto el discurso adelantas!)
¿Por cuánto, vuelvo a decir,
pudiera ser que el buscarla,
fuera celoso de que
con Céfalo...? La voz falta...
¿Pero qué mucho, qué mucho?
Que no hay decentes palabras,
si no hay decentes pasiones
que se atrevan a explicarlas.
Y puesto que es el decirlas
aun peor que imaginarlas,
ven conmigo, que he de ver
(si otro traje me disfraza,
y sin ser dél conocida,
sigo de embozo sus plantas)
qué aves, qué vientos, qué voces,
qué ilusiones, qué fantasmas,
qué delirios, qué quimeras
son estas que le arrebatan
tanto el sentido y, en fin,
quién es esta Laura.


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Celos aun del aire matan Jornada III Pedro Calderón de la Barca


ALECTO

Aura.

POCRIS

¿Aura, no dijeron?

FLORETA

Sí,
mas, ¿qué admiras? Mas, ¿qué estrañas
que el eco a ti te responda,
cuando tú la voz levantas?

POCRIS

Dices bien; mas, ¡ay, que hace
sentido el eco a mis ansias!
No sin razón me estremece,
me asusta y me sobresalta;
y más si en Aura me acuerda
la prometida amenaza
de que Venus y Amor tomen
en mí de su error venganza,
a cuyo fin Aura es
la que a Céfalo le encanta
en el monte.

FLORETA

No, señora,
caso del acaso hagas.
¿Aura ya no es aire?


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POCRIS

Sí,
pero sepa tu ignorancia
que si el aire diere celos,
celos aun del aire matan.
Sígueme, pues.

ALECTO

¡Ay de ti!

POCRIS

¡Ay de ti!

FLORETA

¡Ay de ti!

ALECTO

Pocris, si a saber alcanzas...

LAS DOS

Pocris, si a saber alcanzas...
(Toda la música.)

TODOS

Que si el aire diere celos...


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(Dentro, y las tres.)
TODOS

Celos aun del aire matan.
(Vanse.)
(Sale ERÓSTRATO, vestido de pieles, huyendo)

ERÓSTRATO

Que si el aire diere celos,
celos aun del aire matan.
Según lo que a mí me pasa,
amante del aire, pues
Aura es mi pena, Aura es
la que me yela y me abrasa,
conmigo debe de hablar,
sin duda, esta aleve voz,
que discurriendo veloz,
no hay intrincado lugar
que no me busque, ¡ay de mí!,
por más que el centro me esconde
de aquestos peñascos, donde
de la llama que encendí
me deslumbra el resplandor
tanto que aun mi misma sombra
me atemoriza y me asombra.
No me bastaba el terror
con que transcendiendo esferas
de unos a otros horizontes,
ciudadano de los montes,
compañero de las fieras,
voy de las gentes huyendo,
sino el terror, ¡ay de mí!,
de que me siga hasta aquí
esta armonía, diciendo
por ver si más se dilatan
mis sacrílegos recelos.


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CORO

Que si el aire diere celos,
celos aun del aire matan.

ERÓSTRATO

¿Quién duda, pues mal pudiera
en tanto mortal desdén
dar celos al aire quien
galán del aire no fuera,
que habla conmigo? ¡Oh, si más
se declarara! ¿Es a mí,
Eco, la amenaza?
(Sale MEGERA, atravesando el tablado.)

MEGERA

Sí.

ERÓSTRATO

¿Cómo?

MEGERA

Presto lo sabrás.

ERÓSTRATO

Nuevas furias me arrebatan.


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MEGERA

Viendo al seguir mis anhelos.

ELLA y MÚSICOS

Que si el aire diere celos,
celos aun del aire matan.
(Vase.)

ERÓSTRATO

Hacia allí la voz se oyó,
y aunque con nuevas injurias
de iras, ansias, rabias, furias,
ciego el eco me dejó;
seguirle tengo.
(Sale RÚSTICO.)

RÚSTICO

En efeto,
no me atrevo a parecer
entre gentes, por no ser
animal más imperfeto
del que me han hecho hasta aquí,
y así a los montes me vengo.


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(Anda ERÓSTRATO a ciegas, y se abraza con RÚSTICO.)
ERÓSTRATO

Pues en mis brazos te tengo,
sombra cuya voz seguí,
he de saber qué me quieres,
y lo que tu voz me dice.

RÚSTICO

¿Qué monstruo es, ¡ay infelice!,
el que me agarra?

ERÓSTRATO

¿Quién eres?

RÚSTICO

Imagine su mercé
en cuánta alimaña hay hoy
la que quiere, que esa soy,
esa he sido, esa seré,
sin más dilación, pues tales
son mis varios atributos,
que hecho pericón de brutos
y pendanga de animales,
del manjar que va a buscar
al punto le serviré;
pero no me coma, aunque
le dé a escoger el manjar.


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ERÓSTRATO

¡Rústico!

RÚSTICO

Eso es bueno.

ERÓSTRATO

Espera.

RÚSTICO

¿Rústico yo?

ERÓSTRATO

¿Qué hay que asombre?

RÚSTICO

Ser para las fieras hombre
y para los hombres fiera.

ERÓSTRATO

¿Qué quieres decir? Detente.

RÚSTICO

Que ninguno hay que me vea
que alimaña no me crea,
no quitando lo presente,
sino su mercé.

ERÓSTRATO

¿Que aún no
me has conocido?


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RÚSTICO

En quien es
a caer no me atrevo.

ERÓSTRATO

¿Pues
no soy Eróstrato yo?

RÚSTICO

Agora lo conocí,
y ya no me admira el traje,
que no es mucho ver salvaje
al que enamorado vi.
Mas dime qué es lo que pasa.

ERÓSTRATO

Desde que Aura el aura es
de Venus, es mi ansia, pues
Aura me yela y me abrasa.
Dime tú si acaso oíste
una voz y dónde fue.

RÚSTICO

Ni yo la oí, ni lo sé.


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ERÓSTRATO

Pues yo he de seguirla, ¡ay triste!,
hasta ver en qué rematan,
publicando sus desvelos,
(Él y la música.)
que si el aire diere celos,
celos aun del aire matan.
(Vase.)

RÚSTICO

Vaya norabuena,
que yo, habiendo visto
gente a aquella parte,
aunque le haya oído
llamarme mi nombre,
pretendo escondido
que quien son no vuelvan
al primer delirio.
(Escóndese RÚSTICO, y salen CÉFALO y CLARÍN.)

CÉFALO

Aquí, Clarín, queda,
pues al verde sitio
desde inculto seno
no has de entrar conmigo.

CLARÍN

¿Posible es que encubras
que hay aquí escondido
de mí, conociendo
cuán leal te sirvo?


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CÉFALO

Porque no presumas
que de ti no fío
lo que a Pocris callo,
verás que lo digo.
Aquella beldad
a quien todos vimos
convertida en aire,
conservando el mismo
nombre de Aura, es quien
en el cristalino
imperio de Venus
hoy goza el dominio.
Esta, agradecida
a cuando mi brío
intentó librarla
en aquel peligro;
viéndome una siesta
del ardiente estío
postrado al cansancio,
partió con los rizos,
ya que no a cendales,
el fuego a suspiros,
mullidos a fuer
de rosas los riscos,
vi lechos, en quien
fue el sueño mi alivio,
en que o mal despierto,
o no bien dormido,
en humana voz
su deidad me dijo...


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(Canta AURA dentro.)
AURA

Siempre que ansioso el afán
de la caza te fatigue,
llama a Aura que le mitigue,
a cuyas voces verán
tus congojas cuánto están
en tu favor los favores
de aquella que hoy entre albores
poner puede, de su mano
en los hombros del verano,
el imperio de las flores.

CÉFALO

Aun ahora parece
que suena en mi oído,
y pues de su agrado
paso divertido
las treguas que da
el noble ejercicio,
logrando dichoso
sin que yerre tiro
los altos trofeos
de aqueste divino
arpón de Diana;
¿qué mucho que altivo
busque aquella fiera
que tantos han visto,
y yo nunca encuentro;
y más cuando miro
que en esto no agravio
el tierno cariño
con que a Pocris bella
adoro y estimo?
Y así, pues no es
la caza desvío,
bien ambos empleos
lograr solicito
de monte y regazo,
siendo a un tiempo mismo
Pocris por quien muero,
Aura por quien vivo.


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(Vase CÉFALO, y sale POCRIS de villana, y FLORETA, oyéndole.)
POCRIS

«¿Pocris por quien muero,
Aura por quien vivo?»
¡Oh, nunca Floreta
le hubiera seguido
hasta donde haciendo
cancel de ese risco,
llegara a ocasión
en que hubiera oído:
«¿Pocris por quien muero,
Aura por quien vivo?»
¡Espera, amante traidor!,
mira que es mucho rigor,
doblándome los recelos,
que tú me mates de celos,
y yo me muera de amor.
Si mi vida te estorbó,
no tú quitármela trates,
que yo lo haré, pues que no
es menester que me mates,
para que me muera yo.


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POCRIS

Déjame con los consuelos
de que yo te hice el favor;
pues no me deja el dolor
que tú me mates de celos,
si yo me muero de amor.
Mas ¿qué es lo que hago?
Mas ¿qué es lo que digo?
Las lágrimas cesen,
cesen los suspiros;
y ya hecho el empeño,
beber solicito
la ponzoña al vaso,
y al aire el hechizo.
Y así, tú, Floreta,
porque menos ruido
haga una en su acecho,
en aqueste sitio
te queda, entre tanto
que sola le sigo,
hasta que mis penas
vean si averiguo
qué Aura es aquesta,
por quien él ha dicho:
«Pocris por quien muero,
Aura por quien vivo.»
Que aunque cobarde el temor,
flores pise y sienta celos,
nada aventuro, en rigor,
en que él me mate de celos,
si yo me muero de amor.
 (Vase.)


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(Quédanse FLORETA, CLARÍN, y RÚSTICO.)
CLARÍN

Dos zagalas venían,
y a la espesura,
como apuesta se ha entrado
de dos la una.

FLORETA

Yo y Clarín bien mostramos
que los sirvientes,
como malas espadas
se vuelven siempre.

RÚSTICO

Ya no hay ruido, yo salgo;
pero no es tiempo,
que el azar estos días
está al encuentro.

CLARÍN

Pues usted, reina, espera
cuando yo espero,
hagamos la esperanza
divertimiento.


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FLORETA

¿Quién será tan grosero,
tan vano, que haga
su divertimiento
de su esperanza?

RÚSTICO

Si es discreto y requiebra,
tendré buen rato;
y mejor, si requiebra
y es mentecato.

CLARÍN

Primoritos fueran
en gente baja,
guarnecer alcorcones
con filigrana;
y así, solo a mi modo
decirla intento...

FLORETA

¿Qué?

CLARÍN

Que nos querramos
por pasatiempo.

FLORETA

Si Floreta lo oyera,
saltara ahora.


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CLARÍN

De Floretas se hacen
las cabriolas.
Pero tú, ¿de qué sabes
que yo la quiero?

RÚSTICO

De saber lo que había
de no saberlo.

FLORETA

Ella me lo ha dicho.

CLARÍN

¡Ve aquí, señores,
como su remedio
pierden los hombres!
Andarase alabando,
porque de balde,
ninfa del baratillo,
la amé una tarde.

FLORETA

Pues infame, picaño,
loco, atrevido,
¿es esta cara, cara
del baratillo?
(Descúbrese FLORETA.)


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CLARÍN

Conocido te había.
¡Tente, Floreta!

RÚSTICO

([Aparte.]
Ya eso es viejo. Por Baco,
que ella es por ella;
y animal más o menos,
hacerles tengo
que me tiemblen.) ¡Ya basta!

FLORETA

¿Qué es lo que veo,
mi marido no es este?

CLARÍN

Villano, aparta.

RÚSTICO

¡Oiga!, ¿qué hacen ustedes,
que no se espantan?

CLARÍN

¿Pues por qué ha de espantarme
ver un villano?

FLORETA

¿Ni a mí, cuando te busco,
ver que te hallo?


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RÚSTICO

¿Luego yo soy yo mismo?

FLORETA

¿De qué lo dudas?

RÚSTICO

Qué animal soy sepamos;
baste la burla.
Denme el nombre y huyan,
que es gran contento
el ver al enemigo
cuando va huyendo.

FLORETA

¿Qué locura es aquesta,
Rústico mío?

CLARÍN

Diga el tonto...

RÚSTICO

Ahora veo
que soy yo mismo.

CLARÍN

¿Qué es lo que aquí quiere?

RÚSTICO

Que me conozca
por el menor marido
desta señora.


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FLORETA

¿Pues por qué, temblando,
decirlo estrañas?

RÚSTICO

Por si león me hacías,

FLORETA

¿Qué torpeza es aquesta?

RÚSTICO

Por si soy oso.

FLORETA

¿Pues por qué a mí me riñes?

RÚSTICO

Ya estoy muy otro.

FLORETA

¿Cómo tan asqueroso
y tan sucio andas?

RÚSTICO

Desde que fui tigre,
todo soy manchas.

FLORETA

Dime: ¿qué te has hecho?,
¿dónde has estado?


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RÚSTICO

El señor te lo diga,
que vendió el galgo.

FLORETA

No te entiendo, habla claro.

CLARÍN

Yo de Floreta
sepa que siempre he sido...
(Dentro.)
Guarda la fiera.

RÚSTICO

Pero de aquestas voces
la gritería,
pues por mí no lo dicen,
por mí lo digan.

FLORETA

¿Cómo por ti? Espera;
que aquestas voces
acosando una fiera
bajan del monte.

RÚSTICO

Yo me entiendo.

CLARÍN

A esta parte
viene furiosa.


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FLORETA

¿Qué haces?

CLARÍN

Huyo.

FLORETA

¿Pues quieres
dejarme sola?

RÚSTICO

¿Esa es cortesía?

CLARÍN

Sí, que hasta hallarte,
solo tuve yo ausencias
y enfermedades.
(Vase.)

RÚSTICO

Pues por mí no es justo;
yo me iré, vuelva,
que a usted enfermedades
falten y ausencias.
(Vase.)

FLORETA

Oye, espera; ¿me dejas
sola en el riesgo?
¿Qué haré?


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[GENTE]

(Dentro.)
Guarda la fiera.

FLORETA

¡Lindo consejo!
Mas el ser liviana
no es ser ligera,
según voy tropezando.

[GENTE]

(Dentro.)
Guarda la fiera.
(Sale CÉFALO.)

CÉFALO

Pues por gozar tu favor
no voy tras aquellas voces
que, discurriendo veloces,
apellidan mi valor,
a templar el resplandor
del sol, el bello desdén.
Ven, Aura, ven.


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(Sale a una parte POCRIS, oyéndola.)
POCRIS

¿Ven, Aura, ven, dijo? Sí,
ya el equívoco acabó...
Aura es a quien llamó.
No en vano dudé y temí
que Aura, vengada de mí,
quiera perturbar mi bien.

CÉFALO

Ven, Aura, ven.
Ven, y en cromáticos tales
den alivio a mis congojas
los pasajes de las hojas,
las pausas de los cristales,
que sustenidos mis males,
haciendo pausas estén.
Ven, Aura, ven.
(AURA en lo alto.)

AURA

¿Ven, Aura, ven? Aunque oí
su voz, no respondo a ella,
que oyéndola Pocris bella,
sorda he de estar, porque así,
al ver que me llama a mí,
más penas sus penas den.


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CÉFALO

Ven, Aura, ven.
Ven, y con cláusulas sumas
muevan trinados primores
inquietos golfos de flores,
blandos embates de plumas.
Tus penachos las espumas
sean, y el ámbar también.
Ven, Aura, ven.

POCRIS

«Ven, Aura, ven», una y mil
veces repite; y aunque
de celos muriendo esté,
hasta averiguar su vil
traición, ea, varonil
dolor, paciencia prevén.

CÉFALO

Ven, Aura, ven.
Ven, y porque la armonía
con que esta mansión desierta
oye que el día despierta,
oiga que se duerme el día;
una y otra fantasía
faltas con la aurora estén.
Ven, Aura, ven.

AURA

«Ven, Aura, ven», repitió,
mas sufra Pocris y pene.


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POCRIS

¿Ven, Aura, ven, y no viene?
No soy a quien llama yo.

AURA

¿Quién el favor dilató?

POCRIS

¿A quién tardó el mal, a quién?

CÉFALO

Ven, Aura, ven.
Ven, y jurando en tu esfera
al mayo rosas y mieses
por rey de los doce meses,
por dios de la primavera,
diga el sol...

VOCES

Guarda la fiera.

LOS TRES

Ya, que no prosiga, es bien.
Ven, Aura, ven.

UNOS

(Dentro.)
De lo fragoso del monte
se favorece y ampara.

OTROS

En vano ha de ser su fuga.
Seguidle todos.


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(Sale ERÓSTRATO.)
ERÓSTRATO

¡Qué ansia!
Aun hasta aquí, donde más
se tejen y se enmarañan
con lo arisco de las breñas
lo escabroso de las plantas,
siguiéndome vienen. ¡Cielos!,
si son iras de Diana,
bien podrán lograr castigos,
pero no tomar venganzas;
que cuando mi diligencia
o su centro no me valga,
me sabré desesperar
desde la peña más alta
al piélago más profundo,
muerto a manos de mi rabia,
antes que a las de su ira.

CÉFALO

Bruto horror destas montañas;
pues que de tantos el cielo
para mi triunfo te guarda.
Yo solo, deste sagrado
venablo blandida el asta,
en fee de su dueño, pude
conseguir empresa tanta.
Muere a su impulso.


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ERÓSTRATO

Detente,
gallardo joven, no hagas
fiera haciendo a un hombre,
que envilecida la hazaña,
con humana sangre borre
tus aplausos.

CÉFALO

Si me daba
en lo horroroso, en lo fiero
del aspecto, antes del habla
por ver tu vista, tu voz
mas que a pavor se adelanta.

AURA

¿Quién creerá q[ue] siendo el dueño
de mi amor y mi venganza
Eróstrato, no sea él
quien mis favores arrastra,
sino Céfalo? Mas, ¿quién
no lo creerá, si repara
que el que está sin sí, no está
capaz de favores de Aura?

CÉFALO

¿Hombre humano eres?

ERÓSTRATO

Sí.


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(Sale TESÍFONE.)
TESÍFONE

Ahora
lo que a mi furia se encarga,
es perturbar sus sentidos.

CÉFALO

Mientes, mientes, y me engaña
o tu semblante o tu voz,
pues a tan poca distancia,
ni te percibo las señas,
ni te averiguo las ansias.
Y pues lo que me aseguras
desdice a lo que me espantas,
muere a este arpón, otra vez
digo.

ERÓSTRATO

Si el ser no me salva
hombre, sálveme el ser fiera,
apelando a las entrañas
de los montes, tan sañuda,
tan ciega y desesperada,
que a más no poder, de aquella
alta roca despeñada
caiga al mar.
(Vase.)

AURA

Lo más que puedo
es ofrecerte mis alas.


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CÉFALO

Mal huirás, si este de fresno
áspid, víbora de plata,
relámpago sin rumor
y rayo sin luz, te alcanza.

TESÍFONE

[Aparte.]
Sí alcanzará; ¿pero a quién
le destina soberana
deidad, que de tus sentidos
privar el uso me manda?

POCRIS

[Aparte.]
Porque tan horrible monstruo
no siga, al paso le salga.

CÉFALO

De vista le perdí, pero
allí se mueven las ramas.
(Dispara el venablo hacia POCRIS.)

POCRIS

¡Ay, infelice de mí!

CÉFALO

Logré la empresa más alta;
¿pero cuándo ha errado tiro
el venablo de Diana?


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AURA

Presto lo verás y pues,
cómplice de tu desgracia,
en el todo de ser tuya
a mí la parte me alcanza,
vuelta en lástima la ira,
muestre, intentando enmendarla,
que más allá de la muerte
no llegan nobles venganzas.

CÉFALO

Agora, pues ya la fiera
cayó herida, a rematarla
de aqueste puñal el filo
acuda.
(Sale POCRIS herida, cayendo.)

POCRIS

¡El cielo me valga!


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CÉFALO

¡Pero qué miro, ay de mí!
¿Qué transformación tan rara
es la que, hiriendo a la noche,
en púrpura tiñe el alba?
Si monstruo de hombre y de fiera
fue el que destas verdes ramas
se amparó, ¿cómo mujer,
la que con mortales bascas,
destiñendo los verdores
a estas brutas esmeraldas,
lechos que la admiten nieve,
la van convirtiendo en nácar?
¿Si ilusión, si devaneo,
si delirio, si fantasma
es de los ojos? ¡Mas ay!,
 (Mírala al rostro.)
no es sino de toda el alma.
No sé si otra vez me atreva
a verla, por si otra guarda
aparentes señas, que
en tupidas sombras pardas
de la idea, como objeto
que en mí vive, me retrata
la imagen de... Pero a verla
me atrevo, y no a pronunciarla.


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POCRIS

De Pocris, ¿qué te recelas,
qué dudas, ni qué recatas,
si en mi muerte, no el defecto
alteras, sino la causa;
pues no mudando la esencia
mi muerte, la circunstancia
muda solo en que tu acero
mate a quien tus celos matan.
Y así, mi esposo, mi dueño,
mi bien, mi señor, mi alma,
(y si no digo mi vida
es porque no digo nada)
no sientas, no, deste influjo
la constelación tirana;
pues es dicha, ya que muero,
morir a mejores armas.

CÉFALO

Pocris bella, Pocris mía,
dulce dueño, esposa amada,
que a fuerza de tu hermosura
debió de ser tu desgracia...
¿Tuya dije?, digo mía.
¿Tú celosa? ¿De quién?

POCRIS

De Aura,
a quien buscas, a quien sigues,
a quien quieres y a quien llamas.


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CÉFALO

¿Aura no es aire?

POCRIS

Sí, ¿pero
qué enmienda (el aliento falta)
ser (el pecho se estremece)
Aura (el corazón se arranca)
aire (la voz titubea),
si (el espíritu desmaya)
en quien (la vida se rinde)
quiere (el ánimo se pasma),
como (la razón delira)
quiero, consecuencia es clara,
que si el aire diere celos,
celos aun del aire matan.
(Cae muerta en el peñasco de la apariencia.)

CÉFALO

Espiró la luz pura
del sol, sin espirar la de su esfera,
en cuya peña dura
la hermosura naciera,
si naciera sembrada la hermosura.
¿Cómo en el desconsuelo
de todos, más por vuestro que por mío,
del día el azul velo
deste cadáver frío
no hace en exequias que...?
¡Válgame el cielo!
(Cae desmayado, y dicen dentro las Furias y DIANA.)


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TESÍFONE

Deidad de nubes y estrellas...

ALECTO

Diosa de selvas y bosques...

MEGERA

Reina de sombras y abismos...

DIANA

Aquesos son mis tres nombres.
(Salen las cuatro.)
Ya sé lo que me queréis;
y así, atended a mis voces.
¡Ninfas, que de aquella ruina
perdonaron los horrores!
¡Zagales destas montañas,
destas selvas moradores!
(Salen todas las NINFAS, y ZAGALES, CLARÍN y RÚSTICO.)

NINFAS

¿Qué nos mandas?

ZAGALES

¿Qué nos quieres?

RÚSTICO

¿Qué es lo que miro, señores?


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CLARÍN

Cumplido el refrán que dice:
«Quien escucha, su mal oye.»

DIANA

Que de tres venganzas mías
supliquéis los tres blasones,
una y mil veces conmigo
diciendo en ecos acordes:
Viva la deidad...

TODOS

Viva la deidad...

DIANA

Que a los corazones...

TODOS

Que a los corazones...

DIANA

Que prende el amor...

TODOS

Que prende el amor...

DIANA

Los grillos les rompe...

TODOS

Los grillos les rompe...


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(Repiten, y aparécese AURA en lo alto.)
AURA

¡Suspended, suspended los acentos!,
¡los ecos parad!, ¡parad las canciones!,
que aunque son nobles también las venganzas,
tal vez blasonadas desdicen de nobles.
Y pues que, ninfa del aire,
puedo hacer que se transforme
la escena en nubes y estrellas
que me ilustren y me adornen,
sabed que a Céfalo atenta,
quise, ofendida de Pocris,
que ella me pagase en celos
lo que él me debió en favores.
Pero a lástima pasando
lo infeliz de sus amores,
solicito que sus yerros
el aura de amor los dore,
que aunque son nobles también las venganzas,
tal vez blasonadas desdicen de nobles.
Y así, Venus a mi ruego,
y a ruego de Venus Jove,
mandan que de fino amor
la tragedia se mejore
sin el horror de tragedia,
con que Pocris se coloque
sobre el orbe de la luna ,
de los astros en el orbe,
y Céfalo, conservando
la cláusula de su nombre,
cuando por Céfalo aire,
nombre de Céfiro tome.


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AURA

Estrella y aliento ambos,
ya en soplos, ya en resplandores,
como en prodigios de amor,
inspiren castos amores.
Subid, pues, restituidos
a mejor ser, donde dioses,
astros, planetas y signos,
sol, luna y estrellas noten
que, aunque son nobles también las venganzas,
tal vez blasonadas desdicen nobles.
(Van subiendo CÉFALO y POCRIS, hasta juntarse con AURA, y suben todos tres.)

CÉFALO

Feliz yo, feliz, pues quiere
Júpiter que a verte torne.

POCRIS

Feliz yo, Céfalo, pues
quiere Aura, que este bien logre.


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AURA

Subid conmigo los dos
al supremo solio, donde
a Júpiter deis las gracias,
diciendo en ecos veloces...

LAS TRES

Que aunque son nobles también las venganzas,
tal vez blasonadas desdices de nobles.

DIANA

Una vez vengada yo,
poco importa que blasones
de estrella y aire.

TODOS

Con que
diremos todos conformes:
«Si celos del aire matan,
también del aire favores
dan vida», porque se vea
en Aura, en Céfalo y Pocris
que aunque son nobles tal vez las venganzas,
tal vez blasonadas desdicen de nobles.

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