Claus el grande y Claus el chico: 5

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Claus el grande y Claus el chico Hans Christian Andersen


Al otro lado del bosque había un río muy grande y profundo, el agua tenía tal fuerza, que casi era imposible nadar contra la corriente. Habían construido un puente para atravesar el río. Parose Claus en este puente y dijo en alta voz para que el sacristán lo oyese.

-¿Qué haré de este dichoso cofre? Pesa como si estuviese lleno de piedras. Ya estoy cansado de llevarle, lo mejor será que le eche al río. Si el agua le lleva a mi casa, tanto mejor, pero si no tampoco me importa mucho.

Enseguida levantó el cofre con una mano como si quisiera tirarle al agua.

- ¡Espera, espera! - gritó el sacristán desde el cofre. -¡ Déjame salir primero!

- ¡Oh! - gritó Claus el chico, fingiendo asustarse, ¡el diablo está aun en él! ¡Al río, para que se ahogue!

-¡ No, no! - gritó el sacristán -, no lo hagas y te daré una fanega de plata.

- Eso es diferente -, respondió Claus el chico abriendo el cofre.

El sacristán salió inmediatamente, echó el cofre vacío al agua y volvió a su casa para dar a Claus el chico la fanega de plata.

Con lo que le había dado ya el campesino, tenía el carretón lleno de dinero.

- No me han pagado mal el caballo, - se dijo

-Una vez en su casa y en su habitación, amontonó en el suelo todas las monedas.

- Claus el grande rabiará cuando sepa toda la riqueza que mi único caballo me ha producido, sin embargo no le diré toda la verdad.

Enseguida envió a un muchacho a casa de Claus el grande a rogarle que le prestara una fanega vacía.

-¿Qué quiere hacer? - Pensó Claus el grande.

Y bañó el fondeo de pegamento a fin de que se quedase alguna cosa adherida. Cuando le devolvieron la medida se encontró con que había pegadas tres grandes monedas nuevas de plata.

-¿Qué es esto?- Exclamó, y corrió inmediatamente a casa de Claus el chico.

-¿De dónde tienes tú todo ese dinero?

- De mi piel de caballo, que la vendí ayer tarde.

- ¡Te la han pagado bien! - Contestó Claus el grande.

Volvió a su casa muy deprisa, cogió un hacha, mató sus cuatro caballos. Luego los desolló y llevó las pieles a la ciudad.

-¡Pieles!,¡pieles!¿Quién quiere comprar pieles? -Gritó por todas las calles.

Los zapateros y curtidores acudieron a él para preguntarle el precio.

-Una fanega de plata por cada una, - respondió Claus el grande.



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