Claus el grande y Claus el chico: 6

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Claus el grande y Claus el chico Hans Christian Andersen


-¿Estás loco?, ¿piensas que tenemos la plata por fanegas?

-¡Pieles!, ¡pieles!- continuó, -¿quién quiere comprar pieles?

Y cuando alguno preguntaba su precio:

- Una fanega de plata por cada una, - respondía.

-¡Quiere burlarse de nosotros! - Exclamaron todos al fin, y cogiendo los zapateros sus tirapiés y los curtidores sus delantales, comenzaron a zurrar a Claus el grande.

-¡Pieles!, ¡pieles!- gritaban burlándose de él, - ¡ya te arreglaremos la piel y te la pondremos verde y azul! ¡Fuera de la ciudad!

Y Claus el grande tuvo que huir a toda prisa.

Nunca le habían zurrado tan perfectamente.

- Bueno, -dijo, una vez que entró en su casa: Claus el chico que tiene la culpa de todo esto, me lo pagará. ¡ Le mato!

Y en cuanto entró en su casa, cogió un saco grande y fue a la de Claus el chico y le dijo: -Por segunda vez te has burlado de mí. Primero maté mis cuatro caballos, luego a mi abuela; ¡tú eres la causa de todo el mal, pero no me volverás a engañar!

Y agarrando a Claus el chico por medio del cuerpo, le metió en el saco y se lo echó al hombro, diciendo:

- ¡Te voy a ahogar!

El camino hasta el río era largo, y Claus el chico carga pesada. En el camino el asesino llegó a una taberna, donde entró para tomar un refresco, dejando el saco detrás de la puerta, pensando que Claus el chico no se podría escapar.

- ¡Ay!, ¡ay! - suspiró Claus el chico en el saco, volviéndose y revolviéndose, pero sin poder desatar la cuerda que le cerraba.

En aquel momento pasó por allí un viejo pastor con el pelo blanco y un cayado, llevando delante una manada de vacas y toros; dieron contra el saco en que estaba Claus el chico y lo tiraron.

-¡Ay, pobre de mí!, - suspiró Claus el chico, - ¡tan joven y ya entrar en el Paraíso!

-¡Y yo pobre de mí!-Dijo el pastor, - tan viejo y aun no puedo llegar a él.

-¡Abre el saco! - Exclamó Claus el chico y ponte en mi lugar; pronto estarás en el Paraíso!

-¡Con mucho gusto! - Dijo el viejo pastor abriendo el saco y dejando salir de él a Claus el chico.

-¿Pero querrás guardar mi rebaño? - Dijo el viejo y entró en el saco que Claus el chico cerró y se marchó llevándose todo el rebaño.

Algunos momentos después Claus el grande salió de la taberna y se echó el saco a la espalda. Le pareció más ligero, porque el viejo pastor pesaba la mitad de lo que Claus el chico.

-¡Es el vino que me ha dado fuerzas! - Dijo. Y cuando llegó al río arrojó al pastor a él, y dijo, creyendo que era Claus el pequeño:

-¡Ahora no te burlarás más de mí!

Luego tomó el camino de su casa; pero al llegar a la encrucijada se halló con Claus el chico que llevaba delante de sí todo el rebaño.

-¿Qué es eso? - Exclamó Claus el grande, -¿ no te he ahogado?