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Crónica del undécimo Congreso internacional de americanistas/V

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Crónica del undécimo Congreso internacional de americanistas, primero reunido en México en octubre de 1895: primero reunido en México en octubre de 1895 (1896)
de Enrique de Olavarría y Ferrari
La Visita al Museo Nacional

V
LA VISITA AL MUSEO NACIONAL.


La mañana del miércoles 16 de Octubre fué dedicada por el Congreso Internacional de Americanistas á visitar el Museo Nacional. Mandado establecer en 1822, reformado en 1831, y empezado á clasificar según una base cientifica por D. José Fernando Ramirez en 1854, estuvo hasta el año de 1865 en el edificio de la antigua Universidad. Su importancia fué en toda esa época tan pequeña que en su descripción de México, publicada en ese mismo año, 1854, por D. Manuel Orozco y Berra, dijo del tal Museo: "Hoy se encuentra en el piso alto de la Universidad, en dos piezas en que está de prestado, aguardando local propio y protección. Contiene truncas colecciones de objetos de Historia Natural y de Antigüedades, si bien en este último ramo hay verdaderas preciosidades diguas de mucha estima. De lo más impor tante son largos cuadros de figuras jeroglificas, pertenecientes à la emigración de los mexicanos; manuscritos en papel de maguey con la escritura simbólica de los aztecas; armas, utensilios, objetos para el culto, ídolos, joyas, adornos, etc. Visto el establecimiento como sólo de curiosidad y sin atribuirle mayor importancia, pasa desapercibido en México." En 1865 se dispuso instalar el Ministerio de Fomento en la Ex-Universidad, y con ese motivo los objetos que formaban el Museo fueron llevados al edificio que hoy ocupa en el costado, que ve al Norte, del Palacio Nacional, y fué en un tiempo Casa de Moneda, acabada de construir en 1734. Desde aquella translación y gracias á D. José Fernando Ramirez empezó á mejorar y extenderse el Museo, hasta llegar á ser como es en la actualidad, debido á la solicitud y protección del Gral. Díaz y de su Ministro el Sr. Baranda, uno de los establecimientos públicos que más honor dan á la Capital. En su plauta baja, entresuelo y piso alto hay al presente veintitantos salones abiertos á los visitantes, siendo notabilísimo el dedicado á los grandes mouolitos aztecas y objetos arqueológicos de diferentes puntos del país: sólo este salón ó galería mide cincuenta y cuatro metros de largo, por diez de ancho y doce de elevación: fué inaugurado el 16 de Setiembre de 1887 por el Gral. D. Porfirio Díaz, Presidente de la República, siendo á la sazón director del Museo el Dr. D. Jesús Sánchez, y constituye en su género la primera galería arqueológica del país y sin duda de toda la América latina. Los objetos expuestos allí sou originales todos ellos, y proceden de diversos lugares de la República, ya de excavaciones, ya de ruinas de templos y edificios prehispánicos, ya de donaciones particulares: figuran en primer término los más notables monumentos de distintas civilizaciones indígenas. La Galería de monolitos es una de las dos grandes secciones en que está dividido el Departamento de Arqueología: la segunda sección, separada de aquella, contiene objetos de cerámica, reproducciones y piezas diversas. A visitar con fruto y provecho la Galería de Monolitos ayuda en extremo el muy buen catálogo, elegantemente impreso en la oficina tipográfica del mismo Museo. Ese catálogo es obra del distinguido y joven escritor D. Jesús Galindo y Villa, quien tiene á su cargo las secciones de Arqueología y de Historia del dicho Establecimiento: para formarlo consultó las más autorizadas opiniones de cuantos han tratado y conocen asuntos americanos, y siguió el plan y las euseñanzas del muy ilustre Director del Museo D. Francisco del Paso y Troncoso, del cual es notable discipulo. Nueve partes ó divisiones tiene ese catálogo: Astronomía y Cronología, Mitologia, Objetos. destinados al culto, Urnas, Juego de pelota, Monumentos conmemorativos, Epigrafía, Arquitectura y Escultura, y Piezas diversas, con un total de trescientos cincuenta y cuatro ejemplares arqueológicos. Es uno de los más notables el llamado Calendario azteca ó Piedra del Sol, monolito enorme con peso de más de cuatrocientos ochenta quintales, descubierto en 1790 al empedrar la Plaza Mayor, presentado por D. Antonio León y Gama como un calendario y reloj solar, de uso de los sacerdotes aztecas, y por D. Alfredo Chavero como un monumento votivo del sol y altar de sacrificios estrenado en 1481 por el rey Axayácatl, que sobre esa piedra estuvo arrancando corazones de cautivos hasta cansarse y quedar sin fuerzas: todo es admirable en ella, su mole colosal, el primor de sus relieves y la ciencia y civilización que descubre. Con este monolito compiten en magnificencia é interés histórico las extrañas figuras que representan al terrible dios de la guerra Hurtzilopochtli; Quetzalcoatl, dios del aire; Tlaloc, dios de las lluvias; Totec el dios de los plateros, cabeza colosal de diorita espléndidamente esculpida; Chuacoatl, la mujer culebra; Coatlice, la de la enagua de culebras, madre del dios de la guerra, estatua colosal descubierta en 1790 á la vez que el Calendario ó Piedra del Sol; la divinidad monolítica de Teotihuacán clasificada como diosa del Agua por D. Gumersindo Mendoza, antiguo director del Museo; la caja de piedra labrada primorosamente, que se supone fué la urna cineraria del rey Nezahualpilli; la de Igual especie destinada à Ahuntzod; la piedra conmemorativa del hambre acaecida bajo el reinado del Emperador Moctezuma Ilhuicamina; el magnifico monumento descubierto en la Plaza Mayor en 1791, llamado piedra de Tisoc y piedra de los Sacrificios, estrenada en 1484: la hermosa lápida conmemorativa de la dedicación del Templo Mayor en 1487: las colosales cabezas de serpiente que adornaban las cercas y mesetas de aquel templo ó gran Teocalle: las enormes piernas de gigantescas cariátides toltecas encontradas en Tula: la originalísima estatua del Indio Triste: el espléndido bajo-relieve llamado la Cruz del Palenque, y otros cien objetos de singular importancia y cultura en su especie, que es imposible enumerar ni aun brevemente en estas páginas. Según hemos indicado ya, la formación de este hoy muy rico Museo Nacional, es harto reciente, pues hasta hace algunos años poco mejoró de como le describia D. Manuel Orozco y Berra en un párrafo copiado al principio de este capitulo. Sólo al empezar á ser un hecho la paz pública y el asombroso actual adelanto del país, pudieron sus gobiernos impartir su protección á ese establecimiento, en cuanto lo han permitido otras atenciones preferentes y las dificultades del erario general, que sólo gracias á la inteligencia y honradez intachables de la administración hacendaria, ha podido ir salvando las formidables crisis producidas por causas interiores y exteriores, imposibles de adivinar y prevenir. Por tales motivos, la segunda sección del departamento de Arqueología, esto es, la dedicada á cerámica, reproducciones y piezas diversas, no ha recibido aún el arreglo y la disposición que no tardará mucho en presentar. Los salones que le están destinados son enteramente nuevos, y apenas pudieron medio concluirse para días muy próximos á la reunión del Congreso de Americanistas. Pero por más que aun falte bastante para su completa clasificación, cualquier visitante instruído puede comprender y cstimar la valía é importancia inmeusas de las colecciones de cerámica y alfarería, códices, reproducciones, joyas y utensilios expuestos en los aparadores de cristales que revisten las paredes é invaden las salas, bastante buenos ciertamente pero que no sin dificultades ban podido aplicarse á su nuevo destino, pues el primitivo de esos aparadores pesadísimos, como de hierro que son, fué el haber servido en una de las exposiciones internacionales á que México concurrió. Si en otros museos extranjeros, esas clasificaciones están ya hechas por personas de grandes conocimientos, según observó un periódico no liberal, no faltan en México personas de igual inteligencia que aquí harán otro tanto, con la no despreciable ventaja de que conociéndose como se conoce la procedencia y lugar de donde aquella infinidad de objetos se han extraído, podrá la clasificación ser más exacta y meuos expuesta á errores, no escasos ciertamente entre los sabios de por allá, como que muchos americanistas europeos lo son sólo teóricos, y sólo por tener una especialidad con que llamarse, cual unos se dicen, filósofos, aquesos poetas, esotros críticos y así por el estilo, pero en el fondo sin hacer maldito el caso, ni saber de la misa la media, en puntos de americanismo. Malo es el exceso en la vanidad, pero tampoco se compadece bien con el patriotismo racional el empequeñecer lo propio, sin conocer entera y perfectamente lo extraño. Pasemos ya á los salones de Historia de México, llevando á mano para visitarlos con provecho, la bella y elegante guía formada é ilustrada personalmente por el laborioso y entendido D. Jesús Galindo y Villa. La primera de sus cinco salas conságrase á la memoria de algunos insignes misioneros que evangelizaron las Indias y abrieron las fuentes de nuestra historia antigua, y bien puestos están allí, entre otros, los retratos de Fray Pedro de Gante, Andrés de Olmos, Bernardino de Sahagún y Antonio Margil. Decoran los muros de la segunda sala los retratos de los gobernantes de la Nueva España, desde el primer Virrey D. Antonio de Mendoza, hasta D. Juan O'Donojú, el último de todos ellos. Ilenan la misma sala interesantes piezas relativas á la expedición científica de Cempoala, organizada á partir de agosto de 1890, por ordéu del Sr. Presidente de la República Gral. D. Porfirio Diaz: la dirigió el sabio D. Francisco del Paso y Troncoso, secundándole los oficiales de ingenieros D. Pedro Pablo Romero, D. Fermando del Castillo y D. Julián Pacheco, y cuarenta soldados del Batallón de Zapadores: los trabajos de la comisión duraron unos ocho meses y sus exploraciones abrazaron unas ochenta leguas; sus resultados fueron la determinación y exploración del sitio que ocupó la primera Villa Rica fundada por Hernán Cortés en 1519, y formar el plano general de las ruinas de Cempoala y los particulares de los diversos sistemas amurallados que las constituyen. Esta labor exigió seis meses de constantes desmontes y penosos trabajos topográficos, y produjo los siguientes objetos colocados en la sala: modelo en madera y en relieve del Templo del Tagin ó Pirámide de Papanda, del Estado de Veracruz: según el Sr. Troncoso, ese templo era el santuario de la nación totonaca, y en sus nichos estuvieron colocados los ídolos de su panteón mitológico. Modelo semejante en construcción al anterior, del Templo mayor de Cempoala, donde venció Hernán Cortés á Pánfilo de Narváez durante la noche del 28 al 29 de mayo de 1520: en el recinto amurallado que le circunda, se comprenden distintas fortificaciones, plazas y templos menores y pirámides. Dos planos de las ruinas y templo de Cempoala con interesantísimos pormenores. Treinta dibujos á lápiz ejecutados por el profesor D. José Maria Velasco: amplificación de las fotografias tomadas por D. Rafael García que formó parte de la comisión exploradora: representan esos dibujos dos de las fachadas de la Pirámide de Papanda; los pintorescos lugares llamados Chorros de Actopan y Rocas de la Mancha; varias vistas del templo llamado de las Caritas, porque en su frente se hallaban incrustadas unas calaveras de barro; fachadas y detalles de la construcción piramidal conocida por la casa de Moctezuma; templo de las Chimeneas, así denominado por los campesinos que por tales chimeneas tomaron las cuatro columnas hemicilindricas que se advierten al frente de la construcción; vistas diversas de ídolos, detalles y fachadas de los templos de la Calera del Aire ó Quetzalcoatl y del rio de la Antigua. En la tercera sala se han instalado piezas relativas á Hernán Cortés y á la época de la dominación española: vense alli el retrato del Conquistador y la escena que se relaciona á su entrevista con los embajadores de Moctezuma en las playas de Chalchuuheueyecan, en dos cuadros al óleo. Un busto de la Virgen pintado sobre damasco rojo, que ha sido visto como el estandarte que Cortés trajo en la Conquista de México, por más de que, según Bernal Díaz, el verdadero lleyaba una cruz por ambas partes. Según opiniones autorizadas, el existente en el Museo, pudo haber servido durante la Conquista, pero no puede afirmarse, por falta de datos, que tal enseña fuese la que trajo Cortés como estandarte de su empresa: es sin embargo un ejemplar curioso, é indudablemente de la época. Un cuadro debido al pincel del excelente artista D. José María Velasco representando el Ahuehuete de Popoda, bajo el cual, según la tradición lloró Cortés la pérdi da de muchos de sus capitanes y amigos en la derrota llamada de la Noche Triste, del 30 de junio al 19 de julio de 1520. El curioso escudo de armas de la Ciudad de Texcoco, con que se quiso perpetuar la memoria del insigne rey Nezahualcóyod, Una cota de maya, varios fragmentos de armaduras, cascos, petos, espaldares, puntas de lanzas, puñales, pujavantes, estribos y espuelas: uno de esos petos, roto en su parte superior, seucillamente grabado y con restos de incrustaciones doradas, se dice haber pertenecido al capitán D. Pedro de Alvarado, cuyo apellido se lee claramente abajo de un medallón esculpido en el lado izquierdo. La enarta sala contiene importantes códices indigenas inmediatos á la Conquista; varios planos y mapas de diversos lugares, señoríos y ciudades del país; retratos de jueces de la Acordada y de mexicanos. ilustres, cutre éstos la famosisima Sor Juana Inés de la Cruz, famosa por sus virtudes, su hermosura y sus obras literarias: este cuadro es del pincel del ameritado artista mexicano D. Miguel Cabrera: también. se ve allí el retrato del historiador muy ilustre D. Francisco Javier Clavijero. En la sección de heráldica y numismática hay objetos notabilisimos antiguos y modernos, con innumerable cantidad de piezas. originales de oro, plata, cobre, bronce, y esmaltes; medallas, monedas mexicanas y extranjeras; insignias y distintivos militares. Las colecciones de esta sección son tan abundantes, que necesitarán ca tálogos especiales: algunos están ya en obra, se completan con infinidad de tarjetas y vistas fotográficas de monumentos, edificios, paisajes y tipos de todos los puntos del país. La quinta y última sala se destinó á la época de la Independencia y á la historia moderna y contemporánea de México. Están allí un retrato del Corregidor de Querétaro, D. Miguel Dominguez: varios objetos del uso personal de D. Miguel Hidalgo, como una estola, una mascada ó pañuelo de seda, un puño de bastón, una escopeta, y un sillón con respaldo y asiento de cuero: un lienzo tosco con una corriente pintura de la Virgen de Guadalupe, el escudo de armas de España y las figuras de San Pedro y San Pablo y el letrero viva Maria Santisuma de Guadalupe: se supone, sin que haya pruebas de se autenticidad, haber sido el estandarte que en 1810 adoptó D. Miguel Hidalgo, pero tanto lo raro de que en él figuren las armas de Ispañía y las efigies de los apóstoles, detalles no citados por los historiadores, como el hecho de que á cada instante se dice haberse encontrado otros estandartes tenidos por los efectivos y verdaderos, no permiten atestiguar cosa alguna; los contratiempos y final catástrofe, obra de una traición, que sufrió el héroe insurgente, y el carácter de aquella guerra vista por el poder colonial como una rebeldia común y corriente, no permiten suponer que el gobierno de Nueva España hubiese conservado como trofeo ese estandarte que no consta hubiese caído en poder de sus tropas, ni que lo hubiera salvado y escondido algún insurgente, siendo como era un objeto de peligrosa y comprometedora conservación. Que se supongan relacionados con el muy insigne D. José Maria Morelos, sólo se exponen un sillón que se dice le sirvió en la Ciudadela de México, y dos cornucopias con su espejo azogado y candeleros para bujias, que se cuenta alumbraron la última noche de su vida, el 21 de diciembre de 1815. De D. Agustin de Iturbide figuran en la sala un biricú, el plumero tricolor del sombrero montado que traia al consu mar la Independencia en 1821, su retrato en cera, un servicio de cristal para refrescos, una vista de la casa que habitó en Iguala, y el tambor con que se tocó llamada para la proclamación del plan de que fué autor. Donados por el Sr. Gral. Riva Palacio hay muchos objetos que pertenecieron al heroico mártir de Cuilapa, D. Vicente Guerrero: su casaca militar; el pañuelo, la banda y los escapularios que llevaba al ser fusilado en 1831; una bala que en su cráneo se encontró al exhumar sus restos, y un mechón de su pelo. Del Gral. D. Francisco Javier Mina hay allí una espada. Una de las plumas con que se firmó la Constitución de 1857 y el autógrafo del manifiesto de los constitu yentes, de puño y letra de D. Francisco Zarco. Proyectil del tiro del gracia, extraído del cráneo de D. Melchor Ocampo. Diversos objetos que pertenecieron al Archiduque Maximiliano, segundo Emperador de México. Otros varios de la propiedad de D. Benito Juárez, la cama en que falleció, varias prendas de sus trajes, su baada presidencial y el vaciado de la mascarilla tomada en el cadáver. En el piso bajo del Museo existen la carroza de gala de Maximiliano, y el sencillo carruaje en que el Sr. Juárez viajó á Paso del Norte durante la intervención francesa. Sobre toda ponderación interesante es la colección de Antropología creada por iniciativa del Sr. D. Joaquín Baranda, Ministro de Justicia é Instrucción Pública, que para ello suministró los indispensables elementos con toda la eficacia y patriótico interés que siempre. pone en cuanto se relaciona con el despacho de su Secretaría de Estado y puede redundar en provecho de la instrucción general y houra de la República y de la Administración del Sr. Gral. Díaz. Hasta hace poco tiempo no existía en el Museo Nacional sino un cortisimo. número de ejemplares antropológicos, arreglados por el Sr. D. Fran cisco Martinez Calleja, comisionado al efecto en la época en que el Dr. D. Jesús Sánchez fué director del establecimiento; pero en junio de 1895 los Sres. D. Alfonso L. Herrera y D. Ricardo B. Cicero, fueron con excelente elección nombrados encargado y ayudante respectivamente de la sección de Antropologia. En el acto mismo de su nombramiento ambas ilustradísimas personas pusieron mano en su comisión, y para antes de que el Congreso de Americanistas se reuniese, se excedieron á sí mismos presentando una Exposición con los siguientes elementos: colecciones fotográficas de tipos de las diversas razas que pueblan el país; un buen número de cráneos y otras diversas piezas del esqueleto humano y algunos esqueletos completos. La mayor parte de estas piezas provienen de excavaciones practicadas en Santiago Tlaltelolco por iniciativa del Sr. D. Joaquín Baranda; los trabajos de excavación los dirigieron D. Manuel Ticó, primero, y después el ameritado Coronel de Ingenieros D. Joaquin Beltráu: los ejemplares procedentes de Xico, Chalco, Ananuco y otros puntos fueron personalmente colectados por los Sres. Herrera y Cicero: otros los facilitaron los Sres. D. Protasio Tagle, Dr. Baumgarten, Dr. Martínez Baca, Coronel Beltrán y D. Antonio García Cubas: una colección de moldes en yeso de cráneos y cerebros de diversas razas: enadros de observaciones, estados y dibujos referentes à antropología anatómica, fisiológica, criminal, prehistórica y patológica, referentes al pais: trastos, utensilios, piezas de ropa y pertrechos de guerra, procedentes de diversos puntos de la República, siendo notabilísimos los adquiridos en la sierra de la Tarahumara. Al mismo tiempo que adquirían y clasificaban tal multitud de objetos, los Sres. Herrera y Cicero formaron é hicieron imprimir an excelente catálogo muy científico y muy curioso, que hace honor á sus autores, al Museo, y al país. Como fácilmente se comprende, nos es de todo punto imposible dar aquí ni una idea aproximada de esta importantísima sección del Museo Nacional, sección que abraza millares de objetos y que ha enriquecido ese hoy magnífico Istablecimiento. La misma dificultad se nos presenta para describir las secciones en que se exponen la colección de mamíferos, la de aves y la de reptiles y batracios, sorprendentemente estudiadas en los catálogos 1, 2 y 3, impresos todos en 1895: pues según hemos dicho y no dejaremos de repetirlo, el Museo Nacional es obra casi exclusiva de los últimos años y de los últimos gobiernos. Si las colecciones son importantes, no lo son menos los catálogos formados por D. Alfonso L. Herrera, quien con ellos se propuso, y lo consiguió, difundir abundantisimos conocimientos, aprovechando su fácil adquisición mediante una enseflanza objetiva: los tres catálogos constituyen por si solos un tratado de Zoología, claro, conciso y que entrafia el servicio importantísimo de destruir las vulgaridades y errores muy extendidos entre mucha porción de los numerosos visitantes de esos departamentos del Museo Nacional. Antes de cerrar este capitulo creemos debido poner aquí el cuadro de empleados del Museo Nacional al celebrarse el Congreso Americanista: Director, profesor de Historia y Arqueología, D. Franciscodel Paso y Troncoso; profesor de Geología, Paleontología y Mineralogía, Dr. D. Manuel M. Villada; Director piterio y profesor de Botánica y Zoologia, Dr. D. Mannel Urbina; Ayudante arqueólogo, D. Jesús Galindo y Villa; Ayudante naturalista, profesor 1). Alfonso L. Herrera: Dibujante fotografo, D. José M. Velasco; Tesorero Secretario, D. Andrés Díaz Millián; Brbliotecario, D. José M. de Agreda; Taxidermista, D. Trinidad Aguilera. La visita hecha al Museo Nacional por los miembros del Congreso de Americanistas, estuvo presidida por el Sr. D. Joaquíu Baranda, Ministro de Justicia y principal promovedor de sus importantisimas reformas y mejoras. Por su iniciativa se restauró la original fachada del antiguo edificio, dándole su primitivo aspecto; se restauró también y se reconstruyó en parte, su vistosa y gran portada, y se devolvió á la gran puerta del zaguán, su antigua y rica apariencia; descubriéndose inscripciones; se reformó el jardín del patio principal; se concluyó la artistica portada de la galería de monolitos, y se la dotó de una verja hermosisima. Los miembros del Congreso elogiarou el buen arreglo, la acertada disposición y extraordinaria riqueza del Museo, y algunos pudieron hacer ver que no les eran desconocidos la procedencia é interpretación de varios monumentos aztecas. El Sr. D. Próspero Cahuantzi tomó dos veces la palabra y mereció ser aplaudido, sobre todo al referirse á algunos objetos del gran salón de monolitos y de la sala en que fueron expuestas temporalmente algunas colecciones de propiedad particular, como la del Dr. D. Nicolás León, la de D. Antonio Peñafiel, la del Estado de Tlaxcala y la del Sr. Gral. D. José María Contolenne: en el arreglo de esta sala provisional, trabajaron con mucha inteligen cia los Sres. D. Próspero Caluautzi y D. Francisco Martínez López.