Cuarto Libro de La Galatea: 14

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Cuarto Libro de La Galatea Miguel de Cervantes


-Ésta es, señores, la canción de Lauso -dijo Damón en acabándola-, la cual fue tan celebrada de Lariseo, cuanto bien admitida de los que en aquel tiempo la vieron.

-Con razón lo puedes decir -respondió Darinto-, pues la verdad y artificio suyo es digno de justas alabanzas.

-Estas canciones son las de mi gusto -dijo a este punto el desamorado Lenio-, y no aquellas que a cada paso llegan a mis oídos, llenas de mil simples conceptos amorosos, tan mal dispuestos e intricados que osaré jurar que hay algunas que, ni las alcanza quien las oye, por discreto que sea, ni las entiende quien las hizo. Pero no menos fatigan otras que se enzarzan en dar alabanzas a Cupido y en exagerar su poder, su valor, sus maravillas y milagros, haciéndole señor del cielo y de la tierra, dándole otros mil atributos de potencia, de mando y señorío. Y lo que más me cansa de los que las hacen es que, cuando hablan de amor, entienden de un no sé quién que ellos llaman Cupido, que la mesma significación del nombre nos declara quién es él, que es un apetito sensual y vano, digno de todo vituperio.

Habló el desamorado Lenio, y en fin hubo de parar en decir mal de amor; pero, como todos los más que allí estaban conoscían su condición, no repararon mucho en sus razones, si no fue Erastro, que le dijo:

-¿Piensas, Lenio, por ventura, que siempre estás hablando con el simple Erastro, que no sabe contradecir tus opiniones ni responder a tus argumentos? Pues quiérote advertir que te será sano el callar por agora, o, a lo menos, tratar de otras cosas que de decir mal de amor, si ya no gustas que la discreción y sciencia de Tirsi y de Damón te alumbren de la ceguedad en que estás, y te muestren a la clara lo que ellos entienden y lo que tú debes entender del amor y de sus cosas.

-¿Qué me podrán ellos decir que yo no sepa? -dijo Lenio-. O ¿qué les podré yo replicar que ellos no ignoren?

-Soberbia es esa, Lenio -respondió Elicio-, y en ella muestras cuán fuera vas del camino de la verdad de amor, y que te riges más por el norte de tu parecer y antojo, que no por el que te debías regir, que es el de la verdad y experiencia.

-Antes por la mucha que yo tengo de sus obras -respondió Lenio-, le soy tan contrario como muestro y mostraré mientras la vida me durare.

-¿En qué fundas tu razón? -dijo Tirsi.

-¿En qué, pastor? -respondió Lenio-. En que, por los efectos que hace, conozco cuán mala es la causa que los produce.

-¿Cuáles son los efectos de amor que tú tienes por tan malos? -replicó Tirsi

-Yo te los diré, si con atención me escuchas -dijo Lenio-; pero no querría que mi plática enfadase los oídos de los que están presentes, pudiendo pasar el tiempo en otra conversación de más gusto.



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