Cuarto Libro de La Galatea: 26

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Cuarto Libro de La Galatea Miguel de Cervantes





instinto natural que nos conmueve
a levantar los pensamientos, tanto
que apenas llega allí la vista humana; 45
escala por do sube, el que se atreve,
a la dulce región del cielo sancto;
sierra en su cumbre deleitosa y llana,
facilidad que lo intricado allana,
norte por quien se guía 50
en este mar insano
el pensamiento sano,
alivio de la triste fantasía,
padrino que no quiere nuestra afrenta;
farol que no se encubre, 55
mas nos descubre el puerto en la tormenta;


pintor que en nuestras ánimas retrata,
con apacibles sombras y colores,
ora mortal, ora inmortal belleza;
sol que todo ñublado desbarata, 60
gusto a quien son sabrosos los dolores;
espejo en quien se ve naturaleza
liberal, que en su punto la franqueza
pone con justo medio;
espíritu de fuego 65
que alumbra al que es más ciego;
del odio y del temor solo remedio;
Argos que nunca puede estar dormido,
por más que a sus orejas
lleguen consejas de algún dios fingido; 70


ejército de armada infantería
que atropella cien mil dificultades,
y siempre queda con victoria y palma;
morada adonde asiste el alegría;
rostro que nunca encubre las verdades, 75
mostrando claro lo que está en el alma;
mar donde la tormenta es dulce calma
con sólo que se espere
tenerla en tiempo alguno;
refrigerio oportuno 80
que cura al desdeñado cuando muere;
en fin, amor es vida, es gloria, es gusto,
almo feliz sosiego.
¡Seguilde luego, qu’el seguirle es justo!


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