Cuarto Libro de La Galatea: 28

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 28 de 36
Cuarto Libro de La Galatea Miguel de Cervantes


-Pocos días ha, señor Darinto, que yo y algunos de los que aquí estamos oímos nombrar el nombre de Nísida, como aquella dama agora ha hecho; pero de más lágrimas acompañado y con más sobresaltos referido.

-Por ventura -respondió Darinto-, ¿hay alguna pastora en estas vuestras riberas que se llame Nísida?

-No -respondió Elicio-; pero esta que yo digo en ellas nasció y en las apartadas del famoso Sebeto fue criada.

-¿Qué es lo que dices, pastor? -replicó el otro caballero.

-Lo que oyes -respondió Elicio-, y lo que más oirás si me aseguras una sospecha que tengo.

-Dímela -dijo el caballero-, que podría ser se te satisficiese. A esto replicó Elicio:

-¿A dicha, señor, tu proprio nombre es Timbrio?

-No te puedo negar esa verdad -respondió el otro-, porque Timbrio me llamo, el cual nombre quisiera encubrir hasta otra sazón más oportuna; mas la voluntad que tengo de saber por qué sospechaste que así me llamaba me fuerza a que no te encubra nada de lo que de mí saber quisieres.

-Según eso, tampoco me negarás -dijo Elicio- que esta dama que contigo traes se llame Nísida, y aun, por lo que yo puedo conjeturar, la otra se llama Blanca, y es su hermana.

-En todo has acertado -respondió Timbrio-; pero, pues yo no te he negado nada de lo que me has preguntado, no me niegues tú la causa que te ha movido a preguntármelo.

-Ella es tan buena y será tan de tu gusto -replicó Elicio- cual lo verás antes de muchas horas.

Todos los que no sabían lo que el ermitaño Silerio a Elicio, Tirsi, Damón y Erastro había contado, estaban confusos oyendo lo que entre Timbrio y Elicio pasaba; mas a este punto dijo Damón, volviéndose a Elicio:

-No entretengas, ¡oh Elicio!, las buenas nuevas que puedes dar a Timbrio.

-Y aun yo -dijo Erastro- no me detendré un punto de ir a dárselas al lastimado Silerio del hallazgo de Timbrio.

-¡Sanctos cielos! ¿Y qué es lo que oigo -dijo Timbrio-, y qué es lo que dices, pastor? ¿Es por ventura ese Silerio que has nombrado el que es mi verdadero amigo, el que es la mitad de mi alma, el que yo deseo ver más que otra cosa que me pueda pedir el deseo? ¡Sácame desta duda luego, así crezcan y multipliquen tus rebaños de manera que te tengan envidia todos los vecinos ganaderos!



La Galatea
Libro ILibro IILibro IIILibro IVLibro VLibro VI