Cuarto Libro de La Galatea: 31

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Cuarto Libro de La Galatea Miguel de Cervantes


La pastora se holgó de saber la intención de Lenio, y le concedió que con ella viniese hasta su aldea, que dos leguas de la de Lenio era. Con esto, se despidió Lenio de Arsindo, rogándole que le disculpase con todos sus amigos y les dijese la causa que le había movido a irse con aquella pastora, y sin esperar más, él y Gelasia alargaron el paso, y en poco rato desaparecieron. Cuando Arsindo volvió a decir lo que con la pastora había pasado, halló que todos aquellos pastores habían llegado a consolar al enamorado pastor, y que las dos de las tres rebozadas pastoras, la una estaba desmayada en las faldas de la hermosa Galatea y la otra abrazada con la bella Rosaura, que asimesmo el rostro cubierto tenía. La que con Galatea estaba era Teolinda, y la otra, su hermana Leonarda; las cuales, así como vieron al desesperado pastor que con Gelasia hallaron, un celoso y enamorado desmayo les cubrió el corazón, porque Leonarda creyó que el pastor era su querido Galercio, y Teolinda tuvo por verdad que era su enamorado Artidoro; y, como las dos le vieron tan rendido y perdido por la cruel Gelasia, llególes tan al alma el sentimiento que, sin sentido alguno, la una en las faldas de Galatea, la otra en los brazos de Rosaura, desmayadas cayeron. Pero de allí a poco rato, volviendo en sí Leonarda, a Rosaura dijo:

-¡Ay, señora mía, y cómo creo que todos los pasos de mi remedio me tiene tomados la Fortuna, pues la voluntad de Galercio está tan ajena de ser mía, como se puede ver por las palabras que aquel pastor ha dicho a la desamorada Gelasia! Porque te hago saber, señora, que aquél es el que ha robado mi libertad y aun el que ha de dar fin a mis días.

Maravillada quedó Rosaura de lo que Leonarda decía, y más lo fue cuando, habiendo también vuelto en sí Teolinda, ella y Galatea la llamaron; y, juntándose todas con Florisa y Leonarda, Teolinda dijo cómo aquel pastor era el su deseado Artidoro. Pero aún no le hubo bien nombrado, cuando su hermana le respondió que se engañaba, que no era sino Galercio, su hermano.

-¡Ay, traidora Leonarda! -respondió Teolinda-. ¿Y no te basta haberme una vez apartado de mi bien, sino agora que le hallo quieres decir que es tuyo? Pues desengáñate que en esto no te pienso ser hermana, sino declarada enemiga.

-Sin duda que te engañas, hermana -respondió Leonarda-, y no me maravillo, que en ese mesmo error cayeron todos los de nuestra aldea, creyendo que este pastor era Artidoro, hasta que claramente vinieron a entender que no era sino su hermano Galercio, que tanto se parece el uno al otro como nosotras la una a la otra, y aun, si puede haber mayor semejanza, mayor semejanza tienen.

-No lo quiero creer -respondió Teolinda-, porque, aunque nosotras nos parecemos tanto, no tan fácilmente se hallan estos milagros en naturaleza; y así, te hago saber que en tanto que la esperiencia no me haga más cierta de la verdad que tus palabras me hacen, yo no pienso dejar de creer que aquel pastor que allí veo es Artidoro; y si alguna cosa me lo pudiera poner en duda, es no pensar que de la condición y firmeza que yo de Artidoro tengo conocida, se puede esperar o temer que tan presto haya hecho mudanza y me olvide.

-Sosegaos, pastoras -dijo entonces Rosaura-, que yo os sacaré presto de la duda en que estáis.



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