Cuarto Libro de La Galatea: 35

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Cuarto Libro de La Galatea Miguel de Cervantes





ELICIO

La bella ingrata mi enemiga ha sido
quien quiso, pudo y supo en un momento 50
tenerme de un sotil cabello asido
el libre vagaroso pensamiento.
Y, aunque al estrecho lazo estoy rendido,
tal gusto y gloria en las prisiones siento,
  que estiendo el pie y el cuello a las cadenas, 55
llamando dulces tan amargas penas.


ERASTRO

Llamando dulces tan amargas penas
paso la corta fatigada vida,
del alma triste sustentada apenas,
y aun apenas del cuerpo sostenida. 60
Ofrecióle fortuna a manos llenas
a mi breve esperanza fe cumplida:
¿qué gusto, pues, qué gloria o bien se ofrece,
do mengua la esperanza y la fe crece?


ELICIO

Do mengua la esperanza y la fe crece 65
se descubre y parece el alto intento
del firme pensamiento enamorado,
que sólo confiado en amor puro,
vive cierto y seguro de una paga
que al alma satisfaga limpiamente. 70


ERASTRO

El mísero doliente a quien subjeta
la enfermedad y aprieta, se contenta,
cuando más le atormenta el dolor fiero,
con cualquiera ligero breve alivio;
mas, cuando ya más tibio el daño toca, 75
  a la salud invoca y busca entera.
Así, desta manera, el tierno pecho
del amador, deshecho en llanto triste,
dice que el bien consiste de su pena
en que la luz serena de los ojos, 80
a quien dio los despojos de su vida,
le mire con fingida o cierta muestra;
mas luego amor le adiestra y le desmanda
y más cosas demanda que primero.


ELICIO

Ya traspone el otero el sol hermoso, 85
Erastro, y a reposo nos convida
la noche denegrida que se acerca.



ERASTRO

Y el aldea está cerca, y yo cansado.


ELICIO

Pongamos, pues, silencio al canto usado.


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