Declaración de Don Javier al abandonar el territorio español por orden gubernamental (1968)

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Mi hijo y yo mismo acabamos de vernos expulsados de España, sin que el Gobierno haya intentado establecer un diálogo, y ni siquiera haya manifestado, en el curso de los diez últimos años, un desacuerdo con nuestra acción política en España.

Lamento esta demostración de autoridad hacia mí y mi hijo, como demostración y prueba de fuerza, porque daña el porvenir del país en su desarrollo sereno y constructivo, tanto en el plano político como en el social.

El respeto a las leyes y a la autoridad ha sido siempre mi norma de conducta en política, pero estimo que la autoridad debe, en primer lugar, respetar los principios generales de la libertad de expresión y de asociación, condición de la paz política y base de todo movimiento democrático.

España necesita continuar su desarrollo económico y, por encima de todo, su desarrollo social.

Este desarrollo solamente es posible en la atmósfera de libertad de acción, con orden y dignidad. En este sentido, pido a todos los carlistas continúen su trabajo a pesar de las imprudencias del Gobierno.

A pesar de la reacción de los grupos de intereses y de la presión sobre el Poder, seguiremos luchando por las tres grandes libertades concretas que hemos defendido desde hace más de 130 años; nuestras libertades regionales o Fueros; nuestras libertades sindicales y nuestras libertades de asociación política. Estas tres libertades son condiciones esenciales de la participación del pueblo en el gobierno del país y, asimismo, de todo progreso social.