Del enemigo, el primer consejo: 035

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Escena XII
Pág. 035 de 101
Del enemigo, el primer consejo Acto I Tirso de Molina
ALFONSO, solo.

ALFONSO

¡Qué de cosas encontradas
banderizan pensamientos,
que entre desesperaciones 1160
esperanzas van tejiendo!
¿Que no me ausente? ¿Qué sirva
a Lucrecia, y que ofreciendo
amistad a Ascanio y cargos,
contra mí sea su tercero? 1165
Desafiéle celoso,
y mándanme ser a un tiempo
su abogado y su fiscal
¡Qué terrible mandamiento!
Pero, en fin, lo prometí; 1170
palabras de amor perfecto,
en quien las ofrece noble,
traen fuerza de juramento.
Sentencia desesperada;
Mas si bien la considero 1175
a apelaciones convida
con vislumbres de remedio,
que es mujer como las otras
me avisa, y apeteciendo
lo difícil las demás, 1180
lo fácil les es molesto.
¿Qué mucho que las imite?
Siempre me ha visto sujeto,
sin resistencia a rigores,
a las leyes de su imperio; 1185
lo continuo causa enfado,
lo exquisito da deseos,
y lo que amor dificulta.
hacen posible los celos.
Que celos la dé me manda, 1190
y quien me avisa con ellos,
principios muestra de amor,
mas piedad, rigores menos.
Ya yo sé que cautelosa
me facilita con esto 1195
a persuadir a su amante
que la corresponda tierno;
pero también hemos visto
que al contrario más soberbio,
queriendo acertar, le matan 1200
tal vez sus ardides mesmos.
Démosla celos, amor;
voluntad, encareceos;
ojos míos, divertíos;
asistencia, acudid menos; 1205
pensamiento, obedezcamos
a nuestro enemigo en esto
desde hoy, y del enemigo,
amor, el primer consejo.


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