Del enemigo, el primer consejo: 036

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Escena I
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Del enemigo, el primer consejo Acto II Tirso de Molina


Salón del palacio.

ALFONSO y ASCANIO.

ASCANIO

Si en mi muerte o en la tuya
consiste el tener sosiego
yo o tú, ¿qué esperas?


ALFONSO

Son fuego
los celos, la fuerza suya
sólo en la materia estriba 5
que sus llamas manifiesta,
y no es posible, cuando ésta
le falta, que el fuego viva.
Túvelos de ti; ya estoy
de suerte desengañado, 10
que no ofendido, obligado,
con esta espada te doy
los brazos, si los estimas,
y esta cédula con ellos
que obligue a correspondellos, 15
pues a mi instancia sublimas
tu nobleza, ahora mayor.
El César, conmigo franco,
provisiones me da en blanco,
porque conozco mejor 20
(según dice, y no se engaña)
los méritos y sujetos
de sus vasallos discretos;
la majestad se acompaña
siempre de la adulación; 25
no sé qué tiene con ellos
la verdad, que huyendo dellos,
tan raras las veces son
que sigue la autoridad
de majestades servidas, 30
que un Rey, si no es por oídas,
no conoce la verdad.
Esto inventó los privados,
que, en fin, como más tratables,
llanos y comunicables, 35
pueden distinguir estados,
y conociendo sujetos,
premiar los más suficientes,
pues por segundos agentes
influye Dios sus efetos, 40
y ésta es la causa que en mí
descanse el César acciones,
y dándome provisiones
en blanco, no fíe de sí,
lo que de mi lealtad fía. 45
Conozco tu discreción,
y así la gobernación
de Milán y de Pavía
te despacho en nombre suyo.
Vicario del sacro Imperio 50
eres; que en su ministerio
lo que le has de honrar arguyo.
Bésale al César los pies.


Del enemigo, el primer consejo de Tirso de Molina

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