Del enemigo, el primer consejo: 045

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Escena IV
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Del enemigo, el primer consejo Acto II Tirso de Molina


SERAFINA

¡Qué diestra en hortalizas,
ejemplos estudiosa alegorizas! 350
Como el Conde me enfada,
cortar, que no podar su amor, me agrada;
deseo que se seque,
y así no es mucho que instrumentos trueque,
y en vez de podar ramas, 355
derribe el tronco y amortigüe llamas.
¡Plegue a Dios, ya que en flores
su abril alegra, que al coger no llores
frutos que me apercibe!
Que aunque seco le juzgas, por mí vive, 360
y encubriendo congojas,
por darme el fruto a mí te paga en hojas.


LUCRECIA

¿Tan en poco me tienes,
que con favores yo, tú con desdenes,
no sabré trasplantalle 365
de tu amor a tu olvido, y regalalle
de modo que en desprecios
rinda tributos a desdenes necios?
Pues yo te certifico
que si pobre en tu amor, y en mi fe rico 370
(porque vaya adelante
en metáfora de árbol nuestro amante),
tan agrio le criabas
con el desdén que a su lealtad mostrabas
ya que a mi amor mudado, 375
mi posesión le goza trasplantado,
de tu agrio riguroso
y mi favor tratable y amoroso,
salga (tenlo por cierto)
porque me envidies, tan sabroso injerto, 380
que agridulce, Condesa,
desabrida sin él juzgues tu mesa.


Del enemigo, el primer consejo de Tirso de Molina

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