Del enemigo, el primer consejo: 056

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Escena IX
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Del enemigo, el primer consejo Acto II Tirso de Molina


FEDERICO

¿Que de veras, Alfonso, tendréis gusto
en que los dos se casen?


ALFONSO

Lo deseo
infinito, señor.


FEDERICO

Pues yo me ajusto
al vuestro, aunque lo escucho y no lo creo. 660
Conde, este ciego dios, tirano injusto
que no estima victorias, si el trofeo
no establece en humanas monarquías,
desorden es de las pasiones mías.
Yo adoro a Serafina.


ALFONSO

¡Señor! ¿Cómo? 665
La sacra Majestad...


FEDERICO

No hay majestades
contra flechas que armadas de oro y plomo
coronas pisan, postran dignidades:
yo, que rebeldes venzo, reyes domo,
sujeto aquesta vez a liviandades 670
humanas, que este incendio desatina,
porque os desdeña, adoro a Serafina.
Turbado estáis. ¡Qué mal encubren celos
fingimientos ocultos! Resistido
he yo a lo menos cuerdo mis desvelos: 675
señal que para más que vos he sido.
Mientras dábades quejas a los cielos,
ella adorada y vos aborrecido,
sintiendo vuestra pena y su porfía,
lo que culpaba en ella, agradecía; 680
mas ya que aunque fingido, habéis mostrado
que os es aborrecible su presencia,
y yo en fe desto os he comunicado
secretos que encerraba la prudencia,
perdonaréis mi amor, que, publicado, 685
volver atrás en mí será indecencia
indigna del valor que César sigo,
y en mí disculpa lo que en vos castigo.


Del enemigo, el primer consejo de Tirso de Molina

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