Diccionario de autoridades. Tomo I: 018

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Diccionario de autoridades. Tomo I Real Academia Española



todo, fué loable su trabájo, y fué falíz en dár la norma; bien que como era único, no consiguió saliesse su obra tan perfecta, como si à ella huviessen concurrido muchos: lo que executaron las dos Académias Francesa, y de la Crusca: y no parecía justo, que no supliessemos, siendo muchos, lo que nuestro Covarrubias no havía podido lograr, por ser solo.

5 Estas consideraciones produxeron la resolución de que lo priméro que en la Académia se tratasse, fuesse ordenar un Diccionario, abundante de voces, autorizadas con exemplos de los mejores Autores, claro en la explicación, facil en el uso, y que supliesse lo que en Covarrubias faltasse. Y con efecto, para experimentar las plumas, se repartió parte de la letra A en sus priméras combinaciones Ab. Ac. Ad. &c. las quales se sortearon entre los que se hallaron presentes, y cada uno se encargó de la que le tocó, para componerla segun su méthodo, y que se pudiesse elegir despues el que pareciesse mas conveniente pasa salir al público.

6 El deseo obligaba à adelantar las execuciones; pero al mismo tiempo se tropezaba en las dificultades. Las Juntas no se celebraban con la debida orden: preciso efecto de estar aquel cuerpo sin cabéza, en quien pudiessen hallar su decissión las dudas que se ofrecían y disputaban. Tambien se echaba menos una Secretaría, en que se conservasse la notícia de lo que se resolvía: pues intentar encomendarlo todo à la memória, era lo mismo que fiar de la contingéncia la estabilidád. Para ocurrir à todo, se convino de comun acuerdo en nombrar por Director y Presidente al Excelentissimo señor Marqués de Villena, empezando la Académia con tan acertada y justa elección à desempeñar en alguna parte las grandes obligaciones que à su Excelencia confessaba. Para Secretario estaba destinado, desde que entró en las Juntas, Don Vicencio Squarzafigo Centurión y Arriola, porque en sus conocidas prendas, y curiosa aplicación se asseguraba la puntualidád pretendida, assi en escribir los acuerdos de la Académia, como en archivar los papéles, y tenerlos prontos siempre que fuessen menester. Con las determinaciones referidas se fué animando este cuerpo; pero la obligación del vassallage no permitió mudar assientos, ni observar otra formalidád, sin que precediesse licencia expressa del Rey nuestro señor, porque la facultad concedida, y agrado que se havía servido manifestar de la idéa (como vá dicho) era verbál: en cuyos términos pareció indispensable dár cuenta à su Magestad de lo executado, y suplicarle se dignasse de aprobarlo por escrito, concediendo su Real Pretección à la Académia, sobre cuya basa fundamental se podría con firmeza levantar este edificio: y para logarlo se formó memoriál, que se presentó à su Magestad por mano del Marqués, y en su nombre, que fué el siguiente.

SEÑOR. El Marqués de Villena, Duque de Escalóna, à los pies de V. Magestad, dice, que haviendole manifestado diferentes Persónas de calidád, letras, y ardiente zelo de la glória de V. Magestad, y de nuestra Nación, el deseo


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