Discurso: Primera Palada de la Construcción del Templo Santiago de Chile. 30 de mayo 1981

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Primera Palada de la Construcción del Templo Santiago de Chile de Carlos A. Cifuentes


Carlos A. Cifuentes

Representante Regional

Presidente del Comité del Templo


30 de mayo 1981

Queridos Hermanos y hermanas, queridas autoridades generales de la Iglesia, Querido Presidente Kimball y hermana Kimball.

Quisiera en esta oportunidad, empezar dando las gracias, por haber sido llamado a servir como Presidente del comité del Templo de Chile. Quiero agradecer personalmente, a cada uno de los que han participado de este comité, sin ellos, nada se hubiera podido hacer.

El Presidente Kimball, cuando entro a este recinto me dijo, “Este día lo has estado esperando toda tu vida”. Realmente mis queridos hermanos, he esperado este día por más de veinte años. El sueño de un Templo en Chile, por fin se cumple, y casi cuesta creerlo. Pero no estamos soñando, ya es una realidad, y hoy tenemos junto a nosotros al profeta del Señor, para dar inicio, a la construcción de lo que será nuestro querido Templo.

Que privilegio tan grande es tener a nuestro amado Profeta entre nosotros, para este gran acontecimiento en la vida de los Santos Chilenos, tanto en el presente, como en el futuro. Debemos prepararnos responsablemente, para usar este Templo para nuestro beneficio, y el de nuestros muertos. El Presidente Kimball, nos dijo en Lago Salado, durante la última conferencia General de la Iglesia, que cuando nuestro Templo esté funcionando, no debe haber entre nosotros, ningún adulto, sin haber recibido sus investiduras, ningún matrimonio, sin sellarse por las eternidades, y ninguna familia sin estar trabajando en su genealogía. Realmente, todos debemos seguir su consejo para nuestro propio bien.

Estos días, muchos han querido estar cerca del profeta; yo digo, que nunca estaremos más cerca del profeta, que cuando seguimos los mandamientos del Señor; que cuando socorrimos al necesitado, que cuando somos humildes, y obedientes y seguimos sus enseñanzas., entonces sí, que estamos cerca de nuestro Profeta.

Debemos recordar estos dos principios; la humildad y la obediencia, porque, practicados con sinceridad, de ello depende nuestra salvación. El Profeta Joseph Smith nos dijo: “Sé humilde y el Señor tu Dios, te llevará de la mano y contestará tus oraciones” –Doctrinas y convenios 112:10–. Qué más quisiera el hombre, ser llevado de la mano de Dios. La única vez que Jesús hablo de sí mismo, fue para decir “Aprended de mí, que yo soy manso y humilde de corazón”. –Vale la pena seguir el consejo del Salvador–.

El Apóstol Pablo enseñó: “Pero gracias a Dios, que aunque eres esclavo del pecado, habéis obedecido de corazón, ha aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregado, y liberado del pecado, vinisteis hacer siervo de la justicia”.

Mis queridos hermanos, los años me han enseñado que al hombre humilde, le cuesta menos acomodar su vida al evangelio, le cuesta menos dejar los malos hábitos, le cuesta menos obedecer las leyes divinas, y las leyes de la nación en donde vive. No está lejano el día en que, en el mismo lugar en que ustedes están parados, se levantará un edificio, un esplendido edificio, que será nuestro templo, en él, podremos sellarnos por las eternidades, como marido y mujer y, sellarnos con nuestros hijos, formando así una familia celestial.

Pude haber algo más grandioso, que juntarnos más allá de la muerte con nuestros seres queridos, y vivir eternamente unidos sin temor a la separación. El Señor a dicho por medio de su Profeta: “Por consiguiente. Si un hombre se casa con una mujer en el mundo, y no se casa con ella, ni por mí, ni por mi palabra, pactando con ella mientras estuviere en el mundo, y ella con él, ninguna validez tendrán sus convenios de matrimonio cuando mueran, y estén fuera del mundo. Por tanto, no quedan ligados por ninguna ley, cuando ya no están en el mundo. Así que, ya fuera del mundo, ni se casan, ni se dan en matrimonio, sino que son nombrados ángeles del cielo, siendo administrantes de aquellos que son dignos y confesos de la gloria extraordinaria y eterna.

Mis queridos hermanos, pronto tendremos cientos de capillas construidas en nuestro país, desde Arica a Puntarenas, capillas grandes, cómodas y hermosas, pero estas son simples capillas. Aquí se levantará un Templo del señor, un hermoso y sagrado Templo, y debemos prepararnos para entrar en él, con un corazón humilde, lleno de fe y esperanza. También debemos recordar, nuestra responsabilidad sagrada con nuestros muertos. Cuentos miles y miles de ellos estarán esperando con gozo y esperanza la construcción de este Templo, como lo estamos esperando nosotros. Tenemos por delante una gran tarea, de hacer, tanto por nosotros mismos, preparándonos personalmente, como preparando los antecedentes de nuestros fallecidos, y entrando junto a ellos al Templo. Sería un egoísmo no entrar con ellos, y quien no hiciese esta obra por los muertos, está negando la esencia del evangelio. Que el Señor los bendiga mis queridos hermanos para ser dignos de tener un Templo cerca de nosotros. Que nos bendiga, para llegar un día a pensar, hablar y actuar, como un verdadero Santo de los Últimos Días.

Quiero dejarles mi testimonio de la veracidad que enseña el libro de mormón, y acepto con todo mi corazón al Profeta Joseph Smith, como restaurador de la verdad entre los hijos de los hombre, y que Dios bendiga a nuestro Presidente Kimball, nuestro actual profeta. Ruego esto en el nombre de Jesucristo, ¡Amén!

Carlos A. Cifuentes

Representante Regional

Presidente del Comité del Templo

Fuente: File:Discurso Carlos A. Cifuentes. 30 de Mayo 1981.pdf (Commons).