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Discurso de Augusto Pinochet reconociendo el triunfo del No en el plebiscito de 1988

De Wikisource, la biblioteca libre.

6 de octubre de 1988

Reconozco y acepto el veredicto mayoritario expresado en el día de ayer por la ciudadanía. Respetaré y haré respetar este resultado, en consonancia con mi norma de conducta invariable como Jefe del Estado.

Quiero hacer presente a todos mis compatriotas, que las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Orden, mantienen incólume su compromiso con los principios inspiradores de la gloriosa gesta del 11 de septiembre del año 1973. Ellos han alumbrado estos años de su servicio a la República, y ellos también serán la guía de la construcción del Chile del futuro.

En efecto, en este año, las instituciones de la Defensa Nacional asumieron en el Acta de Constitución de la Junta de Gobierno el histórico compromiso de devolver a Chile su identidad nacional y restaurar la institucionalidad que había sido tan abiertamente quebrantada. A partir de entonces, el país se fue dando un nuevo orden político, jurídico, económico y social, moderno y renovado, que permitiera gradualmente ir depurando los vicios del pasado y reafirmar los hábitos más profundamente democráticos del pueblo chileno.

Es esa voluntad democrática la que ayer se ha expresado en las urnas. Que nadie se mueva a engaño: Chile seguirá su marcha hacia la plena democracia, sin que nada ni nadie pueda detenerlo.

Conciudadanos: en el reciente plebiscito no ha estado en juego el ideario ni el itinerario constitucional trazado, sino tan solo la persona que debería conducir al país hacia la aplicación plena de la Carta Fundamental durante el siguiente período presidencial. No cabe alterar el orden constitucional de la República, y nadie puede sentirse con el mandato del pueblo para torcer lo que ese mismo pueblo decidió.

El resultado del plebiscito debe llevarnos a adquirir un nuevo compromiso de orden moral, cuyo pleno cumplimiento reviste especial trascendencia para las nuevas generaciones de chilenos. Tal compromiso se basa en la adopción de todas las medidas y acciones que aseguren que el orden, la estabilidad y el progreso que hemos alcanzado con el esfuerzo de todos, sigan presidiendo la convivencia nacional.

El Presidente de la República que les habla y su Gobierno seguirán trabajando con todo empeño en la gran causa de servir a Chile. Continuaremos adelante con los programas que nos hemos trazado. Este es un imperativo para todos los chilenos cuyo amor a la patria está por encima de particulares intereses o aspiraciones. Para tal fin, contamos con el marco que nos da la Constitución Política que la ciudadanía aprobara democráticamente el año 1980, y cuya vigencia integral ya está muy próxima.

Compatriotas: en mi vida militar y en el ejercicio de la primera magistratura de la nación, he sabido, por sobre todo, respetar la voluntad ciudadana y las instituciones fundamentales de la República. Hoy, en este momento supremo, renuevo mi compromiso de cumplir el mandato recibido, sin vacilaciones ni egoísmos, con sentido patriótico y venciendo el sacrificio que ello significa.

Porque la soberanía reside esencialmente en la nación, respetaremos una vez más, como en el año 1980, su expresión libre y responsable. Mi honor de soldado está, ahora como entonces, al servicio de tal fin. Por ello, todo hombre y mujer de esta patria debe abrigar la absoluta certeza de que se cumplirá irrestrictamente el itinerario previsto por la Carta Fundamental para que el pleno funcionamiento de todas las instituciones democráticas, sea ella muy pronto una realidad.

Quiero dirigir un emocionado mensaje a todos los miles de chilenos que apoyaron mi postulación a la Presidencia de la República para el próximo período constitucional, al frente de todo un proceso que debe continuar por el bien de Chile.

A quienes me acompañan, a quienes desde los puestos más relevantes del Gobierno, sirven lealmente a la patria; a todos aquellos que han colaborado con su esfuerzo a la obtención de un porcentaje electoral tan altamente significativo de adhesión a la obra realizada, como ha quedado reflejado en el plebiscito, les agradezco e insto a seguir luchando juntos con creciente mística y eficiencia.

Como lo expresé en más de una oportunidad, la institucionalidad que con tanto esfuerzo hemos construido entre todos debe preservarse al margen de todo otro interés subalterno. La obra de nuestro Gobierno es inmensa; ella no se detendrá porque está fundada en los valores y requerimientos más sagrados de la patria. Esos valores son inamovibles, pues se anidan en el corazón de cada hijo de esta tierra.

En esta hora solemne, llamo a todos los chilenos a mirar unidos el futuro, atendiendo solo a las exigencias del bien común, pues la patria merece aún mayores esfuerzos que los desplegados hasta ahora. Nuestros hijos esperan el ejemplo que debemos brindarles en este histórico momento. No los defraudemos.

Pongo a Dios por testigo.

¡VIVA CHILE!