Discurso de Augusto Pinochet tras la aprobación mediante plebiscito de la reforma constitucional en 1989
30 de julio de 1989
Compatriotas:
En el día de hoy, los chilenos hemos dado una nueva demostración al mundo de nuestra madurez cívica y sentido de responsabilidad patriótica, al ejercer uno de los derechos ciudadanos de máxima trascendencia en el acontecer de una democracia, como es el expresarse a través del sufragio libre, informado y secreto.
En esta oportunidad, hemos aprobado el perfeccionamiento de la Constitución Política de la República, acordada por amplia mayoría en septiembre del año 1980. Con ello, cada chileno y chilena respondió a la convocatoria que, como Jefe de Estado, les hiciera el pasado 15 de junio, teniendo en consideración el imperativo de consolidar el sistema de convivencia de la gran familia chilena, de manera de asegurar que las virtudes que encierra la actual institucionalidad —gestada y construida durante el Gobierno que me honro en presidir— se prolonguen sólidamente en el tiempo, en beneficio de toda la nación y sin exclusiones de ninguna especie.
Con ello, el Gobierno de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Orden demostró una vez más que, desde aquel memorable 11 de septiembre de 1973, sus esfuerzos se han volcado, entre otras tareas de carácter fundamental, hacia la concepción, edificación y consolidación de una moderna institucionalidad social, económica y política que nos permita enfrentar el futuro en libertad y con desarrollo, en seguridad y con progreso.
Chilenas y chilenos, en esa perspectiva, la única forma para valorar los logros alcanzados en su exacta dimensión y el fiel cumplimiento de esta meta, es donde se encuentra el juicio objetivo, la historia, que demostrará esta Constitución Política, fundada en la realidad social chilena, es un instrumento acorde con las exigencias de una sociedad moderna.
No obstante, en el presente, es preciso destacar la percepción popular que, con su voto mayoritariamente favorable, ha ratificado en dos oportunidades que nuestra Carta Fundamental incorpora los requerimientos adecuados para servir los intereses de los chilenos de hoy y de mañana. Asimismo, al apoyar su perfeccionamiento, ha reiterado que en su texto se encuentran debidamente plasmados los más esenciales valores y tradiciones nacionales, como también aquellas normas de convivencia de superior jerarquía que Chile requiere.
Es el mismo espíritu popular que en 1973, ante el peligro, demandó a las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Carabineros su intervención para salvar a la República de la dictadura totalitaria marxista. Es la misma voluntad popular que en septiembre de 1980 fue capaz de entender las ventajas que otorga la nueva institucionalidad, dando su aprobación mayoritaria a la Constitución Política de la República. Asimismo, esa misma percepción popular ha manifestado en el día de hoy su voluntad de mantener y perfeccionar las normas de la Carta Fundamental, cuando en su mayoría expresó 'Apruebo' la reforma convocada por el Presidente de la República.
Conciudadanos, el acto plebiscitario efectuado es una prueba palpable de cómo los hombres y las mujeres de esta tierra son capaces de generar la unidad nacional, condición que fluye en forma espontánea cuando está iluminada por los valores nacionales, los cuales se encuentran en la Carta Fundamental. Esta actitud decisiva, de consenso y unidad nacional, viene a representar la forma más adecuada para consolidar definitivamente el sistema auténticamente democrático por el cual la mayoría de los chilenos, en conjunto con los cuerpos armados de la República, hemos luchado duramente en estos históricos 16 años.
Con la misma responsabilidad con que asumimos el 11 de septiembre de 1973 el difícil deber de salvar al país, hoy nos comprometemos solemnemente ante Dios y ante la patria en respetar y hacer respetar la Constitución Política de la República que hemos generado, y que el pueblo chileno en dos oportunidades ha ratificado mayoritariamente.
Orgullosos de la tradición de honor legada por nuestros antepasados, estaremos siempre al servicio de la patria y seguiremos luchando por su engrandecimiento. Para ello, en esta noche de profundo sentido histórico, y después de haber conducido con éxito otro de los hitos fundamentales de la vida nacional, invoco a la Divina Providencia para que continúe iluminando la marcha de mi querido pueblo hacia el destino que se merece, sustentado en aquellos valores superiores propios de su particular identidad histórico-cultural, para que Chile siga constituyendo un cuerpo social donde, por sobre todo, imperen la libertad, el orden, el respeto y la justicia.
¡VIVA CHILE!