Discurso de José Luis Rodríguez Zapatero en la Cumbre de la FAO sobre seguridad alimentaria, cambio climático y bioenergía Roma (03 de junio de 2008)

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Discurso en la Cumbre de la FAO sobre seguridad alimentaria, cambio climático y bioenergía Roma, martes, 03 de junio de 2008

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Gracias, Primer Ministro Berlusconi; gracias, Director General de la FAO y Secretario General de Naciones Unidas por el acierto en la convocatoria de esta Cumbre internacional para abordar uno de los problemas más graves con los que nos hemos enfrentado en los últimos años, que es la crisis alimentaria.


Esta crisis, como consecuencia de una fuerte elevación del precio de productos alimentarios básicos, supone para la gran mayoría de los ciudadanos del mundo un sacrificio y para una parte importante de la población supone el hambre, cuando no la muerte, especialmente de niños, de aquellos en los que deberíamos de volcar muchos de los objetivos, planes y acciones cuando hablamos de lucha contra el hambre y la pobreza.


Agradezco al Director General de la FAO que haya citado a España como el país que ha tenido una respuesta más rápida incrementando nuestra creciente ayuda en la lucha contra el hambre y la pobreza. En los últimos cuatro años prácticamente hemos multiplicado por cinco nuestro esfuerzo en el mundo para luchar contra el hambre y la pobreza, y a la llamada urgente hemos respondido con cincuenta millones de euros más para abordar las necesidades más perentorias y más dramáticas en muchos lugares del mundo, especialmente de África, porque decir “hambre”, “desigualdad” e “injusticia” en el mundo es decir África, y con África especialmente tenemos que volcarnos para afrontar un mundo más justo.


Quiero expresar dos objetivos que deberíamos de tener tras esta Cumbre: el primero de ellos, el liderazgo de Naciones Unidas, el liderazgo ante los Gobiernos, ante las empresas, ante las Organizaciones No Gubernamentales, ante la sociedad y ante los países y ciudadanos que esperan una respuesta a esta grave crisis alimentaria; liderazgo de Naciones Unidas, a quien compete coordinar, unificar y llevar adelante un proyecto común.


El segundo objetivo ahora es que los países desarrollados incrementemos la ayuda a la cooperación y al desarrollo, porque las palabras pueden ser todo lo bonitas que queramos, pero los fondos tienen que ser reales y no valen los compromisos. Y puedo decirlo desde esta tribuna porque España, cuando anuncia un compromiso de cifras en su incremento a la ayuda al desarrollo, cumple y lo saben los países con los que trabajamos en ese mismo fin.


En este momento no se puede asumir que, con esta crisis de hambre y de pobreza, haya países de la OCDE, desarrollados, que estén reduciendo su ayuda a la cooperación al desarrollo; no. Con tanta pobreza y miseria en el mundo, los países desarrollados tenemos que seguir incrementando nuestra ayuda a la cooperación y al desarrollo.


Son dos objetivos inmediatos y, más allá de esos dos objetivos, debemos de hacer una vuelta a la agricultura, que ha sido --asumámoslo todos los que estamos aquí-- una actividad de segundo plato, de segundo orden, en los últimos años; una vuelta a la agricultura, a la producción y a ayudar al pequeño agricultor. Para ello tienen derecho todos los agricultores del mundo, todos, a ser ayudados y de aquí debería salir un compromiso de que no podemos fracasar en la Ronda de Doha. Tenemos que cumplir y llegar a un acuerdo en Doha que dé oportunidades a tantos países y a tantos agricultores que hoy no las tienen en el mundo. Para ello pido flexibilidad y pido que estemos a la altura de las circunstancias.


Esa vuelta a la agricultura, con el incremento de la ayuda a la cooperación al desarrollo, debe de colmar con un esfuerzo por poner algo más de gobernanza en la globalización, porque la subida de los precios de los alimentos no se puede ni abordar, ni comprender, ni tener una respuesta eficaz, si no somos conscientes de lo que ha pasado con la crisis financiera, cuyo origen es Estados Unidos, y qué está pasando con la subida del precio del petróleo.


Los tres factores están interrelacionados y detrás de esos tres factores hay una falta de capacidad de las instituciones internacionales de dar respuestas ante problemas serios. No podemos sólo globalizar los mercados y no podemos sólo globalizar el movimiento de capitales si antes o al mismo tiempo no globalizamos el gobierno de las cosas, que es el sentido común al servicio del interés general.


España tiene un firme compromiso en la lucha contra el hambre y la pobreza, un firme compromiso con los más débiles; no de palabras, sino de hechos. Un firme compromiso porque no habrá un orden internacional que se llame de esa manera mientras tengamos la expectativa de ochocientos millones de seres humanos pasando hambre y miseria, y la expectativa de que pueden elevarse a cien millones más.


España está en ese firme compromiso con Naciones Unidas, con la FAO y con el Programa Mundial de Alimentos, y no queremos que esto quede hoy aquí en una Cumbre de buenas palabras y de un buen plan estratégico. Queremos ir más allá y a eso estamos dispuestos a comprometernos: a que en otoño tengamos en España --nos ofrecemos a ello-- una nueva Reunión de Alto Nivel para poner en marcha ese Plan Estratégico y elaborar una Carta de la Seguridad Alimentaria como derecho de los seres humanos, como derecho básico y esencial de los seres humanos.


Hemos sido capaces de producir, de inventar y de crear riqueza suficiente para que todo el mundo pueda tener acceso a la alimentación básica. Si no es así, es porque no hemos querido hacerlo. Aún tenemos la oportunidad y espero que esta crisis sea, ante todo, un aldabonazo en las conciencias de los más egoístas, de los más poderosos, que en sus manos en buena medida está que haya tantos niños que dejen de morir de hambre.


Gracias.