Discurso de todos los diablos: 002

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 
Es escándalo a ignorantes, porque creerán que en el infierno pasa así todo lo que aquí dice este autor; que no son las penas como nos enseña la fe, pues les dan lugar a los condenados a tales conversaciones; que hay estado peor que el infierno, y se puede apetecer éste mejor que otros.
Es todo el tratado injurioso a los más principales estados de la República christiana, pues no es más que una sátira impía y escandalosa de todos en general, sin exceptar alguno de todos, ni a uno de cada estado en particular. Particularizando las proposiciones y cláusulas del libelo, comienzo por el título, que es Discurso de todos los diablos, o Infierno emendado. Lo que quiere decir este título se colige del contexto del librilio; es decir, que estaban mal ordenados los castigos y penas del infierno; se ordenaron mejor; se castigaron con penas más ajustadas a las culpas. Consta ser este el pensamiento del folio 4, página 2, donde, después de haber satirizado a los jueces y letrados, dice que repartió Lucifer a los senadores entre Minos y Rodamanio, para que fuesen asesores de los demonios, dividiendo el infierno en chancillerías.
Fol. 6, pág. 1. Que «los casados los mandó llevar al Jarama del infierno».
Y así de todos estados.
Decir que se enmiendan las penas por Lucifer, es decir que están mal ordenadas; que él tiene autoridad en ellas. Ambas proposiciones son errores en la fe. Porque las penas de fe católicas las ordenó Dios con suma sabiduría y justicia. Nadie puede arbitrar en ellas; el demonio es condenado y ministro atormentador de los hombres que se condenan, deputado por Dios sin más autoridad en las penas que obedecerle.


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