Discurso de todos los diablos: 004

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 

En la misma pág. 1. Que el infierno es «casa revuelta y confusa». Trae el lugar de Job: ibi nullus est ordo. No lo entiende, porque los demonios tienen sus órdenes y jerarquías; las penas su orden y concierto, pues determinó Dios los castigos a la medida de los pecados. Quien no sabe la Escritura, no se le ha de consentir juegue con ella. En el mismo fol., pág. 2. Que «mire por si Satanás, que le quieren quitar al diablazgo». Satanás no es nombre particular de Lucifer, sino común a hombres y a demonios: quiere decir el que contradice. Y aunque en nuestro vulgar está recibido llamar así a todo demonio, nótase para que se vea que erró este autor en todo. Decir «adiablazgo» es irrisión de lo que se debe temer. En la misma pág. 2. «¡Ermitaño, letrado, médicos y tiranos, qué confección para reventar una resma de infiernos!» Injurioso a los tres estados, que de suyo son buenos y aprobados, decir que son los que bastan a descomponer el infierno en cuanto es malo y nocivo. La mesma injuria es igualarlos con los tiranos. «Resma de infiernos», impropiedad burladora. En la misma pág. 2. «Algunos trataban de huirse del infierno.» Es dar a entender a los ignorantes que puede ser. Es contra la fe. Fol. 2, pág. 1. Que tiene Lucifer «guarda de tudescos y alemanes»; que el Entremetido hacía cortesías a las almas en el infierno y se voseaba con ellas. Todo es irrisión de los castigos de Dios: ocasión que los tengan por burla los ignorantes. Pág. 2, el mismo fol. Que se condenó un hombre, por no ver otro entremetido. Encarecimiento necio; en materia de salvación, escandaloso; que pues no hay pena mayor que condenarse. Los demás de esa plana todo es irrisión de las penas del infierno.


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