Discurso de todos los diablos: 005

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 
En la misma pág. 2. Que un Emperador «tenía el cuerpo lleno de heridas y la cabeza de sangre». Si éste fuera sueño como otros que ha tenido su autor, mal pensados y peor consentidos, pudiera pasar decir que había visto cuerpos en el infierno; pero, en realidad de verdad, no se puede decir, pues no los puede haber de ley ordinaria hasta la universal resurrección.
Fol. 3 y 4. Desde donde comienza a hablar Julio César, hasta donde dice que «Lucifer dividió el Infierno en Chancillerías», es una sátira osada, injuriosa, escandalosa, mal sonante de los letrados, tribunales, leyes, jueces, sin distinción de personas. Ocasión al pueblo de menospreciar los superiores, oponerse al estilo de Dios y de los hombres justos, pues Él manda y ellos ejecutan juzgar por las leyes, sin que haya otro modo más ajustado a las de Dios administrar justicia.
Dicho este Discurso en una conversación particular, es digno de grave enmienda. ¿Que será impreso en lengua vulgar? Mal se queja de leyes y jueces quien gana dineros a imprimir contra ellos. Fol. 6, pág. 2. Que un marido echaba la culpa de los excesos de su mujer a los frailes. Escandaloso, injurioso a todo el estado.
Fol. 6, pág. 1. Que echaron a los maridos que habían sido ofendidos de sus mujeres «al Jarama del Infierno». Irrisión de las penas.
En la misma página. Que los vengativos, invidiosos y presumidos decían que si volvieran a nacer, o a la vida, se enmendaran.
Es dar a entender que en el infierno hay algún género de arrepentimiento.
Es error en la fe. Porque ésta enseña que en el infierno no puede haber amor de Dios, ni del prójimo, sino obstinación perpetua y aborrecimiento continuo de Dios.


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