Discurso de todos los diablos: 007

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 007 de 072
Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 
Fol. 18, pág. 2, hasta fol. 20. «Oyóse una voz de un espíritu que decía estas palabras de Habacuc hablando con los poderosos.»
Y trae dos lugares de este profeta. O las dijo algún espíritu bueno, o alguno de los condenados. Cualquier cosa destas que confiese es falsedad; es mostrar la osadía que tiene de tratar las cosas asgradas, pues usa dellas para indecencias tan inútiles. El espíritu bueno no puede decirlas en el infierno, ni había para qué; porque lo que dice en ellas el profeta es quejarse Dios de las tiranías de un poderoso insolente. Esto, ¿a qué propósito se había de hacer en el infierno, cuando el infierno, murmurando, las acaba de referir? Y más siendo el sentir de los condenados acerca dellas tan encontrado con el de los justos. Espíritu malo no podía decirlas, pues no les duele a los que están condenados que los príncipes procedan mal, que la ley no se cumpla, que no se haga justicia; y si no les duele, ¿de qué se habían de quejar? ¡Y dice, ay, que las almas las repetían! El segundo lugar que trae del cap. 2, del mesmo profeta, dice que le dijo el espíritu «para consolar las almas del infierno».
El lugar a la letra contiene los castigos que Dios ha de hacer a los poderosos que oprimieron a los buenos. Decir que esto se dice a los condenados para consolarlos, es ignorancia. Ellos no pueden tener consuelo, ni alivio. Saber que otros han de ser castigados como ellos, no se les puede dar, antes si con su mal ejemplo pecaron, aumentárseles pena accidental. Lo que juzgo desto es, que por atreverse a todo este autor, se atreve a la Sagrada Escritura, tanto que la llena de infierno para murmurar con ella y mancillarla.


<<<
>>>