Discurso de todos los diablos: 008

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 
Fol. 20, pág. 2. Comienza con un «hondos gemidos» donde dice la enmienda que dio Lucifer a príncipes y privados, ordenando que vayan unos al cuartel de la perlesía, otros al de las mujeres hermosas. Allí se verá el donaire que hace de las penas del infierno, y en qué ocasión tan grave trajo los lugares de la Escritura antecedentes.
Parece tiene la Escritura Sagrada por patraña, el infierno por sueño, quien había ansí de cosas tan formidable la una, tan venerable la otra. Fol. 21 hasta 23. Condena la loable costumbre, santa obligación de hacer testamento. Es discurso escandaloso, pues reprueba lo que la Iglesia Santa tiene recebido y aconseja para bien de las almas; doctrina impía y sediciosa a los fieles, que se abrazará más que otras, pues aún muy persuadidos de las consecuencias que tiene cumplir esta obligación, no la ejecutan.
Fol. 23 hasta 26. Entremés ridículo.
Fol. 26 hasta 32. Murmuración de príncipes; que puesto que el vulgo lo aplica a los que de presente gobiernan, es injurioso y mal permitido.
Fol. 32 y 33. Sátira disimulada de religiosos, pues murmura de los tres votos, y de dejar el mundo.
Fol. 33, pág. 2. Dice que van contentas al infierno las mujeres.
Si lo dice de veras, es error; si por donaire, irrisión de las penas, engaño de los ignorantes.
En la misma página. Que un pregonero a la puerta del infierno decía: Ibi erit fletus, et stridor dentiun, y que las mujeres dijeron:
«NO habla con nosotras, que no los tenemos.» Si es veras, es herejía decir que no habla con todos los condenados. Si es burla y juego, es ireverencia blasfema y heretical interpretar así las palabras que dijo él mismo Jesucristo: Matth. 8, v. 12.


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