Discurso de todos los diablos: 009

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 
Fol. 34, pág. 1. Habla de materias muy laxas con metáforas eclesiásticas y del oficio divino. «Ofrecer paliza de difuntos», y cosas así. Es irisión de las cosas divinas.
Todo lo restante y antecedente es una sátira de los más principales estados de. la Iglesia, sin perdonar religiosos, sacerdotes y confesores. Es conocido escándalo del pueblo cristiano, porque le enseña a pecar y a desenfrenarse (que el decir que se hacen en la República todos pecados, es dar aliento para hacerlos, aun dicho con mucho espíritu en un púlpito, ¿qué será en una fábula entremesada y malsonante?); hacer donaire el pecar; menospreciar los superiores, con ocasión de saber que pecan en todo; hacer descarados a los que pecan, pues impresos y hechos entremés sus pecados, ni aun de recatarse en ellos cuidarán.
Juzgo que este autor es digno de enmienda; de que se le prohíba escribir en todas materias; que lo que ha escrito se sepulte todo; que no se admita aun después de expurgado, pues dejar correr escritos corregidos, es privilegio de los que estándolo de lo que tienen contra fe y buenas costumbres, enseñan algo de lo que se debe saber y edifican los fieles. Pero los deste autor, cuando más azarandados, siempre son ofensa de los más principales estados de la República cristiana, enseñanza de todo mal, y pecar al pueblo.
La salida que tiene el autor para disculpar el libelo, es decir, que es discurso enigmático y figurativo para significar su concepto; que la realidad, la verdad, no se menoscaba por él, se queda entera y en su lugar. Esto no lo saben los ignorantes, antes creerán que pasa así en el infierno. No dice fue sueño, ni que es parábola, sino que pasa así como lo cuenta.
Y cuando hiciera esa salva, juzgo escándalo, impiedad, irreverencia, injuria de la Iglesia, blasfemia de la justicia de Dios, irrisión de sus castigos, hacerlos instrumentos de murmuraciones atrevidas, valerse dellos para la explicación de pensamientos mundanos, indecentemente satíricos y sangrientamente infamadores de las cabezas de la República cristiana.
Esto es lo que me parece, salvo meliore judicio.
En primero de julio de 1629.


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